Haití ¿reconstrucción para quien?

La rutina es ya habitual. Después de la catástrofe natural, y según la dimensión de la tragedia, de la cobertura mediática, llega el desembarco de ONG, agencias humanitarias, incluso ejércitos. Todos ellos prometiendo una rápida y efectiva reconstrucción. En Haití el desastre humano fue mayúsculo (no por la magnitud del terremoto, sino por la del espolio que ese país había sufrido durante siglos, y que lo había convertido en más vulnerable ante huracanes y terremotos). Más de 217.000 víctimas mortales, 3 millones de afectadas, 1,5 millones de personas desplazadas, viviendo en más de 1500 campos. Según los cálculos del gobierno, los costes y pérdidas causadas por el terremoto se estiman en 7.800 millones de dólares, equivalente a más del 120% del PIB de 2009.

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Las ayudas y promesas de ayudas también fueron mayúsculas. ONG, instituciones religiosas y fundaciones privadas llegaron a recaudar más de 3 mil millones de dólares en los primeros meses. Gobiernos y agencias de cooperación multilaterales prometieron más de 13 mil millones para la década 2010-2020, de los cuales 6.373 millones para los dos primeros años (2010-2012). De todo ello, a finales de 2012 tan sólo un 60% se había desembolsado. Desde 2012 no hay enviado especial de Naciones Unidas en Haití, por lo que ya no tenemos ni datos oficiales del desembolso de la ayuda, ni monitoreo de la misma.

Sin embargo, y más allá de la eficacia de esa ayuda, otra maquinaria se puso en marcha. La de las oportunidades de negocio que ofrecía la reconstrucción. Read More…

El difícil reto de ser campesina en Haití

Publicado en El Ecologista N. 80 (Ecologistas en Acción)Más allá de desastres naturales, campesinos y campesinas se enfrontan diariamente a la falta de tierra, la explotación de los propietarios, la deforestación y los injustos acuerdos comerciales.

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Cooperativa de distribución de arroz en la Artibonite

Haití ha pasado, en poco más de dos siglos, de ser “la perla de las Antillas” al “país más pobre del hemisferio occidental”. Dos etiquetas que muestran la evolución de un país que a lo largo de los siglos ha sufrido múltiples injerencias extranjeras, que junto a la actuación interesada de sus élites, ha dejado más del 80% los haitianos y haitianas viviendo bajo el umbral de la pobreza.

Más allá del impacto del terremoto que en 2010 se llevó a más de 220.000 vidas, y dejó el país devastado, Haití ha sido empobrecido a través de la imposición de políticas económicas y comerciales en favor de una minoría, a menudo extranjera, y en detrimento de la mayoría de la población. Un ejemplo de ello es la situación de la agricultura en el país.

Sobrevivir de la agricultura

Haití es aún un país eminentemente agrícola. Y digo aún por que así es a pesar de los intentos de favorecer otros sectores económicos como la industria textil de exportación, la minería o el turismo de lujo.

La agricultura supone alrededor del 25% del PIB, i ocupa al 40% de los trabajadores haitianos, principalmente en explotaciones de pequeña escala de subsistencia. Según datos de 2005, el 25% de la población rural no posee tierra. “La forma predominante de organización de la agricultura en Haití no es tan sólo la de la pequeña explotación, sino sobretodo un modelo en el que los grandes propietarios de tierras, a menudo ausentes, hacen cultivar sus tierras por aparceros [en un sistema llamado demotié]”, según explica Fred Doura en su libro “Haití, historia de una extraversión dependiente organizada”. Éstos campesinos sin tierra son obligados a entregar a cambio al propietario una parte substancial de la producción bruta, alrededor de la mitad de la misma. Bajo este sistema, ni campesino ni propietario tienen incentivos para mejorar la productividad de la tierra.

A pesar de ello, en los años 70 Haití era un país autosuficiente, que exportaba parte de su producción agrícola. “Ahora el 70% de la población, casi 7 millones de personas, se encuentra en situación de inseguridad alimentaria, y 1.8 millones de personas en situación de inseguridad crónica. La producción agrícola haitiana no es suficiente para alimentar a la población y abastece algo más que el 44% de las necesidades de calorías alimentarias”. Franck Saint jean, responsable de Soberanía Alimentaria de PAPDA (Plataforma Haitiana por el Desarrollo Alternativo) sabe perfectamente que esta situación no se da a causa de catástrofes naturales o de una naturaleza poco generosa, si no fruto de una serie de políticas impuestas y de la actuación de las élites haitianas. “No se puede hablar de desarrollo o de lucha contra la pobreza sin hablar de reforma agraria” apostilla Frank Saint-Jean.

La herencia colonial

Según PAPDA, que trabaja codo a codo con diversas organizaciones campesinas, las causas fundamentales del problema agrícola no se encuentran sólo en las políticas más recientes. La imposición (y aceptación por parte de la naciente clase dominante haitiana) de la deuda de la independencia por parte de Francia para el reconocimiento del nuevo Estado Haitiano, después de una revuelta esclava que expulsó a los colonos, ató de pies y manos a dicha burguesía. Para poder afrontar la deuda mantuvieron un sistema de explotación de los campesinos, pues la plusvalía de la producción agrícola constituía la principal fuente para pagar dicha deuda. “Éste sistema incluyó facilidades desiguales en el acceso a la propiedad de la tierra”, derivando en el actual sistema de grandes propietarios rentistas versus campesinos sin tierra. La deuda se pagó además con la exportación de madera a Europa, sobre todo a Francia. “Un sistema que ha llevado a la sobreexplotación de los recursos naturales, a la erosión del suelo, a una baja producción de las tierras y, sobretodo, a un desprecio del agricultor”, se afirma desde PAPDA [i].

Un sistema que se inició en el siglo XVI cuando los colones españoles iniciaron el sistema de plantaciones con la caña de azúcar y que avanzó con la colonización francesa, que lo amplió al café, añil y tabaco. Un sistema se profundizó durante los casi 20 años de ocupación norteamericana (de 1915 a 1934), que conllevó la ampliación de la explotación de café, algodón y azúcar, además de iniciar la explotación de frutas tropicales como el plátano o el mango.

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Cultivo artesanal del arroz en la Artibonite

“Tè a fatige”, la tierra está cansada.

La población campesina no lo tiene fácil. Muchos complementan lo que les queda de la producción de subsistencia, con la explotación de los bosques para la producción de carbón vegetal. En este sector se repite el sistema de aparcero, pues el campesino sin tierras deben dar al propietario de los bosques explotados la mitad de lo obtenido por la venta del carbón. El carbón vegetal supone, junto a la madera, el 75% del consumo de energía del país[ii], y se calcula que unas 200.000 personas dependen del negocio del carbón.

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Transporte de Carbón vegetal desde el Sur del país hacia la capital, Port-au-Prince

La explotación agrícola y de madera para exportación, la producción de carbón vegetal, o los numerosos huracanes que cada año llegan al país, han dejado un paisaje devastado. Hoy queda menos del 4% de los bosques haitianos. “Tè a fatigue”, la tierra está cansada. Ese era el reto que el 70% de los agricultores haitianos respondieron en una encuesta en 2008 sobre los principales problemas agrícolas a los que se enfrentaban[iii].

Al repetir esa pregunta a diferentes organizaciones de campesinos y productores de arroz haitianos durante mi estancia en el país a finales de 2013, obtuve tres respuestas destacadas: mejorar la productividad, proteger la producción local modificando los acuerdos comerciales, y el acceso a la tierra.

Los productores de arroz de la región arrocera por excelencia, la Artibonite, agrupados en la red de cooperativas RAKPABA, apuntan a la necesidad de apoyos para mejorar la producción. Hablan de ayudas para solucionar los problemas de drenaje y canalización de agua, que con cada temporada de huracanes tienen que rehacer. De la necesidad de profundizar en el uso de fertilizantes orgánicos de producción local. La formación en agronomía en las provincias (ahora está centralizada en Puerto Príncipe) así como un sistema de seguros para la producción, hoy inexistente, están también en la lista de demandas.

Para Gerald Mathurin, un histórico líder del movimiento campesino del Sur del país –KROS-, el principal reto es generar puestos de trabajo dignos en el ámbito agrícola. “El Estado está totalmente ausente en las zonas rurales” afirma, “lo que deteriora aún más las condiciones generales de vida en provincias”. Para crear condiciones para el empleo digno en la agricultura cree necesario priorizar el uso de productos locales en escuelas y administraciones públicas, pero también una modificación profunda de las relaciones comerciales.

Durante la década de los 80 y 90, bajo el influjo del FMI y del Banco Mundial, se condicionó la ayuda a Haití a la aplicación de una serie de medidas como la adopción de acuerdos de libre comercio con Estados Unidos. Ello supuso la eliminación de restricciones cuantitativas a la importación de alimentos y la disminución de las tarifas aduaneras de estas importaciones. Una de las consecuencias fue la invasión de arroz estadounidense, subvencionado, que llega aún hoy en día a los mercados haitianos a un precio inferior que el producido en el país. La desestructuración del tejido agrícola, junto con la promoción de otras estrategias económicas, como la promoción de zonas francas industriales, generó una migración interna masiva de las zonas rurales a las urbanas, alimentando ese 75% de la población haitiana sin empleo o subempleada que vive en las Bidonvilles (favelas) de la capital.

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Arroz Norteamericano versus Arroz Haitiano en el mercado popular de Pestel

Finalmente, Ketlyn Alexandre, del Movimiento Campesino Papay –MPP-, reclama que una cuestión básica es el acceso a la tierra, especialmente para las mujeres. La lucha contra el acaparamiento de tierras es también una prioridad. En Haití dicho acaparamiento sucede sobretodo para la construcción de proyectos industriales o turísticos. La entrada de nuevos inversores, tanto locales como extranjeros, apoyados por el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo para promover la producción para la exportación de bananas o mangos, ha llevado también a casos crecientes de acaparamientos de tierras.

Ante esta situación el gobierno haitiano redujo en 2013 un 30% el presupuesto del ministerio de agricultura, a la vez que enarbolaba la bandera del “Open for business”, el lema más utilizado por el gobierno de Michel Martelly. Amparada por los Clinton, la estrategia “Abierto a los negocios” está también apoyada por el Consejo Presidencial Asesor sobre Crecimiento Económico e Inversión en Haití (PACEGI), del que forma parte el ex presidente español, José María Aznar[iv]. El objetivo del PACEGI es “transformar Haití de un lugar para ‘hacer caridad’ a un lugar para ‘hacer negocios’”. Y la agricultura familiar y sostenible, la que garantizaría la soberanía alimentaria de los haitianos y haitianas, no tiene cabida en dicha estrategia.


[i] Souveraineté alimentaire, PAPDA – http://www.papda.org/rubrique.php3?id_rubrique=1

[ii]The challenges of reforestation” Ayiti Kale Je, Noviembre 2013 http://www.ayitikaleje.org/haiti-grassroots-watch-engli/2013/11/19/the-challenges-of-reforestation.html

[iii] “Haití, el precio de la deforestación”, National Geographic, Noviembre 2008. http://www.nationalgeographic.com.es/2008/11/01/haiti_precio_deforestacion.html

[iv] “Aznar, el asesor de Haití” Eldiario.es, Abril 2013 http://www.eldiario.es/desalambre/blog/Aznar-asesor-Haiti_6_121147892.html

Haiti, four years after the earthquake: the mirage of reconstruction

Published in Spanish at Eldiario.es, 11 January 2014. Translated by Yolanda Segalés / Traduit per Yolanda Segalés

Whilst more than 170.000 people continue to live under canopies, reconstruction hub of activity focuses on luxury tourism, mining and on creating industrial areas.

76% of UE granted contracts for Haiti’s reconstruction in 2010 and 2011 were given out to European companies.

Criticism on Haiti’s government and civil society priorities being ignored arises when you ask in Haiti about International Cooperation.

Four years ago earth shook for 35 seconds in Haiti. Its epicenter at 25 km from Port-Au-Prince, the 7,3 earthquake on Richter scale took 220.000 lives. World was in commotion. After some time, whilst 80% of its population still live below poverty line and more than 170.000 people continue to sleep under canopies, reconstruction hub of activity focuses on luxury tourism, mining and on creating industrial areas. Read More…

80 días y millones de gracias

¿Os acordáis de este vídeo?

80 días más tarde cerramos el crowdfunding en Goteo.org.

80 días después me gusta pensar que comienzo a dar respuestas a través de este blog a las preguntas que entonces planteaba, y difundirlas ampliamente, pero aún queda mucho trabajo hacer.

Ahora desde Barcelona, ya trabajando en el libro, pensando las contribuciones que desde Haití espero que hagan al mismo, haciendo números para ver si es posible volver a Haití para terminar bien el proyecto, imaginando la forma que tendrá la exposición de fotos, y soñando en encontrarme con todas y cada una de las 131 personas que hasta ahora habéis apoyado el proyecto.

No podía cerrar estos 80 días sin expresar de nuevo el enorme agradecimiento por haber hecho posible el proyecto “Haití, los otros terremotos”.

¡¡Millones de gracias a todas y todos!!

Quisqueya, la cuna de la vida

Te dan la bienvenida, desde lo alto del avión, el azul turquesa del Caribe, el verde de unas montañas peladas (Ayiti, el lugar montañoso, es uno de los nombres que los indígenas tainos le dieron a esta preciosa isla, el otro es Quisqueya, la cuna de la vida)… y el gris de las casas de lata, lona y el cemento de Port-au-Prince. Lo habitual nudo en el estómago cuando aterrizas en un nuevo país, un nuevo mundo.

Haití da cierto miedo. Aunque no los queramos reconocer, cargamos en la mochila muchos prejuicios. Algunos de estas miedos se reafirman, pero muchos otras caen como castillos de naipes cuando tienes la valentía de afrontarlos. Lo primero que cae es la idea de que Haití es miseria, violencia y desesperación. Porque Haití es, obviamente, mucho más que el titular habitual: “el país más pobre del hemisferio occidental”.

Haití es África en el Caribe.

Haití es el picante de sus comidas y la dulzura de sus frutas. Es Lambi avec sauce Creole, Tasso Cabrit y banane peze bien crujiente. Haití es el verde de los arrozales del Artibonite y el azul del mar durante miles de kilómetros de costa. Haití es Konpa y Troubadour. Es compartir una botella de Babancourt (ron) hasta el final o tantas Prestige (cerveza) como haga falta para alegrar la noche. Es recorrer la ciudad de Puerto Príncipe sobre una moto y las carreteras imposibles del país en una furgoneta sin un centímetro cuadrado libre.

Haití es lucha y dignidad. Haití es una sonrisa eterna en la vida, pero también una intensa mirada de rabia a la injusticia.

Haití es decir siempre sí cuando te ofrecen salir de Puerto Príncipe, a las montañas de Kenscoff, a descubrir la Grand’Anse, a conocer el histórico Kapayisyen, o admirar las playas de Kay Jacmel. Haití es festejar la inauguración de la Place de la Resistance en Pestel bailando Konpa toda la noche. Y que te lleven en barca a darte un chapuzón en una isla paradisiaca en las Cayemites. Haití es festejar (nuevamente) sin causa aparente con un grupo de médicos cubanos, asar un cerdo y bailar salsa toda la noche. Haití es ir de Jeremie en Les Cayes, en moto, durante tres horas y media, bajo la lluvia, para meterte en una furgoneta de 12 plazas con 20 personas y un gallo durante 5 horas más. Haití es que te inviten a conocer las comunidades del norte, en resistencia contra la minería, y hacer amigos de los que sabes serán para toda la vida. Haití es compartir con las compañeras de viaje Cassave (entre un pan y una crepe de mandioca) recién hecha con Mamba (pasta de cacahuete) y azúcar de caña. Haití es bailar al son de los tambores del Voudou hasta que las piernas te digan basta y te falte el aliento. Haití es dejarte ir cuando te invitan a bailar kompa Love sin importarte las distancias. Haití es que alguien que acabas de conocer te invite a comer a su casa. Haití es una playa, unos pescadores, una puesta de sol en Jacmel. Haití es comprar dos kilos de mangos en la calle y no poder esperar a llegar a casa para comer uno por la dulzura que desprenden. Haití es recorrer algunas calles de Puerto Príncipe, a pie, admirando las preciosas Gingerbread (casas de madera tradicionales). Haití es escuchar música tradicional con los trabajadores de la casa donde vives y que te cuenten canción a canción. Haití es el cómo te puedo ayudar cuando te ven sola y blanca, desentonando en el entorno. Haití son las noches eternas arreglando el mundo en el Vert Galant o el Yambalou (ya nos gustarían bares como estos en Barcelona). Haití es una manifestación con las trabajadoras del textil que dura horas y recorre kilómetros bajo un sol de justicia. Haití es una Prestige helada después de la manifestación en compañía de militantes incansables. Haití es Sankara y Lumumba como referentes. Haití son todos los terremotos que lo han empobrecido, pero también toda la riqueza de un pueblo acogedor, digno y luchador.

 

Haití: altres terratrèmols (Solidaris a Catalunya Ràdio)

Haití va reaparèixer a les nostres vides a causa del gran terratrèmol que va arrasar el país, el 12 de gener de 2010, ara fa 4 anys. Però aquella secsejada de la terra, ha estat la imatge viva d’altres terratrèmols que no deixen que el país acabi de desenvolupar-se. La Cooperació internacional ha estat poc eficaç, la gent té desconfiança cap a les ong i els haitians comencen ara a construir una societat civil que creu que només ells se’n poden sortir. La Iolanda Fresnillo, activista catalana, ha visitat el país en els darrers mesos i ara prepara un documental, un llibre i una exposició, que ens explica en el programa d’avui.

Haití, cuatro años después del terremoto: el espejismo de la reconstrucción

eldiariodesalambrePublicado el ElDiario.es | Desalambre el 12 de enero de 2014

Mientras más de 170.000 personas continúan viviendo bajo las carpas, los ejes de la reconstrucción se han centrado en el turismo de lujo, la minería y la creación de zonas industriales

El 76% de los contratos concedidos por la UE para reconstruir Haití en 2010 y 2011 se entregaron a empresas europeas

La crítica al ‘ninguneo’ de las prioridades del gobierno y la sociedad civil haitiana salta cuando se pregunta en Haití sobre la cooperación internacional

Hace cuatro años la tierra tembló durante 35 segundos en Haití. Con el epicentro situado a 25 km de Puerto Príncipe, el seísmo de 7,3 grados en la escala de Richter se llevó más de 220.000 vidas por delante. El mundo se conmocionó. Pasado el tiempo, mientras más del 80% de la población sigue viviendo bajo el umbral de la pobreza y más de 170.000 personas continúan durmiendo bajo las carpas, los ejes de la reconstrucción se han centrado en el turismo de lujo, la minería y la creación de zonas industriales.

Leer todo el reportaje en ElDiario.es | Desalambre

Haití quatre anys després: viure sota el capitalisme del desastre

Article publicat a La Directa l’11 de gener de 2014

directaEl 12 de gener de 2010 un terratrèmol va assolar bona part d’Haití, en una de les pitjors catàstrofes que ha patit el país, i en el que va esdevenir una de les més àmplies operacions humanitàries que es recorden. Quatre anys després, Haití es troba atrapada entre la república de les ONG i el capitalisme del desastre.

Les xifres són aclaparadores, en tots els sentits. Al voltant de 220.000 persones mortes. Més de 300.000 persones ferides. Més d’un milió i mig de persones sense llar, 100.000 llars completament destruïdes i una mica més de 200.000 greument malmeses. Als sis mesos del terratrèmol, un milió i mig de persones, 360.000 famílies, vivien en aproximadament 1.500 camps de desplaçades, sota les tendes improvisades o proporcionades per ONG i agències de cooperació oficials.

La dimensió de la tragèdia i l’impacte que la cobertura mediàtica del terratrèmol va tenir en milions de persones arreu del món va impulsar una de les majors operacions humanitàries que es recorden. Es van recaptar més de 3.060 milions de dòlars per part d’ONG, institucions religioses i fundacions privades. En el primer mes després del terratrèmol, les ONG espanyoles van recaptar uns 72 milions d’euros d’aportacions de la societat espanyola, prop dels 79 milions de dòlars d’ajuda d’emergència del govern espanyol (que ascendeix a 464 milions de dòlars promesos de 2010 a 2012, que inclouen ajuda a la reconstrucció i contra l’epidèmia de còlera). Governs i agències de cooperació van prometre més de 13.000 milions per al període 2010 a 2020, uns 6.373 milions per als dos primers anys (2010-2012).

On ha quedat tota aquella solidaritat? Quina ha estat la reconstrucció que ONG, governs i institucions internacionals han impulsat per a Haití?

LLEGIR L’ARTICLE SENCER A LA DIRECTA

O descarregar el pdf aquí (i en castellà aquí)

#HaitiOtrosTerremotos en El Mundo en 24h (Canal 24h – RTVE)

Participación en el informativo El Mundo en 24h, en el Canal 24h de RTVE el 10 de enero de 2014

Haití, 4 años después

Artículo publicado por Farmaceuticos Mundi, organización que ha colaborado con #HaitíOtrosTerremotos a través de Goteo.

farmamundiEl 12 de enero de 2010 un terremoto asoló buena parte de Haití, en una de las peores catástrofes que ha sufrido el país, y en el que se convirtió en una de las más amplias operaciones humanitarias que se recuerdan. Cuatro años después, Haití se encuentra atrapada entre la república de las ONG y el capitalismo del desastre.

30 segundos. La mayoría de los haitianos no lo nombran directamente. La cosa, la catástrofe, le douze (por el 12 de enero de 2010) o goudougoudou (por el sonido que hace la tierra al romperse bajo sus pies) son algunas de las formas que utilizan para hacer referencia a una de las mayores catástrofes que ha sufrido el país.

Seguir leyendo en FarmaceuticosMundi.org

Los olvidados de Haití siguen invisibles bajo las carpas [Eldiario.es]

Publicado en Eldiario.es el 6 de enero de 2014

Más de 170.000 personas siguen viviendo en campos de desplazadas, bajo las carpas, a casi 4 años del terremoto.

La mayoría de las personas que aún viven en los campos afrontan amenazas de expulsión forzada, sin alternativa de alojamiento. 

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Actividad de sensibilización realizada por FRAKKA en el Campo de desplazados de Canapé Vert, en Puerto Príncipe.

El pasado 7 de diciembre un grupo de policías municipales y hombres armados con machetes y palos se presentaron en el campo de Mozayik, en Canaan, en las afueras de Puerto Príncipe. En la operación, unas 60 familias fueron desahuciadas a la fuerza de las tiendas y débiles estructuras en las que vivían desde hace cerca de 4 años, en el último de los numerosos casos de expulsiones forzadas de los campos de desplazados que se suceden en Haití desde poco después del terremoto de 2010. Son familias que ya habían sido desahuciadas de un campo, también llamado Mozayik, en Puerto Príncipe. Se trasladaron a Canaan en busca de la tierra prometida, y de nuevo se encuentran con la negación de su derecho a la vivienda.

Leer más en http://www.eldiario.es/desalambre/olvidados-Haiti-siguen-invisibles-carpas_0_213128900.html 

De la Asistencia Mortal a la cooperación necesaria

[Video-foro “Asistencia Mortal” programado para el 9 de octubre a las 19h en Àurea Social – C Sardenya 263, Barcelona]

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Aquí mi reacción a la película cuando la vi en diciembre de 2013 …

Texto escrito en dos tiempos. El primero durante el viaje de vuelta desde Haití. El segundo, a casi cuatro semanas de haber salido de Haití, en la víspera del aniversario del terremoto. Los dos textos son reflejo de un diálogo terriblemente contradictorio que me ronda por la cabeza desde que llegué a Haití, y de hecho mucho antes. Algo que desde el ODG hemos trabajado, reflexionado y compartido mucho ya antes, pero que cuando lo ves resurge y se necesita compartir. He dudado mucho, pero al final, aunque sea para generar discusión, he decidido colgarlo.

Asistencia Mortal

Assistance Mortelle (Raoul Peck)

Assistance Mortelle (Raoul Peck)

Sentada en el suelo del aeropuerto, esperando el avión que me devolverá, aprovecho el retraso para ver el DVD que cargo a la bolsa desde la primera semana que llegué a Haití. “Assistencia Mortal“, de Raoul Peck. No puedo contar la cantidad de gente que al ser preguntada sobre la ayuda a la reconstrucción me ha recomendado que lo viera. Ahora sé por qué.

[Trailer]

Confieso que he tenido que parar la película en varias ocasiones. Con lágrimas en los ojos, no de pena, sino de rabia e impotencia. Raoul Peck, reconocido cineasta haitiano, recorre los dos primeros años después del terremoto del 12 de enero de 2010. Un viaje por el proceso de reconstrucción a través del papel de la ayuda internacional. Aviso que el resultado no deja nada bien parada la llamada “comunidad internacional”.

El papel casi criminal de la Comisión Interina para la Reconstrucción en Haití (CIRH) co-presidida por Bill Clinton; el papel errático, des-coordinado y unilateral de agencias bilaterales, multilaterales y ONG por igual; la pornográfica actuación de todos los actores en la reconstrucción de viviendas (o más bien la no reconstrucción y la perpetuación de alojamientos provisionales, indignas en la mayoría de los casos, donde, como se dice en el documental, muchos de los que los han construido no dejarían ni vivir sus perros); la utilización política de la ayuda internacional; el intervencionismo de las diferentes potencias donantes; y un largo etcétera de vergüenzas. Una de las responsables de vivienda en la CIRH, confiesa en un momento de debilidad que “cuando dentro de unos años miremos a la reconstrucción de Haití muchas tendremos que hacer un gran mea culpa”.

Algunas dirán que es un film sesgado, que no explica “las buenas historias”, que se centra en los errores del proceso de reconstrucción, no todo el mundo ha cometido estos mismos errores. Sí, hay buenas historias, pero cuando una mira a la gran fotografía, el resultado global del “proceso de reconstrucción”, ve que las buenas prácticas no nos disculpan de la responsabilidad, repito casi criminal, que se esconde de forma general tras la ayuda de emergencia y de reconstrucción en Haití. El film deja además fuera muchas cuestiones que son tanto o más indignantes de las que explica; proyectos inacabados, recursos malgastados en salarios y alquileres de escándalo, pero sobre todo un análisis más general, ya no de después del terremoto, sino del papel infantilitzador y desmovilizador que la “invasión de las ONG” ha tenido sobre la sociedad haitiana. Una sociedad que ha acabado siendo moldeada por esta cooperación internacional hasta creerse en buena medida el papel de víctima, receptora agradecida y resiliente a la infinita lista de catástrofes no naturales que le ha otorgado la comunidad internacional.

Como queda también fuera del film de Peck la cuestión de la reconstrucción económica, o del capitalismo del desastre, es decir, cómo, desde las élites haitianas, organismos internacionales y gobiernos donantes, acompañados por empresas multinacionales,  se utiliza el proceso de reconstrucción para profundizar en el capitalismo neoliberal. La promoción de la minería de oro a cielo abierto (sin el consentimiento informado de las comunidades), las zonas francas industriales para la exportación de textil a bajo precio (y a salarios de miseria), la agroindustria para la exportación (cuando el país sigue siendo dependiente de las importaciones para su seguridad alimentaria) o el turismo de lujo, son las recetas de la reconstrucción económica.

Hace unos días enviaba una crónica que empezaba reflexionando sobre la imagen que se había dado justo después del terremoto, en el que la mayoría de medios de comunicación, pero también de ONG, habían fomentado este papel de víctima desvalida del pueblo haitiano (y de salvadores de los cooperantes, bomberos, policías, periodistas e incluso militares). Hablando con la gente en Haití te das cuenta que nada más lejos de la realidad, que incluso en los momentos más dramáticos fue sobre todo la población haitiana la que se auto-organizó para hacer frente a las necesidades básicas de comida, agua, alojamiento y atención médica. Que fueron los haitianos y las haitianas, gracias a muestras de solidaridad y coordinación envidiables, las que salvaron más vidas y las que comenzaron el camino hacia la reconstrucción… hasta que llegó la comunidad internacional para afanar este protagonismo. El libro de Beverly Bell, “Fault Lines”, es una excelente crónica de esos días post-terremoto, contado dando la voz a los haitianos y haitianas.

Reconozco que escribo estas líneas en caliente, muy en caliente. Enfadada, enrabiada, indignada, en rebelión contra un sistema que permite que millones de personas vivan en la miseria y, peor aún, un sistema que se aprovecha de esta miseria. Y esta vez no hablo de empresas transnacionales y otros poderes económicos. Me refiero a aquellas que, bajo el manto amable de la cooperación, han condenado y siguen condenando a Haití en la miseria. Me refiero a las que priorizan la foto, el logo o su propia supervivencia (la de la organización) al trabajo bien hecho. Y por trabajo bien hecho no me refiero a eficiencia de la ayuda desde el punto de vista ortodoxo. Me refiero a una ayuda que sea transformadora, que parta ya no de las necesidades expresadas por los propios haitianos y haitianas, sino que sea total y absolutamente protagonizada por éstas, de la concepción y el diseño a la ejecución. Las ONG y donantes internacionales deberían ser puros intermediarios para apoyar estas iniciativas locales transformadoras, y no las protagonistas.

“Si todo el dinero malgastado en Haití hubieran repartido entre las familias afectadas por el terremoto ¿el resultado habría sido mejor o peor? ” Se pregunta en un momento una de las narradoras del film de Raoul Peck. Yo no dudo de la respuesta. Me diréis que soy simplista y hasta demagógica. Pero cuando sólo empiezo a conocer el alcance de la tragedia, no del terremoto, sino del fracaso de la ayuda a la reconstrucción, no puedo sino pensar que difícilmente se podría haber hecho peor.

Camera 360

La cooperación necesaria

Y a pesar de todo sigo pensando que tenemos un papel bajo la rúbrica de la “cooperación”. Yendo a la raíz del término encontramos:

Cooperar: Actuar conjuntamente con otro u otros para un mismo fin (Real Academia de la llengua Española)

Cooperación: Acción concertada entre los miembros de un grupo social para la consecución de un fin (Enciclopèdia Catalana)

Actuar conjuntamente, como iguales (añado), por un mismo fin. El de la cooperación internacional es un fin que depende de los actores que la impulsen.

David Sogge, experto en cooperación internacional, investigador del Transnational Institute y autor de textos como “Compasión y cálculo” o Dar y tomar ¿Qué sucede con la ayuda internacional?”, Lo tiene muy claro: “si partimos de la premisa de que uno de los objetivos primordiales, si no el principal, de la Ayuda Oficial al Desarrollo desde 1980 ha sido el de imponer un orden neoliberal sobre el resto del mundo, y evaluamos el sistema de ayuda de acuerdo a este principio primordial de amplio espectro (que engloba otros aspectos más allá de los puramente económicos, como son la gobernanza o la construcción de la sociedad civil), desde luego hemos de reconocer que, partiendo de esta premisa, las políticas de ayuda han tenido un éxito considerable. De hecho, es uno de los principales vehículos de transmisión de la ideología neoliberal y de sus políticas” (entrevista para la Revista Pueblos, enero de 2012)

Frente esta cooperación, ejecutada por grandes agencias multilaterales como el Banco Mundial o agencias de cooperación estatales como USAID o incluso la AECID, sabemos que existe una cooperación transformadora, para la que el fin en el que trabajar conjuntamente es un cambio radical del sistema económico, social y cultural (partiendo de la noción de que la pobreza – de recursos y de capacidades – y las desigualdades son inherentes al sistema económico capitalista). La cooperación que busca la justicia económica, social y ambiental, y no una simple transferencia de recursos o conocimientos. Como la Federació Catalana d’ONG al Desenvolupament acordaba en febrero de 2007, si consideramos la pobreza como fenómeno estructural, entendemos “la cooperación como herramienta de transformación de las estructuras políticas, económicas, sociales, culturales -locales y globales -, que son las principales causas originarias de la exclusión”.

Muchas dirán que la reflexión no es en absoluto nueva. En estas épocas de crisis presupuestaria e institucional de la cooperación, e incluso antes, muchas nos hemos replanteado el papel “transformador o edulcorante” de la cooperación. Si aceptar, modificar o enfrentar la “privatización” de la cooperación con la entrada de actores empresariales en la misma. Cómo afrontar las estrategias en época de crisis en nuestro Norte que es muy Sur, y en época de recortes, una vez ha estallado “la burbuja del desarrollo“. Y desde hace años si priorizar las estrategias de cooperación o la resistencia, oposición y desmantelamiento de los mecanismos de anticooperación.

Pero claro, del dicho al hecho…

David Sogge afirma que a nivel institucional quizá sí hay un cambio de discurso, y que se presta quizás más atención a los servicios sociales, incluso a la cuestión de los derechos humanos y derechos económicos, sociales y culturales, añado yo, pero raramente supera el ámbito del discurso. En la práctica se siguen reproduciendo esquemas que, en el discurso, parecían superados. Y Haití es el ejemplo.

Se habla de empoderamiento y apropiación, pero en Haití siguen marcando las líneas principales de actuación las agencias extranjeras (sean gubernamentales, multilaterales o no gubernamentales). Se habla de rendimiento de cuentas pero no existe ningún balance de la actuación, por ejemplo, del CIRH (uno de los principales vehículos para la reconstrucción durante dos años, 2010 y 2011) – o como explica el filme ” Asistencia Mortal “, cuando el gobierno haitiano, por medio de una carta de su presidente, pidió a las principales 20 entidades no gubernamentales que actuaban en el país durante el primer año después del terremoto, una serie de datos sobre los proyectos realizados o los recursos destinados al país, sólo 5 respondieron. Se habla de eficacia de la ayuda y termina imponiendo una burocracia que pervive por encima de los impactos reales de proyectos y programas. Y así un largo etcétera.

Pero yo sigo creyendo. Obviamente he encontrado también proyectos que valen la pena. Como el apoyo de IntermonOxfam a las cooperativas de productores de arroz de la Artibonite, o el de Veterinarios sin fronteras, o la Asamblea de Cooperación por la Paz apoyando los colectivos de campesinos. La solidaridad de la “Brigada Dessalines”, formada por miembros del Movimiento de los Sin Tierra – MST brasileño trabajando codo a codo con los campesinos haitianos. O el apoyo de pequeñas entidades y fondos DOP-Defense des Opprimés et Oprimées, sin proyectos ni justificaciones, en confianza. O el del Centro por los Derechos Humanos y Justicia Global de la facultad de derecho de la Universidad de Nueva York al Colectivo contra la explotación minera. O incluso el del gobierno cubano de cooperación sanitaria, muy valorado por los haitianos.

Seguro que hay muchos más ejemplos, incluso desde la cooperación institucional, la pregunta es si estos sirven para exonerar “la cooperación internacional” de una crítica generalizada, o si hay que hacer “borrón y cuenta nueva”.

Estos días hemos vivido, con la presentación de los presupuestos de 2014 en el Parlamento catalán y español, nuevas protestas de las ONG catalanas y españolas, acompañadas de reflexiones sobre la necesidad de cambio, no sólo de las estrategias de financiación, sino también de trabajo: más vinculación con los movimientos sociales, más enlaces entre el trabajo aquí y allá. Se suceden los artículos y seminarios sobre los nuevos retos de las ONG y la cooperación. El coordinador de campañas de Ayuda en Acción, Alberto Casado, afirmaba hace unos días en el diario.es que “las ONG ya hace tiempo que advertimos que la globalización lleva a unas desigualdades que no diferencian entre norte y sur”. Efectivamente, causas y efectos, ya no de la globalización, sino del capitalismo, no tienen fronteras. Pero el reto es no sólo acertar el diagnóstico y cambiar de discurso, sino también la forma de actuar, y desgraciadamente estamos viendo en nuestro muchas actitudes paternalistas, caritativas y nada transformadoras, que repiten las malas prácticas de la cooperación internacional.

Si la cooperación es la acción de trabajar conjuntamente por un fin común, y estamos de acuerdo en que este fin común es la erradicación de las causas del empobrecimiento, las desigualdades y las violaciones de derechos, y llegamos a la conclusión de que estas causas son sistémicas … entonces es básico que priorizamos estrategias que estén dirigidas a desmontar el sistema económico, social y cultural que nos domina y empobrece, y a construir modelos de economía y sociedad diferentes. Y esta es la cooperación que hay que defender, la que nos debe ayudar a superar el servilismo al sistema capitalista. En la calle y codo a codo, como decía el poeta.

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