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De la ayuda para el desastre al desastre de la ayuda (avance)

El siguiente texto es un extracto del libro “Haití. Capitalismo del Desastre”, que estoy preparando y espero publicar en los próximos meses.

Iolanda Fresnillo. 12 de enero de 2015

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Promesas rotas de la ayuda internacional

La dimensión de la tragedia y el impacto que la cobertura mediática del terremoto tuvo en millones de personas en todo el mundo impulsó una de las mayores operaciones humanitarias que se recuerdan. Se recaudaron más de 3.060 millones de dólares por parte de ONG, instituciones religiosas y fundaciones privadas. En el primer mes después del terremoto las ONG españolas recaudaron unos 81 millones de dólares de aportaciones de la sociedad española, superando los 79 millones de dólares de ayuda de emergencia del gobierno español (que más tarde incrementaron a 464 millones de dólares prometidos de 2010 a 2012, incluyendo ayuda a la reconstrucción y contra la epidemia de cólera). Gobiernos y agencias de cooperación prometieron más de 13.340 millones de dólares para el período 2010 a 2020, unos 6.373 millones para los tres primeros años (2010-2012)[1].

¿Dónde ha quedado toda aquella solidaridad? ¿Cuánto de lo prometido fue realmente desembolsado? Y lo que es más importante ¿Cómo y para qué se ha destinado esa ayuda?

Según la oficina del Asesor Especial de Naciones Unidas para Haití, a diciembre de 2012 fueron desembolsadas tan sólo el 56% de las promesas realizadas para los tres primeros años en la Conferencia de donantes para Haití que tuvo lugar en Nueva York en marzo de 2010​​. El porcentaje de desembolso para los tres primeros años incluyendo otras donaciones adicionales no incluidas en la Conferencia de Nueva York se eleva al 66% según los datos del Gobierno Haitiano. En definitiva, un desembolso de entre el 56 y el 66%,  lo que para el Gobierno Haitiano es un éxito, ya que es “superior a las tasas de desembolso registradas en países en condiciones similares, que rondan el 50%” (CAED, 2013). El Gobierno Haitiano, exculpa a la comunidad internacional de los bajos niveles de desembolso, pues para ellos “la verdadera cuestión que limita la tasa de desembolso muy probablemente no sea la falta de voluntad de los donantes, sino más bien la baja capacidad de absorción de estos fondos” (CAED, 2013).

Del total de 13.340 millones de dólares comprometidos por los donantes bilaterales y multilaterales hasta 2020, a finales de 2012 se habían desembolsado unos 6.430 millones de dólares (el 48.2%), incluyendo:
-       2.230 millones en ayuda humanitaria post-terremoto
-       191,9 millones en ayuda para la epidemia de cólera
-       3.010 millones para reconstrucción comprometido en la Conferencia de Nueva York
-       1.010 millones para reconstrucción a través de otros compromisos diferentes a los de Nueva York

A ello hay que añadir los mil millones en alivio de la deuda que también contabilizó en muchos casos como ayuda hacia Haití por parte de los acreedores/donantes.

No existe seguimiento oficial de los desembolsos comprometidos con Haití desde que a finales de 2012 se cerró la oficina del Asesor Especial de Naciones Unidas para Haití. Las cifras de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (UNOCHA) para 2013 indican que la financiación ese año descendió hasta 131 millones de dólares[2].

La cuestión, sin embargo, no es sólo el nivel de desembolso, sino que se ha priorizado en esta ayuda de emergencia y reconstrucción, como se ha hecho.

La promesa, expresada por Bill Clinton tras la Conferencia de Donantes de Nueva York, en la que fue designado enviado Especial para Haití, era reconstruir un Haití mejor (bajo la consigna, ya utilizada tras el Tsunami que devastó el sudeste asiático, Build Back Better). El balance, a casi cinco años del terremoto, no puede ser positivo. Como afirma Jonathan Katz en su libro “El gran camión que pasó de largo: como el mundo llegó para salvar Haití y dejó atrás un desastre”, “el legado de la respuesta internacional ha sido un sentimiento de traición” (Katz, J., 2013).

El fracaso de la ayuda y el proceso de la reconstrucción en Haití no es algo fácil de ignorar. Lo encuentras no sólo en informes y análisis de expertos, ONG y periodistas, sino que se palpa en el día a día de Haití. Desde la falta de confianza hacia el extranjero (blan) hasta los graffitis que adornan las paredes de la capital, todo ello habla de ese sentimiento de traición y abandono. El propio representante de la Organización de Estados Americanos (OEA), el brasileño Ricardo Seitenfus, dijo en diciembre de 2010 en una entrevista al periódico suizo Le Temps que “Si hay prueba del fracaso de la ayuda internacional, ésta es Haití, el país se ha convertido en la meca de dicho fracaso”[3], refiriéndose no tan sólo al post-terremoto, sino a los años de ayuda internacional que lo precedieron. Acusó a las ONG de convertir Haití en “un laboratorio de experimentación humanitaria”. De hecho, entre 1998 y 2008, los países donantes destinaron a Haití más de 4.800 millones de dólares en ayuda. “Por cápita, Haití recibía más del doble de la media mundial, y mucho más que algunos países de África Sub-sahariana como Sierra Leona o Somalia” (Katz, J. 2013).

En demasiadas ocasiones se ha achacado a lo extraordinario del terremoto y sus consecuencias en Haití para exculpar a los actores implicados en las tareas de emergencia y reconstrucción. Pero tal y como afirma Beverly Bell, “algo de caos y corrupción son previsibles después de una crisis mastodóntica. Pero en Haití, la ayuda para el desastre se convirtió en un desastre de ayuda” (Bell, B., 2013).

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Comunidad internacional vs autoridades locales

El Estado haitiano fue gravemente afectado por el terremoto. No sólo se perdieron el 60% de los edificios administrativos (28 de los 29 edificios ministeriales fueron dañados o completamente destruidos tras el terremoto), sino que en la capital el 25 % de los funcionarios murieron en el terremoto. El Estado, o más bien el gobierno, fue el gran ausente durante las primeras semanas e incluso meses después del terremoto.

Una ausencia que no se debe tan sólo al impacto del terremoto, si no a un proceso de achicamiento de lo público y del papel del Estado Haitiano derivado de años de políticas neoliberales y la estrategia de muchos donantes de priorizar la ayuda a través de ONG y no de las administraciones públicas. Un proceso de debilitamiento que se agudiza día a día a partir de un círculo vicioso por el cual “la ayuda no se canaliza a través el gobierno porque este es débil [y corrupto, poco transparente e ineficiente] y el gobierno se debilita aún más por la falta de apoyos” (Schuller, M., 2013).

El peso de la ayuda internacional en la economía haitiana ha ido incrementándose exponencialmente en la última década.  La Ayuda Oficial al Desarrollo (la que sale de donantes públicos, bilaterales y multilaterales) ha pasado del 7,99% en 2004 al 16,97% en 2009, llegando al máximo de 46,12% en 2010 a causa del terremoto, y descendiendo de nuevo hasta el 22,63% en 2011 y 16,02% en 2012.  Como sabemos, esa ayuda se canaliza principalmente a través de ONG y contratistas privados, pero la pequeña parte que va a apoyo presupuestario constituye una aportación vital para el Estado haitiano. Sin embargo, esa aportación ha sufrido de una volatilidad constante, a causa de los numerosos bloqueos a la ayuda a Haití a lo largo de su historia reciente, así como la poca estabilidad en las prioridades de los donantes. “La volatilidad de la ayuda oficial extranjera al gobierno haitiano ha perjudicado el ya de por si débil sector público (…). Esta impredictibilidad complica aún más la habilidad del gobierno haitiano para crear planes a largo plazo de recuperación y progreso económico”.

Desde el fin del Duveliarismo, en 1986, se ha embargado la ayuda oficial hacia las instituciones haitianas en cuatro ocasiones[4] . ONG y contratistas privados seguían recibiendo recursos mientras el flujo hacia las autoridades se cortaba por razones políticas. Uno de los indicadores para medir esa volatilidad es el Apoyo Presupuestario. Según los datos de la OCDE ese apoyo presupuestario pasó de 61 millones de dólares en 2005 a 138 millones en 2009, hasta los casi 250 millones en 2010, y ha descendido a 38 millones en 2011 y 23 millones en 2012.

Año
2005
2006
2007
2008
2009
2010
2011
2012
Total AOD
425,59
581,6
701,59
912,06
1119,66
3064,84
1710,11
1275,19
Apoyo Presupuestario
61,00
54,14
74,37
94,61
138,42
249,44
37,96
22,58
%
14,33%
9,31%
10,60%
10,37%
12,36%
8,14%
2,22%
1,77%

Fuente. OCDE Stats. 2014 http://stats.oecd.org/index.aspx?DataSetCode=CRS1

El análisis realizado desde el Center for Global Development[5] sobre la evolución de la ayuda antes y después del terremoto achaca a esa volatilidad una de las causas de la debilidad del Estado haitiano y sus políticas de desarrollo:

“La extrema volatilidad en los niveles de asistencia extranjera ha socavado el desarrollo humano y económico en Haití. Cualquier mejora en progreso social – incremento de matriculación escolar, mayores ratios de vacunación o reforma judicial – durante los años en los que Haití recibió ayuda fueron compensados por reducciones en los años en los que el país fué sujeto a embargos de ayuda. La reducción de la pobreza ha sido siempre un objetivo secundario en la ayuda internacional; la asistencia se ha utilizado primariamente como un premio o un castigo para influenciar la política haitiana. Los flujos más consistentes de ayuda se han dado con propósitos humanitarios, pero esta financiación ha sido para proyectos de emergencia a corto plazo – proyectos que en algunos casos han socavado el desarrollo a largo plazo”.

En éste contexto, la ausencia de Estado en el momento del post-terremoto fue de alguna forma utilizada por donantes y agencias de cooperación para prescindir de las autoridades haitianas no sólo en la emergencia sinó también en el proceso de reconstrucción. Mientras que en la Conferencia de donantes de Nueva York se acordó fortalecer el liderazgo del gobierno haitiano, lo cierto es que sólo el 1% de la ayuda de emergencia, y el 16% de la ayuda a la reconstrucción ha sido canalizada a través de las administraciones haitianas. La mayor parte de los recursos se canalizaron a través de intermediarios, principalmente ONGs internacionales y contratistas privados.

A tres meses del terremoto tuvo lugar en la sede de Naciones Unidas en Nueva York la “Conferencia Internacional de Donantes para un nuevo futuro para Haití” (31 de marzo de 2010), en la que 150 países e instituciones internacionales se reunieron para diseñar conjuntamente la reconstrucción de Haití. En esta reunión el Gobierno haitiano, a través del presidente Préval, presentó el “Plan de Acción para la Recuperación y el Desarrollo Nacional”[6]. La sociedad civil haitiana denunció ya entonces que no había sido consultada ni informada del Plan, ni obviamente invitada a la Conferencia de Donantes. De la Conferencia salió el compromiso de los donantes (medio centenar de países) de aceptar este plan como hoja de ruta para los siguientes 3 años y se creó la Comisión Interina para la Reconstrucción de Haití (CIRH), presidida conjuntamente por el primer ministro haitiano Jean Max Bellerive y el ex presidente estadounidense Bill Clinton. La CIRH estaba compuesta por aquellos donantes que superaron los 100 millones de dólares de donación (Estados Unidos a la cabeza, más algunos países de la Unión Europea como España o Francia, Brasil, Venezuela, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial y el FMI), así como por una docena de representantes Haitianos.

Desde un inicio, la CIRH fue acusada de hacerse con las riendas del país y cómo responsable del lento ritmo e ineficiencia en el desembolso y ejecución de la ayuda para la reconstrucción. Además, para su puesta en marcha de decretó una ley por la que la CIRH tenia poder de decisión por delante del Parlamento Haitiano en cuanto al destino de las ayudas a la reconstrucción. Dicho poder de decisión estaba fundamentalmente en manos de los donantes.

Ya en diciembre de 2010 los 12 miembros haitianos de la CIRH denunciaron su falta de poder de decisión y falta de información relevante. “A pesar de nuestro papel en la estructura de gobernanza de la institución, no hemos recibido hasta ahora seguimiento de las actividades del CIRH. En general el contacto se establece un dia antes de las reuniones de Junta. Los miembros haitianos de la Junta no tienen tiempo de leer, analizar ni comprender, ni mucho menos responder inteligentemente a los proyectos presentados en el último minuto, a pesar de las quejas expresadas y promesas realizadas al respecto”[7].

La CIRH nació con fecha de caducidad, un mandato de 18 meses. En octubre de 2011, el presidente haitiano Martelly tenía intención de solicitar una prórroga de un año de mandato, pero el Parlamento y Senado haitiano, en un consenso sin precedentes, no apoyaron esa petición, dando punto final a la corta y controvertida vida de la CIRH. “Seamos claros, la CIRH no fue concebida como una estructura destinada a ayudar Haití o los haitianos, sino a los donantes, a los que le permite canalizar los contratos de los proyectos a las multinacionales y las ONG” declaraba un consultor de la CIRH[8]. Las denuncias hacia el papel de la CIRH se concentran en su falta de eficiencia, su inexistente conexión con la población y sociedad civil haitiana, o sus necesidades reales, la débil participación de las autoridades haitianas, y el hecho de estar al servicio de los intereses económicos y comerciales de los donantes.

La carrera por el oro [de los contratos de la reconstrucción]

El embajador de Estados Unidos para Haití, tan sólo un mes después del terremoto, exhortaba a las empresas norteamericanas a aprovechar la oportunidad de negocio que la reconstrucción en Haití podía suponer, bajo el titular de “la carrera por el oro ha empezado!”. El mensaje, enviado el 1 de febrero en un cable hecho publico por Wikileaks, informaba que las empresas americanas empezaban a situarse: “Mientras Haití se desentierra del terremoto, diferentes empresas se mueven para vender sus conceptos, productos y servicios”[9].

No se equivocaba. Según informa el Centro de Investigaciones Económicas y Políticas (CERP), en 2012 tan sólo el 5.4% de los gastos de USAID (la agencia de cooperación bilateral de Estados Unidos) en Haití fue a empresas u organizaciones locales (11.3 millones de dólares, de un total de 445.7 millones de dólares). La cifra descendió hasta el 2% (4 millones de dólares) en 2013. A nivel global le gasto local de USAiD pasó del 14.3% en 2012 al 17.9% en 2013, mientras en Haití la tendencia era la contraria[10]. En 2010 y 2011 la cifra es aún más exigua, con un 0.05% y un 0.07% de los contratos a empresas Haitianas respectivamente.

La Unión Europea sigue un patrón similar, pues un análisis de los contratos de la Comisión Europea a través de EuropeAid en Haití, entre 2010 y 2011, muestra que el 76,7% del valor de los contratos concedidos fue atribuido a empresas europeas.

En total, entre 2010 y 2012 el 84% de los fondos públicos para la reconstrucción fueron gestionados fuera de la administración pública haitiana[11]. De hecho, si nos fijamos en la ayuda de emergencia desembolsada entre enero de 2010 y marzo de 2011, tan sólo el 1% fue canalizada a través del gobierno haitiano. La Cruz Roja por si sóla gestionó el 5% de esta ayuda. Un 6% de la ayuda fue proporcionada a diferentes recipientes “en especies” (in-kind). El 26% de canalizó a través de otras ONG y contratistas privados, el 28% a través de agencias de Naciones Unidas o a través de ONG para proyectos de Naciones Unidas. Y finalmente un 34% se gestionó directamente a través de las entidades civiles o militares de los donantes[12].

El estudio realizado por el Center for Global Development[13] sobre la ayuda de empergencia de Estados Unidos revela que la mayor parte de los recursos se concentraron en pocas manos. En concreto el Departamento de Defensa de Estados Unidos recibió la mayor parte del pastel de los fondos. World Vision o la Cruz Roja fueron las principales ONG. Mientras entre las empresas contratistas destaca Chemonics, una de las principales contratistas USAID en todo el mundo. Chemonics, que ha ha recibido numerosas denuncias por inclumplir con los proyectos que ejecuta, es la mayor de un grupo de 10 empresas que el Haiti Relief and Reconstruction Watch (HRRW) situa “dentro del Beltway” (empresas con sede en Washington DC, Maryland y Virginia) que concentran el 75% de los contratos de USAID[14].

La ayuda desde la Unión Europea o los países europeos no ha sido objeto de tantos análisis como el caso de Estados Unidos. Sin embargo, la propia Corte Europea de Auditores ha revisado recientemente los proyectos de reconstrucción financiados desde la Comisión Europea en Haití. El propio estudio concluye que “los programas no fueron implementados de forma suficientemente efectiva”. La crítica se centra en retrasos y desviación respecto a los objetivos, pero sobretodo a la insuficiente vinculación entre “emergencia, reconstrucción y desarrollo”. “ECHO [Organización Humanitaria de la Unión Europea] y EuropeAid [Agencia de Desarrollo Europea] no tuvieron una estrategia común clara para optimizar sinergias y una smooth transición entre sus acciones”. A pesar de la autocrítica, la Corte de Auditores apunta a “la débil administración nacional y el insuficiente compromiso del gobierno para reformar” como “retos significativos para una reconstrucción y la creación de condiciones para el desarrollo sostenible”[15].

Una de las estrategias de ayuda de emergencia más cuestionadas, en Haití y en otras situaciones similares, es el uso de ayuda militar. Inmediatamente después del terremoto, Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá o Brasil desplegaron aproximadamente más de 30.000 efectivos para apoyar en las tareas de emergencia. El ejército de Estados Unidos con 13.000, la Unión Europea con 6.000. Canadá con 2.000 o Brasil con otros 2.000, se sumaron a los 9.000 soldados que ya formaban parte de la MINUSTAH. Una masiva presencia militar que en aquél momento muchas denunciaron como descoordinada, con decisiones unilaterales de diferentes países y sin una misión definida o clara. Estados Unidos asumió un papel de liderazgo, tomando el control de aeropuerto y puerto, para muchos entorpeciendo las tareas de ayuda de las ONG y agencias humanitarias, decidiendo quién y cuando podía aterrizar en Port au Prince. Médicos sin Fronteras (MSF) denunció el desvío de aviones de la organización con material de emergencia por parte del ejército de Estados Unidos, en los días posteriores al terremoto, por priorizar la llegada de efectivos de dicho ejército así como la salida de nacionales estadounidenses. MSF criticó también la falta de coordinación entre el ejército estadounidense y las agencias de Naciones Unidas[16].

La consecuencia de todo ello es que los fondos tanto de emergencia como de reconstrucción fueron destinados a prioridades alejadas de las marcadas por el gobierno haitiano. El propio análisis del gobierno de Haití sobre la eficacia de la ayuda mostraba en marzo de 2013 que “los porcentajes de distribución de los fondos por sectores varia entre -100% (protección social) y +450% (transporte) respecto a las necesidades fijadas [por el gobierno]” (CAED, 2013). Y la sensación de que las organizaciones sociales haitianas han sido también ignoradas en el proceso de emergencia y reconstrucción es generalizada.

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[1] Oficina del Enviado Especial para Haiti (2012) International Assistance to Haiti. Key Facts as of December 2012. http://www.lessonsfromhaiti.org/download/International_Assistance/1-overall-key-facts.pdf

[2] Finantial Tracking System – UNOCHA http://fts.unocha.org/pageloader.aspx?page=emerg-emergencyDetails&appealID=1008

[3] http://www.letemps.ch/Page/Uuid/2a1b8ad0-0bb8-11e0-91f4-4e4896afb502/Haïti_est_la_preuve_de_léchec_de_laide_internationale

[4] Reagan en 1987 a causa de la violencia electoral; Bush padre en 1991 tras el golpe de estado contra Aristide; Banco Mundial y BID en 1998 a la espera de la adopció de ciertas medidas neoliberales; y Clinton y organismos multilaterales en 2000 ante las denuncias de fraude electoral.

[5] Vijaya Ramachandran and Julie Walz. 2012. “Haiti: Where Has All the Money Gone?” CGD Policy Paper 004. Washington, D.C.: Center for Global Development. http://www.cgdev.org/content/publications/detail/1426185

[6] Gouvernement de la Republique d’Haiti (2010) Plan d’action pour le relèvement et le développement national d’Haïti. Marzo 2010 http://whc.unesco.org/document/106590

[7] Protest Letter of Haitian Members of Interim Haiti Reconstruction Commission, 14 de diciembre de 2010 http://www.canadahaitiaction.ca/content/protest-letter-haitian-members-interim-haiti-reconstruction-commission

[8] Haiti Support Group (2012) Déconstruction de la Reconstruction de la CIRH Un Incroyable Fiasco http://ijdh.org/wordpress/wp-content/uploads/2012/01/haiti_69_French_3rd.pdf

[9] Embajada Estados Unidos en Port au Prince (2010) Cable 10PORTAUPRINCE110, TFHA01, publicado por Wikileaks http://wikileaks.org/cable/2010/02/10PORTAUPRINCE110.html

[10] CERP (2014) US Congress Passes Aid Accountability Legislation as Local Procurement Falls in Haiti

[11] Observatoire des Politiques Publiques et de la Cooperation Internationale (2013) Un aperçu Général de l’aide au développement pour Haiti. Bulletin 3. Port au Prince, Enero 2013

[12] Paul Farmer (2011) Has Aid Changed? Oficina del Enviado Especial de Naciones Unidas en Haiti http://www.lessonsfromhaiti.org/download/Report_Center/has_aid_changed_en.pdf

[13] Vijaya Ramachandran and Julie Walz. 2012. “Haiti: Where Has All the Money Gone?” CGD Policy Paper 004. Washington, D.C.: Center for Global Development. http://www.cgdev.org/content/publications/detail/1426185

[14] Jake Johnston (2012) The Development-Industrial Complex in Haiti. 19 October 2012. Haiti Relief and Reconstruction Watch, Center for Economic and Political Research. http://www.cepr.net/index.php/blogs/relief-and-reconstruction-watch/the-development-industrial-complex-in-haiti

[15] Special Report n° 13/2014: EU support for rehabilitation following the earthquake in Haiti http://www.eca.europa.eu/en/Pages/DocItem.aspx?did=28102

[16] “Haiti aid agencies warn: chaotic and confusing relief effort is costing lives” The Guardian, 18 de enero de 2010 http://www.theguardian.com/world/2010/jan/18/haiti-aid-distribution-confusion-warning

“‘There’s No War Here’: Haiti’s Crisis, From Disaster Site To Military Zone?” ColorLines – News for Action. 18 de enero de 2010 http://colorlines.com/archives/2010/01/ theres_no_war_here_haiti_moving_from_disaster_site_to_military_zone.html

Sobrevivir al Terremoto (avance)

El siguiente texto es un extracto del libro “Haití. Capitalismo del Desastre”, que estoy preparando y espero publicar en los próximos meses.

Iolanda Fresnillo. 12 de enero de 2015

Goudougoudou

Las cicatrices del terremoto son aún visibles a cinco años del terremoto

El 12 de enero de 2010, a las 4.53 de la tarde, y durante 35 segundos, la tierra tembló. El terremoto de grado 7,3 en la escala de Richter, con su epicentro a 10 km de la superficie y muy cercano a la ciudad de Léogâne, a 12km al sud-oeste de la capital, Port-au-Prince, se sintió con fuerza en toda el área metropolitana de la capital y en diferentes puntos del país, como el mismo Léogâne, Grand Goave, Petite Goave y Jacmel.

El nivel de devastación e impacto humano fue inmenso. Tres millones y medio de personas, un tercio de la población de Haití, sintieron las fuertes sacudidas del seísmo. Más de un millón y medio de personas, representando el 15% de la población, fueron directamente afectados. Según las cifras del gobierno haitiano[1], 222.570 personas perdieron la vida, y 300.572 personas resultaron heridas de diferente gravedad.

La destrucción de infraestructuras de todo tipo fue masiva. Más de 300.000 casas afectadas, algo más de 100.000 totalmente destruidas. El Palacio presidencial, el Parlamento, la Corte de Justicia y la mayor parte de edificios ministeriales en la capital fueron destrozados por el terremoto. El 25% de los funcionarios de Port-au-Prince fallecieron en el terremoto. También la sede central de la policía o la de Naciones Unidas. Hoteles de lujo y embajadas, el terremoto llegó a todos los estratos de la sociedad. El puerto de la capital y parte del aeropuerto quedaron parcialmente inutilizados. Se derrumbaron la Catedral Nacional (Católica) y la Catedral de la Santísima Trinidad (Episcopal), así como muchos otros espacios de culto. En la capital, el 60% de los edificios administrativos, el 80% de las escuelas y el 60% de los hospitales fueron gravemente dañados. Según el ministerio de educación, 4.992 escuelas fueron afectadas por el terremoto, el 23% de todas las escuelas del país. De estas, 3.978 (el 80% de las escuelas afectadas) fueron cerradas a causa de los daños o la total destrucción.  También varias facultades o el campus de la Universidad Quiskeya. Lo que, según Beverly Bell, “los haitianos llaman ‘las tres Es’: état, eglises et écoles [Estado, Iglesias y Escuelas]”[2]

El terremoto originó costes y pérdidas estimadas en 7.800 millones de dólares, equivalente a más del 120% del PIB del año anterior (2009).  “En 35 años en los que el método DALA ha sido utilizado para estimar daños y pérdidas, esta es la primera vez que el coste de un desastre es tan alto en comparación al tamaño de la economía de un país” (Gobierno de Haití, 2010). La mayor parte de los daños y pérdidas se concentraron en el sector privado, con 5.7 billones de dólares (el 70% del total) mientras el sector público acumuló pérdidas y daños por valor de 2 billones de dólares.

El sector de la vivienda, sin duda, se llevó la mayor parte de los daños, con unos costes de 2.3 billones de dólares, representando aproximadamente el 40% de los efectos del terremoto.

A cinco años del terremoto, aún muchos en Haití evitan nombrarlo. Lo llaman goudougoudou, por el terrible rugido que surgió de las entrañas de la tierra. Otros se refieren al “douz”, el doce, la fecha del seísmo. La mayoría simplemente hablan del evènman [el evento] o de la katastwòf [la catástrofe]. Muchas heridas y cicatrices quedan abiertas. Todos en Haití tienen una historia que empieza o acaba ese 12 de enero. Todos perdieron a alguien. Todos perdieron algo, una casa, una oficina, una escuela… Todos recuerdan dónde estaban aquél día y cómo consiguieron salir adelante o sacar a alguien de debajo de los escombros o simplemente compartir un plato de comida o un sorbo de agua.

Más allá de las cifras, una catástrofe teñida de solidaridad … haitiana

Las cifras, todas de récord, nos permiten dimensionar la tragedia, pero nos cuesta de imaginar qué supone en realidad todo ello. Las imágenes que durante semanas nos llegaron a través de las televisiones y periódicos, nos mostraban un país en ruinas y un pueblo derrumbado, en estado de shock.

“La situación es dramática. 3 millones de damnificados. Un país entero llorando mas de 100.000 muertos [esas eran las primeras estimaciones], cientos de miles de heridos y … cadáveres en todas partes. Toda la población durmiendo en la calle, esperando la replica y nuevos golpes …” nos contaba por email a los pocos días de la catástrofe Camille Chalmers, compañero de la red Jubileo Sur con quien compartimos durante años la lucha por la cancelación de las deudas de Haití y la restitución de las deudas históricas con el pueblo Haitiano. Todas las crónicas nos hablan de una catástrofe difícil de asimilar.

Las crónicas que nos llegaron a través de los medios nos hablaban de la acumulación de cuerpos en las morgues primero y en las calles después; del terrible olor y los sonidos de llantos, cantos y gritos de desesperación; de las dificultades de las tareas de emergencia y de lo heroico de las acciones de rescate; de la desesperación del pueblo haitiano y de los límites de su enorme capacidad de resilencia; del caos y de la violencia. Nos abrumaban a imágenes desgarradoras que de tan crueles llegaban a deshumanizar al pueblo haitiano. Una imagen paternalista y llena de tópicos y estereotipos de víctimas desesperadas, pobres e incapaces de hacer frente a la situación, frente a la imagen de los actores occidentales, cooperantes, bomberos o soldados, organizados y racionales[3].

A esta imagen, que idealiza los actores internacionales “protagonistas” de las tareas de emergencia y humanitarias, se contrapone lo que muchos cuentan en Haití, sobre como la población se organizó rápidamente, para asegurar que todos los supervivientes tuviesen comida y agua, así como la compañía, cuidado y abrigo de su comunidad. Para Camille Chalmers resulta clave reconocer la tarea de haitianos y haitianas de a pie como “first responders”, los primeros a responder ante la catástrofe:

“Después del terremoto se creó un espacio interesante de solidaridad inter-haitiana que fue totalmente silenciado. Hay que subrayar la maravillosa reacción del pueblo de Port-au-Prince que en unos pocos días supo reorganizar la vida para más de 2 millones personas, lo que no era nada fácil. Allí se distribuyeron todos los recursos, se compartió todo lo que se tenía. Yo mismo pude comer los cuatro primeros días en la calle gracias a la distribución de comida comunitaria. No había nada, ni tiendas, ni restaurantes. Nada. Pero se repartía todo. Es muy importante subrayar eso.

Otro ejemplo de solidaridad fue que, durante los 10 primeros días después del terremoto, las 684.000 personas que huyeron de Port-au-Prince fueron acogidas, alimentadas y albergadas en zonas campesinas, muy pobres. Yo conozco el caso de Papaye, un pueblo de 6.000 habitantes que recibió más de 14.000 personas. Se respondió a necesidades de techo, alimentos, vestidos … y también psicológicas y afectivas. Mucha gente llegó a zonas donde no conocía a nadie, y fue acogida igualmente. Fue un momento terrible, pero un momento maravilloso de solidaridad, que habría que celebrar.

Era un momento para aprovechar, en una estrategia real de reconstrucción. Era un momento para provocar un nuevo encuentro entre segmentos de la población, y cambiar la visión que muchos del país. Desde PAPDA se hicieron propuestas concretas para aprovechar ese espacio, para organizar actividades y proyectos colectivos de reconstrucción, como acciones de reforestación o alfabetización. Para construir nuevos lazos. Pero esa no fue la orientación escogida. La orientación fue mendigar y agradecer la generosidad de la comunidad internacional. La ayuda se concentró además en la capital. La prioridad de la ayuda fue la visibilidad y las cámaras apuntaban a Port-au-Prince.

Para nutrir a esas 684.000 personas, los campesinos gastaron todas sus reservas de semillas, por lo que cayó la producción agrícola, y ninguna de las ayudas que llegaban eran para afrontar ese problema. Todo se concentraba en la ciudad, y alrededor de los actores internacionales, desplazando los mecanismos de solidaridad que se habían creado”.

Pesca colectiva en Île-à-vache

También Beverly Bell, militante pro-derechos humanos de New Orleans, que ha vivido largas temporadas en Haití y se trasladó allí al mes del terremoto, recoge en su libro “Fault Lines” numerosos ejemplos e historias personales de solidaridad y auto-organización de la población haitiana en el momento del post-terremoto. Beverly Bell ha brindado la posibilidad de reproducir aquí algunas de las historias de solidaridad haitiana que vivió en el país tras el terremoto[4].

“Las operaciones de búsqueda y rescate, contrariamente a las imágenes de los medios internacionales, no fueron dirigidas por soldados extranjeros con los pastores alemanes, sino por ciudadanos comunes (…) [a través de] los programas organizados de ayuda que los grupos comunitarios lanzaron, basados en la dignidad, el respeto y auto-organización. (…)

Los ciudadanos comunes formaban la mayor fuerza de los equipos de rescate y socorristas. Se esforzaron por escuchar los sonidos de los seres vivos enterrados bajo los edificios caídos, y cavaron con las manos desnudas, trozos de madera y tapas de ollas, a través de los cristales rotos, cemento y bigas para desenterrar la gente, vivos o muertos. Volvieron a entrar en las estructuras todavía temblando para encontrar a más gente. (…)

Las personas llevaban a los heridos a los hospitales en las puertas arrancadas de sus marcos, cajas de cartón aplanadas, o lo que podría servir como una camilla. Extraños ofrecieron sus automóviles, camiones o motocicletas para llevar a los supervivientes heridos a los hospitales y los cadáveres a fosas comunes. El personal médico, a pesar de sus propias pérdidas y el espacio y los suministros inadecuados, trabajaron durante la primera noche y las semanas siguiente para llevar a cabo amputaciones de emergencia y tratar a cientos de miles. (…)

Aunque la mayoría de la gente estaban ellos mismos en el filo de la navaja de la supervivencia, compilaron los alimentos que tenían o rebuscaron en tiendas abandonadas (lo de en el extranjero a menudo se refirieron como “saqueos”) para distribuir a los hambrientos. Localizaron carbón y cocinaron comidas para repartir. Compartieron las escasas reservas de agua, mantas, y dinero con los seres queridos y con aquellos a los que nunca antes habían visto. (…)

Las personas que tenían un lugar para dormir acomodaron a aquellos que no disponían de abrigo: los niños huérfanos y abandonados, heridos y enfermos, ancianos o familias enteras. Algunos se encargaron de organizar la educación o recreación para los niños, ya que ninguna escuela estaba funcionando. (…)

Inmediatamente el nuevos sin hogar y los que estaban preocupados por los frecuentes y violentas réplicas – básicamente todo el mundo- se congregaron en campos, plazas públicas, patios de escuelas, y calles, tan lejos como fuese posible de los edificios que aún podían derrumbarse. Los propietarios privados permitieron o animaron activamente a las personas desplazadas para establecer refugios en sus tierras (aunque esto cambiaría más adelante). La gente eligió a sus representantes de los campamentos y formó comités para auto-gestionarse. Se organizaron para buscar materiales para construir refugios y otros suministros, y para designar áreas para baños e higiene. Se compilan listas de los residentes de los campamento: nombres; número de familias, niños, mujeres embarazadas y personas enfermas; y necesidades especiales. Más tarde, algunos líderes de los campamentos intentarían navegar por las complicadas estructuras de la ayuda internacional en nombre de sus campamentos. (…)

Para proporcionar seguridad en el entorno de inseguridad de los campamentos y calles, algunas mujeres mantenían constantemente un ojo vigilante sobre las mujeres y niñas que se encontraban en alto riesgo de violencia, interviniendo en caso necesario. Algunos hombres, como Getro, dejaron sus propias familias para proporcionar mayor protección a los grupos encabezados por mujeres. (…)

En el campo, los campesinos cuidaban a los seiscientos mil afectadas por el terremoto que habían huido de los centros urbanos. Algunos de los emigrantes se habían dirigido a sus familias para evitar dormir en las calles, mientras que otros simplemente se habían subido al primer autobús que saliese de la ciudad. Muchos de esos buses fueron enviados a Port-au-Prince por las autoridades de las zonas no golpeadas por la catástrofe, para evacuar a las personas de forma gratuita. Los segundos en responder, la población rural, acogieron  multitudes, por lo general sin ningún tipo de apoyo financiero ni de ninguna organización”.

Una catástrofe (no)natural

Un terremoto es un fenómeno natural. Sus consecuencias no tienen porque serlo. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, cada año se producen en el mundo unos 50 movimientos sísmicos de magnitud similar al registrado en 2012 en Haití, y en muy pocas ocasiones se llega al grado de destrucción y devastación registrados en Haití[5]. Ese mismo año, tan sólo 6 semanas tras el seísmo en Haití, en Chile se vivió un terremoto de grado 8.8 en la escala de Richter. Murieron 723 personas. Tal y como afirma Beverly Bell, “La astronómica destrucción en Haití tiene su origen en la política y la economía. Puede ser rastreado hasta la violencia estructural – las políticas y sistemas que reflejan el colonialismo, imperialismo, racismo y patriarcado- y que se desarrolla de forma muy cruda y árida en las vidas de los más pobres” (Bell, B. 2013).

El propio Gobierno Haitiano, en el documento de evaluación de daños y necesidades elaborado después del terremoto, afirmaba que el impacto humano había sido “inmenso en un país marcado por la alta incidencia de pobreza: alrededor del 67% de la población viviendo con menos de 2$ al día antes del terremoto”[6]. Así, si bien el origen de la catástrofe puede ser natural, sus efectos no lo son, y están directamente relacionados con el nivel de empobrecimiento de la población. Y ese empobrecimiento no tiene nada de natural. Tiene su origen en decisiones humanas.

Para muchos, como Nixon Boumba, militante del Movimiento Popular Democrático (MODEP), “el terremoto llegó para evidenciar y agravar las deficiencias de un sistema profundamente injusto”. El seísmo visibilizó aún más una situación de grandes desigualdades y empobrecimiento, de violencia estructural y una violación sistemática de los derechos económicos, sociales y culturales. Como hemos visto, durante siglos, desde la colonización y a lo largo de los años desde la independencia, Haití ha sufrido numerosas injerencias y, con la connivencia de la élite haitiana, se ha impuesto un modelo neoliberal al servicio del centro económico del sistema capitalista.

Carlos Gómez Gil explica este fenómeno (desastres naturales con consecuencias muy diferenciadas según sea la situación de partida) a través del concepto “catástrofe de clase”[7]:

“Nos hemos acostumbrado a éxodos, hambrunas, terremotos, inundaciones, tsunamis y todo tipo catástrofes, si bien en los últimos años, su repetición y especialmente sus dramáticas consecuencias sobre millones de personas y países en permanente estado de calamidad, permiten que veamos con claridad cristalina cómo su impacto es mayor cuanto más pobre y miserable es el país que lo sufre. Es un matemático axioma que funciona con una precisión aritmética a la hora de llevarse por delante vidas y países, pero cuya aplicación no tiene nada de caprichoso, sino que es el fruto de procesos humanos deliberados y conocidos que en combinación con determinados fenómenos naturales adquieren dimensiones gigantescas. Este conjunto de fenómenos provienen de decisiones humanas que generan lo que podríamos denominar como catástrofes de clase (…).

Efectivamente, sabemos sobradamente que cada catástrofe que periódicamente nos sacude es un excelente indicador de la situación social y política de cada país, de su grado de desarrollo, pero especialmente, de las condiciones de vida de los más desposeídos, es decir, de la condición estamental y de clase del país y de sus habitantes. Ya sean ciclones o terremotos, huracanes o inundaciones, hambrunas o sequías, los pobres tienen un raro privilegio, probablemente uno de los pocos de sus desdichadas existencias: ser víctimas predilectas de estas catástrofes, protagonistas privilegiados de cada siniestro a los que añaden damnificados contabilizados en cientos de miles de personas”.

La dimensión de la catástrofe depende claramente de la mochila de empobrecimiento, desigualdades y deficiencias democráticas que acarree un pueblo a sus espaldas. Pero también depende de cuál es la respuesta ante ella. Según afirma Sanon Reyneld, militante por el derecho  la vivienda en Frakka, “la catástrofe no fue el seísmo, la catástrofe vino después”. Para muchos la forma como se gestionó la emergencia primero, y la reconstrucción después, han dado nuevos significados al desastre.

NOTAS

[1] Las cifras de daños y pérdidas de este capítulo, si no se indica lo contrario, provienen de dos fuentes:

Gobierno de Haití (2010) Haïti Earthquake PDNA (Post-Disaster Needs Assessment): Assessment of damage, losses, general and sectoral needs http://siteresources.worldbank.org/INTLAC/Resources/PDNA_Haiti-2010_Working_Document_EN.pdf
Oficina del Enviado Especial de Naciones Unidas para Haití http://www.lessonsfromhaiti.org/lessons-from-haiti/key-statistics/
[2] Beverly Bell (2013) Fault Lines. Views across Haiti’s Divide. Cornel University Press http://faultlinesbook.org
[3] Esta es la imagen mayoritaria que se extrae de las coberturas de TVE y TV3 (la televisión autonómica de Cataluña) del terremoto en Haití entre el 13 y 31 de enero, según el estudio Xavier Giró (dir.), Laia Farrera, Mar Carrera (2013) Anàlisi de la cobertura de TVE i TV3 de la catàstrofe humanitària d’Haití. Observatori de la Cobertura de Conflictes-UAB/FCONG http://www.confederacio.org/files/Resum%20resultats%20estudis%20.pdf
[4] Fragmentos de “What we have, we share” en Beverly Bell (2013) Fault Lines. Views across Haiti’s Divide. Cornel University Press http://faultlinesbook.org
[5] Carlos Gómez Gil (2010), Un análisis multifocal del terremoto de Haití. Algunos análisis y lecciones estructurales. http://www.rebelion.org/docs/116979.pdf
[6] Government of Haiti (2010) Haïti Earthquake PDNA (Post-Disaster Needs Assessment): Assessment of damage, losses, general and sectoral needs http://siteresources.worldbank.org/INTLAC/Resources/PDNA_Haiti-2010_Working_Document_EN.pdf
[7] Carlos Gómez Gil (2010), Un análisis multifocal del terremoto de Haití. Algunos análisis y lecciones estructurales. http://www.rebelion.org/docs/116979.pdf

Haití, cuatro años después del terremoto: el espejismo de la reconstrucción

eldiariodesalambrePublicado el ElDiario.es | Desalambre el 12 de enero de 2014

Mientras más de 170.000 personas continúan viviendo bajo las carpas, los ejes de la reconstrucción se han centrado en el turismo de lujo, la minería y la creación de zonas industriales

El 76% de los contratos concedidos por la UE para reconstruir Haití en 2010 y 2011 se entregaron a empresas europeas

La crítica al ‘ninguneo’ de las prioridades del gobierno y la sociedad civil haitiana salta cuando se pregunta en Haití sobre la cooperación internacional

Hace cuatro años la tierra tembló durante 35 segundos en Haití. Con el epicentro situado a 25 km de Puerto Príncipe, el seísmo de 7,3 grados en la escala de Richter se llevó más de 220.000 vidas por delante. El mundo se conmocionó. Pasado el tiempo, mientras más del 80% de la población sigue viviendo bajo el umbral de la pobreza y más de 170.000 personas continúan durmiendo bajo las carpas, los ejes de la reconstrucción se han centrado en el turismo de lujo, la minería y la creación de zonas industriales.

Leer todo el reportaje en ElDiario.es | Desalambre

#HaitiOtrosTerremotos en El Mundo en 24h (Canal 24h – RTVE)

Participación en el informativo El Mundo en 24h, en el Canal 24h de RTVE el 10 de enero de 2014

Un año después, Haití sigue temblando

Este artículo fué publicado en Canalsolidario.org, Rebelion y la Revista Pueblos el 11 de enero de 2010 a raíz del primer aniversario del terremoto en Haití. Escrito por Iolanda Fresnillo, investigadora del Observatorio de la Deuda en la Globalización, y Berta Iglesias, miembro de la Campaña ¿Quién debe a Quién?

Ha pasado ya un año desde que la tierra tembló en Haití. Un año después las imágenes que nos llegan desde el pequeño país caribeño son aún de ruina y desesperación. ¿Qué ha pasado en Haití estos últimos 12 meses para que, a pesar de los esfuerzos de muchos, más de un millón de personas sigan sin hogar?

Mientras la comunidad internacional aprovechaba para mejorar su imagen prometiendo ayuda y solidaridad, la sociedad civil haitiana se ha organizado desde el primer momento para hacer frente a las necesidades reales del pueblo, de forma comunitaria y autónoma, invisible a los ojos de los medios convencionales. No lo están teniendo fácil: en los últimos doce meses se han repetido las injerencias en la soberanía del país, tan frecuentes en la historia de Haití.

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Haití, terreno abonado para el desastre

Este artículo fué publicado en el boletin NotíciasODG y es una versión del publicado en La Directa el 18 de enero de 2010.

Más de dos semanas después de que la tierra se sacudiera con rabia bajo los pies del pueblo haitiano, dejando un desolador paisaje de muerte y destrucción, las imágenes e informaciones que nos llegan desde Haití siguen siendo desesperanzadoras. Lo que ya nadie duda en calificar como una de las peores crisis humanitarias de las últimas décadas, ha dejado no sólo ,ças de 150 mil muertos y cerca de 3 millones de personas afectadas por la falta de comida, agua potable, vivienda y otros servicios básicos, sino todo un país por reconstruir. A las dificultades para distribuir la ayuda y atender los heridos y damnificados de los primeros días, seguirán, sin tanta atención mediática, el reto de hacer posible el futuro del pueblo haitiano. Aunque es lógico que ahora la atención se centre en superar la descoordinación de los diferentes agentes de ayuda de emergencia sobre el terreno o revertir la carencia de recursos para asegurar la supervivencia y bienestar de los afectados, no nos podemos olvidar de lo que vendrá después. Las decisiones que se tomen en estas primeras semanas definirán en buena medida el futuro de los haitianos y, lo que es más importante, hasta qué punto se deja que los haitianos sean amos de su propio futuro. Read More…