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Île à Vache: El paraíso amenazado

Île à Vache

Île à Vache

Salimos de Port-au-prince, con dos horas de retraso (como manda la tradición haitiana), el viernes por la mañana. Somos varios militantes de diferentes movimientos sociales y entidades haitianas, y una pequeña delegación internacional, formada por tres miembros de la Brigada Dessalines*, una activista norteamericana radicada en Haití desde 2008 y una servidora, en misión periodística. En total 12 personas que no sólo queremos conocer de primera mano qué pasa con Île à Vache, sino también mostrar nuestra solidaridad con las comunidades de la isla que están sufriendo la presión del Estado para llevar a cabo el proyecto “Destination touristique Île à Vache“.

Île à Vache es una pequeña isla de poco más de 45 km2 situada en la región sur de Haití, a unas 5 horas en coche de la capital y poco más de media hora en barca desde Les Cayes. Viven entre 10.000 y 20.000 personas según diferentes fuentes y recuentos (entre 10 y 15 mil según el gobierno, y más de 20 mil según la propia población de la isla), dedicadas principalmente a la agricultura, la ganadería y la pesca.

A medida que la pequeña barca de madera, llena hasta la bandera de la delegación militante en Île à Vache, se va acercando la isla, se hace evidente el porqué del interés por la explotación del potencial turístico de la misma. Aguas turquesas y cristalinas, playas interminables de arena blanca y palmeras (más de 20 playas vírgenes según la publicidad del gobierno), manglares y un interior con una exuberante vegetación.

El gobierno la describe en el proyecto de desarrollo turístico de la isla así: “Île à Vache representa una de las últimas verdaderas islas del tesoro de todo el Caribe. Natural, no pisada, no explotada y del todo única; se trata de un verdadero paraíso en estado puro, una rareza en el mundo de hoy en día”. En este sentido, no les falta razón.
La barca nos deja en Madame Bernard, donde ya encontramos los primeros signos del proyecto. Las casas situadas junto al muelle han sido marcadas para su próximo derribo. Las familias que allí viven dicen que no saben nada, que nadie las ha informado más allá de decirles que tarde o temprano tendrán que dejar sus hogares.

Con una caminata de media hora nos adentramos en el interior de la isla, por caminos de barro y tierra roja. Llegamos a La Hatte, donde nos acoge la familia de Kenold y Kettlene, que nos ceden su casa por tres días que pasamos en la isla. No esperaban tanta gente y sin embargo la primera noche improvisan una deliciosa cena de pescado, mandioca y plátano hervido (que será la constante de nuestra dieta durante los tres días y medio que pasaremos a la isla). También está el tema del agua, no malgastar su ser conscientes de que la isla tiene un problema de agua. De agua potable (conseguimos unas cuantas botellas y bolsas de agua de Les Cayes) y de agua en general, que es la que acumulan en el pozo de su casa por la lluvia que cae, en esta época del año bastante generosa, cada atardecer.

En la reunión antes de ir a dormir nos avisan: nada de ir de exploración por nuestra cuenta por la isla, todas vamos en grupo. La escalada de represión en los últimos meses los ha hecho subir el nivel de alerta. De hecho se ha cuadruplicado el número de agentes de policía en la isla, de menos de una decena a más de 40 según el informe publicado por una red de organizaciones haitianas de derechos humanos .

Al día siguiente, después de un desayuno de pan y mermelada de pomme-cajú, vamos hacia la escuela de La Hatte, donde poco a poco se van congregando un poco más de un centenar de personas. Personas mayores y niños, hombres y mujeres, todas interesadas en las informaciones que la gente de KOPI (el movimiento campesino de Ile à Vache) y los militantes venidos de todas partes de Haití y del mundo tienen a compartir con ellos. También con un par de horas de retraso, una vez ha llegado el generador y los tambores para animar la reunión, comenzamos pasando un pequeño filme sobre la estrategia del gobierno “Haití, abierto a los negocios“, que han preparado desde Ayiti Kale Je. A las personas de la isla no les resulta difícil ver las similitudes entre los que se les viene encima si no detienen el proyecto del gobierno y lo que les pasó a las 300 familias campesinas expropiadas al Norte del país para la instalación del parque industrial de Caracol. El desarrollo económico (que no social) pasa por encima de todo, el derecho a la tierra, a la vivienda o a una compensación digna.

Los compañeros de KOPI explican cómo el gobierno declaró la isla y sus alrededores marítimos “zona reservada y zona de desarrollo turístico” en mayo de 2013, indicando que a partir de ese momento la ocupación de los espacios de la isla los decidiría la administración pública. En agosto de 2013 aterrizó en la isla una delegación gubernamental, coincidiendo con la presentación pública del proyecto, para poner la primera piedra del aeropuerto y tres instalaciones comunitarias (un centro, un restaurante y una radio). Los habitantes de la isla se enteraron por la prensa. Al cabo de menos de un mes máquinas de la empresa dominicana Estrella arrasaban cultivos para empezar a construir la carretera, también sin previo aviso ni explicación alguna a la población.

Tal y como recoge el informe realizado por la red de defensa de derechos humanos ”diferentes rumores y especulación sobre la deslocalización de la población o la expropiación de las propiedades hizo nacer un clima de miedo”. Según el mismo informe, en noviembre de 2013 algunos miembros de ACI (Action Citoyene Île à Vache) se encuentran con la ministra de turismo, Stéphanie Balm Villedrouin, que en menos de 10 minutos les presenta el proyecto de forma expeditiva y sin aceptar preguntas . “Esta actitud contribuyó a aumentar la cólera de la población hacia el proyecto”.

Desde entonces la población se ha manifestado en varias ocasiones, entre diciembre de 2013 y marzo de 2014. Movilizaciones que han sido fuertemente reprimidas por las reciente llegadas fuerzas de seguridad en la isla. La población habla de militarización de la isla. En febrero de 2014 fue detenido el policía local Jean Matulnès Lamy, líder de la comunidad y muy activo en la radio comunitaria local, así como en las movilizaciones contra el proyecto. No hay cargos claros contra él y meses después sigue en la cárcel sin haber podido ver a un juez. Su padre, a quien todos llaman “Papa Maltunès”, me contaba al finalizar una de las reuniones que simplemente quiere que su hijo tenga un tratamiento justo, que si es culpable sea juzgado como tal, pero que ahora lo tienen retenido por su oposición al proyecto.
Hablando con dos activistas de KOPI en la isla, Lain Marcdonald y Antoine Pierre Lean, me confirman que el problema para ellos no es el turismo. “Sabemos que con el turismo pueden llegar las escuelas y hospitales” (la isla, abandonada durante décadas por la administración, tiene tan sólo un centro sanitario y dos escuelas financiadas con recursos privados de ONG). Pero quieren ser tenidos en cuenta en el diseño y desarrollo del proyecto. Los rumores sobre expulsiones y desplazamientos de población (aunque no hubo informaciones oficiales al respecto) no cesan. Lain tuvo una reunión con la Ministra de Turismo donde ésta afirmó que la isla se partirá en tres, una parte por el turismo y hoteles, una segunda parte para infraestructuras (incluyendo el aeropuerto y campo de golf) y la tercera por los habitantes y su agricultura. “Nos quieren convertir en obreros agrícolas al servicio de los hoteles, y nosotros somos agricultores!” dice Antoine. También corre un rumor que sólo 5 familias de agricultores y 5 familias de pescadores de cada localidad serán seleccionadas para poder trabajar por los hoteles, el resto tendrán que marcharse. Como digo, nada de esto ha sido confirmado públicamente por el gobierno, pero la realidad es que las informaciones del gobierno son contradictorias ya cuenta gotas, a medida que población y medios las van reclamando.
Si bien al inicio se dijo que no habría expropiaciones, ahora ya se habla de que sí, que un centenar de casas deberán ser desplazadas. Las primeras marcadas para ser derribadas no tienen ninguna información sobre dónde pueden ir una vez que esto suceda. Lamothe, el primer ministro, afirmaba hace poco en una entrevista el 2012 que el proyecto de Île à Vache tenía menos dificultad que otros en Haití porque allí no existen títulos de propiedad.
“Los campesinos y pescadores de la isla no permitirán ser expulsados de su casa y sus tierras” afirma Lain, “si nos desposeen de la agricultura y la pesca, como viviremos? Es un genocidio cultural y un suicidio colectivo aceptar este proyecto “. Reclaman que se retire la declaración de la isla de utilidad pública, la retirada de la policía y la liberación de Maltunes para empezar a hablar con las autoridades. El tono agresivo cuando se refiere al gobierno se transforma en un tono ilusionante cuando hablamos de proyectos de turismo comunitario.

Las reuniones son reivindicativas y alegres. Una canción es en especial cantada una vez tras otra “nou gen patat, nou gen pweson, nnou pa bezwen pwojè sa!”: Tenemos patatas, tenemos pescado, no necesitamos este proyecto!

Ya desde Puerto Príncipe, me adentro en buscar más información sobre el proyecto. El caso de Ile à Vache tiene de todo. Circulan más que rumores sobre la implicación personal delpresidente Martelly en uno de los negocios de la isla . La cuestión de los impactos ambientales, al parecer muy infravalorados por el gobierno. Y sobre todo la hipocresía de un proyecto en el que se afirma ”antes de finalizar los puntos de desarrollo, nos aseguramos siempre de consultar a los vecinos inmediatos e iniciar un diálogo constructivo”, pero se mantiene a la población totalmente al margen de cualquier proceso definitorio o consultivo. O quizás el diálogo lo dejan para “antes de finalizar”.

Pronto publicaré un reportaje un poco más extensivo, aquí una crónica rápida urgente desde un paraíso bajo amenaza.

En menos de una semana vuelvo a casa, a ver si me da por una nueva crónica antes de volver.

* La Brigada Dessalines es un grupo de solidaridad internacional formado por campesinos y campesinas militantes de grupos vinculados al MST, Vía Campesina y otras entidades de “Alba Movimientos Sociales”. Se encuentran en Haití desde 2009 y aunque han llegado a ser hasta 30 personas acompañando los movimientos campesinos haitianos, ahora son 4, un brasileño y una brasileña del MST, un cubano del Centro Martin Luther King y una argentina del Frente Popular Dario Santillan. Podéis encontrar información de la Brigada Internacionalista Dessalines en su Facebook

Haití quatre anys després: viure sota el capitalisme del desastre

Article publicat a La Directa l’11 de gener de 2014

directaEl 12 de gener de 2010 un terratrèmol va assolar bona part d’Haití, en una de les pitjors catàstrofes que ha patit el país, i en el que va esdevenir una de les més àmplies operacions humanitàries que es recorden. Quatre anys després, Haití es troba atrapada entre la república de les ONG i el capitalisme del desastre.

Les xifres són aclaparadores, en tots els sentits. Al voltant de 220.000 persones mortes. Més de 300.000 persones ferides. Més d’un milió i mig de persones sense llar, 100.000 llars completament destruïdes i una mica més de 200.000 greument malmeses. Als sis mesos del terratrèmol, un milió i mig de persones, 360.000 famílies, vivien en aproximadament 1.500 camps de desplaçades, sota les tendes improvisades o proporcionades per ONG i agències de cooperació oficials.

La dimensió de la tragèdia i l’impacte que la cobertura mediàtica del terratrèmol va tenir en milions de persones arreu del món va impulsar una de les majors operacions humanitàries que es recorden. Es van recaptar més de 3.060 milions de dòlars per part d’ONG, institucions religioses i fundacions privades. En el primer mes després del terratrèmol, les ONG espanyoles van recaptar uns 72 milions d’euros d’aportacions de la societat espanyola, prop dels 79 milions de dòlars d’ajuda d’emergència del govern espanyol (que ascendeix a 464 milions de dòlars promesos de 2010 a 2012, que inclouen ajuda a la reconstrucció i contra l’epidèmia de còlera). Governs i agències de cooperació van prometre més de 13.000 milions per al període 2010 a 2020, uns 6.373 milions per als dos primers anys (2010-2012).

On ha quedat tota aquella solidaritat? Quina ha estat la reconstrucció que ONG, governs i institucions internacionals han impulsat per a Haití?

LLEGIR L’ARTICLE SENCER A LA DIRECTA

O descarregar el pdf aquí (i en castellà aquí)

De la Asistencia Mortal a la cooperación necesaria

[Video-foro “Asistencia Mortal” programado para el 9 de octubre a las 19h en Àurea Social – C Sardenya 263, Barcelona]

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Aquí mi reacción a la película cuando la vi en diciembre de 2013 …

Texto escrito en dos tiempos. El primero durante el viaje de vuelta desde Haití. El segundo, a casi cuatro semanas de haber salido de Haití, en la víspera del aniversario del terremoto. Los dos textos son reflejo de un diálogo terriblemente contradictorio que me ronda por la cabeza desde que llegué a Haití, y de hecho mucho antes. Algo que desde el ODG hemos trabajado, reflexionado y compartido mucho ya antes, pero que cuando lo ves resurge y se necesita compartir. He dudado mucho, pero al final, aunque sea para generar discusión, he decidido colgarlo.

Asistencia Mortal

Assistance Mortelle (Raoul Peck)

Assistance Mortelle (Raoul Peck)

Sentada en el suelo del aeropuerto, esperando el avión que me devolverá, aprovecho el retraso para ver el DVD que cargo a la bolsa desde la primera semana que llegué a Haití. “Assistencia Mortal“, de Raoul Peck. No puedo contar la cantidad de gente que al ser preguntada sobre la ayuda a la reconstrucción me ha recomendado que lo viera. Ahora sé por qué.

[Trailer]

Confieso que he tenido que parar la película en varias ocasiones. Con lágrimas en los ojos, no de pena, sino de rabia e impotencia. Raoul Peck, reconocido cineasta haitiano, recorre los dos primeros años después del terremoto del 12 de enero de 2010. Un viaje por el proceso de reconstrucción a través del papel de la ayuda internacional. Aviso que el resultado no deja nada bien parada la llamada “comunidad internacional”.

El papel casi criminal de la Comisión Interina para la Reconstrucción en Haití (CIRH) co-presidida por Bill Clinton; el papel errático, des-coordinado y unilateral de agencias bilaterales, multilaterales y ONG por igual; la pornográfica actuación de todos los actores en la reconstrucción de viviendas (o más bien la no reconstrucción y la perpetuación de alojamientos provisionales, indignas en la mayoría de los casos, donde, como se dice en el documental, muchos de los que los han construido no dejarían ni vivir sus perros); la utilización política de la ayuda internacional; el intervencionismo de las diferentes potencias donantes; y un largo etcétera de vergüenzas. Una de las responsables de vivienda en la CIRH, confiesa en un momento de debilidad que “cuando dentro de unos años miremos a la reconstrucción de Haití muchas tendremos que hacer un gran mea culpa”.

Algunas dirán que es un film sesgado, que no explica “las buenas historias”, que se centra en los errores del proceso de reconstrucción, no todo el mundo ha cometido estos mismos errores. Sí, hay buenas historias, pero cuando una mira a la gran fotografía, el resultado global del “proceso de reconstrucción”, ve que las buenas prácticas no nos disculpan de la responsabilidad, repito casi criminal, que se esconde de forma general tras la ayuda de emergencia y de reconstrucción en Haití. El film deja además fuera muchas cuestiones que son tanto o más indignantes de las que explica; proyectos inacabados, recursos malgastados en salarios y alquileres de escándalo, pero sobre todo un análisis más general, ya no de después del terremoto, sino del papel infantilitzador y desmovilizador que la “invasión de las ONG” ha tenido sobre la sociedad haitiana. Una sociedad que ha acabado siendo moldeada por esta cooperación internacional hasta creerse en buena medida el papel de víctima, receptora agradecida y resiliente a la infinita lista de catástrofes no naturales que le ha otorgado la comunidad internacional.

Como queda también fuera del film de Peck la cuestión de la reconstrucción económica, o del capitalismo del desastre, es decir, cómo, desde las élites haitianas, organismos internacionales y gobiernos donantes, acompañados por empresas multinacionales,  se utiliza el proceso de reconstrucción para profundizar en el capitalismo neoliberal. La promoción de la minería de oro a cielo abierto (sin el consentimiento informado de las comunidades), las zonas francas industriales para la exportación de textil a bajo precio (y a salarios de miseria), la agroindustria para la exportación (cuando el país sigue siendo dependiente de las importaciones para su seguridad alimentaria) o el turismo de lujo, son las recetas de la reconstrucción económica.

Hace unos días enviaba una crónica que empezaba reflexionando sobre la imagen que se había dado justo después del terremoto, en el que la mayoría de medios de comunicación, pero también de ONG, habían fomentado este papel de víctima desvalida del pueblo haitiano (y de salvadores de los cooperantes, bomberos, policías, periodistas e incluso militares). Hablando con la gente en Haití te das cuenta que nada más lejos de la realidad, que incluso en los momentos más dramáticos fue sobre todo la población haitiana la que se auto-organizó para hacer frente a las necesidades básicas de comida, agua, alojamiento y atención médica. Que fueron los haitianos y las haitianas, gracias a muestras de solidaridad y coordinación envidiables, las que salvaron más vidas y las que comenzaron el camino hacia la reconstrucción… hasta que llegó la comunidad internacional para afanar este protagonismo. El libro de Beverly Bell, “Fault Lines”, es una excelente crónica de esos días post-terremoto, contado dando la voz a los haitianos y haitianas.

Reconozco que escribo estas líneas en caliente, muy en caliente. Enfadada, enrabiada, indignada, en rebelión contra un sistema que permite que millones de personas vivan en la miseria y, peor aún, un sistema que se aprovecha de esta miseria. Y esta vez no hablo de empresas transnacionales y otros poderes económicos. Me refiero a aquellas que, bajo el manto amable de la cooperación, han condenado y siguen condenando a Haití en la miseria. Me refiero a las que priorizan la foto, el logo o su propia supervivencia (la de la organización) al trabajo bien hecho. Y por trabajo bien hecho no me refiero a eficiencia de la ayuda desde el punto de vista ortodoxo. Me refiero a una ayuda que sea transformadora, que parta ya no de las necesidades expresadas por los propios haitianos y haitianas, sino que sea total y absolutamente protagonizada por éstas, de la concepción y el diseño a la ejecución. Las ONG y donantes internacionales deberían ser puros intermediarios para apoyar estas iniciativas locales transformadoras, y no las protagonistas.

“Si todo el dinero malgastado en Haití hubieran repartido entre las familias afectadas por el terremoto ¿el resultado habría sido mejor o peor? ” Se pregunta en un momento una de las narradoras del film de Raoul Peck. Yo no dudo de la respuesta. Me diréis que soy simplista y hasta demagógica. Pero cuando sólo empiezo a conocer el alcance de la tragedia, no del terremoto, sino del fracaso de la ayuda a la reconstrucción, no puedo sino pensar que difícilmente se podría haber hecho peor.

Camera 360

La cooperación necesaria

Y a pesar de todo sigo pensando que tenemos un papel bajo la rúbrica de la “cooperación”. Yendo a la raíz del término encontramos:

Cooperar: Actuar conjuntamente con otro u otros para un mismo fin (Real Academia de la llengua Española)

Cooperación: Acción concertada entre los miembros de un grupo social para la consecución de un fin (Enciclopèdia Catalana)

Actuar conjuntamente, como iguales (añado), por un mismo fin. El de la cooperación internacional es un fin que depende de los actores que la impulsen.

David Sogge, experto en cooperación internacional, investigador del Transnational Institute y autor de textos como “Compasión y cálculo” o Dar y tomar ¿Qué sucede con la ayuda internacional?”, Lo tiene muy claro: “si partimos de la premisa de que uno de los objetivos primordiales, si no el principal, de la Ayuda Oficial al Desarrollo desde 1980 ha sido el de imponer un orden neoliberal sobre el resto del mundo, y evaluamos el sistema de ayuda de acuerdo a este principio primordial de amplio espectro (que engloba otros aspectos más allá de los puramente económicos, como son la gobernanza o la construcción de la sociedad civil), desde luego hemos de reconocer que, partiendo de esta premisa, las políticas de ayuda han tenido un éxito considerable. De hecho, es uno de los principales vehículos de transmisión de la ideología neoliberal y de sus políticas” (entrevista para la Revista Pueblos, enero de 2012)

Frente esta cooperación, ejecutada por grandes agencias multilaterales como el Banco Mundial o agencias de cooperación estatales como USAID o incluso la AECID, sabemos que existe una cooperación transformadora, para la que el fin en el que trabajar conjuntamente es un cambio radical del sistema económico, social y cultural (partiendo de la noción de que la pobreza – de recursos y de capacidades – y las desigualdades son inherentes al sistema económico capitalista). La cooperación que busca la justicia económica, social y ambiental, y no una simple transferencia de recursos o conocimientos. Como la Federació Catalana d’ONG al Desenvolupament acordaba en febrero de 2007, si consideramos la pobreza como fenómeno estructural, entendemos “la cooperación como herramienta de transformación de las estructuras políticas, económicas, sociales, culturales -locales y globales -, que son las principales causas originarias de la exclusión”.

Muchas dirán que la reflexión no es en absoluto nueva. En estas épocas de crisis presupuestaria e institucional de la cooperación, e incluso antes, muchas nos hemos replanteado el papel “transformador o edulcorante” de la cooperación. Si aceptar, modificar o enfrentar la “privatización” de la cooperación con la entrada de actores empresariales en la misma. Cómo afrontar las estrategias en época de crisis en nuestro Norte que es muy Sur, y en época de recortes, una vez ha estallado “la burbuja del desarrollo“. Y desde hace años si priorizar las estrategias de cooperación o la resistencia, oposición y desmantelamiento de los mecanismos de anticooperación.

Pero claro, del dicho al hecho…

David Sogge afirma que a nivel institucional quizá sí hay un cambio de discurso, y que se presta quizás más atención a los servicios sociales, incluso a la cuestión de los derechos humanos y derechos económicos, sociales y culturales, añado yo, pero raramente supera el ámbito del discurso. En la práctica se siguen reproduciendo esquemas que, en el discurso, parecían superados. Y Haití es el ejemplo.

Se habla de empoderamiento y apropiación, pero en Haití siguen marcando las líneas principales de actuación las agencias extranjeras (sean gubernamentales, multilaterales o no gubernamentales). Se habla de rendimiento de cuentas pero no existe ningún balance de la actuación, por ejemplo, del CIRH (uno de los principales vehículos para la reconstrucción durante dos años, 2010 y 2011) – o como explica el filme ” Asistencia Mortal “, cuando el gobierno haitiano, por medio de una carta de su presidente, pidió a las principales 20 entidades no gubernamentales que actuaban en el país durante el primer año después del terremoto, una serie de datos sobre los proyectos realizados o los recursos destinados al país, sólo 5 respondieron. Se habla de eficacia de la ayuda y termina imponiendo una burocracia que pervive por encima de los impactos reales de proyectos y programas. Y así un largo etcétera.

Pero yo sigo creyendo. Obviamente he encontrado también proyectos que valen la pena. Como el apoyo de IntermonOxfam a las cooperativas de productores de arroz de la Artibonite, o el de Veterinarios sin fronteras, o la Asamblea de Cooperación por la Paz apoyando los colectivos de campesinos. La solidaridad de la “Brigada Dessalines”, formada por miembros del Movimiento de los Sin Tierra – MST brasileño trabajando codo a codo con los campesinos haitianos. O el apoyo de pequeñas entidades y fondos DOP-Defense des Opprimés et Oprimées, sin proyectos ni justificaciones, en confianza. O el del Centro por los Derechos Humanos y Justicia Global de la facultad de derecho de la Universidad de Nueva York al Colectivo contra la explotación minera. O incluso el del gobierno cubano de cooperación sanitaria, muy valorado por los haitianos.

Seguro que hay muchos más ejemplos, incluso desde la cooperación institucional, la pregunta es si estos sirven para exonerar “la cooperación internacional” de una crítica generalizada, o si hay que hacer “borrón y cuenta nueva”.

Estos días hemos vivido, con la presentación de los presupuestos de 2014 en el Parlamento catalán y español, nuevas protestas de las ONG catalanas y españolas, acompañadas de reflexiones sobre la necesidad de cambio, no sólo de las estrategias de financiación, sino también de trabajo: más vinculación con los movimientos sociales, más enlaces entre el trabajo aquí y allá. Se suceden los artículos y seminarios sobre los nuevos retos de las ONG y la cooperación. El coordinador de campañas de Ayuda en Acción, Alberto Casado, afirmaba hace unos días en el diario.es que “las ONG ya hace tiempo que advertimos que la globalización lleva a unas desigualdades que no diferencian entre norte y sur”. Efectivamente, causas y efectos, ya no de la globalización, sino del capitalismo, no tienen fronteras. Pero el reto es no sólo acertar el diagnóstico y cambiar de discurso, sino también la forma de actuar, y desgraciadamente estamos viendo en nuestro muchas actitudes paternalistas, caritativas y nada transformadoras, que repiten las malas prácticas de la cooperación internacional.

Si la cooperación es la acción de trabajar conjuntamente por un fin común, y estamos de acuerdo en que este fin común es la erradicación de las causas del empobrecimiento, las desigualdades y las violaciones de derechos, y llegamos a la conclusión de que estas causas son sistémicas … entonces es básico que priorizamos estrategias que estén dirigidas a desmontar el sistema económico, social y cultural que nos domina y empobrece, y a construir modelos de economía y sociedad diferentes. Y esta es la cooperación que hay que defender, la que nos debe ayudar a superar el servilismo al sistema capitalista. En la calle y codo a codo, como decía el poeta.

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