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Franck Seguy: Tras el terremoto, me impactó la crudeza con la que la mal llamada “ayuda internacional” fué utilizada para humillarnos”

Esta entrevista formará parte del libro “Haití bajo el capitalismo del desastre” que espero publicar próximamente.

2014_06_franck1_internoEntrevista a Franck Seguy, sociólogo haitiano.

No nos pudimos encontrar en Haití, pero Franck se ofreció a responder a mis preguntas via internet. Franck Seguy ha defendido recientemente su tesis de doctorado en la Universidad de Campinas (Brasil), “La catástrofe de enero de 2010, la ‘Internacional Comunitaria’ y la recolonización de Haití”. Franck Seguy es profesor de Sociología en la Universidad del Estado de Haití, y ha sido muy crítico con la cooperación internacional en Haití. Ésta entrevista es buena muestra de ello.

En una entrevista en 2010 afirmabas que la ayuda era “algo extremadamente humillante e inhumano”[17] ¿qué te lleva a hacer tal afirmación?

En 2010 el seísmo dejó centenares de miles de haitianos y haitianas privados de sus necesidades primarias. En aquél momento me impactó la crudeza con la que la mal llamada « ayuda internacional » fué utilizada para humillarnos. Por ejemplo, una semana trs el seísmo, en medio de la disputa sobre el comandamiento entre soldados de la armada de Estados Unidos que tomaban el control de espacios estrategicos del país, y la MINUSTAH desplegada en el país en 2004, el general brasileño comandante de la MINUSTAH procedió a una distribución de agua en Champ de Mars. Cuando se le preguntó por el objetivo y la forma del gesto, su respuesta fue « lo hacemos para hacer notar también nuestra presencia ». Poco después los Brasileños fueron suplantados por los Norte-Americanos.

Manteniéndonos en el contexto del terremoto de 2010, uno puede igualmente recordar como el aeropuerto de Port-au-Prince permaneció congestionado de miles de toneladas de comida y medicamentos, considerados como ayuda, a la vez que a varios metros de allí, nuestros compatriotas debían luchar para no morir de sed. Y justamente, la prensa internacional, como es habitual, no desaprovechó la ocasión de mostrar imagenes del “pillaje” haciendo pasar a los Haitianos como salvajes.

Si vamos más en profundidad, podemos afirmar que al contrario de lo que se dice, no son los otros países los que ayudan Haití, sinó Haití que ayuda a todo el mundo. Ninguna institución haitiana decide la orientación del dinero internacional que aquí llega bajo el nombre de ayuda. El país o institución que dona la mal llamada “ayuda internacional” decide a quién se destinará ese dinero. Los contratos de todo lo que se hace aquí bajo la rúbrica de “reconstrucción” son asignados a empresas extranjeras. Las empresas haitianas, las pocas veces que son tomadas en consideración, lo hacen en forma de subcontrataciones. Y Haití hoy es un laboratorio dónde jovenes europeos tienen sus primeras experiencias profesionales.

En un texto de noviembre de 2011, Promundia Medica caracterizó la invasión humanitaria de la forma siguiente: ”La reuniones para ayudar a los Haitianos son en Ingles. Los contratos se dan a compañías extranjeras. La ayuda se destina a organizaciones que vienen de fuera, independientemente de su experiencia. Un profesional haitiano calificado (será él el que aconseje y ejecute el trabajo de otros) cobrará unos 2.000 dólares, mientras el chico de ojos azules irá de “cluster” en “cluster” dónde de se supone que se coordina la ayuda (sin lograrlo jamás) por un salario tres veces más elevado. Si, si, el salario de un “internacional” es de 6.000 dólares, de partida. Los miembros del staff internacional de ciertas agencias, en Haití, en el momento del seísmo, han recibido 12.000 dólares de compensación (incluso cuando alquilan apartamento totalmente amueblados y, en el peor de los casos, nada pierden) mientras que sus colegas haitianos, los que han perdodo casas y familiares, no tienen más derecho que a 2.500 dólares”.

Está pues claro que no solo la llamada “ayuda” es una humillación frente a nosotros, pero en realidad somos nosotros los que ayudamos a los que nos pretenden ayudar.

Desde mediados de los 90 ha aumentado la presencia de ONG, organismos bilaterales y multilaterales en el país, hasta el punto que muchos hablan de “invasión de ONG” o “República de ONG”. ¿Cómo piensas que la presencia masiva de organizaciones, gubernamentales y no gubernamentales, extranjeras, ha afectado a la sociedad haitiana?

Los cambios producidos por el despliegue de las ONG en Haití son los más significativos. El mayor éxito de las ONG, en última instancia, probablemente habrá sido el de atenuar considerablemente o incluso hacer desaparecer la naturaleza de clase de los problemas que aquejan a la sociedad para presentarlas como simples problemas técnicos se pueden resolver a golpe de financiación de proyectos. Y el secreto de este éxito se debe a la labor ideológica, consistente en la promoción de la sociedad civil, la ciudadanía, el desarrollo, la democracia y los derechos humanos en contra de las clases sociales y la lucha de clases. Así, mientras que la sociedad está compuesta por campesinos, obreros, etc. y burguesía, es decir, de individuos en defensa de sus intereses particulares y de clase, las ONG han logrado hacer pasar a los haitianos como ciudadanos, es decir, seres abstractos que defienden el interés público universal. Así que hoy, tenemos una sociedad estructurada en Haití en clases sociales donde la explotación, la dominación y la opresión son la regla, pero las organizaciones conformamos plataformas de derechos humanos o de desarrollo.

Por ejemplo, los campesinos haitianos históricamente han sido la clase más combativa de la sociedad. Desde el asesinato de Jean-Jacques Dessalines, figura principal de la Independencia y fundador de la Patria en 1806, hasta mediados del siglo XX, todas las luchas sociales realizadas han incluído en su seno la cuestión de la tierra. Pero desde la implementación de los primeros proyectos de desarrollo comunitario a finales de 1940, demanda de la tierra ha perdido su centralidad. Las organizaciones campesinas hoy en día, las que se dicen progresistas, no tienen otro objetivo que el de satisfacer las necesidades de sus miembros y educarlos para hacer valer sus derechos frente a los partidos políticos y los gobiernos. Yo mismo leí una entrevista a la dirección de una organización campensina apoyada por  ONG de izquierda en la que sus dirigentes declaran ser parte de una batalla para invertir en la producción campesina, en su formación, herramientas, semillas … en educarlos para valorizar los árboles para salvar el medioambiente.  Vemos cómo esta organización llamada campesina vació el problema ambiental de su contenido político al acercarse a ella como una cuestión puramente técnica.

El mayor logro de la cooperación internacional en Haití tras el terremoto de 2010 sigue siendo el Parque Industrial Caracol (PIC), en el noreste, inaugurado en octubre de 2012. Para construir este parque, el gobierno desalojó a 366 familias campesinas que trabajaban 246 acres entre las tierras más fértiles de la región. El PIC está instalado en un área que cubre los dós únicos ríos de la zona, debido a que la producción de pintura – una de sus principales actividades – requiere mucha agua. Y las aguas residuales producidas en el interior del PIC amenaza a toda la fauna Caracol, una zona costera. Mientras que el gobierno y sus socios internacionales siguen destruyendo el medio ambiente del país, la organización campesina, al proponerse educar a los agricultores a “valorizar” los árboles, culpabiliza a los campesinos pobres la deforestación y la destrucción del medio ambiente del país. Y es precisamente por el trabajo ideológico despolitizante de las ONG que las clases dominantes tienen éxito.

En Haití se puede encontrar diferentes modelos y formas de coperación. De la Brigada Dessalines y otras organizaciones que apoyan o acompañan a los movimientos sociales, a USAID o EuropeAid que a menudo violan la soberanía del país. ¿Piensas que existe lugar para algun tipo de cooperación internacional en Haití¿ ¿Cómo sería esta “buena cooperación”? O por el contrario ¿piesas que sería mejor que la comunidad internacional se retirase completamente del país para dejar que los haitianos y haitians decidan y construyan su futuro sin interferencias?

Bueno! Existen diferentes tipos de organizaciones que cooperan en Haití.  Pero no debemos dejarnos llevar por las apariencias. Después de la defensa de mi tesis doctoral, en São Paulo, fui invitado por la dirección de la Escuela Nacional Florestan Fernandes (el centro de de formación del MSP – Movimiento de Campesinos sin tierra de Brasil), para dar una conferencia para los militantes, algunos de los cuales podrían posteriormente integrar la Brigada Dessalines. Pero conversando aparte con uno de los activistas, que me reveló que estaba retrasando su viaje a Haití porque estaba esperando para el próximo contingente de tropas de la MINUSTAH con destino a Haití. Precisamente estos militantes son transportados a Haití de forma gratuita por el ejército brasileño. Y lo que tal vez no sabe es que la iniciativa de la Brigade Dessalines fue una respuesta a la solicitud del ex presidente Luis Ignacio da Silva (Lula). Así que, incluso en Brasil, esta brigada, esta forma de cooperación, es vista por los activistas más experimentados como el brazo humanitario de una misión militar sub-imperial.

Dicho esto,  personalmente no sé si hay motivos para la cooperación internacional en Haití, y aún menos si habría una “buena cooperación”. Yo sé – y puedo probarlo por una abundancia de argumentos y la evidencia empírica – es que la cooperación internacional como lo es actualmente, deconstruye el tejido social. Imagina un profesor de la Universidad Estatal de Haití tiene un doctorado recibe un sueldo de 60.000 gourdes brutos (poco más de 1.300 dólares) del que el Estado descuenta el 27% en impuestos y otros. Al mismo tiempo que a los estudiantes de segundo, tercero o cuarto año (todavía no licenciados) que consiguen un trabajo en la cooperación internacional se les paga hasta 4.000 o incluso 5.000 dólares. ¿Qué sociedad puede esperarse con la aplicación de una política de este tipo?

Imagine una cooperación que ofrece un visado permanente a cualquier universitario o profesional haitiano con la presentación de un diploma, pero que se lo niega al mismo profesional si demanda un visado de turista. No es difícil entender por qué más del 80% de los haitianos con título superior se encuentran fuera de Haití, sobre todo en América del Norte, como trabajadores cualificados. Pero esta cooperación internacional no contempla que la formación de estos trabajadores cualificados fué financiada con los impuestos de los contribuyentes.

En una ocasión, el Secretario de Estado de Agricultura hizo una revelación que resume lo que es la cooperación internacional en Haití. En un momento, él tenía sobre su escritorio 8 proyectos de cooperación para la producción de café. Pero, al mismo tiempo él buscaba un solo proyecto para financiar la producción de cacao, que no podía tener. Sin embargo, si hubiera reorientado los fondos de  tan sólo uno de los proyectos de café para la producción de cacao, hubiese sido acusado de malversación de fondos.

Todo esto me lleva a decir con absoluta certeza que esta cooperación planificada y decidida sobre las amplias terrazas de restaurantes y hoteles de las principales ciudades europeas y norteamericanas e implementada a golpe de talonario en un terreno que le es ajeno, definitivamente no es la que tienen necesidad los haitianos y haitianas, en el caso que pudiesen decidir soberanamente como construir su futuro.

Después de mis visitas a Haití he entendido que cuando habla de reconstrucción y desarrollo, el gobierno y la comunidad internacional se refieren principalmente a la promoción de tres sectores estratégicos: la indústria para exportación, la explotación minera y el turismo. ¿Cómo piensas que estos sectores pueden afectar el “desarrollo” del país y el bienestar de la población?

Garry Conille fue primer ministro en 2011, durante la presentación de su política general, dijo: “La necesidad de puestos de trabajo es tan importante hoy en día, que Haití no puede darse el lujo de rechazar las demandas de establecimiento de empresas que atienden los mercados de masas y exigen bajos salarios”.

Ésta es, en resumen, la posición del gobierno sobre el asunto! En cuanto a sus socios internacionales, éstos optaron por hacer de Haití un país de zonas francas por encontrarse en las inmediaciones de los principales mercados (EE.UU.); por las leyes HOPE I y II y la ley Ley HELP que permiten a los inversores que hacen su producción textil en Haití poder comercializar en los EE.UU. sin pagar los aranceles aduaneros; y por considerar la mano de obra haitiana más barata que la mano de obra en China (según un estudio realizado por el economista Paul Collier, de la Universidad de Oxford) y ya calificada – al tener el país experiencia con zonas francas industriales en el siglo pasado. Como resultado de todo ello, al trabajador haitiano se le paga 200 gourdes por día de trabajo (menos de $5). Así que el trabajador haitiano que produce pantalones vaqueros Levis o zapatillas timberland nunca va a poder consumir estos productos. Para vestirse, solo podrá recurrir a pepe, la ropa usada importada de América del Norte y que se vende aquí.

Usted habla de turismo, pero fijémonos en Ile-a-Vache, donde el gobierno quiere establecer un centro turístico. Para ello, el gobierno no duda en expropiar a los campesinos de sus tierras sin ningún tipo de compensación o indemnización. La minería es y será aún más brutal, en la medida que hay muchos más millones en juego en este sector.

Sí, podemos hablar de desarrollo en estos sectores, si para como desarrollo se entiende la explotación de la fuerza de los trabajadores por una miseria, la valorización y reproducción del capital transnacional … Pero si se trata de un mínimo de bienestar  para los trabajadores haitianos, aquí no hay nada que permita hablar de desarrollo.

¿Cuál es la hipótesis principal de su  tesis doctoral “La catástrofe de enero de 2010, la ‘Internacional Comunitaria’ y la recolonización de Haití”?

Mi tesis doctoral ha consistido en mostrar que el desastre de 2010 fue una gran ayuda para la cooperación internacional, que estaba sin aliento en Haití. El terremoto del 12 de enero en este sentido ofrece una oportunidad de oro para que esta cooperación reconfigurase su hegemonía en los asuntos haitianos. Lo que se ha realizado desde el año 2010 y se presenta como la “reconstrucción” no es nada más que la construcción de un proyecto diseñado y desarrollado mucho antes de 2010, y cuyas líneas generales están bastante bien definidas en el estudio Paul Collier: “Haití: De catástrofe Natural a la seguridad económica. Un informe para el Secretario General de las Naciones Unidas”, publicado en enero de 2009. Del análisis de este proyecto, surgen todos los ingredientes que están presentes para hacer de Haití una nueva colonia – no es una colonia a la antigua, una colonia de una metrópoli, sino una colonia para el capital transnacional.

[17] Entrevista: Franck Seguy “La ‘ayuda humanitaria’ humilla Haití” Febrero de 2010 A Nova Democracia (Brasil) http://www.anovademocracia.com.br/espanhol/118-n-62-febrero-de-2010/2700-entrevista-franck-seguy-la-qayuda-humanitariaq-humilla-haiti

Los otros terremotos que hundieron Haití

Publicado en Diagonal, 30/06/2014

HaitiDiagonal

“Desde el primer momento que la Minustah puso un pie en tierra haitiana, sus tropas han violado de forma sistemática los derechos humanos”. Lo dice Monica Riet, uruguaya, que el pasado 6 de mayo se encontraba en Puerto Príncipe como militante de la Coordinadora latinoamericana por la retirada de las tropas de la Minustah, la misión de Na­cio­nes Unidas por la Estabi­liza­ción de Haití. “Es un genocidio silencioso que va más allá de la ocupación militar”, añadía indignada por la participación de tropas uruguayas en la operación militar de la ONU.

La epidemia de cólera iniciada en uno de sus cuarteles a finales de 2010, que se ha cobrado ya más de 8.500 víctimas mortales y más de 700.000 casos de contagio, junto con las numerosas denuncias de agresiones sexuales, la militarización de los barrios populares o su participación en numerosos actos de represión sobre la sociedad civil, se cuentan entre los muchos motivos del rechazo mayoritario a la presencia de estas tropas extranjeras en el país.

Desde las elecciones de 2000, en las que Jean-Bertrand Aristide volvió a la presidencia tras unos comicios contestados por igual por la sociedad civil haitiana y por la comunidad internacional, Haití había vivido numerosas movilizaciones contra el Go­bierno, que derivaron en una fuerte escalada de violencia entre 2003 y 2004. Entre otros, grupos paramilitares financiados desde EE UU avivaron el conflicto hasta la intervención internacional. En febrero de 2004, el presidente Aristide volvía a dejar el país, de forma involuntaria, en un avión estadounidense. Tropas de EE UU, Canadá, Francia y Chile llegaban al país al día siguiente, precediendo el despliegue de la Minustah pocos meses más tarde. Una década después, la Minustah sigue en Haití, con tropas y policías de 50 países, principalmente latinoamericanos y asiáticos, bajo el liderazgo de Brasil.

La presencia de tropas extranjeras en Haití es tan sólo una de las múltiples injerencias políticas y económicas que ha sufrido el país en los dos últimos siglos. La devastación que provocó el terremoto de enero de 2010 no se puede entender sin esas injerencias. Beverly Bell, militante pro derechos humanos de Nueva Orleans, lo describe sin rodeos: “La astronómica destrucción en Haití puede ser rastreada hasta la violencia estructural, las políticas y sistemas que reflejan el colonialismo, imperialismo, racismo y patriarcado, y que se sienten de forma áspera y marcada en las vidas de los más pobres”. Polí­ticas que han continuado después del seísmo, ejemplificando nítidamente lo que Naomi Klein llamó “capitalismo del desastre”.

Tras el desastre, el negocio

El terremoto provocó más de 217.000 víctimas mortales y 1,5 millones de personas se quedaron sin hogar. Los costes y pérdidas causadas por el seísmo se estiman en 7.800 millones de dólares, equivalente a más del 120% del PIB haitiano de 2009. Pero más allá del nivel de de-sembolso prometido –alrededor del 60% en los dos primeros años– y de la eficacia de esa ayuda, otra maquinaria se puso en marcha: la del negocio que ofrecía la reconstrucción. Lo que el embajador de EE UU en Haití llamó “la carrera por el oro”.

No se equivocaba. Entre 2010 y 2012, tan sólo el 1,3% del valor contractual de los proyectos de la USAID fueron concedidos a contrapartes haitianas, según el Centro de Investigaciones Económicas y Polí­ticas. De las inversiones de USAID en Haití en 2013, más del 85% fueron a empresas y ONG norteamericanas. La Unión Europea sigue un patrón similar: en 2010 y 2011, el 76,7% del valor de los contratos de EuropeAid en Haití fueron para empresas europeas.

En el negocio de la reconstrucción destacan además los proyectos vinculados a lo que el Gobierno de Michel Martelly ha bautizado como “Haití: open for business”.

Abierto a los negocios

Amparada por los Clinton, la estrategia “abierto a los negocios” se ha dotado de una serie de apoyos institucionales entre los que destacan el Centro de Promoción de Inver­siones y el Consejo Presidencial Asesor sobre Crecimiento Econó­mico e In­versión en Haití, del que forma parte el expresidente José Ma­ría Aznar.

Ejemplos de cómo se está gestionando la reconstrucción son la minería, el turismo y la industria textil. Las reservas mineras de Haití, fundamentalmente de oro, han levantado interés entre empresas canadienses y de EE UU. Éstas han desembarcado ya en el país con la ayuda del Banco Mundial, que apoya financieramente y ayuda a redactar la nueva ley de minería. Sin información ni consultas a la población, han empezado ya las exploraciones en el norte del país, no sin resistencia de la población, que se empieza a organizar frente a esta nueva amenaza. En el sector turístico se han financiado con fondos para la reconstrucción, privados y públicos, numerosos hoteles y proyectos. Uno de ellos ha sido la construcción del primer hotel de cinco estrellas de la capital haitiana, Royal Oasis, con fondos de la Bush Clinton Haiti ­Fund recaudados para la reconstrucción del país y gestionado por la cadena española Occidental Hoteles. El Banco Mundial acaba de otorgar 45 millones de dólares para desarrollo turístico y está cofinanciando la construcción de otro hotel de lujo junto con la cadena hotelera Marriot. Vene­zuela, con fondos de Petroc­a­ribe, es uno de los financiadores del proyecto turístico de Île-à-Vache, fuertemente contestado por la población afectada.

En el ámbito de la industria, la estrategia es la construcción de, al menos, diez nuevas zonas francas industriales. Algunas de ellas como la de Caracol, en el norte del país, con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y otros fondos para la reconstrucción. Haití cuenta ya con más de 30 fábricas, principalmente textiles, que gozan de condiciones favorables para la exportación a EE UU, ya que no pagan aranceles. Se­gún Mirlen Joanis, del Centro de Promoción de Mujeres Obreras, “las condiciones de trabajo son degradantes y a menudo se dan casos de acoso sexual en los lugares de trabajo, a lo que hay que añadir la violación sistemática de las leyes que marcan las condiciones laborales”, incluyendo la prohibición de la práctica de organización sindical.

Allí se cosen productos para empresas como Levi’s o Fruit of the Loom, que en 2009 presionaban al Gobierno haitiano, con la ayuda de la Administración de EE UU, para mantener el salario mínimo en poco más de 80 gourdes al día (1,2 euros). Las movilizaciones masivas de las trabajadoras consiguieron arrancar entonces una subida de 200 gourdes al día (3,6 euros). Ante el mísero incremento en 2013 de 25 gourdes (menos de medio euro), las trabajadoras de las zonas industriales de Puerto Príncipe iniciaron nuevas movilizaciones. Reclaman un salario mínimo de al menos 500 gourdes al día (8,3 euros) y derecho a la seguridad social. La cesta mínima de comida tiene un coste de 429 gourdes, y el coste de vida (incluyendo vivienda, transporte y otros gastos) está por encima de los 1.000 gourdes al día.

Presumir de salarios bajos

De hecho, el Gobierno haitiano presume públicamente de tener salarios más bajos que México, República Dominicana, India o incluso China y Paquistán, y tan sólo unos céntimos de dólar por encima de Bangladesh o Camboya, por más horas anuales de trabajo. Presumen también de ofrecer condiciones excepcionales a las empresas inversoras: 0% de impuestos sobre los beneficios, 0% sobre las ventas y 0% de impuestos añadidos. Unas condiciones que se repiten para las empresas turísticas que inviertan en el país. Según el propio FMI, dichas exenciones se deberían revisar para incrementar los ingresos fiscales del Estado, pero siempre “sin poner en peligro el interés de las empresas inversoras”.

Para Nixon Boumba, activista del Movimiento Democrático Popular, “la reconstrucción en Haití se ha convertido en una vasta operación de capitalismo del desastre, que no busca socorrer a las víctimas, sino servirse de las víctimas y de la catástrofe para hacer beneficios”.

Otros terremotos historicos

Colonización española (1492 – 1695). Los españoles exterminaron a la población indígena, los taínos, e iniciaron la trata de esclavos y explotación de recursos naturales.

Colonización francesa (1695 – 1803). Los franceses intensifican la trata de esclavos (llegan unos 400.000) e imponen la cultura de la plantación, iniciando el proceso de deforestación.

La deuda de la independencia (1825). Francia impone una indemnización de 150 millones de francos-oro (reducido más tarde a 60 millones) a Haití por los daños tras la independencia.

Ocupación de EE UU (1914 – 1935). Estados Unidos ocupa Haití para tomar control de su banco central y relanza la cultura de la plantación (y la deforestación).

François y Claude Duvalier (1957 – 1986). François Duvalier y, tras él, su hijo Jean Claude gobiernan con mano de hierro Haití con la complicidad de EE UU y el apoyo del FMI y el Banco Mundial.

Golpe contra Aristide (1991 – 1994). En septiembre de 1991, un golpe de Estado, apoyado desde Estados Unidos, derroca a Jean-Bertrand Aristide ocho meses después de ser elegido. La Junta Militar hace de­saparecer al menos a 5.000 personas. Aristide retorna al país en 1994 bajo las condiciones impuestas por EE UU.

El reinado del FMI (1980 – 2014). Desde 1980, el Fondo Monetario Internacional ha impuesto en Haití programas de ajuste estructural con medidas como liberalización comercial, desregulación laboral, eliminación de impuestos para empresas extranjeras, privatización de servicios y empresas públicas.

Última ocupación (2004 – 2014). La Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minustah) mantiene una ocupación que suma múltiples denuncias por violaciones de derechos humanos.

Haití, más allá del terremoto

Artículo publicado en Alternativas Económicas, en Febrero 2014.

Captura de pantalla 2014-03-20 a les 23.57.27Cuando analizamos hoy la situación económica y social en Haití, centramos la mirada en las consecuencias del terremoto que el 12 de enero de 2010 dejó más de 217.000 víctimas mortales en Haití. El goudougoudou, como lo llaman para no nombrarlo en Haití, provocó costes y pérdidas estimadas en 7.800 millones de dólares, equivalente a más del 120% del PIB de 2009. A lo hay que añadir unos impactos sociales, e incluso políticos, devastadores. Tres millones de personas directamente afectadas, más de 300.000 hogares totalmente destruidos o gravemente afectados. A los seis meses del terremoto, un millón y medio de personas seguían sin hogar, 360.000 familias que vivían en 1.500 campos de desplazadas. En la capital, Puerto Príncipe, el 25 % de los funcionarios fallecieron en el terremoto, y el 60% de los edificios administrativos, el 80% de las escuelas y el 60% de los hospitales fueron gravemente dañados.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que el terremoto llegó para evidenciar y profundizar las deficiencias que ya existían en el país. Entre ellas, un Estado reducido a la mínima expresión, después de décadas de políticas neoliberales y ajustes del Fondo Monetario Internacional. Haití era descrito en 2009 por el Banco Mundial como un país “frágil” o “fallido”.  Ya antes del terremoto el 55% de los haitianos vivían con menos de 1.25 dólares al día y el 80% con menos de 2 dólares al día. Haití era además uno de los países más desiguales.

La catástrofe como oportunidad

Muchos esperaban en 2010 que la reconstrucción se convirtiera en una oportunidad para afrontar, no sólo los impactos directos del seísmo, sino los problemas estructurales de Haití. La enorme muestra de solidaridad internacional, con cifras récord de recaudación para ayuda humanitaria y promesas para reconstrucción, dejaba margen al optimismo. ONG, instituciones religiosas y fundaciones privadas recaudaron más de 3.000 millones de dólares. Gobiernos y agencias de cooperación multilaterales prometieron más de 13.000 millones para 2010-2020, de los cuales 6.373 millones para los dos primeros años (2010-2012).

Cuatro años más tarde, ese optimismo se desvanece ante una realidad poco esperanzadora. A diciembre de 2012, tan sólo el 66% de las promesas realizadas para 2010-2012 habían sido desembolsados. El Gobierno haitiano se felicitaba sin embargo por ello, pues en situaciones similares el nivel de desembolso de las promesas realizadas no suele superar el 50%.  A pesar del relativamente bajo nivel de desembolso, los recursos disponibles siguen siendo elevados y, por tanto, constituyen una oportunidad. Pero ¿para quien?

El embajador de Estados Unidos para Haití lo dejó claro cuando, tan sólo un mes después del terremoto, en un cable hecho publico por Wikileaks, exhortaba a las empresas norteamericanas a aprovechar la oportunidad de negocio que la reconstrucción en Haití podía suponer, bajo el titular de “la carrera por el oro ha empezado!”.

No se equivocaba. Según el Centro de Investigaciones Económicas y Políticas (CERP), hasta septiembre de 2012 tan sólo el 1.3% del valor contractual  de los proyectos de USAID (la agencia de cooperación bilateral de Estados Unidos) fueron concedidos a empresas haitianas. La Unión Europea sigue un patrón similar: el 76,7% del valor de los contratos concedidos por EuropeAid en 2010 y 2011 fue atribuido a empresas europeas.

¿Reconstrucción económica o capitalismo del desastre?

El terremoto y la epidemia de cólera que estalló en el país en 2010, llevaron a una contracción del 5.4% del PIB. La reconstrucción económica suponía uno de los principales retos de las autoridades haitianas. Y para ello han optado por una estrategia de atraer inversión extranjera y promover las exportaciones.

Bajo la bandera del “Open for business”, el lema más utilizado por el gobierno de Michel Martelly, se busca la entrada de inversores, tanto locales como extranjeros. Las estrategias combinan la inversión en producción de bananas y mangos para la exportación (en un país con un 70% de la población en situación de inseguridad alimentaria); el impulso de la explotación de oro a cielo abierto en el norte del país (el Banco Mundial prepara para el gobierno una nueva ley minera para facilitar el trabajo de empresas norteamericanas y canadienses); el impulso de zonas turísticas de enclave (con la atractiva promesa de 20 años de exenciones fiscales para las empresas turísticas extranjeras); y la construcción de hasta 10 nuevas zonas francas industriales.

Desde la década de los 80 se han creado 30 fábricas en diversos parques industriales en el país. La industria supone hoy un 20% del PIB, emplea a poco más del 10% de la fuerza laboral, y acumula el 85% de las exportaciones. Haití goza de un trato especial con Estados Unidos, donde exporta productos textiles sin tener que pagar aranceles.

Ropa fabricada para empresas como Levis o Fruit of the Loom que, como Wikileaks desveló, en 2009 habían presionado al gobierno haitiano con la ayuda de la administración Obama para mantener el salario mínimo en poco más de 80 gourdes al día (1,2€). Las movilizaciones masivas de los trabajadores consiguieron arrancar entonces una subida del salario mínimo a 200 gourdes al día (3.6€). Para Mirlen Joanis, del Centro de Promoción de Mujeres Obreras, además del salario de miseria, “las condiciones de trabajo en las fábricas son degradantes e inaceptables”, con casos frecuentes de acoso sexual y violación sistemática de las leyes laborales.

El proyecto insignia de esta estrategia es Caracol. La construcción de esta zona industrial se llevó 224 millones de dólares de fondos para la reconstrucción, a pesar de estar situado a cientos de kilómetros del epicentro del terremoto. De los 65.000 puestos de trabajo prometidos se han creado poco más de 2.000, el 34% con sueldos por debajo del salario mínimo.

La estrategia del gobierno de ampliar las zonas francas industriales no aportará además demasiados réditos al Estado, pues a las empresas se les garantiza exenciones de impuestos y aranceles. También a las empresas turísticas o mineras se les ofrece el mismo trato. Inversión sin impuestos. El propio FMI recomienda revisar dichas exenciones, pero “sin poner en peligro el interés de las empresas inversoras”.

Los retos económicos para Haití

“La fragilidad y la fragmentación del Estado Haitiano, los elevados niveles de pobreza y exclusión social en el país, la extrema dependencia de la ayuda internacional, no sólo a nivel macroeconómico, sino para proveer servicios básicos, y la profunda vulnerabilidad ambiental”, son los principales retos en Haití según el Banco Interamericano de Desarrollo. Para la sociedad civil haitiana, sin embargo, el reto es revertir las causas de esos problemas.

Para Camille Chalmers, economista haitiano, “la comunidad internacional, y el nuevo gobierno, han instrumentalizado el proceso de reconstrucción para acelerar transformaciones económicas a favor de sus intereses”. Recuperar, pues, la soberanía política y económica, para definir un modelo económico destinado a cubrir las necesidades de la mayoría de la población.

Haití ¿reconstrucción para quien?

La rutina es ya habitual. Después de la catástrofe natural, y según la dimensión de la tragedia, de la cobertura mediática, llega el desembarco de ONG, agencias humanitarias, incluso ejércitos. Todos ellos prometiendo una rápida y efectiva reconstrucción. En Haití el desastre humano fue mayúsculo (no por la magnitud del terremoto, sino por la del espolio que ese país había sufrido durante siglos, y que lo había convertido en más vulnerable ante huracanes y terremotos). Más de 217.000 víctimas mortales, 3 millones de afectadas, 1,5 millones de personas desplazadas, viviendo en más de 1500 campos. Según los cálculos del gobierno, los costes y pérdidas causadas por el terremoto se estiman en 7.800 millones de dólares, equivalente a más del 120% del PIB de 2009.

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Las ayudas y promesas de ayudas también fueron mayúsculas. ONG, instituciones religiosas y fundaciones privadas llegaron a recaudar más de 3 mil millones de dólares en los primeros meses. Gobiernos y agencias de cooperación multilaterales prometieron más de 13 mil millones para la década 2010-2020, de los cuales 6.373 millones para los dos primeros años (2010-2012). De todo ello, a finales de 2012 tan sólo un 60% se había desembolsado. Desde 2012 no hay enviado especial de Naciones Unidas en Haití, por lo que ya no tenemos ni datos oficiales del desembolso de la ayuda, ni monitoreo de la misma.

Sin embargo, y más allá de la eficacia de esa ayuda, otra maquinaria se puso en marcha. La de las oportunidades de negocio que ofrecía la reconstrucción. Read More…

El difícil reto de ser campesina en Haití

Publicado en El Ecologista N. 80 (Ecologistas en Acción)Más allá de desastres naturales, campesinos y campesinas se enfrontan diariamente a la falta de tierra, la explotación de los propietarios, la deforestación y los injustos acuerdos comerciales.

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Cooperativa de distribución de arroz en la Artibonite

Haití ha pasado, en poco más de dos siglos, de ser “la perla de las Antillas” al “país más pobre del hemisferio occidental”. Dos etiquetas que muestran la evolución de un país que a lo largo de los siglos ha sufrido múltiples injerencias extranjeras, que junto a la actuación interesada de sus élites, ha dejado más del 80% los haitianos y haitianas viviendo bajo el umbral de la pobreza.

Más allá del impacto del terremoto que en 2010 se llevó a más de 220.000 vidas, y dejó el país devastado, Haití ha sido empobrecido a través de la imposición de políticas económicas y comerciales en favor de una minoría, a menudo extranjera, y en detrimento de la mayoría de la población. Un ejemplo de ello es la situación de la agricultura en el país.

Sobrevivir de la agricultura

Haití es aún un país eminentemente agrícola. Y digo aún por que así es a pesar de los intentos de favorecer otros sectores económicos como la industria textil de exportación, la minería o el turismo de lujo.

La agricultura supone alrededor del 25% del PIB, i ocupa al 40% de los trabajadores haitianos, principalmente en explotaciones de pequeña escala de subsistencia. Según datos de 2005, el 25% de la población rural no posee tierra. “La forma predominante de organización de la agricultura en Haití no es tan sólo la de la pequeña explotación, sino sobretodo un modelo en el que los grandes propietarios de tierras, a menudo ausentes, hacen cultivar sus tierras por aparceros [en un sistema llamado demotié]”, según explica Fred Doura en su libro “Haití, historia de una extraversión dependiente organizada”. Éstos campesinos sin tierra son obligados a entregar a cambio al propietario una parte substancial de la producción bruta, alrededor de la mitad de la misma. Bajo este sistema, ni campesino ni propietario tienen incentivos para mejorar la productividad de la tierra.

A pesar de ello, en los años 70 Haití era un país autosuficiente, que exportaba parte de su producción agrícola. “Ahora el 70% de la población, casi 7 millones de personas, se encuentra en situación de inseguridad alimentaria, y 1.8 millones de personas en situación de inseguridad crónica. La producción agrícola haitiana no es suficiente para alimentar a la población y abastece algo más que el 44% de las necesidades de calorías alimentarias”. Franck Saint jean, responsable de Soberanía Alimentaria de PAPDA (Plataforma Haitiana por el Desarrollo Alternativo) sabe perfectamente que esta situación no se da a causa de catástrofes naturales o de una naturaleza poco generosa, si no fruto de una serie de políticas impuestas y de la actuación de las élites haitianas. “No se puede hablar de desarrollo o de lucha contra la pobreza sin hablar de reforma agraria” apostilla Frank Saint-Jean.

La herencia colonial

Según PAPDA, que trabaja codo a codo con diversas organizaciones campesinas, las causas fundamentales del problema agrícola no se encuentran sólo en las políticas más recientes. La imposición (y aceptación por parte de la naciente clase dominante haitiana) de la deuda de la independencia por parte de Francia para el reconocimiento del nuevo Estado Haitiano, después de una revuelta esclava que expulsó a los colonos, ató de pies y manos a dicha burguesía. Para poder afrontar la deuda mantuvieron un sistema de explotación de los campesinos, pues la plusvalía de la producción agrícola constituía la principal fuente para pagar dicha deuda. “Éste sistema incluyó facilidades desiguales en el acceso a la propiedad de la tierra”, derivando en el actual sistema de grandes propietarios rentistas versus campesinos sin tierra. La deuda se pagó además con la exportación de madera a Europa, sobre todo a Francia. “Un sistema que ha llevado a la sobreexplotación de los recursos naturales, a la erosión del suelo, a una baja producción de las tierras y, sobretodo, a un desprecio del agricultor”, se afirma desde PAPDA [i].

Un sistema que se inició en el siglo XVI cuando los colones españoles iniciaron el sistema de plantaciones con la caña de azúcar y que avanzó con la colonización francesa, que lo amplió al café, añil y tabaco. Un sistema se profundizó durante los casi 20 años de ocupación norteamericana (de 1915 a 1934), que conllevó la ampliación de la explotación de café, algodón y azúcar, además de iniciar la explotación de frutas tropicales como el plátano o el mango.

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Cultivo artesanal del arroz en la Artibonite

“Tè a fatige”, la tierra está cansada.

La población campesina no lo tiene fácil. Muchos complementan lo que les queda de la producción de subsistencia, con la explotación de los bosques para la producción de carbón vegetal. En este sector se repite el sistema de aparcero, pues el campesino sin tierras deben dar al propietario de los bosques explotados la mitad de lo obtenido por la venta del carbón. El carbón vegetal supone, junto a la madera, el 75% del consumo de energía del país[ii], y se calcula que unas 200.000 personas dependen del negocio del carbón.

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Transporte de Carbón vegetal desde el Sur del país hacia la capital, Port-au-Prince

La explotación agrícola y de madera para exportación, la producción de carbón vegetal, o los numerosos huracanes que cada año llegan al país, han dejado un paisaje devastado. Hoy queda menos del 4% de los bosques haitianos. “Tè a fatigue”, la tierra está cansada. Ese era el reto que el 70% de los agricultores haitianos respondieron en una encuesta en 2008 sobre los principales problemas agrícolas a los que se enfrentaban[iii].

Al repetir esa pregunta a diferentes organizaciones de campesinos y productores de arroz haitianos durante mi estancia en el país a finales de 2013, obtuve tres respuestas destacadas: mejorar la productividad, proteger la producción local modificando los acuerdos comerciales, y el acceso a la tierra.

Los productores de arroz de la región arrocera por excelencia, la Artibonite, agrupados en la red de cooperativas RAKPABA, apuntan a la necesidad de apoyos para mejorar la producción. Hablan de ayudas para solucionar los problemas de drenaje y canalización de agua, que con cada temporada de huracanes tienen que rehacer. De la necesidad de profundizar en el uso de fertilizantes orgánicos de producción local. La formación en agronomía en las provincias (ahora está centralizada en Puerto Príncipe) así como un sistema de seguros para la producción, hoy inexistente, están también en la lista de demandas.

Para Gerald Mathurin, un histórico líder del movimiento campesino del Sur del país –KROS-, el principal reto es generar puestos de trabajo dignos en el ámbito agrícola. “El Estado está totalmente ausente en las zonas rurales” afirma, “lo que deteriora aún más las condiciones generales de vida en provincias”. Para crear condiciones para el empleo digno en la agricultura cree necesario priorizar el uso de productos locales en escuelas y administraciones públicas, pero también una modificación profunda de las relaciones comerciales.

Durante la década de los 80 y 90, bajo el influjo del FMI y del Banco Mundial, se condicionó la ayuda a Haití a la aplicación de una serie de medidas como la adopción de acuerdos de libre comercio con Estados Unidos. Ello supuso la eliminación de restricciones cuantitativas a la importación de alimentos y la disminución de las tarifas aduaneras de estas importaciones. Una de las consecuencias fue la invasión de arroz estadounidense, subvencionado, que llega aún hoy en día a los mercados haitianos a un precio inferior que el producido en el país. La desestructuración del tejido agrícola, junto con la promoción de otras estrategias económicas, como la promoción de zonas francas industriales, generó una migración interna masiva de las zonas rurales a las urbanas, alimentando ese 75% de la población haitiana sin empleo o subempleada que vive en las Bidonvilles (favelas) de la capital.

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Arroz Norteamericano versus Arroz Haitiano en el mercado popular de Pestel

Finalmente, Ketlyn Alexandre, del Movimiento Campesino Papay –MPP-, reclama que una cuestión básica es el acceso a la tierra, especialmente para las mujeres. La lucha contra el acaparamiento de tierras es también una prioridad. En Haití dicho acaparamiento sucede sobretodo para la construcción de proyectos industriales o turísticos. La entrada de nuevos inversores, tanto locales como extranjeros, apoyados por el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo para promover la producción para la exportación de bananas o mangos, ha llevado también a casos crecientes de acaparamientos de tierras.

Ante esta situación el gobierno haitiano redujo en 2013 un 30% el presupuesto del ministerio de agricultura, a la vez que enarbolaba la bandera del “Open for business”, el lema más utilizado por el gobierno de Michel Martelly. Amparada por los Clinton, la estrategia “Abierto a los negocios” está también apoyada por el Consejo Presidencial Asesor sobre Crecimiento Económico e Inversión en Haití (PACEGI), del que forma parte el ex presidente español, José María Aznar[iv]. El objetivo del PACEGI es “transformar Haití de un lugar para ‘hacer caridad’ a un lugar para ‘hacer negocios’”. Y la agricultura familiar y sostenible, la que garantizaría la soberanía alimentaria de los haitianos y haitianas, no tiene cabida en dicha estrategia.


[i] Souveraineté alimentaire, PAPDA – http://www.papda.org/rubrique.php3?id_rubrique=1

[ii]The challenges of reforestation” Ayiti Kale Je, Noviembre 2013 http://www.ayitikaleje.org/haiti-grassroots-watch-engli/2013/11/19/the-challenges-of-reforestation.html

[iii] “Haití, el precio de la deforestación”, National Geographic, Noviembre 2008. http://www.nationalgeographic.com.es/2008/11/01/haiti_precio_deforestacion.html

[iv] “Aznar, el asesor de Haití” Eldiario.es, Abril 2013 http://www.eldiario.es/desalambre/blog/Aznar-asesor-Haiti_6_121147892.html

Haití, cuatro años después del terremoto: el espejismo de la reconstrucción

eldiariodesalambrePublicado el ElDiario.es | Desalambre el 12 de enero de 2014

Mientras más de 170.000 personas continúan viviendo bajo las carpas, los ejes de la reconstrucción se han centrado en el turismo de lujo, la minería y la creación de zonas industriales

El 76% de los contratos concedidos por la UE para reconstruir Haití en 2010 y 2011 se entregaron a empresas europeas

La crítica al ‘ninguneo’ de las prioridades del gobierno y la sociedad civil haitiana salta cuando se pregunta en Haití sobre la cooperación internacional

Hace cuatro años la tierra tembló durante 35 segundos en Haití. Con el epicentro situado a 25 km de Puerto Príncipe, el seísmo de 7,3 grados en la escala de Richter se llevó más de 220.000 vidas por delante. El mundo se conmocionó. Pasado el tiempo, mientras más del 80% de la población sigue viviendo bajo el umbral de la pobreza y más de 170.000 personas continúan durmiendo bajo las carpas, los ejes de la reconstrucción se han centrado en el turismo de lujo, la minería y la creación de zonas industriales.

Leer todo el reportaje en ElDiario.es | Desalambre

De la Asistencia Mortal a la cooperación necesaria

[Video-foro “Asistencia Mortal” programado para el 9 de octubre a las 19h en Àurea Social – C Sardenya 263, Barcelona]

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Aquí mi reacción a la película cuando la vi en diciembre de 2013 …

Texto escrito en dos tiempos. El primero durante el viaje de vuelta desde Haití. El segundo, a casi cuatro semanas de haber salido de Haití, en la víspera del aniversario del terremoto. Los dos textos son reflejo de un diálogo terriblemente contradictorio que me ronda por la cabeza desde que llegué a Haití, y de hecho mucho antes. Algo que desde el ODG hemos trabajado, reflexionado y compartido mucho ya antes, pero que cuando lo ves resurge y se necesita compartir. He dudado mucho, pero al final, aunque sea para generar discusión, he decidido colgarlo.

Asistencia Mortal

Assistance Mortelle (Raoul Peck)

Assistance Mortelle (Raoul Peck)

Sentada en el suelo del aeropuerto, esperando el avión que me devolverá, aprovecho el retraso para ver el DVD que cargo a la bolsa desde la primera semana que llegué a Haití. “Assistencia Mortal“, de Raoul Peck. No puedo contar la cantidad de gente que al ser preguntada sobre la ayuda a la reconstrucción me ha recomendado que lo viera. Ahora sé por qué.

[Trailer]

Confieso que he tenido que parar la película en varias ocasiones. Con lágrimas en los ojos, no de pena, sino de rabia e impotencia. Raoul Peck, reconocido cineasta haitiano, recorre los dos primeros años después del terremoto del 12 de enero de 2010. Un viaje por el proceso de reconstrucción a través del papel de la ayuda internacional. Aviso que el resultado no deja nada bien parada la llamada “comunidad internacional”.

El papel casi criminal de la Comisión Interina para la Reconstrucción en Haití (CIRH) co-presidida por Bill Clinton; el papel errático, des-coordinado y unilateral de agencias bilaterales, multilaterales y ONG por igual; la pornográfica actuación de todos los actores en la reconstrucción de viviendas (o más bien la no reconstrucción y la perpetuación de alojamientos provisionales, indignas en la mayoría de los casos, donde, como se dice en el documental, muchos de los que los han construido no dejarían ni vivir sus perros); la utilización política de la ayuda internacional; el intervencionismo de las diferentes potencias donantes; y un largo etcétera de vergüenzas. Una de las responsables de vivienda en la CIRH, confiesa en un momento de debilidad que “cuando dentro de unos años miremos a la reconstrucción de Haití muchas tendremos que hacer un gran mea culpa”.

Algunas dirán que es un film sesgado, que no explica “las buenas historias”, que se centra en los errores del proceso de reconstrucción, no todo el mundo ha cometido estos mismos errores. Sí, hay buenas historias, pero cuando una mira a la gran fotografía, el resultado global del “proceso de reconstrucción”, ve que las buenas prácticas no nos disculpan de la responsabilidad, repito casi criminal, que se esconde de forma general tras la ayuda de emergencia y de reconstrucción en Haití. El film deja además fuera muchas cuestiones que son tanto o más indignantes de las que explica; proyectos inacabados, recursos malgastados en salarios y alquileres de escándalo, pero sobre todo un análisis más general, ya no de después del terremoto, sino del papel infantilitzador y desmovilizador que la “invasión de las ONG” ha tenido sobre la sociedad haitiana. Una sociedad que ha acabado siendo moldeada por esta cooperación internacional hasta creerse en buena medida el papel de víctima, receptora agradecida y resiliente a la infinita lista de catástrofes no naturales que le ha otorgado la comunidad internacional.

Como queda también fuera del film de Peck la cuestión de la reconstrucción económica, o del capitalismo del desastre, es decir, cómo, desde las élites haitianas, organismos internacionales y gobiernos donantes, acompañados por empresas multinacionales,  se utiliza el proceso de reconstrucción para profundizar en el capitalismo neoliberal. La promoción de la minería de oro a cielo abierto (sin el consentimiento informado de las comunidades), las zonas francas industriales para la exportación de textil a bajo precio (y a salarios de miseria), la agroindustria para la exportación (cuando el país sigue siendo dependiente de las importaciones para su seguridad alimentaria) o el turismo de lujo, son las recetas de la reconstrucción económica.

Hace unos días enviaba una crónica que empezaba reflexionando sobre la imagen que se había dado justo después del terremoto, en el que la mayoría de medios de comunicación, pero también de ONG, habían fomentado este papel de víctima desvalida del pueblo haitiano (y de salvadores de los cooperantes, bomberos, policías, periodistas e incluso militares). Hablando con la gente en Haití te das cuenta que nada más lejos de la realidad, que incluso en los momentos más dramáticos fue sobre todo la población haitiana la que se auto-organizó para hacer frente a las necesidades básicas de comida, agua, alojamiento y atención médica. Que fueron los haitianos y las haitianas, gracias a muestras de solidaridad y coordinación envidiables, las que salvaron más vidas y las que comenzaron el camino hacia la reconstrucción… hasta que llegó la comunidad internacional para afanar este protagonismo. El libro de Beverly Bell, “Fault Lines”, es una excelente crónica de esos días post-terremoto, contado dando la voz a los haitianos y haitianas.

Reconozco que escribo estas líneas en caliente, muy en caliente. Enfadada, enrabiada, indignada, en rebelión contra un sistema que permite que millones de personas vivan en la miseria y, peor aún, un sistema que se aprovecha de esta miseria. Y esta vez no hablo de empresas transnacionales y otros poderes económicos. Me refiero a aquellas que, bajo el manto amable de la cooperación, han condenado y siguen condenando a Haití en la miseria. Me refiero a las que priorizan la foto, el logo o su propia supervivencia (la de la organización) al trabajo bien hecho. Y por trabajo bien hecho no me refiero a eficiencia de la ayuda desde el punto de vista ortodoxo. Me refiero a una ayuda que sea transformadora, que parta ya no de las necesidades expresadas por los propios haitianos y haitianas, sino que sea total y absolutamente protagonizada por éstas, de la concepción y el diseño a la ejecución. Las ONG y donantes internacionales deberían ser puros intermediarios para apoyar estas iniciativas locales transformadoras, y no las protagonistas.

“Si todo el dinero malgastado en Haití hubieran repartido entre las familias afectadas por el terremoto ¿el resultado habría sido mejor o peor? ” Se pregunta en un momento una de las narradoras del film de Raoul Peck. Yo no dudo de la respuesta. Me diréis que soy simplista y hasta demagógica. Pero cuando sólo empiezo a conocer el alcance de la tragedia, no del terremoto, sino del fracaso de la ayuda a la reconstrucción, no puedo sino pensar que difícilmente se podría haber hecho peor.

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La cooperación necesaria

Y a pesar de todo sigo pensando que tenemos un papel bajo la rúbrica de la “cooperación”. Yendo a la raíz del término encontramos:

Cooperar: Actuar conjuntamente con otro u otros para un mismo fin (Real Academia de la llengua Española)

Cooperación: Acción concertada entre los miembros de un grupo social para la consecución de un fin (Enciclopèdia Catalana)

Actuar conjuntamente, como iguales (añado), por un mismo fin. El de la cooperación internacional es un fin que depende de los actores que la impulsen.

David Sogge, experto en cooperación internacional, investigador del Transnational Institute y autor de textos como “Compasión y cálculo” o Dar y tomar ¿Qué sucede con la ayuda internacional?”, Lo tiene muy claro: “si partimos de la premisa de que uno de los objetivos primordiales, si no el principal, de la Ayuda Oficial al Desarrollo desde 1980 ha sido el de imponer un orden neoliberal sobre el resto del mundo, y evaluamos el sistema de ayuda de acuerdo a este principio primordial de amplio espectro (que engloba otros aspectos más allá de los puramente económicos, como son la gobernanza o la construcción de la sociedad civil), desde luego hemos de reconocer que, partiendo de esta premisa, las políticas de ayuda han tenido un éxito considerable. De hecho, es uno de los principales vehículos de transmisión de la ideología neoliberal y de sus políticas” (entrevista para la Revista Pueblos, enero de 2012)

Frente esta cooperación, ejecutada por grandes agencias multilaterales como el Banco Mundial o agencias de cooperación estatales como USAID o incluso la AECID, sabemos que existe una cooperación transformadora, para la que el fin en el que trabajar conjuntamente es un cambio radical del sistema económico, social y cultural (partiendo de la noción de que la pobreza – de recursos y de capacidades – y las desigualdades son inherentes al sistema económico capitalista). La cooperación que busca la justicia económica, social y ambiental, y no una simple transferencia de recursos o conocimientos. Como la Federació Catalana d’ONG al Desenvolupament acordaba en febrero de 2007, si consideramos la pobreza como fenómeno estructural, entendemos “la cooperación como herramienta de transformación de las estructuras políticas, económicas, sociales, culturales -locales y globales -, que son las principales causas originarias de la exclusión”.

Muchas dirán que la reflexión no es en absoluto nueva. En estas épocas de crisis presupuestaria e institucional de la cooperación, e incluso antes, muchas nos hemos replanteado el papel “transformador o edulcorante” de la cooperación. Si aceptar, modificar o enfrentar la “privatización” de la cooperación con la entrada de actores empresariales en la misma. Cómo afrontar las estrategias en época de crisis en nuestro Norte que es muy Sur, y en época de recortes, una vez ha estallado “la burbuja del desarrollo“. Y desde hace años si priorizar las estrategias de cooperación o la resistencia, oposición y desmantelamiento de los mecanismos de anticooperación.

Pero claro, del dicho al hecho…

David Sogge afirma que a nivel institucional quizá sí hay un cambio de discurso, y que se presta quizás más atención a los servicios sociales, incluso a la cuestión de los derechos humanos y derechos económicos, sociales y culturales, añado yo, pero raramente supera el ámbito del discurso. En la práctica se siguen reproduciendo esquemas que, en el discurso, parecían superados. Y Haití es el ejemplo.

Se habla de empoderamiento y apropiación, pero en Haití siguen marcando las líneas principales de actuación las agencias extranjeras (sean gubernamentales, multilaterales o no gubernamentales). Se habla de rendimiento de cuentas pero no existe ningún balance de la actuación, por ejemplo, del CIRH (uno de los principales vehículos para la reconstrucción durante dos años, 2010 y 2011) – o como explica el filme ” Asistencia Mortal “, cuando el gobierno haitiano, por medio de una carta de su presidente, pidió a las principales 20 entidades no gubernamentales que actuaban en el país durante el primer año después del terremoto, una serie de datos sobre los proyectos realizados o los recursos destinados al país, sólo 5 respondieron. Se habla de eficacia de la ayuda y termina imponiendo una burocracia que pervive por encima de los impactos reales de proyectos y programas. Y así un largo etcétera.

Pero yo sigo creyendo. Obviamente he encontrado también proyectos que valen la pena. Como el apoyo de IntermonOxfam a las cooperativas de productores de arroz de la Artibonite, o el de Veterinarios sin fronteras, o la Asamblea de Cooperación por la Paz apoyando los colectivos de campesinos. La solidaridad de la “Brigada Dessalines”, formada por miembros del Movimiento de los Sin Tierra – MST brasileño trabajando codo a codo con los campesinos haitianos. O el apoyo de pequeñas entidades y fondos DOP-Defense des Opprimés et Oprimées, sin proyectos ni justificaciones, en confianza. O el del Centro por los Derechos Humanos y Justicia Global de la facultad de derecho de la Universidad de Nueva York al Colectivo contra la explotación minera. O incluso el del gobierno cubano de cooperación sanitaria, muy valorado por los haitianos.

Seguro que hay muchos más ejemplos, incluso desde la cooperación institucional, la pregunta es si estos sirven para exonerar “la cooperación internacional” de una crítica generalizada, o si hay que hacer “borrón y cuenta nueva”.

Estos días hemos vivido, con la presentación de los presupuestos de 2014 en el Parlamento catalán y español, nuevas protestas de las ONG catalanas y españolas, acompañadas de reflexiones sobre la necesidad de cambio, no sólo de las estrategias de financiación, sino también de trabajo: más vinculación con los movimientos sociales, más enlaces entre el trabajo aquí y allá. Se suceden los artículos y seminarios sobre los nuevos retos de las ONG y la cooperación. El coordinador de campañas de Ayuda en Acción, Alberto Casado, afirmaba hace unos días en el diario.es que “las ONG ya hace tiempo que advertimos que la globalización lleva a unas desigualdades que no diferencian entre norte y sur”. Efectivamente, causas y efectos, ya no de la globalización, sino del capitalismo, no tienen fronteras. Pero el reto es no sólo acertar el diagnóstico y cambiar de discurso, sino también la forma de actuar, y desgraciadamente estamos viendo en nuestro muchas actitudes paternalistas, caritativas y nada transformadoras, que repiten las malas prácticas de la cooperación internacional.

Si la cooperación es la acción de trabajar conjuntamente por un fin común, y estamos de acuerdo en que este fin común es la erradicación de las causas del empobrecimiento, las desigualdades y las violaciones de derechos, y llegamos a la conclusión de que estas causas son sistémicas … entonces es básico que priorizamos estrategias que estén dirigidas a desmontar el sistema económico, social y cultural que nos domina y empobrece, y a construir modelos de economía y sociedad diferentes. Y esta es la cooperación que hay que defender, la que nos debe ayudar a superar el servilismo al sistema capitalista. En la calle y codo a codo, como decía el poeta.

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Derechos Humanos en Haití (1) MINUSTAH: cuando la ocupación es una violación de los derechos humanos

¿Por dónde empezar cuando la violación de los derechos humanos en un país como Haití es constante y casi siempre impune? Antonal Mortime, secretario ejecutivo de la Plataforma de Organizaciones Haitianas para los Derechos Humanos (POHD) lo tiene claro: “la presencia de la MINUSTAH supone una de las principales violaciones de derechos humanos en nuestro país. Atenta contra el artículo primero del Pacto de Derechos Civiles y Políticos, ya que constituye un ataque a la soberanía nacional y una violación del derecho de autodeterminación del pueblo haitiano”. Así lo afirma también el informe que la POHDH ha presentado al Experto independiente de Naciones Unidas sobre la situación de los Derechos Humanos en Haití, Gustavo Gallon, al asumir el cargo a finales de septiembre de 2013.

Efectivamente, el artículo 1 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos reza (no va mal recordarlo en los tiempos que corren): “Todos los pueblos tienen derecho a la libre determinación. En virtud de este derecho establecen libremente su condición política y proveen asimismo a su desarrollo económico, social y cultural”.Así, un pueblo ocupado por fuerzas militares extranjeras, tal y como lo ven buena parte de los haitianos y las haitianas, no puede decidir “libremente su condición política”.La MINUSTAH es la Misión de Naciones Unidas para la Estabilidad en Haití. Los cascos azules de Naciones Unidas desplegados en misión de “mantenimiento de la paz” (peacekeeping) después de la crisis política de 2004 que terminó con la huida/secuestro del presidente electo, Bertrand Aristide, quien afirma que fué un “moderno golpe de estado“, y el establecimiento de un gobierno interino, todo bajo la tutela de países como Estados Unidos, Canadá y Francia. El Consejo de Seguridad de la ONU adoptó entonces (resolución 1529 de 24 de febrero de 2004) el despliegue de unas fuerzas multinacionales para “contribuir hacer más seguro y estabilizar el ambiente en la capital haitiana y en todo el país”. Desde entonces 17 resoluciones del Consejo de Seguridad han perpetuado la presencia de unas fuerzas que, más allá de la represión y la constante violación de derechos humanos, no se sabe demasiado qué hacen en el país. La última resolución, de 10 de octubre de 2013, renueva por un año más la polémica presencia de la MINUSTAH en el país con una dotación de 5.021 militares y 2.601 policías (la dotación más baja desde su inicio en febrero de 2004, cuando la MINUSTAH se inició con 6.700 efectivos militares y 1.622 policías, el pico se dio después del terremoto de 2010 con 8.940 militares y 4.392 policías ). La dotación militar procede sobre todo de países latinoamericanos (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, El Salvador, Filipinas, Guatemala, Honduras, Paraguay, Perú y Uruguay) y asiáticos (Filipinas, Indonesia, Nepal, República de Corea y Sri Lanka), más Canadá, Estados Unidos, Francia y Jordania. Por su parte, la misión policial viene dotada por hasta 45 países de África, Asia, América y Europa, incluyendo España (ver al final del post la lista de contribuciones por países). No deja de sorprender la participación de países con gobiernos progresistas como Bolivia o Ecuador, a los que la sociedad civil haitiana ha demandado reiteradamente que retiren esas dotaciones.

Manifestaciones 2010. Fotografia por Ansel 8/12/2010 www.flickr.com/photos/mediahacker

Manifestaciones 2010. Fotografia por Ansel 8/12/2010 www.flickr.com/photos/mediahacker

Para Camille Chalmers, de la Plataforma Haitiana de Presión por un Desarrollo Alternativo – PAPDA, la presencia de la MINUSTAH en el país es claramente ilegítima e incluso ilegal. Segun Naciones Unidas “las actividades de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas se rigen por tres principios básicos: Consentimiento de las partes; Imparcialidad; No utilización de la fuerza, salvo en legítima defensa y en defensa del mandato”. En cuanto al consentimiento no se sabe realmente de qué partes se trata, pues en Haití no hay un conflicto armado declarado, más allá del conflicto político entre la clase política dominante , la oposición , y las clases populares . En cuanto a la no utilización de la fuerza está claro que la MINUSTAH ha sobrepasado claramente su mandato. “Entre febrero de 2004 y 2011 la MINUSTAH ha realizado muchas operaciones en ciertos barrios populares de la capital haitiana, sobre todo en Cité Solei, Bel -air y Martissant . Estas operaciones han ocasionado múltiples casos de violaciones [de los derechos humanos] sobre la población civil, incluyendo muertos, heridos, destrucción de bienes privados , malos tratos , etc .” afirma el último informe de la POHDH. En febrero de 2007 un reportaje de la agencia IPS hablaba de diversos muertos civiles en las operciones de la MINUSTAH en los barrios empobrecidos, o Bidonvilles, de Puerto-Principe, a lo que oficiales de la MINUSTAH respondieron que efectivamente había “daños colaterales“, pero que su objetivo era luchar contra las bandas a petición del gobierno. Un estudio realizado por la misma organización ha documentado hasta 74 personas asesinadas en operaciones de la MINUSTAH entre 2004 y 2006 sólo en la zona metropolitana de Puerto Príncipe, “sin contar las numerosas víctimas de Cólera”. Patrice Florvilus afirmaba el otro día que la actuación de la MINUSTAH alimenta, de hecho, un círculo vicioso de violencia que utilizan luego para alargar la misión en el país.

En efecto, el caso del Cólera es para Mortimé Antonal un “crimen contra el derecho a la vida”. Para Patrice Florivilus , abogado que está impulsando junto con el movimiento de víctimas una denuncia contra el Estado Haitiano y la MINUSTAH en el país por la epidemia de Cólera, afirma que se trata un caso claro de negligencia criminal. “¿Cómo puede ser que no se hagan pruebas médicas a los soldados?”. Todos los estudios realizados hasta el momento afirman que la epidemia de Cólera que hasta ahora ha matado a 8.300 personas y ha dejado más de 680.000 afectadas , se inició por el vertido al principal río del país, el Artibonnite , de vertidos fecales del contingente nepalí . El cólera se había erradicado en Haití , y la cepa de esta nueva epidemia es nepalí. Según una noticia reciente publicada por el medio alternativo Ayiti Kale Je , “debido a la falta de financiación de un plan para la erradicación del cólera en 10 años, la enfermedad puede permanecer endémica en Haití por mucho tiempo ” .

La Oficina de Abogados Internacionales (BAI – Bureau des Avocats Internacionaux) y el Instituto para la Justicia y la Democracia en Haití, junto con un grupo de víctimas del cólera, han presentado en las cortes de Nueva York una demanda contra Naciones Unidas . NNUU han rechazado las demandas de compensación realizadas hasta ahora, aduciendo que gozan de inmunidad en sus actuaciones.

Para la POHDH el caso del cólera no es sólo una violación de los derechos humanos, sino también de las leyes haitianas. Tanto la constitución haitiana de 1987, como el código penal y el código rural, penalizan las infracciones que resultan de la imprudencia y la negligencia. Además, “el código rural, en su artículo 297, obliga a no depositar excrementos en los ríos del país“.

El caso del cólera es sólo la punta del iceberg de una serie de violaciones de derechos humanos por parte de la MINUSTAH en el país. Entre estas destacan los casos de violencia sexual . Efectivamente ha habido numerosas denuncias de acoso sexual e incluso de violaciones por parte de soldados de la MINUSTAH . Antonal Mortime me hablaba de más de 100 casos que han derivado en la expulsión de los soldados implicados del país ( ” esta es toda la sanción que reciben, vuelven a su casa, de forma que sus crímenes quedan impunes ” ). El caso que recibió más atención fue el de cuatro soldados uruguayos que violaron a un chico en Port Salut, en el sur del país , y lo grabaron en vídeo. Los soldados han sido condenados a dos años y un mes por la violación colectiva. Este hecho ha precipitado el anuncio de la retirada de las fuerzas uruguayas de la MINUSTAH. Las asociaciones de mujeres feministas con las que he podido hablar , Fanmi decide ( Mujeres decidimos ) y Solidaridad Fanmi Ayisèn – SOFA ( Solidaridad mujeres haitianas ) confirman que los casos de violencia sexual por parte de las tropas de la MINUSTAH son constantes . Así como lo es el hecho de que su presencia aumenta la prostitución de chicas jóvenes , a menudo menores . ” En las playas públicas se puede ver cada día, como los soldados de la MINUSTAH obtienen sexo a cambio de unos pocos dólares de chicas sin recursos” me confirma Mary Ange Noel de Fanmi Decide.

Manifestación contra la MINUSTAH 2011. Fotografia por Ansel 19/10/2011 www.flickr.com/photos/mediahacker

Manifestación contra la MINUSTAH 2011. Fotografia por Ansel 19/10/2011 www.flickr.com/photos/mediahacker

Todo ello suma para oponerse a la presencia de la MINUSTAH en el país. A pesar de la evidente oposición popular (una reciente encuesta muestra que hay muy poco apoyo y que la mayoría de los encuestados en la zona metropolitana de Puerto Príncipe esperaban que las tropas se retiraran en un futuro cercano), y la oposición del senado haitiano, el gobierno de Martelly decidió el pasado octubre pedir al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas la renovación de un año más de los cascos azules en el país. Una operación que cuesta cerca de 600 millones de dólares anuales. Unos recursos que todo el mundo piensa estarían mejor destinados para cualquiera de las otras necesidades imperiosas que tiene el país.

La petición para que las tropas de ocupación se retiren es generalizada entre la sociedad civil haitiana. Si estamos por la defensa de los derechos humanos, su demanda debería ser también la nuestra.

Dotación de la MINUSTAH por paises (Noviembre 2013)

PAÍS DE ORIGEN POLICIA MILITAR
Argentina 12 571
Bangladesh 5 317
Benin 42
Bolivia 208
Brazil 6 1,200
Burkina Faso 49
Burundi 41
Cameroon 35
Canada 82 7
Central African Republic 1
Chad 4
Chile 14 462
Colombia 34
Cote d Ivoire 128
Croatia 2
Ecuador 67
Egypt 17
El Salvador 3 35
France 28 2
Grenada 2
Guatemala 138
Guinea 17
Honduras  1
India 437
Indonesia 169
Jordan 296 251
Kyrgyzstan 1
Mali 40
Nepal 141 363
Niger 56
Nigeria 2
Norway 6
Pakistan 140
Paraguay 163
Peru 373
Philippines 16 159
Republic of Korea 2
Romania 22
Russian Federation 9
Rwanda 158
Senegal 148
Spain 9
Sri Lanka 3 861
Thailand 6
Tunisia 14
Turkey 13
United States of America 51 9
Uruguay 4 945
Vanuatu 1
Yemen 23
TOTAL 2.601 5.021

En negrita los 10 países principales contribuciones a la MINUSTAH

La mala fama de la cooperación internacional

Catalunya Zero Solidaritat? Zero Pau? Zero Drets Humans?

Catalunya Zero Solidaritat? Zero Pau? Zero Drets Humans? (Foto @frmat)

A miles de kilómetros de distancia me llegan los ecos de la protesta ‪#PressupostosAntisocials #ZeroaONG

Era un golpe previsible, el nuevo recorte en los presupuestos de cooperación, paz y derechos humanos de la Generalitat de Catalunya. Un gobierno que no cree en la política de cooperación más que como herramienta de promoción exterior de la empresa catalana  Un gobierno que de hecho no ha tenido en ningún momento una política de cooperación. Un gobierno de y para la burguesía del país. Un gobierno que quiere una Cataluña abierta a los negocios del mundo pero no solidaria.

Conociendo de cerca el trabajo que hacen algunas ONG en nuestro país, los recortes en el sector pueden leerse como un hachazo a la voluntad de transformación social y económica a nivel global. Aunque desde la autocrítica, no puedo sino defender el trabajo de las entidades que trabajan en línea con esta voluntad de transformación y, por tanto, defender que haya una política pública que las apoye.

Y entonces mi cabeza vuelve a #Haití. Me queda todavía algo de camino por recorrer, pero empieza a resultar complejo defender el papel de la cooperación internacional aquí. Y es que la “cooperación internacional” (así, generalizando) se ha ganado a pulso la mala fama entre las clases y movimientos populares del país.

“Invasión de ONG” es una expresión que muchos utilizan para describir el momento post-terremoto en 2010, o incluso anterior. Dicen las malas lenguas que hasta 10.000 ONG llegaron a trabajar en el país . Ahora no se sabe demasiado cuántas hay, pero se calcula que entre un millar y 3.000. El proceso de registro es complejo y muchas ni se registran. Hay grandes, medianas y pequeñas. Las que trabajan con agenda propia, y las que tratan de trabajar con las comunidades, codo a codo. Las que imponen su visión a las autoridades locales (ya sabéis, administración haitiana corrupta e incapaz) y las que se rompen la cabeza viendo cómo trabajar con éstas. Las que trabajan con los movimientos sociales y las organizaciones de base, y las que simplemente buscan contrapartes para llenar el vacío en un formulario de subvención. Como en todas partes, hay de todo, y es complejo y peligroso generalizar (por criticar el trabajo de unos no puedes terminar desautorizando el magnífico trabajo de otros – No me malentendáis, hoy hablaré de la cooperación malentendida, otro día de la que hay que defender a capa y espada).

Pero no es menos cierto que en #Haití te encuentras con múltiples muestras de las malas prácticas de la cooperación internacional, no sólo por parte de las ONG, sino también de las grandes agencias de cooperación gubernamentales y multilaterales.

“La cooperación internacional ha tratado de infantilizar el pueblo haitiano” me decía el otro día un militante de izquierdas, muy crítico con el papel de las ONG. Vistos a menudo como simples receptores, se han impuesto prácticas que a largo plazo son perjudiciales, como los pagos para asistir a talleres de formación sobre el cólera o la soberanía alimentaria (¿quién querrá ir a las reuniones auto-organizadas por las comunidades o por los movimientos sociales, asumiendo el coste de transporte o comida, si las ONG imponen un modelo donde la participación se cobra?). Comiendo el otro día con dos activistas de izquierdas me decían que los movimientos sociales están sufriendo la resaca de la presencia de las ONG. Ignorando estos movimientos no tan sólo como posibles contrapartes, sino protagonistas de los procesos de transformación, e imponiendo nuevas dinámicas, han terminado debilitándolos. Ayer el abogado Patrice Florvilus, de Defense des Oprimées/Oprimés -DOP-, se reafirmaba en esta tesis “la invasión de las ONG ha desmovilizado las organizaciones populares”. Él fecha esta invasión al año 1986. Con la caída de Duvalier, llegó a la comunidad internacional. Comenta orgulloso que DOP no ha postulado nunca por una subvención. “Si nos quieren apoyar, que nos lo den. Hemos recibido recursos de ONG internacionales, pero nunca condicionados”. Mark Snyder, activista de derechos humanos que colabora con DOP, señalaba la dependencia creada a muchas organizaciones locales de los fondos a través de las ONG internacionales como motivo de desmovilización. “Los inyectan recursos, a menudo de forma masiva, desde ONG o agencias bilaterales como USAID, y luego no pueden desengancharse de esa dinámica” indica señalando las venas. Nada que nos sea extraño a las ONG de Cataluña.

Leyendo sobre la “República de las ONG“, otro concepto muy repetido para señalar a Haití , me encuentro con este texto de Vijaya Ramachandran del Center for Global Development:

“El dominio de las ONG internacionales ha creado un Estado paralelo más poderoso que el gobierno mismo. Las ONG en Haití han construido una infraestructura alternativa para la provisión de servicios sociales, desincentivando al gobierno para construir capacidades para ofrecer estos servicios. También podemos observar una “fuga de cerebros” del sector público al sector privado sin ánimo de lucro, al expulsar el talento de las oficinas del gobierno hacia las ONG, y resultando en el concepto Haitiano de “Klas ONG”".

A través de esta cooperación internacional se crea una nueva “clase social”, la de las ONG , habitada por “blancs” pero también por haitianos, profesionales liberales que encuentran en este mundo una salida profesional muy bien pagada, al menos en comparación a el resto de opciones profesionales. Muy pocos profesionales con carácter activista se resisten a la tentación.

Una clase social con un nuevo uso del lenguaje. El inglés se ha convertido en la lengua oficial de la cooperación , con un poco de suerte el francés colonial se habla de reuniones entre ONG. El Kreol queda relegado y resulta extraordinario conocer una cooperante que se haya tomado la molestia de aprenderlo. Y no sólo es una cuestión de idioma. El lenguaje técnico de la cooperación hiperprofessionalitzada y sometida a procesos burocráticos infinitos , expulsa también a las clases populares y los movimientos sociales de este mundo regido por principios como la eficacia y la mensurabilidad.

Un mundo donde las ONG tienen un protagonismo importante, pero aún más importante lo tienen agencias de cooperación bilateral. Destacando la presencia de USAID, la agencia pública estadounidense. Uno de los principales donantes, pero también uno de los más controvertidos. Ha utilizado la ayuda alimentaria (importación de productos made ​​in USA) con impactos negativos sobre la delicada situación del campesinado del país, y en connivencia con ONG como Care o WorldVision. Ha sido denunciado por falta de transparencia, retrasos y mala gestión.

(de momento no tengo demasiada información sobre la cooperación española, pero la próxima semana haré algunas reuniones , ya informaré qué tal).

Un mundo, el de la cooperación internacional que, como decía el texto de Vijaya Ramachandran, está sin duda determinante el futuro del país, no sólo por la influencia en la mentalidad de la gente y las dinámicas sociales, sino también en la definición de políticas públicas. Esta presencia masiva de ONG internacionales y agencias de cooperación, que asumen en buena parte (y en demasiadas ocasiones de forma autónoma y unilateral) el establecimiento y gestión de servicios básicos como la educación o la sanidad, que deberían ser públicos, debilitan las estructuras de Estado.

sortint de classe

Escola privada finançada per la cooperació internacional a Corail.

Ya antes de 2010, las ONG proveían el 70% de la asistencia sanitaria. El 85% de la educación se daba a través de escuelas privadas, a menudo subvencionados por el Estado a través de programas de cooperación , y muchas de ellas gestionadas por ONGs o instituciones religiosas. Esta cifra seguramente ha aumentado tras el terremoto de 2010, cuando se destruyeron muchas escuelas que no han sido reconstruidas.

“El Banco Mundial tenía un programa llamado “Education for all” (educación para todos) que consistía precisamente en ofrecer recursos a escuelas privadas para facilitar el acceso a estudiantes sin recursos [o con pocos recursos, ya que muchas de estas escuelas no son del todo gratuitas]. El director de ese programa es ahora el ministro de educación, y éste es el modelo que ha adaptado para la política pública de educación” me dice Patrice Florvilus, defensor a ultranza de la pedagogía de los oprimidos de Paolo Freire. “De hecho, el gobierno no tiene ninguna política de educación, sólo un proceso de mercantilización de la educación”. Y en esto, parece ser, que también han participado muchas ONG internacionales.

Tenemos un Estado ausente, totalmente desestructurado (ya antes del terremoto), incapaz, dicen, de proveer los servicios sociales que la población necesita. Las ONG y agencias de cooperación bilaterales y multilaterales cubren este vacío. Pero de hecho con su actuación perpetúan la situación, evitando que de alguna manera se exija con más fuerza una transformación profunda de las administraciones públicas para que éstas asuman sus responsabilidades para con su pueblo.

mercado innecesario e inacabado

Mercat inacabat i inecessari a Corail, finançat per la UE.

Cuando le pregunto a Patrice Florvilus cuál sería la prioridad para el país, no señala la educación, ni la sanidad, el derecho a la vivienda, ni siquiera el cólera o la salida de la MINUSTAH. “Romper con las estructuras actuales políticas y del Estado, para regenerarlas. Sólo desde un nuevo modelo de Estado podremos hacer políticas públicas para el pueblo haitiano”.

Pero la cooperación internacional obvia esta prioridad y rodea el problema, evitando tener que tratar con un Estado, como decíamos, ausente, corrupto, ineficiente. El 99 % de los recursos para la ayuda de emergencia y reconstrucción dados después del terremoto se canalizaron a través de agencias de Naciones Unidas, ONG, empresas subcontratadas y otros proveedores de servicios no estatales. Menos del 1 % de los más de 6 mil millones de dólares desembolsados ​​se han canalizado a través de instituciones públicas locales o del gobierno. Y sólo el 23 % de la financiación para la reconstrucción a largo plazo está siendo canalizada a través del gobierno.

Obviamente estas ONG y agencias no pierden ocasión para mostrar que están, en efecto, cubriendo este vacío. Los logos. Ay los logos! Logos de USAID, AECID, WorldBank, BID y los miles de ONGs que trabajan en el país. Todas ellas obsesionadas, o eso parecería, en mostrar orgullosas su trabajo en el país, de una pancarta sensibilizando sobre el cólera a un panel indicando que han construido este o aquel otro edificio o carretera.

No ayuda en absoluto a romper esa imagen de las ONG y las agencias de cooperación viviendo en una burbuja, la poca o nula interacción de los cooperantes y funcionarios de la cooperación internacional con la población haitiana. Cuanto más hablas con la gente (activistas locales, pero también trabajadoras de ONG internacionales) más te haces la imagen de un gueto privilegiado, alrededor de barrios como Petionville o Pacot, con casas caras, coches 4×4, grandes supermercados (que dicen han abierto a Puerto Príncipe para servir a esta comunidad), restaurantes y hoteles de precios europeos (o más bien estadounidenses, ya que muchos de ellos sólo aceptan dólares estadounidenses). Dicen también que esta presencia masiva de funcionarios de la cooperación ha influido decisivamente en la burbuja inmobiliaria de la ciudad, donde el precio de la vivienda ha aumentado a medida que aumenta la presencia extranjera.

El resultado: los haitianos se sorprenden cuando una blanca camina por la calle , quiere coger una moto (aunque sea con un motorista de confianza) o un tap tap (transporte público colectivo). Lo que ocurre con algunas expatriadas que, obviamente, dominan el Kreol, y tienen voluntad de romper estas barreras. Pero son excepciones que confirman la norma. La distancia entre el mundo de las ONG y agencias, y el mundo de la mayoría de los haitianos, es enorme, insalvable dicen algunos. Y de hecho se nota en muchas miradas. Te ven blanca, te identifican con la cooperació , con las agencias internacionales, con Naciones Unidas y la MINUSTAH, con las múltiples injerencias “blancas” en el país … y desconfían de ti. No es general, pero te las encuentras a menudo.

En fin, sí, defendemos la cooperación. Pero más que defender los fondos , defendemos la buena cooperación. La que transforma, la que acompaña y apoya, pero no impone ni infantiliza. La cooperación vista como restitución y reconocimiento. La cooperación que va a la raíz del término: el trabajar conjuntamente por un bien común. Codo a codo. Como iguales.

Contre la Minerie

Reunió contra l’explotació minera. Procés amb acompanyament d’entitats estrangeres, sense ingerència, per la transformació social.

Y que conste que de ésta, también hay en Haiti (y también hablaré de ella otro día, voy recogiendo experiencias).

El otro día leía, a raíz del tifón Yolanda en Filipinas, al amigo Carlos Gómez Gil:

“Es ilusorio pensar que tanto desastre puede solucionarse sólo con la compasión de las ONG, ante la voracidad de un sistema económico y político mundial en el que los pobres siempre son los perdedores”.

Pues eso, a cambiar el mundo, porque con cooperación compasiva, por muy eficiente y dirigida a resultados que sea, no cambiará nada. En Haití no puedo sino reafirmar el convencimiento de que la estrategia, si queremos que realmente cambien las cosas, debe ser atacar los mecanismos de anticooperación, apoyando a aquellos que luchan, desde la base, en los países del sur y en el nuestro.

Y como decía la niña en uno de los capítulos de Interferencias: “Si no saben cómo arreglarlo, por favor, dejen de romperlo”.

Interferències Cap5 – subt CAST from Quepo on Vimeo.

Recordad que podéis apoyar el proyecto “Haití, los otros terremotos en 210 años y 1460 días” en

http://goteo.org/project/haiti-otros-terremotos

Haití. Los otros terremotos en 210 años y 1460 días

Un proyecto sobre los otros terremotos que han empobrecido y siguen empobreciendo Haití.

Desde su independencia, hace 210 años, Haití ha sido objeto de expolio, ocupaciones y explotación. Desde el terremoto que en 2010 devastó parte del país (en enero se cumplirán 4 años, 1460 días) el expolio, la ocupación y la explotación siguen vigentes, esta vez bajo el amable manto de la ayuda a la reconstrucción.

Haití

El 12 de enero de 2010 Haití sufrió un terremoto que dejó alrededor de 300.000 muertos (entre 200.000 y 316.000 según diferentes estimaciones) y 1,3 millones de personas sin casa.

Medios de comunicación de todo el mundo se volcaron a cubrir “la tragedia de Haití” en los días posteriores al terremoto.

Millones de euros fueron recaudados por ONG en todo el mundo uniéndose a los prometidos por gobiernos y agencias de cooperación. Los protocolos y estrategias de la ayuda de emergencia fueron desplegados en Haití y centenares de proyectos de emergencia primero, y reconstrucción después, se pusieron en marcha.

Más de 10.000 ONG trabajan o han trabajado en Haití, junto con agencias de cooperación y ayuda humanitaria de numerosos gobiernos y organismos internacionales, como Naciones Unidas, el Banco Interamericano de Desarrollo o el Banco Mundial.

A casi cuatro años de una de las tragedias más graves de las sufridas por el país más pobre de América Latina y el Caribe, al preguntarnos qué ha sido de Haití, pocas pistas (o ninguna) encontramos en los medios de comunicación. Los “porqués” que nos pueden explicar el empobrecimiento y el grado de devastación que terremotos, huracanes o epidemias de cólera causan en Haití, siguen sin respuesta.

Este proyecto busca respuestas a esos “porqués”Read More…

Un año después, Haití sigue temblando

Este artículo fué publicado en Canalsolidario.org, Rebelion y la Revista Pueblos el 11 de enero de 2010 a raíz del primer aniversario del terremoto en Haití. Escrito por Iolanda Fresnillo, investigadora del Observatorio de la Deuda en la Globalización, y Berta Iglesias, miembro de la Campaña ¿Quién debe a Quién?

Ha pasado ya un año desde que la tierra tembló en Haití. Un año después las imágenes que nos llegan desde el pequeño país caribeño son aún de ruina y desesperación. ¿Qué ha pasado en Haití estos últimos 12 meses para que, a pesar de los esfuerzos de muchos, más de un millón de personas sigan sin hogar?

Mientras la comunidad internacional aprovechaba para mejorar su imagen prometiendo ayuda y solidaridad, la sociedad civil haitiana se ha organizado desde el primer momento para hacer frente a las necesidades reales del pueblo, de forma comunitaria y autónoma, invisible a los ojos de los medios convencionales. No lo están teniendo fácil: en los últimos doce meses se han repetido las injerencias en la soberanía del país, tan frecuentes en la historia de Haití.

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