Nunca me marché

Frontera Rd-Haiti a Jimani

Frontera Rd-Haiti a Jimani

Las fronteras son un espacio muy curioso. Líneas artificiales construidas a base de guerras, tratados y negociaciones. Parece que todo tenga que ser igual a un lado y otro de esta línea divisoria, pero a menudo las fronteras acaban determinando dónde empieza una realidad y donde termina otra. Las fronteras pueden ser una línea trazada en la tierra, o un aeropuerto y miles de kilómetros de vuelo.

Una vez que la cruzas la frontera te transporta a un mundo desconocido o te da la bienvenida a donde perteneces, por nacimiento o por vivencia.

Hace seis meses crucé una frontera de aire y me dio la bienvenida un país muy diferente al mío, muy diferente a lo que conocía. Las ideas preconcebidas y prejuicios poco a poco fueron cayendo, a medida que me iba haciendo con ese pueblo, su cultura, sus calles y carreteras, sus formas y colores, su calor humano y fuerza para salir adelante a pesar de todos los pesares.

Ayer crucé una frontera de tierra, desde la otra mitad de Quisqueya*, y sólo cruzar esta línea imaginaria que marcan los que hacen la historia, lo supe enseguida: había vuelto allí donde de alguna forma ya pertenezco… o quizás nunca he llegado a marcharme de todo.

Desde el país vecino

Sales de Santo Domingo, en la vecina República Dominicana en un bus de lujo (que quiere decir que tiene el aire acondicionado a temperaturas glaciales), rodeada de soldados brasileños y argentinos de la MINUSTAH, que deben haber pasado la frontera para descansar de la dura tarea de violar derechos humanos en algún resort de la costa dominicana. Dejas atrás la ciudad colonial (evidencia de un pasado de ocupación, esclavitud y genocidio del que los dominicanos, o sus instituciones, están curiosamente orgullosas), y los barrios de Santo Domingo, los acomodados y los populares, hasta adentrarte por fin en un paisaje verdoso aunque no excesivamente frondoso. La geografía y la vegetación se va haciendo cada vez más árida. Montañas y llanuras que recuerdan vagamente al paisaje de la sabana africana.

Después de unas horas llegamos a Barahona, y empiezas a ver a ambos lados de la carretera plantaciones de azúcar. Y cuando te acercas y cuando sales de la ciudad, barrios que eufemísticamente llaman populares, o que muchas describimos como favelas o lo que en nuestro país eran barrios de chabolas. Son los famosos (o no tan famosos) Bateyes dominicanos. Barrios de autoconstrucción donde vivían y donde viven los trabajadores de los ingenios azucareros. Hoy, siguen siendo cientos de miles de haitianos, en muchas ocasiones sin papeles, que trabajan de sol a sol para malvivir en un Batey, como se malvive en los Bidonvilles de Puerto Príncipe. (Espero que pronto pueda escribir sobre la situación de la migración haitiana y descendientes de haitianos en República Dominicana, de momento os dejo con estos dos buenos artículos sobre el tema : http://www.eldiario.es/desalambre/inmigracion/ siento – dominicano_0_205430073.html y http://periodismohumano.com/migracion/dominicanos-discriminados-por-su-ascendencia-haitiana.html).

2014-05-05 11.57.45Pasado Barahona, durante kilómetros el paisaje es cada vez más desértico, y me pregunto cuánto de prejuicio existente en la idea de una República Dominicana verde y frondosa y un Haití deforestado e irresponsable con el medio ambiente.

En la parte occidental de la isla, Haití, quedan menos del 4 % de los bosques originales y buena parte del territorio ha sido deforestado para la tala de árboles para exportar madera, para las plantaciones de azúcar, algodón, café, bananas o mangos que fueron imponiendo las sucesivas colonizaciones, o la tala para hacer carbón vegetal, la principal fuente de energía del país. (ver más El difícil reto de ser campesina en Haití). En la parte oriental de la isla, la agricultura extensiva (plantaciones de azúcar y otros), la ganadería, la tala ilegal, el turismo o la minería se encuentran entre los principales factores de deforestación, que ha acabado con más de 17 mil km2 de bosque, un 36 % de todo el territorio dominicano.

Situaciones no tan dispares a ambos lados de la frontera. Es cierto que Dominicana conserva más zonas boscosas que Haití, pero también lo es que tiene más territorio y menos accidentado. Quizás no son los salvajes descendientes de africanos que han acabado con los bosques en Haití, sino el salvaje capital que lo hace casi por igual a ambos lados de la frontera.

Una frontera, dos países, un mercado

La llegada a la frontera, una vez bordeado el Lago Enriquillo, está precedida por un caótico y aparentemente improvisado mercado a ambos lados de la cada vez más estrecha carretera. Estrecha por la proliferación de barracas de venta de todo un poco y de vehículos aparcados de cualquier manera. Entre camiones y camionetas que se llenan de gente y productos de todo tipo, el autobús de lujo consigue llegar a las oficinas donde debemos sellar nuestra salida de República Dominicana.

2014-05-05 13.07.07

Dos imágenes me vienen a la cabeza. Un supermercado en Puerto Príncipe donde un amigo me reta a encontrar productos que no vengan de República Dominicana o Estados Unidos (algunos quesos franceses encontré, pero poco, muy poco producto nacional). Y la conversación con Franck Saint Jean, responsable de Soberanía alimentaria de PAPDA (www.papda.org), en la que me contaba como el país pasó de ser autosuficiente a cubrir el 44 % de sus necesidades alimentarias por importaciones. Y República Dominicana es uno de los orígenes de esta importación.

Cientos de mujeres cargan todo tipo de productos de limpieza, cosmética o alimentación, entre muchos otros, para luego venderlos en los mercados y calles de Puerto Príncipe y otras ciudades y pueblos de Haití. Mi buen amigo el economista Camille Challmers sabe bien que esta situación no es fruto de la casualidad o la fatalidad, sino consecuencia de unas políticas comerciales y económicas determinadas. “Seguimos un modelo que debilita a los sectores productivos para beneficio de los importadores” declaraba hace poco más de un año a Ayiti Kale Ye (un medio local alternativo) en un artículo donde se analiza el papel de estos mercados inter-fronterizos (“Haití – República Dominicana: ¿Exportación o explotaciones?”).

La promoción del sector industrial textil de maquila para la exportación, la liberalización comercial impuesta por el Banco Mundial y el FMI durante las décadas de los 80 y 90, o la falta de política de apoyo a la producción local para los mercados locales, la falta de infraestructuras en las zonas rurales, más una élite económica, nacida del proceso de independencia y dedicada a la intermediación comercial, configuran algunas de las causas de esta situación.

2014-05-05 14.27.26

Pasamos la frontera y el goteo de camiones y camionetas no cesa. El asfalto se ha convertido en tierra, y el Lago Enriquillo ha sido sustituido por el Etagn Saumâtre. A medida que nos acercamos a Puerto Príncipe, dejando atrás la carretera sin asfaltar y sobre un asfalto cubierto de cráteres, todo se vuelve más familiar. Las vendedoras en la calle, el tráfico caótico, los estudiantes en uniforme,… Ya en Puerto Príncipe, reconozco calles y locales, un tráfico imposible, unas calles donde la vida desborda… y ya por fin una cara conocida que, con una gran sonrisa me viene a recoger el bus.

“Bienvenue a ton deuxième pays” me dice. “Mesi anpil” (muchas gracias en Kreol) contesto yo sin refutar lo de segundo país. Realmente me siento como en casa. Y tengo la sensación de que no ha pasado ni un día. Que estos 6 meses, en realidad, no me he ido.

2014-05-05 15.07.17

* Quisqueya, que quiere decir “la cuna de la vida”, es el nombre que los indígenas Tainos dieron a la isla, que también llamaban Ayiti (lugar montañoso) y que los españoles llamaron “La Española”. Ver más en Quisqueya, la cuna de la vida

 

Tags: , ,

No comments yet.

Leave a Reply