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El doble filo del turismo en Haití: convertir el paraíso en negocio

Dosier completo sobre Île-à-Vache y el turismo en Haití

Descargar Reportaje Ile-a-vache completo en pdf

Artículo publicado en ElDiario.es el 11 de agosto de 2014

Playas inexporadas en Île-à-Vache

Playas inexporadas en Île-à-Vache

“¿Te gusta Haití?”, preguntan a menudo los haitianos. “Es un país muy bello”. La respuesta les sorprende, acostumbrados a la imagen negativa que el mundo tiene de su país. Pero más allá de los tópicos sobre miseria, desastres naturales y conflictos que azotan Haití desde hace siglos, es un país que desborda belleza natural, convirtiéndolo en un activo para uno de los sectores económicos más dinámicos a nivel global pero con un doble filo: el turismo. Derribos, desplazamientos forzosos, o planes de macrocomplejos sin previo aviso son algunas de las denuncias que enturbian esta actividad.

El Gobierno haitiano se ha propuesto aprovechar el potencial turístico del país. En el marco de la estrategia “Haití, abierto a los negocios“, el gobierno haitiano ha fijado la vista en el turismo como una de las estrategias principales para “ estimular el crecimiento de la economía nacional“, centrando los esfuerzos en la atracción de inversiones extranjeras y en transformar la imagen de Haití de un lugar al que ayudar, a un lugar al que viajar y con el que hacer negocios. Para el Ministerio de Turismo los retos son de imagen: “La mala percepción de la que es víctima el país a nivel internacional y la inconsciencia de la población haitiana de las riquezas turísticas y de la importancia del sector para la economía nacional”.

Pero la percepción de una parte del pueblo haitiano es bien diferente: el sector crítico define el plan como una estrategia desarrollada en beneficio de una élite que no revertirá en las comunidades. Sus sospechas ponen el foco en hechos concretos, como que el gobierno garantice a las empresas extranjeras “ vacaciones fiscales” si invierten en turismo o 15 años sin pagar impuestos ni costes aduaneros.

El Ministerio de Turismo argumenta que además del empleo y la formación profesional que acompañan los proyectos turísticos, se negocia con los inversores para que estos inviertan “entre un 8 y un 10% de sus beneficios en proyectos vitales para la población”. Pero dichas inversiones y las promesas de trabajo digno raramente acaban cumpliéndose en Haití.

Con el fin de que así sea, algunas comunidades afectadas por los planes del gobierno están empezando a organizarse y movilizarse, bajo la premisa que, si es sin el pueblo, el crecimiento y el desarrollo no es para el pueblo. El principal ejemplo de esta tensión entre la estrategia del gobierno y las necesidades de la población local es el proyecto que se está llevando casi toda la atención de medios e inversores: Île-a-vache.

Cómo convertir el paraíso en negocio

Île-à-vache es lo que en el imaginario occidental definiríamos como un paraíso y, en palabras del Ministerio de Turismo, un verdadero tesoro: “Île-à-vache representa una de las últimas auténticas islas del tesoro de todo el Caribe. Natural, no explorada, no explotada y del todo única; se trata de un verdadero paraíso en estado puro, una rareza en el mundo de hoy”.

El plan para Île-a-vache incluye la construcción de 1.200 plazas turísticas, una carretera, un aeropuerto, un campo de golf, un puerto, electrificación, pozos de agua y diversas infraestructuras sociales. Parte de las infraestructuras van a ser pagadas con fondos venezolanos de PetroCaribe. El proyecto se presenta bajo etiquetas como: turismo sostenible de baja intensidad, respeto a la integridad cultural y ambiental de la zona, espíritu comunitario o reparto equitativo de los beneficios. Pero la población de Île-à-Vache tiene razones para desconfiar de esas etiquetas.

Disculpen, aquí vive gente

“No nos oponemos al turismo, sabemos que con el turismo llegaran hospitales y escuelas, pero este proyecto es demasiado grande para la isla”, se lamenta Antoine Pierre, un joven que participa en una de las actividades informativas que ha preparado KOPI, el colectivo campesino de Île-a-vache. La población se siente abrumada y ninguneada.

“En mayo de 2013 el gobierno declara la Isla ‘zona reservada para el desarrollo turístico’. Nos enteramos porque vinieron en agosto a poner la primera piedra del aeropuerto. Sin el aval de la población de la isla. Este proyecto no es para nosotros”. El joven Laini Marcdonald, uno de los líderes de KOPI, se reunió junto con otros líderes comunitarios con la ministra de turismo. “En diez minutos liquidó el problema, sin explicaciones, sin aclarar la viabilidad social del proyecto”. Pocos días antes habían visto como, sin previo aviso, las excavadoras empezaban la construcción de la carretera, arrasando cultivos a su paso.

El propio plan del Gobierno para Île-à-vache establece que “nos aseguramos siempre de consultar a los vecinos inmediatos e iniciar un diálogo constructivo”. Desde el Ministerio afirman que “el proyecto ha sido diseñado para los residentes de la comunidad y será ejecutado con su participación”. Sin embargo, la falta de vías de participación e información en las primeras etapas del proceso ha llevado a las especulaciones y al rechazo.

En diciembre de 2013 empezaron las movilizaciones en la isla contra los planes del gobierno. De 10 policías se pasó a medio centenar de fuerzas especiales para reprimir las primeras manifestaciones, que se han quedado en la isla. La población habla de militarización y hay diversas denuncias de lesiones contra la policía.

Uno de los momentos más tensos ocurrió en febrero de 2014, cuando fue detenido Jean Matulnès Lamy, líder de la comunidad y muy activo en la radio comunitaria local, así como en las movilizaciones contra el proyecto. No hay cargos contra él y meses después sigue en la cárcel. Su padre, a quien todos llaman “Papa Maltunès” pide justicia: “si es culpable que sea juzgado como tal, pero ahora lo tienen retenido sólo por su oposición al proyecto”.

“Si nos quitan la agricultura ¿cómo viviremos?”

Uno de los temas más espinosos es el de las expropiaciones y el desplazamiento de la población. En las reuniones organizadas por KOPI y a las que asisten centenares de ciudadanas, corre como la pólvora el rumor de que “sólo 5 familias de agricultores y 5 familias de pescadores de cada localidad serán seleccionadas para poder trabajar por los hoteles, el resto tendrán que marcharse”.

El Ministerio es tajante en esta cuestión: “No existen ningún plan de relocalización de los habitantes fuera de Île-à-Vache. Vamos a reubicar a aquellas familias cuyas viviendas se verán afectadas por la construcción de zonas hoteleras (estamos hablando de un centenar de casas) a zonas en Ile-a-Vache que el Gobierno les brinde con servicios básicos”. El problema es que nadie sabe qué familias ni cómo ni cuando. En Madame Bernard, la principal localidad de la isla, se han empezado a marcar algunas casas para su derribo, pero las familias que las habitan no han sido informadas aún.

Casas marcadas para ser derrumbadas en Madame Bernard, Île-à-vache

Casas marcadas para ser derrumbadas en Madame Bernard, Île-à-vache

“Si nos desposeen de la agricultura y la pesca ¿cómo viviremos? Es un genocidio cultural y un suicidio colectivo aceptar este proyecto” se indigna Laini. “Nos quieren convertir en obreros agrícolas al servicio de los hoteles ¡nosotros somos agricultores!” añade Antoine.

“Ésta isla ha sido abandonada por el gobierno durante décadas, y ahora nos prometen escuelas, hospitales, pozos de agua potable y centros comunitarios” añade Kenold, también de KOPI, que se une a la conversación. De camino a una de las reuniones informativas que han organizado en la isla, insisten en que no están en contra de los visitantes, pero la condición es que la población se beneficie de ello.

El gobierno, al ser preguntado por los beneficios para la población, habla de empleo, de programas de pesca, agricultura y formación, de agua potable y energía solar. Pero en Île-à-Vache desconfían de las promesas del Ministerio. Confían, eso sí, en que ganarán esta batalla: “Las obras de la carretera y el aeropuerto ya están paradas por las movilizaciones. ¡Claro que somos optimistas!”, sonríe Kenold.

Mujeres cantan en reunión informativa sobre el proyecto Île-à-vache: “Tenemos patatas, tenemos pescado, no necesitamos este proyecto"

Mujeres cantan en reunión informativa sobre el proyecto Île-à-vache: “Tenemos patatas, tenemos pescado, no necesitamos este proyecto”

 

Île à Vache: El paraíso amenazado

Île à Vache

Île à Vache

Salimos de Port-au-prince, con dos horas de retraso (como manda la tradición haitiana), el viernes por la mañana. Somos varios militantes de diferentes movimientos sociales y entidades haitianas, y una pequeña delegación internacional, formada por tres miembros de la Brigada Dessalines*, una activista norteamericana radicada en Haití desde 2008 y una servidora, en misión periodística. En total 12 personas que no sólo queremos conocer de primera mano qué pasa con Île à Vache, sino también mostrar nuestra solidaridad con las comunidades de la isla que están sufriendo la presión del Estado para llevar a cabo el proyecto “Destination touristique Île à Vache“.

Île à Vache es una pequeña isla de poco más de 45 km2 situada en la región sur de Haití, a unas 5 horas en coche de la capital y poco más de media hora en barca desde Les Cayes. Viven entre 10.000 y 20.000 personas según diferentes fuentes y recuentos (entre 10 y 15 mil según el gobierno, y más de 20 mil según la propia población de la isla), dedicadas principalmente a la agricultura, la ganadería y la pesca.

A medida que la pequeña barca de madera, llena hasta la bandera de la delegación militante en Île à Vache, se va acercando la isla, se hace evidente el porqué del interés por la explotación del potencial turístico de la misma. Aguas turquesas y cristalinas, playas interminables de arena blanca y palmeras (más de 20 playas vírgenes según la publicidad del gobierno), manglares y un interior con una exuberante vegetación.

El gobierno la describe en el proyecto de desarrollo turístico de la isla así: “Île à Vache representa una de las últimas verdaderas islas del tesoro de todo el Caribe. Natural, no pisada, no explotada y del todo única; se trata de un verdadero paraíso en estado puro, una rareza en el mundo de hoy en día”. En este sentido, no les falta razón.
La barca nos deja en Madame Bernard, donde ya encontramos los primeros signos del proyecto. Las casas situadas junto al muelle han sido marcadas para su próximo derribo. Las familias que allí viven dicen que no saben nada, que nadie las ha informado más allá de decirles que tarde o temprano tendrán que dejar sus hogares.

Con una caminata de media hora nos adentramos en el interior de la isla, por caminos de barro y tierra roja. Llegamos a La Hatte, donde nos acoge la familia de Kenold y Kettlene, que nos ceden su casa por tres días que pasamos en la isla. No esperaban tanta gente y sin embargo la primera noche improvisan una deliciosa cena de pescado, mandioca y plátano hervido (que será la constante de nuestra dieta durante los tres días y medio que pasaremos a la isla). También está el tema del agua, no malgastar su ser conscientes de que la isla tiene un problema de agua. De agua potable (conseguimos unas cuantas botellas y bolsas de agua de Les Cayes) y de agua en general, que es la que acumulan en el pozo de su casa por la lluvia que cae, en esta época del año bastante generosa, cada atardecer.

En la reunión antes de ir a dormir nos avisan: nada de ir de exploración por nuestra cuenta por la isla, todas vamos en grupo. La escalada de represión en los últimos meses los ha hecho subir el nivel de alerta. De hecho se ha cuadruplicado el número de agentes de policía en la isla, de menos de una decena a más de 40 según el informe publicado por una red de organizaciones haitianas de derechos humanos .

Al día siguiente, después de un desayuno de pan y mermelada de pomme-cajú, vamos hacia la escuela de La Hatte, donde poco a poco se van congregando un poco más de un centenar de personas. Personas mayores y niños, hombres y mujeres, todas interesadas en las informaciones que la gente de KOPI (el movimiento campesino de Ile à Vache) y los militantes venidos de todas partes de Haití y del mundo tienen a compartir con ellos. También con un par de horas de retraso, una vez ha llegado el generador y los tambores para animar la reunión, comenzamos pasando un pequeño filme sobre la estrategia del gobierno “Haití, abierto a los negocios“, que han preparado desde Ayiti Kale Je. A las personas de la isla no les resulta difícil ver las similitudes entre los que se les viene encima si no detienen el proyecto del gobierno y lo que les pasó a las 300 familias campesinas expropiadas al Norte del país para la instalación del parque industrial de Caracol. El desarrollo económico (que no social) pasa por encima de todo, el derecho a la tierra, a la vivienda o a una compensación digna.

Los compañeros de KOPI explican cómo el gobierno declaró la isla y sus alrededores marítimos “zona reservada y zona de desarrollo turístico” en mayo de 2013, indicando que a partir de ese momento la ocupación de los espacios de la isla los decidiría la administración pública. En agosto de 2013 aterrizó en la isla una delegación gubernamental, coincidiendo con la presentación pública del proyecto, para poner la primera piedra del aeropuerto y tres instalaciones comunitarias (un centro, un restaurante y una radio). Los habitantes de la isla se enteraron por la prensa. Al cabo de menos de un mes máquinas de la empresa dominicana Estrella arrasaban cultivos para empezar a construir la carretera, también sin previo aviso ni explicación alguna a la población.

Tal y como recoge el informe realizado por la red de defensa de derechos humanos ”diferentes rumores y especulación sobre la deslocalización de la población o la expropiación de las propiedades hizo nacer un clima de miedo”. Según el mismo informe, en noviembre de 2013 algunos miembros de ACI (Action Citoyene Île à Vache) se encuentran con la ministra de turismo, Stéphanie Balm Villedrouin, que en menos de 10 minutos les presenta el proyecto de forma expeditiva y sin aceptar preguntas . “Esta actitud contribuyó a aumentar la cólera de la población hacia el proyecto”.

Desde entonces la población se ha manifestado en varias ocasiones, entre diciembre de 2013 y marzo de 2014. Movilizaciones que han sido fuertemente reprimidas por las reciente llegadas fuerzas de seguridad en la isla. La población habla de militarización de la isla. En febrero de 2014 fue detenido el policía local Jean Matulnès Lamy, líder de la comunidad y muy activo en la radio comunitaria local, así como en las movilizaciones contra el proyecto. No hay cargos claros contra él y meses después sigue en la cárcel sin haber podido ver a un juez. Su padre, a quien todos llaman “Papa Maltunès”, me contaba al finalizar una de las reuniones que simplemente quiere que su hijo tenga un tratamiento justo, que si es culpable sea juzgado como tal, pero que ahora lo tienen retenido por su oposición al proyecto.
Hablando con dos activistas de KOPI en la isla, Lain Marcdonald y Antoine Pierre Lean, me confirman que el problema para ellos no es el turismo. “Sabemos que con el turismo pueden llegar las escuelas y hospitales” (la isla, abandonada durante décadas por la administración, tiene tan sólo un centro sanitario y dos escuelas financiadas con recursos privados de ONG). Pero quieren ser tenidos en cuenta en el diseño y desarrollo del proyecto. Los rumores sobre expulsiones y desplazamientos de población (aunque no hubo informaciones oficiales al respecto) no cesan. Lain tuvo una reunión con la Ministra de Turismo donde ésta afirmó que la isla se partirá en tres, una parte por el turismo y hoteles, una segunda parte para infraestructuras (incluyendo el aeropuerto y campo de golf) y la tercera por los habitantes y su agricultura. “Nos quieren convertir en obreros agrícolas al servicio de los hoteles, y nosotros somos agricultores!” dice Antoine. También corre un rumor que sólo 5 familias de agricultores y 5 familias de pescadores de cada localidad serán seleccionadas para poder trabajar por los hoteles, el resto tendrán que marcharse. Como digo, nada de esto ha sido confirmado públicamente por el gobierno, pero la realidad es que las informaciones del gobierno son contradictorias ya cuenta gotas, a medida que población y medios las van reclamando.
Si bien al inicio se dijo que no habría expropiaciones, ahora ya se habla de que sí, que un centenar de casas deberán ser desplazadas. Las primeras marcadas para ser derribadas no tienen ninguna información sobre dónde pueden ir una vez que esto suceda. Lamothe, el primer ministro, afirmaba hace poco en una entrevista el 2012 que el proyecto de Île à Vache tenía menos dificultad que otros en Haití porque allí no existen títulos de propiedad.
“Los campesinos y pescadores de la isla no permitirán ser expulsados de su casa y sus tierras” afirma Lain, “si nos desposeen de la agricultura y la pesca, como viviremos? Es un genocidio cultural y un suicidio colectivo aceptar este proyecto “. Reclaman que se retire la declaración de la isla de utilidad pública, la retirada de la policía y la liberación de Maltunes para empezar a hablar con las autoridades. El tono agresivo cuando se refiere al gobierno se transforma en un tono ilusionante cuando hablamos de proyectos de turismo comunitario.

Las reuniones son reivindicativas y alegres. Una canción es en especial cantada una vez tras otra “nou gen patat, nou gen pweson, nnou pa bezwen pwojè sa!”: Tenemos patatas, tenemos pescado, no necesitamos este proyecto!

Ya desde Puerto Príncipe, me adentro en buscar más información sobre el proyecto. El caso de Ile à Vache tiene de todo. Circulan más que rumores sobre la implicación personal delpresidente Martelly en uno de los negocios de la isla . La cuestión de los impactos ambientales, al parecer muy infravalorados por el gobierno. Y sobre todo la hipocresía de un proyecto en el que se afirma ”antes de finalizar los puntos de desarrollo, nos aseguramos siempre de consultar a los vecinos inmediatos e iniciar un diálogo constructivo”, pero se mantiene a la población totalmente al margen de cualquier proceso definitorio o consultivo. O quizás el diálogo lo dejan para “antes de finalizar”.

Pronto publicaré un reportaje un poco más extensivo, aquí una crónica rápida urgente desde un paraíso bajo amenaza.

En menos de una semana vuelvo a casa, a ver si me da por una nueva crónica antes de volver.

* La Brigada Dessalines es un grupo de solidaridad internacional formado por campesinos y campesinas militantes de grupos vinculados al MST, Vía Campesina y otras entidades de “Alba Movimientos Sociales”. Se encuentran en Haití desde 2009 y aunque han llegado a ser hasta 30 personas acompañando los movimientos campesinos haitianos, ahora son 4, un brasileño y una brasileña del MST, un cubano del Centro Martin Luther King y una argentina del Frente Popular Dario Santillan. Podéis encontrar información de la Brigada Internacionalista Dessalines en su Facebook