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El doble filo del turismo en Haití: convertir el paraíso en negocio

Dosier completo sobre Île-à-Vache y el turismo en Haití

Descargar Reportaje Ile-a-vache completo en pdf

Artículo publicado en ElDiario.es el 11 de agosto de 2014

Playas inexporadas en Île-à-Vache

Playas inexporadas en Île-à-Vache

“¿Te gusta Haití?”, preguntan a menudo los haitianos. “Es un país muy bello”. La respuesta les sorprende, acostumbrados a la imagen negativa que el mundo tiene de su país. Pero más allá de los tópicos sobre miseria, desastres naturales y conflictos que azotan Haití desde hace siglos, es un país que desborda belleza natural, convirtiéndolo en un activo para uno de los sectores económicos más dinámicos a nivel global pero con un doble filo: el turismo. Derribos, desplazamientos forzosos, o planes de macrocomplejos sin previo aviso son algunas de las denuncias que enturbian esta actividad.

El Gobierno haitiano se ha propuesto aprovechar el potencial turístico del país. En el marco de la estrategia “Haití, abierto a los negocios“, el gobierno haitiano ha fijado la vista en el turismo como una de las estrategias principales para “ estimular el crecimiento de la economía nacional“, centrando los esfuerzos en la atracción de inversiones extranjeras y en transformar la imagen de Haití de un lugar al que ayudar, a un lugar al que viajar y con el que hacer negocios. Para el Ministerio de Turismo los retos son de imagen: “La mala percepción de la que es víctima el país a nivel internacional y la inconsciencia de la población haitiana de las riquezas turísticas y de la importancia del sector para la economía nacional”.

Pero la percepción de una parte del pueblo haitiano es bien diferente: el sector crítico define el plan como una estrategia desarrollada en beneficio de una élite que no revertirá en las comunidades. Sus sospechas ponen el foco en hechos concretos, como que el gobierno garantice a las empresas extranjeras “ vacaciones fiscales” si invierten en turismo o 15 años sin pagar impuestos ni costes aduaneros.

El Ministerio de Turismo argumenta que además del empleo y la formación profesional que acompañan los proyectos turísticos, se negocia con los inversores para que estos inviertan “entre un 8 y un 10% de sus beneficios en proyectos vitales para la población”. Pero dichas inversiones y las promesas de trabajo digno raramente acaban cumpliéndose en Haití.

Con el fin de que así sea, algunas comunidades afectadas por los planes del gobierno están empezando a organizarse y movilizarse, bajo la premisa que, si es sin el pueblo, el crecimiento y el desarrollo no es para el pueblo. El principal ejemplo de esta tensión entre la estrategia del gobierno y las necesidades de la población local es el proyecto que se está llevando casi toda la atención de medios e inversores: Île-a-vache.

Cómo convertir el paraíso en negocio

Île-à-vache es lo que en el imaginario occidental definiríamos como un paraíso y, en palabras del Ministerio de Turismo, un verdadero tesoro: “Île-à-vache representa una de las últimas auténticas islas del tesoro de todo el Caribe. Natural, no explorada, no explotada y del todo única; se trata de un verdadero paraíso en estado puro, una rareza en el mundo de hoy”.

El plan para Île-a-vache incluye la construcción de 1.200 plazas turísticas, una carretera, un aeropuerto, un campo de golf, un puerto, electrificación, pozos de agua y diversas infraestructuras sociales. Parte de las infraestructuras van a ser pagadas con fondos venezolanos de PetroCaribe. El proyecto se presenta bajo etiquetas como: turismo sostenible de baja intensidad, respeto a la integridad cultural y ambiental de la zona, espíritu comunitario o reparto equitativo de los beneficios. Pero la población de Île-à-Vache tiene razones para desconfiar de esas etiquetas.

Disculpen, aquí vive gente

“No nos oponemos al turismo, sabemos que con el turismo llegaran hospitales y escuelas, pero este proyecto es demasiado grande para la isla”, se lamenta Antoine Pierre, un joven que participa en una de las actividades informativas que ha preparado KOPI, el colectivo campesino de Île-a-vache. La población se siente abrumada y ninguneada.

“En mayo de 2013 el gobierno declara la Isla ‘zona reservada para el desarrollo turístico’. Nos enteramos porque vinieron en agosto a poner la primera piedra del aeropuerto. Sin el aval de la población de la isla. Este proyecto no es para nosotros”. El joven Laini Marcdonald, uno de los líderes de KOPI, se reunió junto con otros líderes comunitarios con la ministra de turismo. “En diez minutos liquidó el problema, sin explicaciones, sin aclarar la viabilidad social del proyecto”. Pocos días antes habían visto como, sin previo aviso, las excavadoras empezaban la construcción de la carretera, arrasando cultivos a su paso.

El propio plan del Gobierno para Île-à-vache establece que “nos aseguramos siempre de consultar a los vecinos inmediatos e iniciar un diálogo constructivo”. Desde el Ministerio afirman que “el proyecto ha sido diseñado para los residentes de la comunidad y será ejecutado con su participación”. Sin embargo, la falta de vías de participación e información en las primeras etapas del proceso ha llevado a las especulaciones y al rechazo.

En diciembre de 2013 empezaron las movilizaciones en la isla contra los planes del gobierno. De 10 policías se pasó a medio centenar de fuerzas especiales para reprimir las primeras manifestaciones, que se han quedado en la isla. La población habla de militarización y hay diversas denuncias de lesiones contra la policía.

Uno de los momentos más tensos ocurrió en febrero de 2014, cuando fue detenido Jean Matulnès Lamy, líder de la comunidad y muy activo en la radio comunitaria local, así como en las movilizaciones contra el proyecto. No hay cargos contra él y meses después sigue en la cárcel. Su padre, a quien todos llaman “Papa Maltunès” pide justicia: “si es culpable que sea juzgado como tal, pero ahora lo tienen retenido sólo por su oposición al proyecto”.

“Si nos quitan la agricultura ¿cómo viviremos?”

Uno de los temas más espinosos es el de las expropiaciones y el desplazamiento de la población. En las reuniones organizadas por KOPI y a las que asisten centenares de ciudadanas, corre como la pólvora el rumor de que “sólo 5 familias de agricultores y 5 familias de pescadores de cada localidad serán seleccionadas para poder trabajar por los hoteles, el resto tendrán que marcharse”.

El Ministerio es tajante en esta cuestión: “No existen ningún plan de relocalización de los habitantes fuera de Île-à-Vache. Vamos a reubicar a aquellas familias cuyas viviendas se verán afectadas por la construcción de zonas hoteleras (estamos hablando de un centenar de casas) a zonas en Ile-a-Vache que el Gobierno les brinde con servicios básicos”. El problema es que nadie sabe qué familias ni cómo ni cuando. En Madame Bernard, la principal localidad de la isla, se han empezado a marcar algunas casas para su derribo, pero las familias que las habitan no han sido informadas aún.

Casas marcadas para ser derrumbadas en Madame Bernard, Île-à-vache

Casas marcadas para ser derrumbadas en Madame Bernard, Île-à-vache

“Si nos desposeen de la agricultura y la pesca ¿cómo viviremos? Es un genocidio cultural y un suicidio colectivo aceptar este proyecto” se indigna Laini. “Nos quieren convertir en obreros agrícolas al servicio de los hoteles ¡nosotros somos agricultores!” añade Antoine.

“Ésta isla ha sido abandonada por el gobierno durante décadas, y ahora nos prometen escuelas, hospitales, pozos de agua potable y centros comunitarios” añade Kenold, también de KOPI, que se une a la conversación. De camino a una de las reuniones informativas que han organizado en la isla, insisten en que no están en contra de los visitantes, pero la condición es que la población se beneficie de ello.

El gobierno, al ser preguntado por los beneficios para la población, habla de empleo, de programas de pesca, agricultura y formación, de agua potable y energía solar. Pero en Île-à-Vache desconfían de las promesas del Ministerio. Confían, eso sí, en que ganarán esta batalla: “Las obras de la carretera y el aeropuerto ya están paradas por las movilizaciones. ¡Claro que somos optimistas!”, sonríe Kenold.

Mujeres cantan en reunión informativa sobre el proyecto Île-à-vache: “Tenemos patatas, tenemos pescado, no necesitamos este proyecto"

Mujeres cantan en reunión informativa sobre el proyecto Île-à-vache: “Tenemos patatas, tenemos pescado, no necesitamos este proyecto”

 

Los otros terremotos que hundieron Haití

Publicado en Diagonal, 30/06/2014

HaitiDiagonal

“Desde el primer momento que la Minustah puso un pie en tierra haitiana, sus tropas han violado de forma sistemática los derechos humanos”. Lo dice Monica Riet, uruguaya, que el pasado 6 de mayo se encontraba en Puerto Príncipe como militante de la Coordinadora latinoamericana por la retirada de las tropas de la Minustah, la misión de Na­cio­nes Unidas por la Estabi­liza­ción de Haití. “Es un genocidio silencioso que va más allá de la ocupación militar”, añadía indignada por la participación de tropas uruguayas en la operación militar de la ONU.

La epidemia de cólera iniciada en uno de sus cuarteles a finales de 2010, que se ha cobrado ya más de 8.500 víctimas mortales y más de 700.000 casos de contagio, junto con las numerosas denuncias de agresiones sexuales, la militarización de los barrios populares o su participación en numerosos actos de represión sobre la sociedad civil, se cuentan entre los muchos motivos del rechazo mayoritario a la presencia de estas tropas extranjeras en el país.

Desde las elecciones de 2000, en las que Jean-Bertrand Aristide volvió a la presidencia tras unos comicios contestados por igual por la sociedad civil haitiana y por la comunidad internacional, Haití había vivido numerosas movilizaciones contra el Go­bierno, que derivaron en una fuerte escalada de violencia entre 2003 y 2004. Entre otros, grupos paramilitares financiados desde EE UU avivaron el conflicto hasta la intervención internacional. En febrero de 2004, el presidente Aristide volvía a dejar el país, de forma involuntaria, en un avión estadounidense. Tropas de EE UU, Canadá, Francia y Chile llegaban al país al día siguiente, precediendo el despliegue de la Minustah pocos meses más tarde. Una década después, la Minustah sigue en Haití, con tropas y policías de 50 países, principalmente latinoamericanos y asiáticos, bajo el liderazgo de Brasil.

La presencia de tropas extranjeras en Haití es tan sólo una de las múltiples injerencias políticas y económicas que ha sufrido el país en los dos últimos siglos. La devastación que provocó el terremoto de enero de 2010 no se puede entender sin esas injerencias. Beverly Bell, militante pro derechos humanos de Nueva Orleans, lo describe sin rodeos: “La astronómica destrucción en Haití puede ser rastreada hasta la violencia estructural, las políticas y sistemas que reflejan el colonialismo, imperialismo, racismo y patriarcado, y que se sienten de forma áspera y marcada en las vidas de los más pobres”. Polí­ticas que han continuado después del seísmo, ejemplificando nítidamente lo que Naomi Klein llamó “capitalismo del desastre”.

Tras el desastre, el negocio

El terremoto provocó más de 217.000 víctimas mortales y 1,5 millones de personas se quedaron sin hogar. Los costes y pérdidas causadas por el seísmo se estiman en 7.800 millones de dólares, equivalente a más del 120% del PIB haitiano de 2009. Pero más allá del nivel de de-sembolso prometido –alrededor del 60% en los dos primeros años– y de la eficacia de esa ayuda, otra maquinaria se puso en marcha: la del negocio que ofrecía la reconstrucción. Lo que el embajador de EE UU en Haití llamó “la carrera por el oro”.

No se equivocaba. Entre 2010 y 2012, tan sólo el 1,3% del valor contractual de los proyectos de la USAID fueron concedidos a contrapartes haitianas, según el Centro de Investigaciones Económicas y Polí­ticas. De las inversiones de USAID en Haití en 2013, más del 85% fueron a empresas y ONG norteamericanas. La Unión Europea sigue un patrón similar: en 2010 y 2011, el 76,7% del valor de los contratos de EuropeAid en Haití fueron para empresas europeas.

En el negocio de la reconstrucción destacan además los proyectos vinculados a lo que el Gobierno de Michel Martelly ha bautizado como “Haití: open for business”.

Abierto a los negocios

Amparada por los Clinton, la estrategia “abierto a los negocios” se ha dotado de una serie de apoyos institucionales entre los que destacan el Centro de Promoción de Inver­siones y el Consejo Presidencial Asesor sobre Crecimiento Econó­mico e In­versión en Haití, del que forma parte el expresidente José Ma­ría Aznar.

Ejemplos de cómo se está gestionando la reconstrucción son la minería, el turismo y la industria textil. Las reservas mineras de Haití, fundamentalmente de oro, han levantado interés entre empresas canadienses y de EE UU. Éstas han desembarcado ya en el país con la ayuda del Banco Mundial, que apoya financieramente y ayuda a redactar la nueva ley de minería. Sin información ni consultas a la población, han empezado ya las exploraciones en el norte del país, no sin resistencia de la población, que se empieza a organizar frente a esta nueva amenaza. En el sector turístico se han financiado con fondos para la reconstrucción, privados y públicos, numerosos hoteles y proyectos. Uno de ellos ha sido la construcción del primer hotel de cinco estrellas de la capital haitiana, Royal Oasis, con fondos de la Bush Clinton Haiti ­Fund recaudados para la reconstrucción del país y gestionado por la cadena española Occidental Hoteles. El Banco Mundial acaba de otorgar 45 millones de dólares para desarrollo turístico y está cofinanciando la construcción de otro hotel de lujo junto con la cadena hotelera Marriot. Vene­zuela, con fondos de Petroc­a­ribe, es uno de los financiadores del proyecto turístico de Île-à-Vache, fuertemente contestado por la población afectada.

En el ámbito de la industria, la estrategia es la construcción de, al menos, diez nuevas zonas francas industriales. Algunas de ellas como la de Caracol, en el norte del país, con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y otros fondos para la reconstrucción. Haití cuenta ya con más de 30 fábricas, principalmente textiles, que gozan de condiciones favorables para la exportación a EE UU, ya que no pagan aranceles. Se­gún Mirlen Joanis, del Centro de Promoción de Mujeres Obreras, “las condiciones de trabajo son degradantes y a menudo se dan casos de acoso sexual en los lugares de trabajo, a lo que hay que añadir la violación sistemática de las leyes que marcan las condiciones laborales”, incluyendo la prohibición de la práctica de organización sindical.

Allí se cosen productos para empresas como Levi’s o Fruit of the Loom, que en 2009 presionaban al Gobierno haitiano, con la ayuda de la Administración de EE UU, para mantener el salario mínimo en poco más de 80 gourdes al día (1,2 euros). Las movilizaciones masivas de las trabajadoras consiguieron arrancar entonces una subida de 200 gourdes al día (3,6 euros). Ante el mísero incremento en 2013 de 25 gourdes (menos de medio euro), las trabajadoras de las zonas industriales de Puerto Príncipe iniciaron nuevas movilizaciones. Reclaman un salario mínimo de al menos 500 gourdes al día (8,3 euros) y derecho a la seguridad social. La cesta mínima de comida tiene un coste de 429 gourdes, y el coste de vida (incluyendo vivienda, transporte y otros gastos) está por encima de los 1.000 gourdes al día.

Presumir de salarios bajos

De hecho, el Gobierno haitiano presume públicamente de tener salarios más bajos que México, República Dominicana, India o incluso China y Paquistán, y tan sólo unos céntimos de dólar por encima de Bangladesh o Camboya, por más horas anuales de trabajo. Presumen también de ofrecer condiciones excepcionales a las empresas inversoras: 0% de impuestos sobre los beneficios, 0% sobre las ventas y 0% de impuestos añadidos. Unas condiciones que se repiten para las empresas turísticas que inviertan en el país. Según el propio FMI, dichas exenciones se deberían revisar para incrementar los ingresos fiscales del Estado, pero siempre “sin poner en peligro el interés de las empresas inversoras”.

Para Nixon Boumba, activista del Movimiento Democrático Popular, “la reconstrucción en Haití se ha convertido en una vasta operación de capitalismo del desastre, que no busca socorrer a las víctimas, sino servirse de las víctimas y de la catástrofe para hacer beneficios”.

Otros terremotos historicos

Colonización española (1492 – 1695). Los españoles exterminaron a la población indígena, los taínos, e iniciaron la trata de esclavos y explotación de recursos naturales.

Colonización francesa (1695 – 1803). Los franceses intensifican la trata de esclavos (llegan unos 400.000) e imponen la cultura de la plantación, iniciando el proceso de deforestación.

La deuda de la independencia (1825). Francia impone una indemnización de 150 millones de francos-oro (reducido más tarde a 60 millones) a Haití por los daños tras la independencia.

Ocupación de EE UU (1914 – 1935). Estados Unidos ocupa Haití para tomar control de su banco central y relanza la cultura de la plantación (y la deforestación).

François y Claude Duvalier (1957 – 1986). François Duvalier y, tras él, su hijo Jean Claude gobiernan con mano de hierro Haití con la complicidad de EE UU y el apoyo del FMI y el Banco Mundial.

Golpe contra Aristide (1991 – 1994). En septiembre de 1991, un golpe de Estado, apoyado desde Estados Unidos, derroca a Jean-Bertrand Aristide ocho meses después de ser elegido. La Junta Militar hace de­saparecer al menos a 5.000 personas. Aristide retorna al país en 1994 bajo las condiciones impuestas por EE UU.

El reinado del FMI (1980 – 2014). Desde 1980, el Fondo Monetario Internacional ha impuesto en Haití programas de ajuste estructural con medidas como liberalización comercial, desregulación laboral, eliminación de impuestos para empresas extranjeras, privatización de servicios y empresas públicas.

Última ocupación (2004 – 2014). La Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minustah) mantiene una ocupación que suma múltiples denuncias por violaciones de derechos humanos.

Île à Vache: El paraíso amenazado

Île à Vache

Île à Vache

Salimos de Port-au-prince, con dos horas de retraso (como manda la tradición haitiana), el viernes por la mañana. Somos varios militantes de diferentes movimientos sociales y entidades haitianas, y una pequeña delegación internacional, formada por tres miembros de la Brigada Dessalines*, una activista norteamericana radicada en Haití desde 2008 y una servidora, en misión periodística. En total 12 personas que no sólo queremos conocer de primera mano qué pasa con Île à Vache, sino también mostrar nuestra solidaridad con las comunidades de la isla que están sufriendo la presión del Estado para llevar a cabo el proyecto “Destination touristique Île à Vache“.

Île à Vache es una pequeña isla de poco más de 45 km2 situada en la región sur de Haití, a unas 5 horas en coche de la capital y poco más de media hora en barca desde Les Cayes. Viven entre 10.000 y 20.000 personas según diferentes fuentes y recuentos (entre 10 y 15 mil según el gobierno, y más de 20 mil según la propia población de la isla), dedicadas principalmente a la agricultura, la ganadería y la pesca.

A medida que la pequeña barca de madera, llena hasta la bandera de la delegación militante en Île à Vache, se va acercando la isla, se hace evidente el porqué del interés por la explotación del potencial turístico de la misma. Aguas turquesas y cristalinas, playas interminables de arena blanca y palmeras (más de 20 playas vírgenes según la publicidad del gobierno), manglares y un interior con una exuberante vegetación.

El gobierno la describe en el proyecto de desarrollo turístico de la isla así: “Île à Vache representa una de las últimas verdaderas islas del tesoro de todo el Caribe. Natural, no pisada, no explotada y del todo única; se trata de un verdadero paraíso en estado puro, una rareza en el mundo de hoy en día”. En este sentido, no les falta razón.
La barca nos deja en Madame Bernard, donde ya encontramos los primeros signos del proyecto. Las casas situadas junto al muelle han sido marcadas para su próximo derribo. Las familias que allí viven dicen que no saben nada, que nadie las ha informado más allá de decirles que tarde o temprano tendrán que dejar sus hogares.

Con una caminata de media hora nos adentramos en el interior de la isla, por caminos de barro y tierra roja. Llegamos a La Hatte, donde nos acoge la familia de Kenold y Kettlene, que nos ceden su casa por tres días que pasamos en la isla. No esperaban tanta gente y sin embargo la primera noche improvisan una deliciosa cena de pescado, mandioca y plátano hervido (que será la constante de nuestra dieta durante los tres días y medio que pasaremos a la isla). También está el tema del agua, no malgastar su ser conscientes de que la isla tiene un problema de agua. De agua potable (conseguimos unas cuantas botellas y bolsas de agua de Les Cayes) y de agua en general, que es la que acumulan en el pozo de su casa por la lluvia que cae, en esta época del año bastante generosa, cada atardecer.

En la reunión antes de ir a dormir nos avisan: nada de ir de exploración por nuestra cuenta por la isla, todas vamos en grupo. La escalada de represión en los últimos meses los ha hecho subir el nivel de alerta. De hecho se ha cuadruplicado el número de agentes de policía en la isla, de menos de una decena a más de 40 según el informe publicado por una red de organizaciones haitianas de derechos humanos .

Al día siguiente, después de un desayuno de pan y mermelada de pomme-cajú, vamos hacia la escuela de La Hatte, donde poco a poco se van congregando un poco más de un centenar de personas. Personas mayores y niños, hombres y mujeres, todas interesadas en las informaciones que la gente de KOPI (el movimiento campesino de Ile à Vache) y los militantes venidos de todas partes de Haití y del mundo tienen a compartir con ellos. También con un par de horas de retraso, una vez ha llegado el generador y los tambores para animar la reunión, comenzamos pasando un pequeño filme sobre la estrategia del gobierno “Haití, abierto a los negocios“, que han preparado desde Ayiti Kale Je. A las personas de la isla no les resulta difícil ver las similitudes entre los que se les viene encima si no detienen el proyecto del gobierno y lo que les pasó a las 300 familias campesinas expropiadas al Norte del país para la instalación del parque industrial de Caracol. El desarrollo económico (que no social) pasa por encima de todo, el derecho a la tierra, a la vivienda o a una compensación digna.

Los compañeros de KOPI explican cómo el gobierno declaró la isla y sus alrededores marítimos “zona reservada y zona de desarrollo turístico” en mayo de 2013, indicando que a partir de ese momento la ocupación de los espacios de la isla los decidiría la administración pública. En agosto de 2013 aterrizó en la isla una delegación gubernamental, coincidiendo con la presentación pública del proyecto, para poner la primera piedra del aeropuerto y tres instalaciones comunitarias (un centro, un restaurante y una radio). Los habitantes de la isla se enteraron por la prensa. Al cabo de menos de un mes máquinas de la empresa dominicana Estrella arrasaban cultivos para empezar a construir la carretera, también sin previo aviso ni explicación alguna a la población.

Tal y como recoge el informe realizado por la red de defensa de derechos humanos ”diferentes rumores y especulación sobre la deslocalización de la población o la expropiación de las propiedades hizo nacer un clima de miedo”. Según el mismo informe, en noviembre de 2013 algunos miembros de ACI (Action Citoyene Île à Vache) se encuentran con la ministra de turismo, Stéphanie Balm Villedrouin, que en menos de 10 minutos les presenta el proyecto de forma expeditiva y sin aceptar preguntas . “Esta actitud contribuyó a aumentar la cólera de la población hacia el proyecto”.

Desde entonces la población se ha manifestado en varias ocasiones, entre diciembre de 2013 y marzo de 2014. Movilizaciones que han sido fuertemente reprimidas por las reciente llegadas fuerzas de seguridad en la isla. La población habla de militarización de la isla. En febrero de 2014 fue detenido el policía local Jean Matulnès Lamy, líder de la comunidad y muy activo en la radio comunitaria local, así como en las movilizaciones contra el proyecto. No hay cargos claros contra él y meses después sigue en la cárcel sin haber podido ver a un juez. Su padre, a quien todos llaman “Papa Maltunès”, me contaba al finalizar una de las reuniones que simplemente quiere que su hijo tenga un tratamiento justo, que si es culpable sea juzgado como tal, pero que ahora lo tienen retenido por su oposición al proyecto.
Hablando con dos activistas de KOPI en la isla, Lain Marcdonald y Antoine Pierre Lean, me confirman que el problema para ellos no es el turismo. “Sabemos que con el turismo pueden llegar las escuelas y hospitales” (la isla, abandonada durante décadas por la administración, tiene tan sólo un centro sanitario y dos escuelas financiadas con recursos privados de ONG). Pero quieren ser tenidos en cuenta en el diseño y desarrollo del proyecto. Los rumores sobre expulsiones y desplazamientos de población (aunque no hubo informaciones oficiales al respecto) no cesan. Lain tuvo una reunión con la Ministra de Turismo donde ésta afirmó que la isla se partirá en tres, una parte por el turismo y hoteles, una segunda parte para infraestructuras (incluyendo el aeropuerto y campo de golf) y la tercera por los habitantes y su agricultura. “Nos quieren convertir en obreros agrícolas al servicio de los hoteles, y nosotros somos agricultores!” dice Antoine. También corre un rumor que sólo 5 familias de agricultores y 5 familias de pescadores de cada localidad serán seleccionadas para poder trabajar por los hoteles, el resto tendrán que marcharse. Como digo, nada de esto ha sido confirmado públicamente por el gobierno, pero la realidad es que las informaciones del gobierno son contradictorias ya cuenta gotas, a medida que población y medios las van reclamando.
Si bien al inicio se dijo que no habría expropiaciones, ahora ya se habla de que sí, que un centenar de casas deberán ser desplazadas. Las primeras marcadas para ser derribadas no tienen ninguna información sobre dónde pueden ir una vez que esto suceda. Lamothe, el primer ministro, afirmaba hace poco en una entrevista el 2012 que el proyecto de Île à Vache tenía menos dificultad que otros en Haití porque allí no existen títulos de propiedad.
“Los campesinos y pescadores de la isla no permitirán ser expulsados de su casa y sus tierras” afirma Lain, “si nos desposeen de la agricultura y la pesca, como viviremos? Es un genocidio cultural y un suicidio colectivo aceptar este proyecto “. Reclaman que se retire la declaración de la isla de utilidad pública, la retirada de la policía y la liberación de Maltunes para empezar a hablar con las autoridades. El tono agresivo cuando se refiere al gobierno se transforma en un tono ilusionante cuando hablamos de proyectos de turismo comunitario.

Las reuniones son reivindicativas y alegres. Una canción es en especial cantada una vez tras otra “nou gen patat, nou gen pweson, nnou pa bezwen pwojè sa!”: Tenemos patatas, tenemos pescado, no necesitamos este proyecto!

Ya desde Puerto Príncipe, me adentro en buscar más información sobre el proyecto. El caso de Ile à Vache tiene de todo. Circulan más que rumores sobre la implicación personal delpresidente Martelly en uno de los negocios de la isla . La cuestión de los impactos ambientales, al parecer muy infravalorados por el gobierno. Y sobre todo la hipocresía de un proyecto en el que se afirma ”antes de finalizar los puntos de desarrollo, nos aseguramos siempre de consultar a los vecinos inmediatos e iniciar un diálogo constructivo”, pero se mantiene a la población totalmente al margen de cualquier proceso definitorio o consultivo. O quizás el diálogo lo dejan para “antes de finalizar”.

Pronto publicaré un reportaje un poco más extensivo, aquí una crónica rápida urgente desde un paraíso bajo amenaza.

En menos de una semana vuelvo a casa, a ver si me da por una nueva crónica antes de volver.

* La Brigada Dessalines es un grupo de solidaridad internacional formado por campesinos y campesinas militantes de grupos vinculados al MST, Vía Campesina y otras entidades de “Alba Movimientos Sociales”. Se encuentran en Haití desde 2009 y aunque han llegado a ser hasta 30 personas acompañando los movimientos campesinos haitianos, ahora son 4, un brasileño y una brasileña del MST, un cubano del Centro Martin Luther King y una argentina del Frente Popular Dario Santillan. Podéis encontrar información de la Brigada Internacionalista Dessalines en su Facebook

Haití ¿reconstrucción para quien?

La rutina es ya habitual. Después de la catástrofe natural, y según la dimensión de la tragedia, de la cobertura mediática, llega el desembarco de ONG, agencias humanitarias, incluso ejércitos. Todos ellos prometiendo una rápida y efectiva reconstrucción. En Haití el desastre humano fue mayúsculo (no por la magnitud del terremoto, sino por la del espolio que ese país había sufrido durante siglos, y que lo había convertido en más vulnerable ante huracanes y terremotos). Más de 217.000 víctimas mortales, 3 millones de afectadas, 1,5 millones de personas desplazadas, viviendo en más de 1500 campos. Según los cálculos del gobierno, los costes y pérdidas causadas por el terremoto se estiman en 7.800 millones de dólares, equivalente a más del 120% del PIB de 2009.

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Las ayudas y promesas de ayudas también fueron mayúsculas. ONG, instituciones religiosas y fundaciones privadas llegaron a recaudar más de 3 mil millones de dólares en los primeros meses. Gobiernos y agencias de cooperación multilaterales prometieron más de 13 mil millones para la década 2010-2020, de los cuales 6.373 millones para los dos primeros años (2010-2012). De todo ello, a finales de 2012 tan sólo un 60% se había desembolsado. Desde 2012 no hay enviado especial de Naciones Unidas en Haití, por lo que ya no tenemos ni datos oficiales del desembolso de la ayuda, ni monitoreo de la misma.

Sin embargo, y más allá de la eficacia de esa ayuda, otra maquinaria se puso en marcha. La de las oportunidades de negocio que ofrecía la reconstrucción. Read More…

De la Asistencia Mortal a la cooperación necesaria

[Video-foro “Asistencia Mortal” programado para el 9 de octubre a las 19h en Àurea Social – C Sardenya 263, Barcelona]

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Aquí mi reacción a la película cuando la vi en diciembre de 2013 …

Texto escrito en dos tiempos. El primero durante el viaje de vuelta desde Haití. El segundo, a casi cuatro semanas de haber salido de Haití, en la víspera del aniversario del terremoto. Los dos textos son reflejo de un diálogo terriblemente contradictorio que me ronda por la cabeza desde que llegué a Haití, y de hecho mucho antes. Algo que desde el ODG hemos trabajado, reflexionado y compartido mucho ya antes, pero que cuando lo ves resurge y se necesita compartir. He dudado mucho, pero al final, aunque sea para generar discusión, he decidido colgarlo.

Asistencia Mortal

Assistance Mortelle (Raoul Peck)

Assistance Mortelle (Raoul Peck)

Sentada en el suelo del aeropuerto, esperando el avión que me devolverá, aprovecho el retraso para ver el DVD que cargo a la bolsa desde la primera semana que llegué a Haití. “Assistencia Mortal“, de Raoul Peck. No puedo contar la cantidad de gente que al ser preguntada sobre la ayuda a la reconstrucción me ha recomendado que lo viera. Ahora sé por qué.

[Trailer]

Confieso que he tenido que parar la película en varias ocasiones. Con lágrimas en los ojos, no de pena, sino de rabia e impotencia. Raoul Peck, reconocido cineasta haitiano, recorre los dos primeros años después del terremoto del 12 de enero de 2010. Un viaje por el proceso de reconstrucción a través del papel de la ayuda internacional. Aviso que el resultado no deja nada bien parada la llamada “comunidad internacional”.

El papel casi criminal de la Comisión Interina para la Reconstrucción en Haití (CIRH) co-presidida por Bill Clinton; el papel errático, des-coordinado y unilateral de agencias bilaterales, multilaterales y ONG por igual; la pornográfica actuación de todos los actores en la reconstrucción de viviendas (o más bien la no reconstrucción y la perpetuación de alojamientos provisionales, indignas en la mayoría de los casos, donde, como se dice en el documental, muchos de los que los han construido no dejarían ni vivir sus perros); la utilización política de la ayuda internacional; el intervencionismo de las diferentes potencias donantes; y un largo etcétera de vergüenzas. Una de las responsables de vivienda en la CIRH, confiesa en un momento de debilidad que “cuando dentro de unos años miremos a la reconstrucción de Haití muchas tendremos que hacer un gran mea culpa”.

Algunas dirán que es un film sesgado, que no explica “las buenas historias”, que se centra en los errores del proceso de reconstrucción, no todo el mundo ha cometido estos mismos errores. Sí, hay buenas historias, pero cuando una mira a la gran fotografía, el resultado global del “proceso de reconstrucción”, ve que las buenas prácticas no nos disculpan de la responsabilidad, repito casi criminal, que se esconde de forma general tras la ayuda de emergencia y de reconstrucción en Haití. El film deja además fuera muchas cuestiones que son tanto o más indignantes de las que explica; proyectos inacabados, recursos malgastados en salarios y alquileres de escándalo, pero sobre todo un análisis más general, ya no de después del terremoto, sino del papel infantilitzador y desmovilizador que la “invasión de las ONG” ha tenido sobre la sociedad haitiana. Una sociedad que ha acabado siendo moldeada por esta cooperación internacional hasta creerse en buena medida el papel de víctima, receptora agradecida y resiliente a la infinita lista de catástrofes no naturales que le ha otorgado la comunidad internacional.

Como queda también fuera del film de Peck la cuestión de la reconstrucción económica, o del capitalismo del desastre, es decir, cómo, desde las élites haitianas, organismos internacionales y gobiernos donantes, acompañados por empresas multinacionales,  se utiliza el proceso de reconstrucción para profundizar en el capitalismo neoliberal. La promoción de la minería de oro a cielo abierto (sin el consentimiento informado de las comunidades), las zonas francas industriales para la exportación de textil a bajo precio (y a salarios de miseria), la agroindustria para la exportación (cuando el país sigue siendo dependiente de las importaciones para su seguridad alimentaria) o el turismo de lujo, son las recetas de la reconstrucción económica.

Hace unos días enviaba una crónica que empezaba reflexionando sobre la imagen que se había dado justo después del terremoto, en el que la mayoría de medios de comunicación, pero también de ONG, habían fomentado este papel de víctima desvalida del pueblo haitiano (y de salvadores de los cooperantes, bomberos, policías, periodistas e incluso militares). Hablando con la gente en Haití te das cuenta que nada más lejos de la realidad, que incluso en los momentos más dramáticos fue sobre todo la población haitiana la que se auto-organizó para hacer frente a las necesidades básicas de comida, agua, alojamiento y atención médica. Que fueron los haitianos y las haitianas, gracias a muestras de solidaridad y coordinación envidiables, las que salvaron más vidas y las que comenzaron el camino hacia la reconstrucción… hasta que llegó la comunidad internacional para afanar este protagonismo. El libro de Beverly Bell, “Fault Lines”, es una excelente crónica de esos días post-terremoto, contado dando la voz a los haitianos y haitianas.

Reconozco que escribo estas líneas en caliente, muy en caliente. Enfadada, enrabiada, indignada, en rebelión contra un sistema que permite que millones de personas vivan en la miseria y, peor aún, un sistema que se aprovecha de esta miseria. Y esta vez no hablo de empresas transnacionales y otros poderes económicos. Me refiero a aquellas que, bajo el manto amable de la cooperación, han condenado y siguen condenando a Haití en la miseria. Me refiero a las que priorizan la foto, el logo o su propia supervivencia (la de la organización) al trabajo bien hecho. Y por trabajo bien hecho no me refiero a eficiencia de la ayuda desde el punto de vista ortodoxo. Me refiero a una ayuda que sea transformadora, que parta ya no de las necesidades expresadas por los propios haitianos y haitianas, sino que sea total y absolutamente protagonizada por éstas, de la concepción y el diseño a la ejecución. Las ONG y donantes internacionales deberían ser puros intermediarios para apoyar estas iniciativas locales transformadoras, y no las protagonistas.

“Si todo el dinero malgastado en Haití hubieran repartido entre las familias afectadas por el terremoto ¿el resultado habría sido mejor o peor? ” Se pregunta en un momento una de las narradoras del film de Raoul Peck. Yo no dudo de la respuesta. Me diréis que soy simplista y hasta demagógica. Pero cuando sólo empiezo a conocer el alcance de la tragedia, no del terremoto, sino del fracaso de la ayuda a la reconstrucción, no puedo sino pensar que difícilmente se podría haber hecho peor.

Camera 360

La cooperación necesaria

Y a pesar de todo sigo pensando que tenemos un papel bajo la rúbrica de la “cooperación”. Yendo a la raíz del término encontramos:

Cooperar: Actuar conjuntamente con otro u otros para un mismo fin (Real Academia de la llengua Española)

Cooperación: Acción concertada entre los miembros de un grupo social para la consecución de un fin (Enciclopèdia Catalana)

Actuar conjuntamente, como iguales (añado), por un mismo fin. El de la cooperación internacional es un fin que depende de los actores que la impulsen.

David Sogge, experto en cooperación internacional, investigador del Transnational Institute y autor de textos como “Compasión y cálculo” o Dar y tomar ¿Qué sucede con la ayuda internacional?”, Lo tiene muy claro: “si partimos de la premisa de que uno de los objetivos primordiales, si no el principal, de la Ayuda Oficial al Desarrollo desde 1980 ha sido el de imponer un orden neoliberal sobre el resto del mundo, y evaluamos el sistema de ayuda de acuerdo a este principio primordial de amplio espectro (que engloba otros aspectos más allá de los puramente económicos, como son la gobernanza o la construcción de la sociedad civil), desde luego hemos de reconocer que, partiendo de esta premisa, las políticas de ayuda han tenido un éxito considerable. De hecho, es uno de los principales vehículos de transmisión de la ideología neoliberal y de sus políticas” (entrevista para la Revista Pueblos, enero de 2012)

Frente esta cooperación, ejecutada por grandes agencias multilaterales como el Banco Mundial o agencias de cooperación estatales como USAID o incluso la AECID, sabemos que existe una cooperación transformadora, para la que el fin en el que trabajar conjuntamente es un cambio radical del sistema económico, social y cultural (partiendo de la noción de que la pobreza – de recursos y de capacidades – y las desigualdades son inherentes al sistema económico capitalista). La cooperación que busca la justicia económica, social y ambiental, y no una simple transferencia de recursos o conocimientos. Como la Federació Catalana d’ONG al Desenvolupament acordaba en febrero de 2007, si consideramos la pobreza como fenómeno estructural, entendemos “la cooperación como herramienta de transformación de las estructuras políticas, económicas, sociales, culturales -locales y globales -, que son las principales causas originarias de la exclusión”.

Muchas dirán que la reflexión no es en absoluto nueva. En estas épocas de crisis presupuestaria e institucional de la cooperación, e incluso antes, muchas nos hemos replanteado el papel “transformador o edulcorante” de la cooperación. Si aceptar, modificar o enfrentar la “privatización” de la cooperación con la entrada de actores empresariales en la misma. Cómo afrontar las estrategias en época de crisis en nuestro Norte que es muy Sur, y en época de recortes, una vez ha estallado “la burbuja del desarrollo“. Y desde hace años si priorizar las estrategias de cooperación o la resistencia, oposición y desmantelamiento de los mecanismos de anticooperación.

Pero claro, del dicho al hecho…

David Sogge afirma que a nivel institucional quizá sí hay un cambio de discurso, y que se presta quizás más atención a los servicios sociales, incluso a la cuestión de los derechos humanos y derechos económicos, sociales y culturales, añado yo, pero raramente supera el ámbito del discurso. En la práctica se siguen reproduciendo esquemas que, en el discurso, parecían superados. Y Haití es el ejemplo.

Se habla de empoderamiento y apropiación, pero en Haití siguen marcando las líneas principales de actuación las agencias extranjeras (sean gubernamentales, multilaterales o no gubernamentales). Se habla de rendimiento de cuentas pero no existe ningún balance de la actuación, por ejemplo, del CIRH (uno de los principales vehículos para la reconstrucción durante dos años, 2010 y 2011) – o como explica el filme ” Asistencia Mortal “, cuando el gobierno haitiano, por medio de una carta de su presidente, pidió a las principales 20 entidades no gubernamentales que actuaban en el país durante el primer año después del terremoto, una serie de datos sobre los proyectos realizados o los recursos destinados al país, sólo 5 respondieron. Se habla de eficacia de la ayuda y termina imponiendo una burocracia que pervive por encima de los impactos reales de proyectos y programas. Y así un largo etcétera.

Pero yo sigo creyendo. Obviamente he encontrado también proyectos que valen la pena. Como el apoyo de IntermonOxfam a las cooperativas de productores de arroz de la Artibonite, o el de Veterinarios sin fronteras, o la Asamblea de Cooperación por la Paz apoyando los colectivos de campesinos. La solidaridad de la “Brigada Dessalines”, formada por miembros del Movimiento de los Sin Tierra – MST brasileño trabajando codo a codo con los campesinos haitianos. O el apoyo de pequeñas entidades y fondos DOP-Defense des Opprimés et Oprimées, sin proyectos ni justificaciones, en confianza. O el del Centro por los Derechos Humanos y Justicia Global de la facultad de derecho de la Universidad de Nueva York al Colectivo contra la explotación minera. O incluso el del gobierno cubano de cooperación sanitaria, muy valorado por los haitianos.

Seguro que hay muchos más ejemplos, incluso desde la cooperación institucional, la pregunta es si estos sirven para exonerar “la cooperación internacional” de una crítica generalizada, o si hay que hacer “borrón y cuenta nueva”.

Estos días hemos vivido, con la presentación de los presupuestos de 2014 en el Parlamento catalán y español, nuevas protestas de las ONG catalanas y españolas, acompañadas de reflexiones sobre la necesidad de cambio, no sólo de las estrategias de financiación, sino también de trabajo: más vinculación con los movimientos sociales, más enlaces entre el trabajo aquí y allá. Se suceden los artículos y seminarios sobre los nuevos retos de las ONG y la cooperación. El coordinador de campañas de Ayuda en Acción, Alberto Casado, afirmaba hace unos días en el diario.es que “las ONG ya hace tiempo que advertimos que la globalización lleva a unas desigualdades que no diferencian entre norte y sur”. Efectivamente, causas y efectos, ya no de la globalización, sino del capitalismo, no tienen fronteras. Pero el reto es no sólo acertar el diagnóstico y cambiar de discurso, sino también la forma de actuar, y desgraciadamente estamos viendo en nuestro muchas actitudes paternalistas, caritativas y nada transformadoras, que repiten las malas prácticas de la cooperación internacional.

Si la cooperación es la acción de trabajar conjuntamente por un fin común, y estamos de acuerdo en que este fin común es la erradicación de las causas del empobrecimiento, las desigualdades y las violaciones de derechos, y llegamos a la conclusión de que estas causas son sistémicas … entonces es básico que priorizamos estrategias que estén dirigidas a desmontar el sistema económico, social y cultural que nos domina y empobrece, y a construir modelos de economía y sociedad diferentes. Y esta es la cooperación que hay que defender, la que nos debe ayudar a superar el servilismo al sistema capitalista. En la calle y codo a codo, como decía el poeta.

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