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Franck Seguy: Tras el terremoto, me impactó la crudeza con la que la mal llamada “ayuda internacional” fué utilizada para humillarnos”

Esta entrevista formará parte del libro “Haití bajo el capitalismo del desastre” que espero publicar próximamente.

2014_06_franck1_internoEntrevista a Franck Seguy, sociólogo haitiano.

No nos pudimos encontrar en Haití, pero Franck se ofreció a responder a mis preguntas via internet. Franck Seguy ha defendido recientemente su tesis de doctorado en la Universidad de Campinas (Brasil), “La catástrofe de enero de 2010, la ‘Internacional Comunitaria’ y la recolonización de Haití”. Franck Seguy es profesor de Sociología en la Universidad del Estado de Haití, y ha sido muy crítico con la cooperación internacional en Haití. Ésta entrevista es buena muestra de ello.

En una entrevista en 2010 afirmabas que la ayuda era “algo extremadamente humillante e inhumano”[17] ¿qué te lleva a hacer tal afirmación?

En 2010 el seísmo dejó centenares de miles de haitianos y haitianas privados de sus necesidades primarias. En aquél momento me impactó la crudeza con la que la mal llamada « ayuda internacional » fué utilizada para humillarnos. Por ejemplo, una semana trs el seísmo, en medio de la disputa sobre el comandamiento entre soldados de la armada de Estados Unidos que tomaban el control de espacios estrategicos del país, y la MINUSTAH desplegada en el país en 2004, el general brasileño comandante de la MINUSTAH procedió a una distribución de agua en Champ de Mars. Cuando se le preguntó por el objetivo y la forma del gesto, su respuesta fue « lo hacemos para hacer notar también nuestra presencia ». Poco después los Brasileños fueron suplantados por los Norte-Americanos.

Manteniéndonos en el contexto del terremoto de 2010, uno puede igualmente recordar como el aeropuerto de Port-au-Prince permaneció congestionado de miles de toneladas de comida y medicamentos, considerados como ayuda, a la vez que a varios metros de allí, nuestros compatriotas debían luchar para no morir de sed. Y justamente, la prensa internacional, como es habitual, no desaprovechó la ocasión de mostrar imagenes del “pillaje” haciendo pasar a los Haitianos como salvajes.

Si vamos más en profundidad, podemos afirmar que al contrario de lo que se dice, no son los otros países los que ayudan Haití, sinó Haití que ayuda a todo el mundo. Ninguna institución haitiana decide la orientación del dinero internacional que aquí llega bajo el nombre de ayuda. El país o institución que dona la mal llamada “ayuda internacional” decide a quién se destinará ese dinero. Los contratos de todo lo que se hace aquí bajo la rúbrica de “reconstrucción” son asignados a empresas extranjeras. Las empresas haitianas, las pocas veces que son tomadas en consideración, lo hacen en forma de subcontrataciones. Y Haití hoy es un laboratorio dónde jovenes europeos tienen sus primeras experiencias profesionales.

En un texto de noviembre de 2011, Promundia Medica caracterizó la invasión humanitaria de la forma siguiente: ”La reuniones para ayudar a los Haitianos son en Ingles. Los contratos se dan a compañías extranjeras. La ayuda se destina a organizaciones que vienen de fuera, independientemente de su experiencia. Un profesional haitiano calificado (será él el que aconseje y ejecute el trabajo de otros) cobrará unos 2.000 dólares, mientras el chico de ojos azules irá de “cluster” en “cluster” dónde de se supone que se coordina la ayuda (sin lograrlo jamás) por un salario tres veces más elevado. Si, si, el salario de un “internacional” es de 6.000 dólares, de partida. Los miembros del staff internacional de ciertas agencias, en Haití, en el momento del seísmo, han recibido 12.000 dólares de compensación (incluso cuando alquilan apartamento totalmente amueblados y, en el peor de los casos, nada pierden) mientras que sus colegas haitianos, los que han perdodo casas y familiares, no tienen más derecho que a 2.500 dólares”.

Está pues claro que no solo la llamada “ayuda” es una humillación frente a nosotros, pero en realidad somos nosotros los que ayudamos a los que nos pretenden ayudar.

Desde mediados de los 90 ha aumentado la presencia de ONG, organismos bilaterales y multilaterales en el país, hasta el punto que muchos hablan de “invasión de ONG” o “República de ONG”. ¿Cómo piensas que la presencia masiva de organizaciones, gubernamentales y no gubernamentales, extranjeras, ha afectado a la sociedad haitiana?

Los cambios producidos por el despliegue de las ONG en Haití son los más significativos. El mayor éxito de las ONG, en última instancia, probablemente habrá sido el de atenuar considerablemente o incluso hacer desaparecer la naturaleza de clase de los problemas que aquejan a la sociedad para presentarlas como simples problemas técnicos se pueden resolver a golpe de financiación de proyectos. Y el secreto de este éxito se debe a la labor ideológica, consistente en la promoción de la sociedad civil, la ciudadanía, el desarrollo, la democracia y los derechos humanos en contra de las clases sociales y la lucha de clases. Así, mientras que la sociedad está compuesta por campesinos, obreros, etc. y burguesía, es decir, de individuos en defensa de sus intereses particulares y de clase, las ONG han logrado hacer pasar a los haitianos como ciudadanos, es decir, seres abstractos que defienden el interés público universal. Así que hoy, tenemos una sociedad estructurada en Haití en clases sociales donde la explotación, la dominación y la opresión son la regla, pero las organizaciones conformamos plataformas de derechos humanos o de desarrollo.

Por ejemplo, los campesinos haitianos históricamente han sido la clase más combativa de la sociedad. Desde el asesinato de Jean-Jacques Dessalines, figura principal de la Independencia y fundador de la Patria en 1806, hasta mediados del siglo XX, todas las luchas sociales realizadas han incluído en su seno la cuestión de la tierra. Pero desde la implementación de los primeros proyectos de desarrollo comunitario a finales de 1940, demanda de la tierra ha perdido su centralidad. Las organizaciones campesinas hoy en día, las que se dicen progresistas, no tienen otro objetivo que el de satisfacer las necesidades de sus miembros y educarlos para hacer valer sus derechos frente a los partidos políticos y los gobiernos. Yo mismo leí una entrevista a la dirección de una organización campensina apoyada por  ONG de izquierda en la que sus dirigentes declaran ser parte de una batalla para invertir en la producción campesina, en su formación, herramientas, semillas … en educarlos para valorizar los árboles para salvar el medioambiente.  Vemos cómo esta organización llamada campesina vació el problema ambiental de su contenido político al acercarse a ella como una cuestión puramente técnica.

El mayor logro de la cooperación internacional en Haití tras el terremoto de 2010 sigue siendo el Parque Industrial Caracol (PIC), en el noreste, inaugurado en octubre de 2012. Para construir este parque, el gobierno desalojó a 366 familias campesinas que trabajaban 246 acres entre las tierras más fértiles de la región. El PIC está instalado en un área que cubre los dós únicos ríos de la zona, debido a que la producción de pintura – una de sus principales actividades – requiere mucha agua. Y las aguas residuales producidas en el interior del PIC amenaza a toda la fauna Caracol, una zona costera. Mientras que el gobierno y sus socios internacionales siguen destruyendo el medio ambiente del país, la organización campesina, al proponerse educar a los agricultores a “valorizar” los árboles, culpabiliza a los campesinos pobres la deforestación y la destrucción del medio ambiente del país. Y es precisamente por el trabajo ideológico despolitizante de las ONG que las clases dominantes tienen éxito.

En Haití se puede encontrar diferentes modelos y formas de coperación. De la Brigada Dessalines y otras organizaciones que apoyan o acompañan a los movimientos sociales, a USAID o EuropeAid que a menudo violan la soberanía del país. ¿Piensas que existe lugar para algun tipo de cooperación internacional en Haití¿ ¿Cómo sería esta “buena cooperación”? O por el contrario ¿piesas que sería mejor que la comunidad internacional se retirase completamente del país para dejar que los haitianos y haitians decidan y construyan su futuro sin interferencias?

Bueno! Existen diferentes tipos de organizaciones que cooperan en Haití.  Pero no debemos dejarnos llevar por las apariencias. Después de la defensa de mi tesis doctoral, en São Paulo, fui invitado por la dirección de la Escuela Nacional Florestan Fernandes (el centro de de formación del MSP – Movimiento de Campesinos sin tierra de Brasil), para dar una conferencia para los militantes, algunos de los cuales podrían posteriormente integrar la Brigada Dessalines. Pero conversando aparte con uno de los activistas, que me reveló que estaba retrasando su viaje a Haití porque estaba esperando para el próximo contingente de tropas de la MINUSTAH con destino a Haití. Precisamente estos militantes son transportados a Haití de forma gratuita por el ejército brasileño. Y lo que tal vez no sabe es que la iniciativa de la Brigade Dessalines fue una respuesta a la solicitud del ex presidente Luis Ignacio da Silva (Lula). Así que, incluso en Brasil, esta brigada, esta forma de cooperación, es vista por los activistas más experimentados como el brazo humanitario de una misión militar sub-imperial.

Dicho esto,  personalmente no sé si hay motivos para la cooperación internacional en Haití, y aún menos si habría una “buena cooperación”. Yo sé – y puedo probarlo por una abundancia de argumentos y la evidencia empírica – es que la cooperación internacional como lo es actualmente, deconstruye el tejido social. Imagina un profesor de la Universidad Estatal de Haití tiene un doctorado recibe un sueldo de 60.000 gourdes brutos (poco más de 1.300 dólares) del que el Estado descuenta el 27% en impuestos y otros. Al mismo tiempo que a los estudiantes de segundo, tercero o cuarto año (todavía no licenciados) que consiguen un trabajo en la cooperación internacional se les paga hasta 4.000 o incluso 5.000 dólares. ¿Qué sociedad puede esperarse con la aplicación de una política de este tipo?

Imagine una cooperación que ofrece un visado permanente a cualquier universitario o profesional haitiano con la presentación de un diploma, pero que se lo niega al mismo profesional si demanda un visado de turista. No es difícil entender por qué más del 80% de los haitianos con título superior se encuentran fuera de Haití, sobre todo en América del Norte, como trabajadores cualificados. Pero esta cooperación internacional no contempla que la formación de estos trabajadores cualificados fué financiada con los impuestos de los contribuyentes.

En una ocasión, el Secretario de Estado de Agricultura hizo una revelación que resume lo que es la cooperación internacional en Haití. En un momento, él tenía sobre su escritorio 8 proyectos de cooperación para la producción de café. Pero, al mismo tiempo él buscaba un solo proyecto para financiar la producción de cacao, que no podía tener. Sin embargo, si hubiera reorientado los fondos de  tan sólo uno de los proyectos de café para la producción de cacao, hubiese sido acusado de malversación de fondos.

Todo esto me lleva a decir con absoluta certeza que esta cooperación planificada y decidida sobre las amplias terrazas de restaurantes y hoteles de las principales ciudades europeas y norteamericanas e implementada a golpe de talonario en un terreno que le es ajeno, definitivamente no es la que tienen necesidad los haitianos y haitianas, en el caso que pudiesen decidir soberanamente como construir su futuro.

Después de mis visitas a Haití he entendido que cuando habla de reconstrucción y desarrollo, el gobierno y la comunidad internacional se refieren principalmente a la promoción de tres sectores estratégicos: la indústria para exportación, la explotación minera y el turismo. ¿Cómo piensas que estos sectores pueden afectar el “desarrollo” del país y el bienestar de la población?

Garry Conille fue primer ministro en 2011, durante la presentación de su política general, dijo: “La necesidad de puestos de trabajo es tan importante hoy en día, que Haití no puede darse el lujo de rechazar las demandas de establecimiento de empresas que atienden los mercados de masas y exigen bajos salarios”.

Ésta es, en resumen, la posición del gobierno sobre el asunto! En cuanto a sus socios internacionales, éstos optaron por hacer de Haití un país de zonas francas por encontrarse en las inmediaciones de los principales mercados (EE.UU.); por las leyes HOPE I y II y la ley Ley HELP que permiten a los inversores que hacen su producción textil en Haití poder comercializar en los EE.UU. sin pagar los aranceles aduaneros; y por considerar la mano de obra haitiana más barata que la mano de obra en China (según un estudio realizado por el economista Paul Collier, de la Universidad de Oxford) y ya calificada – al tener el país experiencia con zonas francas industriales en el siglo pasado. Como resultado de todo ello, al trabajador haitiano se le paga 200 gourdes por día de trabajo (menos de $5). Así que el trabajador haitiano que produce pantalones vaqueros Levis o zapatillas timberland nunca va a poder consumir estos productos. Para vestirse, solo podrá recurrir a pepe, la ropa usada importada de América del Norte y que se vende aquí.

Usted habla de turismo, pero fijémonos en Ile-a-Vache, donde el gobierno quiere establecer un centro turístico. Para ello, el gobierno no duda en expropiar a los campesinos de sus tierras sin ningún tipo de compensación o indemnización. La minería es y será aún más brutal, en la medida que hay muchos más millones en juego en este sector.

Sí, podemos hablar de desarrollo en estos sectores, si para como desarrollo se entiende la explotación de la fuerza de los trabajadores por una miseria, la valorización y reproducción del capital transnacional … Pero si se trata de un mínimo de bienestar  para los trabajadores haitianos, aquí no hay nada que permita hablar de desarrollo.

¿Cuál es la hipótesis principal de su  tesis doctoral “La catástrofe de enero de 2010, la ‘Internacional Comunitaria’ y la recolonización de Haití”?

Mi tesis doctoral ha consistido en mostrar que el desastre de 2010 fue una gran ayuda para la cooperación internacional, que estaba sin aliento en Haití. El terremoto del 12 de enero en este sentido ofrece una oportunidad de oro para que esta cooperación reconfigurase su hegemonía en los asuntos haitianos. Lo que se ha realizado desde el año 2010 y se presenta como la “reconstrucción” no es nada más que la construcción de un proyecto diseñado y desarrollado mucho antes de 2010, y cuyas líneas generales están bastante bien definidas en el estudio Paul Collier: “Haití: De catástrofe Natural a la seguridad económica. Un informe para el Secretario General de las Naciones Unidas”, publicado en enero de 2009. Del análisis de este proyecto, surgen todos los ingredientes que están presentes para hacer de Haití una nueva colonia – no es una colonia a la antigua, una colonia de una metrópoli, sino una colonia para el capital transnacional.

[17] Entrevista: Franck Seguy “La ‘ayuda humanitaria’ humilla Haití” Febrero de 2010 A Nova Democracia (Brasil) http://www.anovademocracia.com.br/espanhol/118-n-62-febrero-de-2010/2700-entrevista-franck-seguy-la-qayuda-humanitariaq-humilla-haiti

La mala fama de la cooperación internacional

Catalunya Zero Solidaritat? Zero Pau? Zero Drets Humans?

Catalunya Zero Solidaritat? Zero Pau? Zero Drets Humans? (Foto @frmat)

A miles de kilómetros de distancia me llegan los ecos de la protesta ‪#PressupostosAntisocials #ZeroaONG

Era un golpe previsible, el nuevo recorte en los presupuestos de cooperación, paz y derechos humanos de la Generalitat de Catalunya. Un gobierno que no cree en la política de cooperación más que como herramienta de promoción exterior de la empresa catalana  Un gobierno que de hecho no ha tenido en ningún momento una política de cooperación. Un gobierno de y para la burguesía del país. Un gobierno que quiere una Cataluña abierta a los negocios del mundo pero no solidaria.

Conociendo de cerca el trabajo que hacen algunas ONG en nuestro país, los recortes en el sector pueden leerse como un hachazo a la voluntad de transformación social y económica a nivel global. Aunque desde la autocrítica, no puedo sino defender el trabajo de las entidades que trabajan en línea con esta voluntad de transformación y, por tanto, defender que haya una política pública que las apoye.

Y entonces mi cabeza vuelve a #Haití. Me queda todavía algo de camino por recorrer, pero empieza a resultar complejo defender el papel de la cooperación internacional aquí. Y es que la “cooperación internacional” (así, generalizando) se ha ganado a pulso la mala fama entre las clases y movimientos populares del país.

“Invasión de ONG” es una expresión que muchos utilizan para describir el momento post-terremoto en 2010, o incluso anterior. Dicen las malas lenguas que hasta 10.000 ONG llegaron a trabajar en el país . Ahora no se sabe demasiado cuántas hay, pero se calcula que entre un millar y 3.000. El proceso de registro es complejo y muchas ni se registran. Hay grandes, medianas y pequeñas. Las que trabajan con agenda propia, y las que tratan de trabajar con las comunidades, codo a codo. Las que imponen su visión a las autoridades locales (ya sabéis, administración haitiana corrupta e incapaz) y las que se rompen la cabeza viendo cómo trabajar con éstas. Las que trabajan con los movimientos sociales y las organizaciones de base, y las que simplemente buscan contrapartes para llenar el vacío en un formulario de subvención. Como en todas partes, hay de todo, y es complejo y peligroso generalizar (por criticar el trabajo de unos no puedes terminar desautorizando el magnífico trabajo de otros – No me malentendáis, hoy hablaré de la cooperación malentendida, otro día de la que hay que defender a capa y espada).

Pero no es menos cierto que en #Haití te encuentras con múltiples muestras de las malas prácticas de la cooperación internacional, no sólo por parte de las ONG, sino también de las grandes agencias de cooperación gubernamentales y multilaterales.

“La cooperación internacional ha tratado de infantilizar el pueblo haitiano” me decía el otro día un militante de izquierdas, muy crítico con el papel de las ONG. Vistos a menudo como simples receptores, se han impuesto prácticas que a largo plazo son perjudiciales, como los pagos para asistir a talleres de formación sobre el cólera o la soberanía alimentaria (¿quién querrá ir a las reuniones auto-organizadas por las comunidades o por los movimientos sociales, asumiendo el coste de transporte o comida, si las ONG imponen un modelo donde la participación se cobra?). Comiendo el otro día con dos activistas de izquierdas me decían que los movimientos sociales están sufriendo la resaca de la presencia de las ONG. Ignorando estos movimientos no tan sólo como posibles contrapartes, sino protagonistas de los procesos de transformación, e imponiendo nuevas dinámicas, han terminado debilitándolos. Ayer el abogado Patrice Florvilus, de Defense des Oprimées/Oprimés -DOP-, se reafirmaba en esta tesis “la invasión de las ONG ha desmovilizado las organizaciones populares”. Él fecha esta invasión al año 1986. Con la caída de Duvalier, llegó a la comunidad internacional. Comenta orgulloso que DOP no ha postulado nunca por una subvención. “Si nos quieren apoyar, que nos lo den. Hemos recibido recursos de ONG internacionales, pero nunca condicionados”. Mark Snyder, activista de derechos humanos que colabora con DOP, señalaba la dependencia creada a muchas organizaciones locales de los fondos a través de las ONG internacionales como motivo de desmovilización. “Los inyectan recursos, a menudo de forma masiva, desde ONG o agencias bilaterales como USAID, y luego no pueden desengancharse de esa dinámica” indica señalando las venas. Nada que nos sea extraño a las ONG de Cataluña.

Leyendo sobre la “República de las ONG“, otro concepto muy repetido para señalar a Haití , me encuentro con este texto de Vijaya Ramachandran del Center for Global Development:

“El dominio de las ONG internacionales ha creado un Estado paralelo más poderoso que el gobierno mismo. Las ONG en Haití han construido una infraestructura alternativa para la provisión de servicios sociales, desincentivando al gobierno para construir capacidades para ofrecer estos servicios. También podemos observar una “fuga de cerebros” del sector público al sector privado sin ánimo de lucro, al expulsar el talento de las oficinas del gobierno hacia las ONG, y resultando en el concepto Haitiano de “Klas ONG”".

A través de esta cooperación internacional se crea una nueva “clase social”, la de las ONG , habitada por “blancs” pero también por haitianos, profesionales liberales que encuentran en este mundo una salida profesional muy bien pagada, al menos en comparación a el resto de opciones profesionales. Muy pocos profesionales con carácter activista se resisten a la tentación.

Una clase social con un nuevo uso del lenguaje. El inglés se ha convertido en la lengua oficial de la cooperación , con un poco de suerte el francés colonial se habla de reuniones entre ONG. El Kreol queda relegado y resulta extraordinario conocer una cooperante que se haya tomado la molestia de aprenderlo. Y no sólo es una cuestión de idioma. El lenguaje técnico de la cooperación hiperprofessionalitzada y sometida a procesos burocráticos infinitos , expulsa también a las clases populares y los movimientos sociales de este mundo regido por principios como la eficacia y la mensurabilidad.

Un mundo donde las ONG tienen un protagonismo importante, pero aún más importante lo tienen agencias de cooperación bilateral. Destacando la presencia de USAID, la agencia pública estadounidense. Uno de los principales donantes, pero también uno de los más controvertidos. Ha utilizado la ayuda alimentaria (importación de productos made ​​in USA) con impactos negativos sobre la delicada situación del campesinado del país, y en connivencia con ONG como Care o WorldVision. Ha sido denunciado por falta de transparencia, retrasos y mala gestión.

(de momento no tengo demasiada información sobre la cooperación española, pero la próxima semana haré algunas reuniones , ya informaré qué tal).

Un mundo, el de la cooperación internacional que, como decía el texto de Vijaya Ramachandran, está sin duda determinante el futuro del país, no sólo por la influencia en la mentalidad de la gente y las dinámicas sociales, sino también en la definición de políticas públicas. Esta presencia masiva de ONG internacionales y agencias de cooperación, que asumen en buena parte (y en demasiadas ocasiones de forma autónoma y unilateral) el establecimiento y gestión de servicios básicos como la educación o la sanidad, que deberían ser públicos, debilitan las estructuras de Estado.

sortint de classe

Escola privada finançada per la cooperació internacional a Corail.

Ya antes de 2010, las ONG proveían el 70% de la asistencia sanitaria. El 85% de la educación se daba a través de escuelas privadas, a menudo subvencionados por el Estado a través de programas de cooperación , y muchas de ellas gestionadas por ONGs o instituciones religiosas. Esta cifra seguramente ha aumentado tras el terremoto de 2010, cuando se destruyeron muchas escuelas que no han sido reconstruidas.

“El Banco Mundial tenía un programa llamado “Education for all” (educación para todos) que consistía precisamente en ofrecer recursos a escuelas privadas para facilitar el acceso a estudiantes sin recursos [o con pocos recursos, ya que muchas de estas escuelas no son del todo gratuitas]. El director de ese programa es ahora el ministro de educación, y éste es el modelo que ha adaptado para la política pública de educación” me dice Patrice Florvilus, defensor a ultranza de la pedagogía de los oprimidos de Paolo Freire. “De hecho, el gobierno no tiene ninguna política de educación, sólo un proceso de mercantilización de la educación”. Y en esto, parece ser, que también han participado muchas ONG internacionales.

Tenemos un Estado ausente, totalmente desestructurado (ya antes del terremoto), incapaz, dicen, de proveer los servicios sociales que la población necesita. Las ONG y agencias de cooperación bilaterales y multilaterales cubren este vacío. Pero de hecho con su actuación perpetúan la situación, evitando que de alguna manera se exija con más fuerza una transformación profunda de las administraciones públicas para que éstas asuman sus responsabilidades para con su pueblo.

mercado innecesario e inacabado

Mercat inacabat i inecessari a Corail, finançat per la UE.

Cuando le pregunto a Patrice Florvilus cuál sería la prioridad para el país, no señala la educación, ni la sanidad, el derecho a la vivienda, ni siquiera el cólera o la salida de la MINUSTAH. “Romper con las estructuras actuales políticas y del Estado, para regenerarlas. Sólo desde un nuevo modelo de Estado podremos hacer políticas públicas para el pueblo haitiano”.

Pero la cooperación internacional obvia esta prioridad y rodea el problema, evitando tener que tratar con un Estado, como decíamos, ausente, corrupto, ineficiente. El 99 % de los recursos para la ayuda de emergencia y reconstrucción dados después del terremoto se canalizaron a través de agencias de Naciones Unidas, ONG, empresas subcontratadas y otros proveedores de servicios no estatales. Menos del 1 % de los más de 6 mil millones de dólares desembolsados ​​se han canalizado a través de instituciones públicas locales o del gobierno. Y sólo el 23 % de la financiación para la reconstrucción a largo plazo está siendo canalizada a través del gobierno.

Obviamente estas ONG y agencias no pierden ocasión para mostrar que están, en efecto, cubriendo este vacío. Los logos. Ay los logos! Logos de USAID, AECID, WorldBank, BID y los miles de ONGs que trabajan en el país. Todas ellas obsesionadas, o eso parecería, en mostrar orgullosas su trabajo en el país, de una pancarta sensibilizando sobre el cólera a un panel indicando que han construido este o aquel otro edificio o carretera.

No ayuda en absoluto a romper esa imagen de las ONG y las agencias de cooperación viviendo en una burbuja, la poca o nula interacción de los cooperantes y funcionarios de la cooperación internacional con la población haitiana. Cuanto más hablas con la gente (activistas locales, pero también trabajadoras de ONG internacionales) más te haces la imagen de un gueto privilegiado, alrededor de barrios como Petionville o Pacot, con casas caras, coches 4×4, grandes supermercados (que dicen han abierto a Puerto Príncipe para servir a esta comunidad), restaurantes y hoteles de precios europeos (o más bien estadounidenses, ya que muchos de ellos sólo aceptan dólares estadounidenses). Dicen también que esta presencia masiva de funcionarios de la cooperación ha influido decisivamente en la burbuja inmobiliaria de la ciudad, donde el precio de la vivienda ha aumentado a medida que aumenta la presencia extranjera.

El resultado: los haitianos se sorprenden cuando una blanca camina por la calle , quiere coger una moto (aunque sea con un motorista de confianza) o un tap tap (transporte público colectivo). Lo que ocurre con algunas expatriadas que, obviamente, dominan el Kreol, y tienen voluntad de romper estas barreras. Pero son excepciones que confirman la norma. La distancia entre el mundo de las ONG y agencias, y el mundo de la mayoría de los haitianos, es enorme, insalvable dicen algunos. Y de hecho se nota en muchas miradas. Te ven blanca, te identifican con la cooperació , con las agencias internacionales, con Naciones Unidas y la MINUSTAH, con las múltiples injerencias “blancas” en el país … y desconfían de ti. No es general, pero te las encuentras a menudo.

En fin, sí, defendemos la cooperación. Pero más que defender los fondos , defendemos la buena cooperación. La que transforma, la que acompaña y apoya, pero no impone ni infantiliza. La cooperación vista como restitución y reconocimiento. La cooperación que va a la raíz del término: el trabajar conjuntamente por un bien común. Codo a codo. Como iguales.

Contre la Minerie

Reunió contra l’explotació minera. Procés amb acompanyament d’entitats estrangeres, sense ingerència, per la transformació social.

Y que conste que de ésta, también hay en Haiti (y también hablaré de ella otro día, voy recogiendo experiencias).

El otro día leía, a raíz del tifón Yolanda en Filipinas, al amigo Carlos Gómez Gil:

“Es ilusorio pensar que tanto desastre puede solucionarse sólo con la compasión de las ONG, ante la voracidad de un sistema económico y político mundial en el que los pobres siempre son los perdedores”.

Pues eso, a cambiar el mundo, porque con cooperación compasiva, por muy eficiente y dirigida a resultados que sea, no cambiará nada. En Haití no puedo sino reafirmar el convencimiento de que la estrategia, si queremos que realmente cambien las cosas, debe ser atacar los mecanismos de anticooperación, apoyando a aquellos que luchan, desde la base, en los países del sur y en el nuestro.

Y como decía la niña en uno de los capítulos de Interferencias: “Si no saben cómo arreglarlo, por favor, dejen de romperlo”.

Interferències Cap5 – subt CAST from Quepo on Vimeo.

Recordad que podéis apoyar el proyecto “Haití, los otros terremotos en 210 años y 1460 días” en

http://goteo.org/project/haiti-otros-terremotos