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Haití ¿reconstrucción para quien?

La rutina es ya habitual. Después de la catástrofe natural, y según la dimensión de la tragedia, de la cobertura mediática, llega el desembarco de ONG, agencias humanitarias, incluso ejércitos. Todos ellos prometiendo una rápida y efectiva reconstrucción. En Haití el desastre humano fue mayúsculo (no por la magnitud del terremoto, sino por la del espolio que ese país había sufrido durante siglos, y que lo había convertido en más vulnerable ante huracanes y terremotos). Más de 217.000 víctimas mortales, 3 millones de afectadas, 1,5 millones de personas desplazadas, viviendo en más de 1500 campos. Según los cálculos del gobierno, los costes y pérdidas causadas por el terremoto se estiman en 7.800 millones de dólares, equivalente a más del 120% del PIB de 2009.

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Las ayudas y promesas de ayudas también fueron mayúsculas. ONG, instituciones religiosas y fundaciones privadas llegaron a recaudar más de 3 mil millones de dólares en los primeros meses. Gobiernos y agencias de cooperación multilaterales prometieron más de 13 mil millones para la década 2010-2020, de los cuales 6.373 millones para los dos primeros años (2010-2012). De todo ello, a finales de 2012 tan sólo un 60% se había desembolsado. Desde 2012 no hay enviado especial de Naciones Unidas en Haití, por lo que ya no tenemos ni datos oficiales del desembolso de la ayuda, ni monitoreo de la misma.

Sin embargo, y más allá de la eficacia de esa ayuda, otra maquinaria se puso en marcha. La de las oportunidades de negocio que ofrecía la reconstrucción. Read More…

Haití, cuatro años después del terremoto: el espejismo de la reconstrucción

eldiariodesalambrePublicado el ElDiario.es | Desalambre el 12 de enero de 2014

Mientras más de 170.000 personas continúan viviendo bajo las carpas, los ejes de la reconstrucción se han centrado en el turismo de lujo, la minería y la creación de zonas industriales

El 76% de los contratos concedidos por la UE para reconstruir Haití en 2010 y 2011 se entregaron a empresas europeas

La crítica al ‘ninguneo’ de las prioridades del gobierno y la sociedad civil haitiana salta cuando se pregunta en Haití sobre la cooperación internacional

Hace cuatro años la tierra tembló durante 35 segundos en Haití. Con el epicentro situado a 25 km de Puerto Príncipe, el seísmo de 7,3 grados en la escala de Richter se llevó más de 220.000 vidas por delante. El mundo se conmocionó. Pasado el tiempo, mientras más del 80% de la población sigue viviendo bajo el umbral de la pobreza y más de 170.000 personas continúan durmiendo bajo las carpas, los ejes de la reconstrucción se han centrado en el turismo de lujo, la minería y la creación de zonas industriales.

Leer todo el reportaje en ElDiario.es | Desalambre

Haití quatre anys després: viure sota el capitalisme del desastre

Article publicat a La Directa l’11 de gener de 2014

directaEl 12 de gener de 2010 un terratrèmol va assolar bona part d’Haití, en una de les pitjors catàstrofes que ha patit el país, i en el que va esdevenir una de les més àmplies operacions humanitàries que es recorden. Quatre anys després, Haití es troba atrapada entre la república de les ONG i el capitalisme del desastre.

Les xifres són aclaparadores, en tots els sentits. Al voltant de 220.000 persones mortes. Més de 300.000 persones ferides. Més d’un milió i mig de persones sense llar, 100.000 llars completament destruïdes i una mica més de 200.000 greument malmeses. Als sis mesos del terratrèmol, un milió i mig de persones, 360.000 famílies, vivien en aproximadament 1.500 camps de desplaçades, sota les tendes improvisades o proporcionades per ONG i agències de cooperació oficials.

La dimensió de la tragèdia i l’impacte que la cobertura mediàtica del terratrèmol va tenir en milions de persones arreu del món va impulsar una de les majors operacions humanitàries que es recorden. Es van recaptar més de 3.060 milions de dòlars per part d’ONG, institucions religioses i fundacions privades. En el primer mes després del terratrèmol, les ONG espanyoles van recaptar uns 72 milions d’euros d’aportacions de la societat espanyola, prop dels 79 milions de dòlars d’ajuda d’emergència del govern espanyol (que ascendeix a 464 milions de dòlars promesos de 2010 a 2012, que inclouen ajuda a la reconstrucció i contra l’epidèmia de còlera). Governs i agències de cooperació van prometre més de 13.000 milions per al període 2010 a 2020, uns 6.373 milions per als dos primers anys (2010-2012).

On ha quedat tota aquella solidaritat? Quina ha estat la reconstrucció que ONG, governs i institucions internacionals han impulsat per a Haití?

LLEGIR L’ARTICLE SENCER A LA DIRECTA

O descarregar el pdf aquí (i en castellà aquí)

De la Asistencia Mortal a la cooperación necesaria

[Video-foro “Asistencia Mortal” programado para el 9 de octubre a las 19h en Àurea Social – C Sardenya 263, Barcelona]

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Aquí mi reacción a la película cuando la vi en diciembre de 2013 …

Texto escrito en dos tiempos. El primero durante el viaje de vuelta desde Haití. El segundo, a casi cuatro semanas de haber salido de Haití, en la víspera del aniversario del terremoto. Los dos textos son reflejo de un diálogo terriblemente contradictorio que me ronda por la cabeza desde que llegué a Haití, y de hecho mucho antes. Algo que desde el ODG hemos trabajado, reflexionado y compartido mucho ya antes, pero que cuando lo ves resurge y se necesita compartir. He dudado mucho, pero al final, aunque sea para generar discusión, he decidido colgarlo.

Asistencia Mortal

Assistance Mortelle (Raoul Peck)

Assistance Mortelle (Raoul Peck)

Sentada en el suelo del aeropuerto, esperando el avión que me devolverá, aprovecho el retraso para ver el DVD que cargo a la bolsa desde la primera semana que llegué a Haití. “Assistencia Mortal“, de Raoul Peck. No puedo contar la cantidad de gente que al ser preguntada sobre la ayuda a la reconstrucción me ha recomendado que lo viera. Ahora sé por qué.

[Trailer]

Confieso que he tenido que parar la película en varias ocasiones. Con lágrimas en los ojos, no de pena, sino de rabia e impotencia. Raoul Peck, reconocido cineasta haitiano, recorre los dos primeros años después del terremoto del 12 de enero de 2010. Un viaje por el proceso de reconstrucción a través del papel de la ayuda internacional. Aviso que el resultado no deja nada bien parada la llamada “comunidad internacional”.

El papel casi criminal de la Comisión Interina para la Reconstrucción en Haití (CIRH) co-presidida por Bill Clinton; el papel errático, des-coordinado y unilateral de agencias bilaterales, multilaterales y ONG por igual; la pornográfica actuación de todos los actores en la reconstrucción de viviendas (o más bien la no reconstrucción y la perpetuación de alojamientos provisionales, indignas en la mayoría de los casos, donde, como se dice en el documental, muchos de los que los han construido no dejarían ni vivir sus perros); la utilización política de la ayuda internacional; el intervencionismo de las diferentes potencias donantes; y un largo etcétera de vergüenzas. Una de las responsables de vivienda en la CIRH, confiesa en un momento de debilidad que “cuando dentro de unos años miremos a la reconstrucción de Haití muchas tendremos que hacer un gran mea culpa”.

Algunas dirán que es un film sesgado, que no explica “las buenas historias”, que se centra en los errores del proceso de reconstrucción, no todo el mundo ha cometido estos mismos errores. Sí, hay buenas historias, pero cuando una mira a la gran fotografía, el resultado global del “proceso de reconstrucción”, ve que las buenas prácticas no nos disculpan de la responsabilidad, repito casi criminal, que se esconde de forma general tras la ayuda de emergencia y de reconstrucción en Haití. El film deja además fuera muchas cuestiones que son tanto o más indignantes de las que explica; proyectos inacabados, recursos malgastados en salarios y alquileres de escándalo, pero sobre todo un análisis más general, ya no de después del terremoto, sino del papel infantilitzador y desmovilizador que la “invasión de las ONG” ha tenido sobre la sociedad haitiana. Una sociedad que ha acabado siendo moldeada por esta cooperación internacional hasta creerse en buena medida el papel de víctima, receptora agradecida y resiliente a la infinita lista de catástrofes no naturales que le ha otorgado la comunidad internacional.

Como queda también fuera del film de Peck la cuestión de la reconstrucción económica, o del capitalismo del desastre, es decir, cómo, desde las élites haitianas, organismos internacionales y gobiernos donantes, acompañados por empresas multinacionales,  se utiliza el proceso de reconstrucción para profundizar en el capitalismo neoliberal. La promoción de la minería de oro a cielo abierto (sin el consentimiento informado de las comunidades), las zonas francas industriales para la exportación de textil a bajo precio (y a salarios de miseria), la agroindustria para la exportación (cuando el país sigue siendo dependiente de las importaciones para su seguridad alimentaria) o el turismo de lujo, son las recetas de la reconstrucción económica.

Hace unos días enviaba una crónica que empezaba reflexionando sobre la imagen que se había dado justo después del terremoto, en el que la mayoría de medios de comunicación, pero también de ONG, habían fomentado este papel de víctima desvalida del pueblo haitiano (y de salvadores de los cooperantes, bomberos, policías, periodistas e incluso militares). Hablando con la gente en Haití te das cuenta que nada más lejos de la realidad, que incluso en los momentos más dramáticos fue sobre todo la población haitiana la que se auto-organizó para hacer frente a las necesidades básicas de comida, agua, alojamiento y atención médica. Que fueron los haitianos y las haitianas, gracias a muestras de solidaridad y coordinación envidiables, las que salvaron más vidas y las que comenzaron el camino hacia la reconstrucción… hasta que llegó la comunidad internacional para afanar este protagonismo. El libro de Beverly Bell, “Fault Lines”, es una excelente crónica de esos días post-terremoto, contado dando la voz a los haitianos y haitianas.

Reconozco que escribo estas líneas en caliente, muy en caliente. Enfadada, enrabiada, indignada, en rebelión contra un sistema que permite que millones de personas vivan en la miseria y, peor aún, un sistema que se aprovecha de esta miseria. Y esta vez no hablo de empresas transnacionales y otros poderes económicos. Me refiero a aquellas que, bajo el manto amable de la cooperación, han condenado y siguen condenando a Haití en la miseria. Me refiero a las que priorizan la foto, el logo o su propia supervivencia (la de la organización) al trabajo bien hecho. Y por trabajo bien hecho no me refiero a eficiencia de la ayuda desde el punto de vista ortodoxo. Me refiero a una ayuda que sea transformadora, que parta ya no de las necesidades expresadas por los propios haitianos y haitianas, sino que sea total y absolutamente protagonizada por éstas, de la concepción y el diseño a la ejecución. Las ONG y donantes internacionales deberían ser puros intermediarios para apoyar estas iniciativas locales transformadoras, y no las protagonistas.

“Si todo el dinero malgastado en Haití hubieran repartido entre las familias afectadas por el terremoto ¿el resultado habría sido mejor o peor? ” Se pregunta en un momento una de las narradoras del film de Raoul Peck. Yo no dudo de la respuesta. Me diréis que soy simplista y hasta demagógica. Pero cuando sólo empiezo a conocer el alcance de la tragedia, no del terremoto, sino del fracaso de la ayuda a la reconstrucción, no puedo sino pensar que difícilmente se podría haber hecho peor.

Camera 360

La cooperación necesaria

Y a pesar de todo sigo pensando que tenemos un papel bajo la rúbrica de la “cooperación”. Yendo a la raíz del término encontramos:

Cooperar: Actuar conjuntamente con otro u otros para un mismo fin (Real Academia de la llengua Española)

Cooperación: Acción concertada entre los miembros de un grupo social para la consecución de un fin (Enciclopèdia Catalana)

Actuar conjuntamente, como iguales (añado), por un mismo fin. El de la cooperación internacional es un fin que depende de los actores que la impulsen.

David Sogge, experto en cooperación internacional, investigador del Transnational Institute y autor de textos como “Compasión y cálculo” o Dar y tomar ¿Qué sucede con la ayuda internacional?”, Lo tiene muy claro: “si partimos de la premisa de que uno de los objetivos primordiales, si no el principal, de la Ayuda Oficial al Desarrollo desde 1980 ha sido el de imponer un orden neoliberal sobre el resto del mundo, y evaluamos el sistema de ayuda de acuerdo a este principio primordial de amplio espectro (que engloba otros aspectos más allá de los puramente económicos, como son la gobernanza o la construcción de la sociedad civil), desde luego hemos de reconocer que, partiendo de esta premisa, las políticas de ayuda han tenido un éxito considerable. De hecho, es uno de los principales vehículos de transmisión de la ideología neoliberal y de sus políticas” (entrevista para la Revista Pueblos, enero de 2012)

Frente esta cooperación, ejecutada por grandes agencias multilaterales como el Banco Mundial o agencias de cooperación estatales como USAID o incluso la AECID, sabemos que existe una cooperación transformadora, para la que el fin en el que trabajar conjuntamente es un cambio radical del sistema económico, social y cultural (partiendo de la noción de que la pobreza – de recursos y de capacidades – y las desigualdades son inherentes al sistema económico capitalista). La cooperación que busca la justicia económica, social y ambiental, y no una simple transferencia de recursos o conocimientos. Como la Federació Catalana d’ONG al Desenvolupament acordaba en febrero de 2007, si consideramos la pobreza como fenómeno estructural, entendemos “la cooperación como herramienta de transformación de las estructuras políticas, económicas, sociales, culturales -locales y globales -, que son las principales causas originarias de la exclusión”.

Muchas dirán que la reflexión no es en absoluto nueva. En estas épocas de crisis presupuestaria e institucional de la cooperación, e incluso antes, muchas nos hemos replanteado el papel “transformador o edulcorante” de la cooperación. Si aceptar, modificar o enfrentar la “privatización” de la cooperación con la entrada de actores empresariales en la misma. Cómo afrontar las estrategias en época de crisis en nuestro Norte que es muy Sur, y en época de recortes, una vez ha estallado “la burbuja del desarrollo“. Y desde hace años si priorizar las estrategias de cooperación o la resistencia, oposición y desmantelamiento de los mecanismos de anticooperación.

Pero claro, del dicho al hecho…

David Sogge afirma que a nivel institucional quizá sí hay un cambio de discurso, y que se presta quizás más atención a los servicios sociales, incluso a la cuestión de los derechos humanos y derechos económicos, sociales y culturales, añado yo, pero raramente supera el ámbito del discurso. En la práctica se siguen reproduciendo esquemas que, en el discurso, parecían superados. Y Haití es el ejemplo.

Se habla de empoderamiento y apropiación, pero en Haití siguen marcando las líneas principales de actuación las agencias extranjeras (sean gubernamentales, multilaterales o no gubernamentales). Se habla de rendimiento de cuentas pero no existe ningún balance de la actuación, por ejemplo, del CIRH (uno de los principales vehículos para la reconstrucción durante dos años, 2010 y 2011) – o como explica el filme ” Asistencia Mortal “, cuando el gobierno haitiano, por medio de una carta de su presidente, pidió a las principales 20 entidades no gubernamentales que actuaban en el país durante el primer año después del terremoto, una serie de datos sobre los proyectos realizados o los recursos destinados al país, sólo 5 respondieron. Se habla de eficacia de la ayuda y termina imponiendo una burocracia que pervive por encima de los impactos reales de proyectos y programas. Y así un largo etcétera.

Pero yo sigo creyendo. Obviamente he encontrado también proyectos que valen la pena. Como el apoyo de IntermonOxfam a las cooperativas de productores de arroz de la Artibonite, o el de Veterinarios sin fronteras, o la Asamblea de Cooperación por la Paz apoyando los colectivos de campesinos. La solidaridad de la “Brigada Dessalines”, formada por miembros del Movimiento de los Sin Tierra – MST brasileño trabajando codo a codo con los campesinos haitianos. O el apoyo de pequeñas entidades y fondos DOP-Defense des Opprimés et Oprimées, sin proyectos ni justificaciones, en confianza. O el del Centro por los Derechos Humanos y Justicia Global de la facultad de derecho de la Universidad de Nueva York al Colectivo contra la explotación minera. O incluso el del gobierno cubano de cooperación sanitaria, muy valorado por los haitianos.

Seguro que hay muchos más ejemplos, incluso desde la cooperación institucional, la pregunta es si estos sirven para exonerar “la cooperación internacional” de una crítica generalizada, o si hay que hacer “borrón y cuenta nueva”.

Estos días hemos vivido, con la presentación de los presupuestos de 2014 en el Parlamento catalán y español, nuevas protestas de las ONG catalanas y españolas, acompañadas de reflexiones sobre la necesidad de cambio, no sólo de las estrategias de financiación, sino también de trabajo: más vinculación con los movimientos sociales, más enlaces entre el trabajo aquí y allá. Se suceden los artículos y seminarios sobre los nuevos retos de las ONG y la cooperación. El coordinador de campañas de Ayuda en Acción, Alberto Casado, afirmaba hace unos días en el diario.es que “las ONG ya hace tiempo que advertimos que la globalización lleva a unas desigualdades que no diferencian entre norte y sur”. Efectivamente, causas y efectos, ya no de la globalización, sino del capitalismo, no tienen fronteras. Pero el reto es no sólo acertar el diagnóstico y cambiar de discurso, sino también la forma de actuar, y desgraciadamente estamos viendo en nuestro muchas actitudes paternalistas, caritativas y nada transformadoras, que repiten las malas prácticas de la cooperación internacional.

Si la cooperación es la acción de trabajar conjuntamente por un fin común, y estamos de acuerdo en que este fin común es la erradicación de las causas del empobrecimiento, las desigualdades y las violaciones de derechos, y llegamos a la conclusión de que estas causas son sistémicas … entonces es básico que priorizamos estrategias que estén dirigidas a desmontar el sistema económico, social y cultural que nos domina y empobrece, y a construir modelos de economía y sociedad diferentes. Y esta es la cooperación que hay que defender, la que nos debe ayudar a superar el servilismo al sistema capitalista. En la calle y codo a codo, como decía el poeta.

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