Archive | Reflexiones RSS for this section

La ocupación norteamericana de Haití

Extracto del libro “Haití, los otros terremotos”

17015772978_d85c327211_zDesde mediados del siglo XIX se sucedieron una serie de gobiernos más o menos autoritarios, con más o menos violencia entre un gobierno y otro. Entre 1908 y 1915 el país vivió un período especialmente inestable, con 9 presidentes en 7 años. En ese mismo período aumenta el interés y las inversiones de Estados Unidos en Haití. Uno de los sectores de inversión es la construcción de vías ferroviarias, dentro de una estrategia más a largo plazo de hacerse con plantaciones de azúcar, bananas y otros productos agrícolas para exportación, controlando también el transporte. Dichas operaciones supusieron la expropiación de tierras a campesinos, que se opondrían a ello a través del movimiento campesino de los Cacos, liderados por Carlomagno Péralte. Por otro lado, en 1910, el Banco Nacional de Haití se convierte en la Banca Nacional de la República de Haití (BNRH) cuyo 20% acabará en manos del estadounidense National City Bank. El control financiero de Haití se completó con un crédito de un consorcio de bancos internacionales, que refinanciaron la deuda pública del país en 1910.

El 17 de diciembre de 1914 los marines norteamericanos desembarcan en Haití con la misión de recolectar medio millón de dólares de las reservas del BNRH para garantizar el pago de dicha deuda. Pocos meses más tarde, el 28 de julio de 1915, y con la excusa de contrarrestar el clima de inestabilidad en el país, y controlar el movimiento campesino de los Cacos, los norteamericanos vuelven a desembarcar en Haití, esta vez para quedarse. Los estadounidenses impusieron un nuevo gobierno en Haití, y cambiaron la constitución y la legislación para favorecer la inversión y los intereses de empresarios norteamericanos. De hecho la constitución de la ocupación americana es la primera en Haití desde Dessalines que permite la propiedad privada en manos de extranjeros. “Durante los 19 años de ocupación, los Marines de Estados Unidos instauraron una serie de gobiernos marioneta de piel clara, construyeron un ejército modero para aplacar disidencia y revueltas, e impusieron una constitución que un joven Franklin Roosvelt afirmó haber escrito personalmente, la cual hizo del Francés (la lengua de la élite) el único idioma oficial en Haití y abrió la propiedad de la tierra a empresas extranjeras” (Schuller, 2012).

El National City Bank aumentó el porcentaje de propiedad sobre el BNRH hasta el 40%, se vinculó la moneda haitiana, el Gourde, al dólar estadounidense, y se controló totalmente la política de endeudamiento. Los estadounidenses se hicieron con el control de las aduanas y del ministerio de finanzas, de forma que cualquier préstamo o pago debía contar con la aprobación del Departamento de Estado de EEUU. Un préstamo de 40 millones de dólares otorgado desde Estados Unidos en 1918 acabaría por certificar la dependencia financiera con éste país.

Los norteamericanos fomentaron una economía de vuelta a las grandes plantaciones orientadas a la exportación. Impusieron por ley (1928) la posibilidad de expropiar las pequeñas propiedades en provecho de los grandes empresarios norteamericanos, así como la venta de tierras agrícolas del Estado a compañías americanas. En ese proceso 14 empresas estadounidenses acumulan más de 108.640 hectáreas, la quinta parte de las tierras de cultivo del país (Suzy Castor, citada en Doura, 2010). Las plantaciones de bananas, sisal o caña de azúcar, junto al café, ocuparan las tierras que debían asegurar la soberanía alimentaria de los haitianos, para reforzar un modelo neo-colonial que sitúa a Haití en el sistema capitalista mundial como mero proveedor de materias primeras. Los estadounidenses recuperaran también, aunque más tímidamente, la explotación minera que los colonos españoles habían abandonado casi tres siglos atrás.

Las autoridades estadounidenses impusieron además un régimen de opresión y represión en todo el país, ejecutando al líder de los Cacos, Charlemagne Péralte. Miles de campesinos fueron asesinados o desaparecidos bajo la ocupación norteamericana. Según las estimaciones oficiales de Estados Unidos fueron algo más de 3.000. Otros cuentan que superaron los 10.000 muertos bajo ocupación americana (Renda, 2001).

A raíz de una matanza en 1929 de diez campesinos Haitianos en Les Cayes, en el sur del país, por parte de marines norteamericanos, empezaron a levantarse voces en Estados Unidos contra la ocupación en Haití. En 1930 el opositor a la ocupación militar estadounidense, Sténio Vincent, fue escogido presidente de Haití por la Asamblea Nacional, y en agosto de 1934 Roosevelt ordenó el retiro de las tropas de Haití. Tras 19 años de ocupación, Estados Unidos asentó su posición como principal socio económico y comercial del país, que dejó políticamente en manos de Sténio Vincent. Éste, a pesar de haberse opuesto a la ocupación, mantuvo buenas relaciones con el gobierno Estadounidense, así como con el gobierno dictatorial de Rafael Trujillo en la vecina República Dominicana.

arton18553

La Matanza de Perejil

En 1937 Trujillo ordenó la “limpieza” de la zona fronteriza, donde se encontraban miles de Haitianos que habían huido de la ocupación estadounidense y trabajaban, la mayoría de ellos en condiciones de semi-esclavitud, en las plantaciones azucareras. Trujillo consideraba “la ‘invasión’ haitiana como una amenaza política, económica y cultural a la sociedad dominicana” (Gentil, 2013). La policía y soldados de Trujillo masacraron 30.000 haitianos entre el 28 de septiembre y el 8 de octubre a lo largo de diferentes poblaciones fronterizas. La frontera fue cerrada por orden de Trujillo el 5 de octubre, y los haitianos que no habían conseguido huir cruzando a Haití, fueron exterminados. Haitianos y Dominicanos comparten herencia genética y color de la piel, por lo que ante la dificultad de distinguir los invasores Haitianos de los autóctonos dominicanos Trujillo ordenó a su ejército que exigiera a cada persona que se encontraran a su paso que pronunciara la palabra “perejil”.  La Masacre del Perejil fue uno de los ”hechos más brutales y desconocidos de la historia del Caribe”. “Los único haitianos que no fueron exterminados trabajaban en las grandes haciendas de empresas o millonarios norteamericanos. La propiedad del imperio no se toca ni dentro ni fuera de sus fronteras, incluidos sus esclavos. P-E-R-E-J-I-L. Su pronunciación equivocada costaba la vida. Y se la costó a 30.000 inocentes, con cuya desaparición, Trujillo dio por terminado el ‘problema haitiano’” (Gentil, 2013). Las protestas que se multiplicaron en Haití y las denuncias internacionales, incluyendo del aliado Estadounidense, obligaron a Trujillo a asumir el pago de una indemnización a Haití por la Matanza. El precio de 30.000 vidas fue de 750.000 dólares. La indemnización a las víctimas fue reducida por Trujillo a 525.000 dólares, pero el dinero nunca llegó a su destino, los familiares de los haitianos asesinados.

Franck Seguy: Tras el terremoto, me impactó la crudeza con la que la mal llamada “ayuda internacional” fué utilizada para humillarnos”

Esta entrevista formará parte del libro “Haití bajo el capitalismo del desastre” que espero publicar próximamente.

2014_06_franck1_internoEntrevista a Franck Seguy, sociólogo haitiano.

No nos pudimos encontrar en Haití, pero Franck se ofreció a responder a mis preguntas via internet. Franck Seguy ha defendido recientemente su tesis de doctorado en la Universidad de Campinas (Brasil), “La catástrofe de enero de 2010, la ‘Internacional Comunitaria’ y la recolonización de Haití”. Franck Seguy es profesor de Sociología en la Universidad del Estado de Haití, y ha sido muy crítico con la cooperación internacional en Haití. Ésta entrevista es buena muestra de ello.

En una entrevista en 2010 afirmabas que la ayuda era “algo extremadamente humillante e inhumano”[17] ¿qué te lleva a hacer tal afirmación?

En 2010 el seísmo dejó centenares de miles de haitianos y haitianas privados de sus necesidades primarias. En aquél momento me impactó la crudeza con la que la mal llamada « ayuda internacional » fué utilizada para humillarnos. Por ejemplo, una semana trs el seísmo, en medio de la disputa sobre el comandamiento entre soldados de la armada de Estados Unidos que tomaban el control de espacios estrategicos del país, y la MINUSTAH desplegada en el país en 2004, el general brasileño comandante de la MINUSTAH procedió a una distribución de agua en Champ de Mars. Cuando se le preguntó por el objetivo y la forma del gesto, su respuesta fue « lo hacemos para hacer notar también nuestra presencia ». Poco después los Brasileños fueron suplantados por los Norte-Americanos.

Manteniéndonos en el contexto del terremoto de 2010, uno puede igualmente recordar como el aeropuerto de Port-au-Prince permaneció congestionado de miles de toneladas de comida y medicamentos, considerados como ayuda, a la vez que a varios metros de allí, nuestros compatriotas debían luchar para no morir de sed. Y justamente, la prensa internacional, como es habitual, no desaprovechó la ocasión de mostrar imagenes del “pillaje” haciendo pasar a los Haitianos como salvajes.

Si vamos más en profundidad, podemos afirmar que al contrario de lo que se dice, no son los otros países los que ayudan Haití, sinó Haití que ayuda a todo el mundo. Ninguna institución haitiana decide la orientación del dinero internacional que aquí llega bajo el nombre de ayuda. El país o institución que dona la mal llamada “ayuda internacional” decide a quién se destinará ese dinero. Los contratos de todo lo que se hace aquí bajo la rúbrica de “reconstrucción” son asignados a empresas extranjeras. Las empresas haitianas, las pocas veces que son tomadas en consideración, lo hacen en forma de subcontrataciones. Y Haití hoy es un laboratorio dónde jovenes europeos tienen sus primeras experiencias profesionales.

En un texto de noviembre de 2011, Promundia Medica caracterizó la invasión humanitaria de la forma siguiente: ”La reuniones para ayudar a los Haitianos son en Ingles. Los contratos se dan a compañías extranjeras. La ayuda se destina a organizaciones que vienen de fuera, independientemente de su experiencia. Un profesional haitiano calificado (será él el que aconseje y ejecute el trabajo de otros) cobrará unos 2.000 dólares, mientras el chico de ojos azules irá de “cluster” en “cluster” dónde de se supone que se coordina la ayuda (sin lograrlo jamás) por un salario tres veces más elevado. Si, si, el salario de un “internacional” es de 6.000 dólares, de partida. Los miembros del staff internacional de ciertas agencias, en Haití, en el momento del seísmo, han recibido 12.000 dólares de compensación (incluso cuando alquilan apartamento totalmente amueblados y, en el peor de los casos, nada pierden) mientras que sus colegas haitianos, los que han perdodo casas y familiares, no tienen más derecho que a 2.500 dólares”.

Está pues claro que no solo la llamada “ayuda” es una humillación frente a nosotros, pero en realidad somos nosotros los que ayudamos a los que nos pretenden ayudar.

Desde mediados de los 90 ha aumentado la presencia de ONG, organismos bilaterales y multilaterales en el país, hasta el punto que muchos hablan de “invasión de ONG” o “República de ONG”. ¿Cómo piensas que la presencia masiva de organizaciones, gubernamentales y no gubernamentales, extranjeras, ha afectado a la sociedad haitiana?

Los cambios producidos por el despliegue de las ONG en Haití son los más significativos. El mayor éxito de las ONG, en última instancia, probablemente habrá sido el de atenuar considerablemente o incluso hacer desaparecer la naturaleza de clase de los problemas que aquejan a la sociedad para presentarlas como simples problemas técnicos se pueden resolver a golpe de financiación de proyectos. Y el secreto de este éxito se debe a la labor ideológica, consistente en la promoción de la sociedad civil, la ciudadanía, el desarrollo, la democracia y los derechos humanos en contra de las clases sociales y la lucha de clases. Así, mientras que la sociedad está compuesta por campesinos, obreros, etc. y burguesía, es decir, de individuos en defensa de sus intereses particulares y de clase, las ONG han logrado hacer pasar a los haitianos como ciudadanos, es decir, seres abstractos que defienden el interés público universal. Así que hoy, tenemos una sociedad estructurada en Haití en clases sociales donde la explotación, la dominación y la opresión son la regla, pero las organizaciones conformamos plataformas de derechos humanos o de desarrollo.

Por ejemplo, los campesinos haitianos históricamente han sido la clase más combativa de la sociedad. Desde el asesinato de Jean-Jacques Dessalines, figura principal de la Independencia y fundador de la Patria en 1806, hasta mediados del siglo XX, todas las luchas sociales realizadas han incluído en su seno la cuestión de la tierra. Pero desde la implementación de los primeros proyectos de desarrollo comunitario a finales de 1940, demanda de la tierra ha perdido su centralidad. Las organizaciones campesinas hoy en día, las que se dicen progresistas, no tienen otro objetivo que el de satisfacer las necesidades de sus miembros y educarlos para hacer valer sus derechos frente a los partidos políticos y los gobiernos. Yo mismo leí una entrevista a la dirección de una organización campensina apoyada por  ONG de izquierda en la que sus dirigentes declaran ser parte de una batalla para invertir en la producción campesina, en su formación, herramientas, semillas … en educarlos para valorizar los árboles para salvar el medioambiente.  Vemos cómo esta organización llamada campesina vació el problema ambiental de su contenido político al acercarse a ella como una cuestión puramente técnica.

El mayor logro de la cooperación internacional en Haití tras el terremoto de 2010 sigue siendo el Parque Industrial Caracol (PIC), en el noreste, inaugurado en octubre de 2012. Para construir este parque, el gobierno desalojó a 366 familias campesinas que trabajaban 246 acres entre las tierras más fértiles de la región. El PIC está instalado en un área que cubre los dós únicos ríos de la zona, debido a que la producción de pintura – una de sus principales actividades – requiere mucha agua. Y las aguas residuales producidas en el interior del PIC amenaza a toda la fauna Caracol, una zona costera. Mientras que el gobierno y sus socios internacionales siguen destruyendo el medio ambiente del país, la organización campesina, al proponerse educar a los agricultores a “valorizar” los árboles, culpabiliza a los campesinos pobres la deforestación y la destrucción del medio ambiente del país. Y es precisamente por el trabajo ideológico despolitizante de las ONG que las clases dominantes tienen éxito.

En Haití se puede encontrar diferentes modelos y formas de coperación. De la Brigada Dessalines y otras organizaciones que apoyan o acompañan a los movimientos sociales, a USAID o EuropeAid que a menudo violan la soberanía del país. ¿Piensas que existe lugar para algun tipo de cooperación internacional en Haití¿ ¿Cómo sería esta “buena cooperación”? O por el contrario ¿piesas que sería mejor que la comunidad internacional se retirase completamente del país para dejar que los haitianos y haitians decidan y construyan su futuro sin interferencias?

Bueno! Existen diferentes tipos de organizaciones que cooperan en Haití.  Pero no debemos dejarnos llevar por las apariencias. Después de la defensa de mi tesis doctoral, en São Paulo, fui invitado por la dirección de la Escuela Nacional Florestan Fernandes (el centro de de formación del MSP – Movimiento de Campesinos sin tierra de Brasil), para dar una conferencia para los militantes, algunos de los cuales podrían posteriormente integrar la Brigada Dessalines. Pero conversando aparte con uno de los activistas, que me reveló que estaba retrasando su viaje a Haití porque estaba esperando para el próximo contingente de tropas de la MINUSTAH con destino a Haití. Precisamente estos militantes son transportados a Haití de forma gratuita por el ejército brasileño. Y lo que tal vez no sabe es que la iniciativa de la Brigade Dessalines fue una respuesta a la solicitud del ex presidente Luis Ignacio da Silva (Lula). Así que, incluso en Brasil, esta brigada, esta forma de cooperación, es vista por los activistas más experimentados como el brazo humanitario de una misión militar sub-imperial.

Dicho esto,  personalmente no sé si hay motivos para la cooperación internacional en Haití, y aún menos si habría una “buena cooperación”. Yo sé – y puedo probarlo por una abundancia de argumentos y la evidencia empírica – es que la cooperación internacional como lo es actualmente, deconstruye el tejido social. Imagina un profesor de la Universidad Estatal de Haití tiene un doctorado recibe un sueldo de 60.000 gourdes brutos (poco más de 1.300 dólares) del que el Estado descuenta el 27% en impuestos y otros. Al mismo tiempo que a los estudiantes de segundo, tercero o cuarto año (todavía no licenciados) que consiguen un trabajo en la cooperación internacional se les paga hasta 4.000 o incluso 5.000 dólares. ¿Qué sociedad puede esperarse con la aplicación de una política de este tipo?

Imagine una cooperación que ofrece un visado permanente a cualquier universitario o profesional haitiano con la presentación de un diploma, pero que se lo niega al mismo profesional si demanda un visado de turista. No es difícil entender por qué más del 80% de los haitianos con título superior se encuentran fuera de Haití, sobre todo en América del Norte, como trabajadores cualificados. Pero esta cooperación internacional no contempla que la formación de estos trabajadores cualificados fué financiada con los impuestos de los contribuyentes.

En una ocasión, el Secretario de Estado de Agricultura hizo una revelación que resume lo que es la cooperación internacional en Haití. En un momento, él tenía sobre su escritorio 8 proyectos de cooperación para la producción de café. Pero, al mismo tiempo él buscaba un solo proyecto para financiar la producción de cacao, que no podía tener. Sin embargo, si hubiera reorientado los fondos de  tan sólo uno de los proyectos de café para la producción de cacao, hubiese sido acusado de malversación de fondos.

Todo esto me lleva a decir con absoluta certeza que esta cooperación planificada y decidida sobre las amplias terrazas de restaurantes y hoteles de las principales ciudades europeas y norteamericanas e implementada a golpe de talonario en un terreno que le es ajeno, definitivamente no es la que tienen necesidad los haitianos y haitianas, en el caso que pudiesen decidir soberanamente como construir su futuro.

Después de mis visitas a Haití he entendido que cuando habla de reconstrucción y desarrollo, el gobierno y la comunidad internacional se refieren principalmente a la promoción de tres sectores estratégicos: la indústria para exportación, la explotación minera y el turismo. ¿Cómo piensas que estos sectores pueden afectar el “desarrollo” del país y el bienestar de la población?

Garry Conille fue primer ministro en 2011, durante la presentación de su política general, dijo: “La necesidad de puestos de trabajo es tan importante hoy en día, que Haití no puede darse el lujo de rechazar las demandas de establecimiento de empresas que atienden los mercados de masas y exigen bajos salarios”.

Ésta es, en resumen, la posición del gobierno sobre el asunto! En cuanto a sus socios internacionales, éstos optaron por hacer de Haití un país de zonas francas por encontrarse en las inmediaciones de los principales mercados (EE.UU.); por las leyes HOPE I y II y la ley Ley HELP que permiten a los inversores que hacen su producción textil en Haití poder comercializar en los EE.UU. sin pagar los aranceles aduaneros; y por considerar la mano de obra haitiana más barata que la mano de obra en China (según un estudio realizado por el economista Paul Collier, de la Universidad de Oxford) y ya calificada – al tener el país experiencia con zonas francas industriales en el siglo pasado. Como resultado de todo ello, al trabajador haitiano se le paga 200 gourdes por día de trabajo (menos de $5). Así que el trabajador haitiano que produce pantalones vaqueros Levis o zapatillas timberland nunca va a poder consumir estos productos. Para vestirse, solo podrá recurrir a pepe, la ropa usada importada de América del Norte y que se vende aquí.

Usted habla de turismo, pero fijémonos en Ile-a-Vache, donde el gobierno quiere establecer un centro turístico. Para ello, el gobierno no duda en expropiar a los campesinos de sus tierras sin ningún tipo de compensación o indemnización. La minería es y será aún más brutal, en la medida que hay muchos más millones en juego en este sector.

Sí, podemos hablar de desarrollo en estos sectores, si para como desarrollo se entiende la explotación de la fuerza de los trabajadores por una miseria, la valorización y reproducción del capital transnacional … Pero si se trata de un mínimo de bienestar  para los trabajadores haitianos, aquí no hay nada que permita hablar de desarrollo.

¿Cuál es la hipótesis principal de su  tesis doctoral “La catástrofe de enero de 2010, la ‘Internacional Comunitaria’ y la recolonización de Haití”?

Mi tesis doctoral ha consistido en mostrar que el desastre de 2010 fue una gran ayuda para la cooperación internacional, que estaba sin aliento en Haití. El terremoto del 12 de enero en este sentido ofrece una oportunidad de oro para que esta cooperación reconfigurase su hegemonía en los asuntos haitianos. Lo que se ha realizado desde el año 2010 y se presenta como la “reconstrucción” no es nada más que la construcción de un proyecto diseñado y desarrollado mucho antes de 2010, y cuyas líneas generales están bastante bien definidas en el estudio Paul Collier: “Haití: De catástrofe Natural a la seguridad económica. Un informe para el Secretario General de las Naciones Unidas”, publicado en enero de 2009. Del análisis de este proyecto, surgen todos los ingredientes que están presentes para hacer de Haití una nueva colonia – no es una colonia a la antigua, una colonia de una metrópoli, sino una colonia para el capital transnacional.

[17] Entrevista: Franck Seguy “La ‘ayuda humanitaria’ humilla Haití” Febrero de 2010 A Nova Democracia (Brasil) http://www.anovademocracia.com.br/espanhol/118-n-62-febrero-de-2010/2700-entrevista-franck-seguy-la-qayuda-humanitariaq-humilla-haiti

Haití es revolta (parcial … llegiu-lo complert a La Directa)

Arran del 5è aniversari del terratrèmol a Haití, publiquem a La Directa un article sobre l’actualitat política a aquell país. Aquí teniu un extracte d’aquest article. Si el voleu llegir sencer haureu d’anar al quiosc a partir del 13G, fer-vos subscriptores o esperar unes setmanes a que el publiquem a la web http://directa.cat

Haití es revolta

Cinc anys després del gran terratrèmol, Haití encara viu submisa en una multicrisi permanent i una ocupació estrangera de facto 

El darrer mes l’oposició haitiana, moviments socials i els sectors més desafavorits de la societat s’han manifestat en les principals ciutats del país gairebé diàriament. Les protestes han estat brutalment reprimides, no només per la policia nacional, sinó també pels cascos blaus de la missió permanent de les Nacions Unides a Haití, la Minustah. Amnistia Internacional ha denunciat la seva preocupació davant l’escalada de violència i l’ús de foc real indiscriminat contra la gent, tant per part de la policia com de soldats de la Minustah. Hi ha almenys un mort, que es conegui, i desenes de ferits.

Fa més de tres anys que el govern de Michel Martelly, que es va imposar als comicis del 2010 gràcies a una tupinada liderada pels Estats Units, hauria d’haver convocat eleccions municipals i legislatives. Enlloc d’això, s’ha dedicat a ocupar espais del poder públic, imposar els seus homes en càrrecs clau i a la majoria d’alcaldies, i governar cada vegada més dictatorialment, desplegant un programa neoliberal dur, protegit per la Minustah, l’ambaixada dels Estats Units, Canadà i França. Així ho explica el portaveu del sindicat i moviment obrer haitià Batay Ouvriye, Didier Dominique.

L’oposició reclama la convocatòria d’eleccions el més aviat possible, però només si es compleixen unes mínimes condicions de llibertat democràtica, de forma que una candidatura amb representació de les forces populars i un programa alternatiu al projecte neoliberal s’hi pugui presentar. En aquests moments les condicions no es compleixen i Martelly està intentant canviar la llei electoral per tal d’assegurar-se la permanència en el poder.

(…) El mandat de Martelly i Lamothe ha estat, des del començament, contestat al carrer amb nombroses manifestacions, generalment convocades per una combinació de forces lavalistes (Fanmi Lavalas és el partit fundat per Aristide) i d’altres agrupades en plataformes com el Moviment Patriòtic de l’Oposició Democràtica (MODOP).

Els moviments socials han donat més o menys suport a aquestes formacions depenent de l’ocasió, mentre que la majoria focalitzen les seves energies en protestes vinculades a l’imperant crisi social i humanitària. Precisament, el 12 de gener, Haití va commemorar el tràgic cinquè aniversari del terratrèmol amb una manifestació pel dret a l’habitatge. Cinc anys després del sisme encara hi ha 80.000 persones vivint sota les carpes dels camps de desplaçades, i centenars de milers de persones viuen en condicions d’insalubritat i inseguretat a les nombroses faveles o bidonvilles que poblen la zona metropolitana de Port-au-Prince.

Més al quiosc i ben aviat a http://directa.cat

Sobrevivir al Terremoto (avance)

El siguiente texto es un extracto del libro “Haití. Capitalismo del Desastre”, que estoy preparando y espero publicar en los próximos meses.

Iolanda Fresnillo. 12 de enero de 2015

Goudougoudou

Las cicatrices del terremoto son aún visibles a cinco años del terremoto

El 12 de enero de 2010, a las 4.53 de la tarde, y durante 35 segundos, la tierra tembló. El terremoto de grado 7,3 en la escala de Richter, con su epicentro a 10 km de la superficie y muy cercano a la ciudad de Léogâne, a 12km al sud-oeste de la capital, Port-au-Prince, se sintió con fuerza en toda el área metropolitana de la capital y en diferentes puntos del país, como el mismo Léogâne, Grand Goave, Petite Goave y Jacmel.

El nivel de devastación e impacto humano fue inmenso. Tres millones y medio de personas, un tercio de la población de Haití, sintieron las fuertes sacudidas del seísmo. Más de un millón y medio de personas, representando el 15% de la población, fueron directamente afectados. Según las cifras del gobierno haitiano[1], 222.570 personas perdieron la vida, y 300.572 personas resultaron heridas de diferente gravedad.

La destrucción de infraestructuras de todo tipo fue masiva. Más de 300.000 casas afectadas, algo más de 100.000 totalmente destruidas. El Palacio presidencial, el Parlamento, la Corte de Justicia y la mayor parte de edificios ministeriales en la capital fueron destrozados por el terremoto. El 25% de los funcionarios de Port-au-Prince fallecieron en el terremoto. También la sede central de la policía o la de Naciones Unidas. Hoteles de lujo y embajadas, el terremoto llegó a todos los estratos de la sociedad. El puerto de la capital y parte del aeropuerto quedaron parcialmente inutilizados. Se derrumbaron la Catedral Nacional (Católica) y la Catedral de la Santísima Trinidad (Episcopal), así como muchos otros espacios de culto. En la capital, el 60% de los edificios administrativos, el 80% de las escuelas y el 60% de los hospitales fueron gravemente dañados. Según el ministerio de educación, 4.992 escuelas fueron afectadas por el terremoto, el 23% de todas las escuelas del país. De estas, 3.978 (el 80% de las escuelas afectadas) fueron cerradas a causa de los daños o la total destrucción.  También varias facultades o el campus de la Universidad Quiskeya. Lo que, según Beverly Bell, “los haitianos llaman ‘las tres Es’: état, eglises et écoles [Estado, Iglesias y Escuelas]”[2]

El terremoto originó costes y pérdidas estimadas en 7.800 millones de dólares, equivalente a más del 120% del PIB del año anterior (2009).  “En 35 años en los que el método DALA ha sido utilizado para estimar daños y pérdidas, esta es la primera vez que el coste de un desastre es tan alto en comparación al tamaño de la economía de un país” (Gobierno de Haití, 2010). La mayor parte de los daños y pérdidas se concentraron en el sector privado, con 5.7 billones de dólares (el 70% del total) mientras el sector público acumuló pérdidas y daños por valor de 2 billones de dólares.

El sector de la vivienda, sin duda, se llevó la mayor parte de los daños, con unos costes de 2.3 billones de dólares, representando aproximadamente el 40% de los efectos del terremoto.

A cinco años del terremoto, aún muchos en Haití evitan nombrarlo. Lo llaman goudougoudou, por el terrible rugido que surgió de las entrañas de la tierra. Otros se refieren al “douz”, el doce, la fecha del seísmo. La mayoría simplemente hablan del evènman [el evento] o de la katastwòf [la catástrofe]. Muchas heridas y cicatrices quedan abiertas. Todos en Haití tienen una historia que empieza o acaba ese 12 de enero. Todos perdieron a alguien. Todos perdieron algo, una casa, una oficina, una escuela… Todos recuerdan dónde estaban aquél día y cómo consiguieron salir adelante o sacar a alguien de debajo de los escombros o simplemente compartir un plato de comida o un sorbo de agua.

Más allá de las cifras, una catástrofe teñida de solidaridad … haitiana

Las cifras, todas de récord, nos permiten dimensionar la tragedia, pero nos cuesta de imaginar qué supone en realidad todo ello. Las imágenes que durante semanas nos llegaron a través de las televisiones y periódicos, nos mostraban un país en ruinas y un pueblo derrumbado, en estado de shock.

“La situación es dramática. 3 millones de damnificados. Un país entero llorando mas de 100.000 muertos [esas eran las primeras estimaciones], cientos de miles de heridos y … cadáveres en todas partes. Toda la población durmiendo en la calle, esperando la replica y nuevos golpes …” nos contaba por email a los pocos días de la catástrofe Camille Chalmers, compañero de la red Jubileo Sur con quien compartimos durante años la lucha por la cancelación de las deudas de Haití y la restitución de las deudas históricas con el pueblo Haitiano. Todas las crónicas nos hablan de una catástrofe difícil de asimilar.

Las crónicas que nos llegaron a través de los medios nos hablaban de la acumulación de cuerpos en las morgues primero y en las calles después; del terrible olor y los sonidos de llantos, cantos y gritos de desesperación; de las dificultades de las tareas de emergencia y de lo heroico de las acciones de rescate; de la desesperación del pueblo haitiano y de los límites de su enorme capacidad de resilencia; del caos y de la violencia. Nos abrumaban a imágenes desgarradoras que de tan crueles llegaban a deshumanizar al pueblo haitiano. Una imagen paternalista y llena de tópicos y estereotipos de víctimas desesperadas, pobres e incapaces de hacer frente a la situación, frente a la imagen de los actores occidentales, cooperantes, bomberos o soldados, organizados y racionales[3].

A esta imagen, que idealiza los actores internacionales “protagonistas” de las tareas de emergencia y humanitarias, se contrapone lo que muchos cuentan en Haití, sobre como la población se organizó rápidamente, para asegurar que todos los supervivientes tuviesen comida y agua, así como la compañía, cuidado y abrigo de su comunidad. Para Camille Chalmers resulta clave reconocer la tarea de haitianos y haitianas de a pie como “first responders”, los primeros a responder ante la catástrofe:

“Después del terremoto se creó un espacio interesante de solidaridad inter-haitiana que fue totalmente silenciado. Hay que subrayar la maravillosa reacción del pueblo de Port-au-Prince que en unos pocos días supo reorganizar la vida para más de 2 millones personas, lo que no era nada fácil. Allí se distribuyeron todos los recursos, se compartió todo lo que se tenía. Yo mismo pude comer los cuatro primeros días en la calle gracias a la distribución de comida comunitaria. No había nada, ni tiendas, ni restaurantes. Nada. Pero se repartía todo. Es muy importante subrayar eso.

Otro ejemplo de solidaridad fue que, durante los 10 primeros días después del terremoto, las 684.000 personas que huyeron de Port-au-Prince fueron acogidas, alimentadas y albergadas en zonas campesinas, muy pobres. Yo conozco el caso de Papaye, un pueblo de 6.000 habitantes que recibió más de 14.000 personas. Se respondió a necesidades de techo, alimentos, vestidos … y también psicológicas y afectivas. Mucha gente llegó a zonas donde no conocía a nadie, y fue acogida igualmente. Fue un momento terrible, pero un momento maravilloso de solidaridad, que habría que celebrar.

Era un momento para aprovechar, en una estrategia real de reconstrucción. Era un momento para provocar un nuevo encuentro entre segmentos de la población, y cambiar la visión que muchos del país. Desde PAPDA se hicieron propuestas concretas para aprovechar ese espacio, para organizar actividades y proyectos colectivos de reconstrucción, como acciones de reforestación o alfabetización. Para construir nuevos lazos. Pero esa no fue la orientación escogida. La orientación fue mendigar y agradecer la generosidad de la comunidad internacional. La ayuda se concentró además en la capital. La prioridad de la ayuda fue la visibilidad y las cámaras apuntaban a Port-au-Prince.

Para nutrir a esas 684.000 personas, los campesinos gastaron todas sus reservas de semillas, por lo que cayó la producción agrícola, y ninguna de las ayudas que llegaban eran para afrontar ese problema. Todo se concentraba en la ciudad, y alrededor de los actores internacionales, desplazando los mecanismos de solidaridad que se habían creado”.

Pesca colectiva en Île-à-vache

También Beverly Bell, militante pro-derechos humanos de New Orleans, que ha vivido largas temporadas en Haití y se trasladó allí al mes del terremoto, recoge en su libro “Fault Lines” numerosos ejemplos e historias personales de solidaridad y auto-organización de la población haitiana en el momento del post-terremoto. Beverly Bell ha brindado la posibilidad de reproducir aquí algunas de las historias de solidaridad haitiana que vivió en el país tras el terremoto[4].

“Las operaciones de búsqueda y rescate, contrariamente a las imágenes de los medios internacionales, no fueron dirigidas por soldados extranjeros con los pastores alemanes, sino por ciudadanos comunes (…) [a través de] los programas organizados de ayuda que los grupos comunitarios lanzaron, basados en la dignidad, el respeto y auto-organización. (…)

Los ciudadanos comunes formaban la mayor fuerza de los equipos de rescate y socorristas. Se esforzaron por escuchar los sonidos de los seres vivos enterrados bajo los edificios caídos, y cavaron con las manos desnudas, trozos de madera y tapas de ollas, a través de los cristales rotos, cemento y bigas para desenterrar la gente, vivos o muertos. Volvieron a entrar en las estructuras todavía temblando para encontrar a más gente. (…)

Las personas llevaban a los heridos a los hospitales en las puertas arrancadas de sus marcos, cajas de cartón aplanadas, o lo que podría servir como una camilla. Extraños ofrecieron sus automóviles, camiones o motocicletas para llevar a los supervivientes heridos a los hospitales y los cadáveres a fosas comunes. El personal médico, a pesar de sus propias pérdidas y el espacio y los suministros inadecuados, trabajaron durante la primera noche y las semanas siguiente para llevar a cabo amputaciones de emergencia y tratar a cientos de miles. (…)

Aunque la mayoría de la gente estaban ellos mismos en el filo de la navaja de la supervivencia, compilaron los alimentos que tenían o rebuscaron en tiendas abandonadas (lo de en el extranjero a menudo se refirieron como “saqueos”) para distribuir a los hambrientos. Localizaron carbón y cocinaron comidas para repartir. Compartieron las escasas reservas de agua, mantas, y dinero con los seres queridos y con aquellos a los que nunca antes habían visto. (…)

Las personas que tenían un lugar para dormir acomodaron a aquellos que no disponían de abrigo: los niños huérfanos y abandonados, heridos y enfermos, ancianos o familias enteras. Algunos se encargaron de organizar la educación o recreación para los niños, ya que ninguna escuela estaba funcionando. (…)

Inmediatamente el nuevos sin hogar y los que estaban preocupados por los frecuentes y violentas réplicas – básicamente todo el mundo- se congregaron en campos, plazas públicas, patios de escuelas, y calles, tan lejos como fuese posible de los edificios que aún podían derrumbarse. Los propietarios privados permitieron o animaron activamente a las personas desplazadas para establecer refugios en sus tierras (aunque esto cambiaría más adelante). La gente eligió a sus representantes de los campamentos y formó comités para auto-gestionarse. Se organizaron para buscar materiales para construir refugios y otros suministros, y para designar áreas para baños e higiene. Se compilan listas de los residentes de los campamento: nombres; número de familias, niños, mujeres embarazadas y personas enfermas; y necesidades especiales. Más tarde, algunos líderes de los campamentos intentarían navegar por las complicadas estructuras de la ayuda internacional en nombre de sus campamentos. (…)

Para proporcionar seguridad en el entorno de inseguridad de los campamentos y calles, algunas mujeres mantenían constantemente un ojo vigilante sobre las mujeres y niñas que se encontraban en alto riesgo de violencia, interviniendo en caso necesario. Algunos hombres, como Getro, dejaron sus propias familias para proporcionar mayor protección a los grupos encabezados por mujeres. (…)

En el campo, los campesinos cuidaban a los seiscientos mil afectadas por el terremoto que habían huido de los centros urbanos. Algunos de los emigrantes se habían dirigido a sus familias para evitar dormir en las calles, mientras que otros simplemente se habían subido al primer autobús que saliese de la ciudad. Muchos de esos buses fueron enviados a Port-au-Prince por las autoridades de las zonas no golpeadas por la catástrofe, para evacuar a las personas de forma gratuita. Los segundos en responder, la población rural, acogieron  multitudes, por lo general sin ningún tipo de apoyo financiero ni de ninguna organización”.

Una catástrofe (no)natural

Un terremoto es un fenómeno natural. Sus consecuencias no tienen porque serlo. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, cada año se producen en el mundo unos 50 movimientos sísmicos de magnitud similar al registrado en 2012 en Haití, y en muy pocas ocasiones se llega al grado de destrucción y devastación registrados en Haití[5]. Ese mismo año, tan sólo 6 semanas tras el seísmo en Haití, en Chile se vivió un terremoto de grado 8.8 en la escala de Richter. Murieron 723 personas. Tal y como afirma Beverly Bell, “La astronómica destrucción en Haití tiene su origen en la política y la economía. Puede ser rastreado hasta la violencia estructural – las políticas y sistemas que reflejan el colonialismo, imperialismo, racismo y patriarcado- y que se desarrolla de forma muy cruda y árida en las vidas de los más pobres” (Bell, B. 2013).

El propio Gobierno Haitiano, en el documento de evaluación de daños y necesidades elaborado después del terremoto, afirmaba que el impacto humano había sido “inmenso en un país marcado por la alta incidencia de pobreza: alrededor del 67% de la población viviendo con menos de 2$ al día antes del terremoto”[6]. Así, si bien el origen de la catástrofe puede ser natural, sus efectos no lo son, y están directamente relacionados con el nivel de empobrecimiento de la población. Y ese empobrecimiento no tiene nada de natural. Tiene su origen en decisiones humanas.

Para muchos, como Nixon Boumba, militante del Movimiento Popular Democrático (MODEP), “el terremoto llegó para evidenciar y agravar las deficiencias de un sistema profundamente injusto”. El seísmo visibilizó aún más una situación de grandes desigualdades y empobrecimiento, de violencia estructural y una violación sistemática de los derechos económicos, sociales y culturales. Como hemos visto, durante siglos, desde la colonización y a lo largo de los años desde la independencia, Haití ha sufrido numerosas injerencias y, con la connivencia de la élite haitiana, se ha impuesto un modelo neoliberal al servicio del centro económico del sistema capitalista.

Carlos Gómez Gil explica este fenómeno (desastres naturales con consecuencias muy diferenciadas según sea la situación de partida) a través del concepto “catástrofe de clase”[7]:

“Nos hemos acostumbrado a éxodos, hambrunas, terremotos, inundaciones, tsunamis y todo tipo catástrofes, si bien en los últimos años, su repetición y especialmente sus dramáticas consecuencias sobre millones de personas y países en permanente estado de calamidad, permiten que veamos con claridad cristalina cómo su impacto es mayor cuanto más pobre y miserable es el país que lo sufre. Es un matemático axioma que funciona con una precisión aritmética a la hora de llevarse por delante vidas y países, pero cuya aplicación no tiene nada de caprichoso, sino que es el fruto de procesos humanos deliberados y conocidos que en combinación con determinados fenómenos naturales adquieren dimensiones gigantescas. Este conjunto de fenómenos provienen de decisiones humanas que generan lo que podríamos denominar como catástrofes de clase (…).

Efectivamente, sabemos sobradamente que cada catástrofe que periódicamente nos sacude es un excelente indicador de la situación social y política de cada país, de su grado de desarrollo, pero especialmente, de las condiciones de vida de los más desposeídos, es decir, de la condición estamental y de clase del país y de sus habitantes. Ya sean ciclones o terremotos, huracanes o inundaciones, hambrunas o sequías, los pobres tienen un raro privilegio, probablemente uno de los pocos de sus desdichadas existencias: ser víctimas predilectas de estas catástrofes, protagonistas privilegiados de cada siniestro a los que añaden damnificados contabilizados en cientos de miles de personas”.

La dimensión de la catástrofe depende claramente de la mochila de empobrecimiento, desigualdades y deficiencias democráticas que acarree un pueblo a sus espaldas. Pero también depende de cuál es la respuesta ante ella. Según afirma Sanon Reyneld, militante por el derecho  la vivienda en Frakka, “la catástrofe no fue el seísmo, la catástrofe vino después”. Para muchos la forma como se gestionó la emergencia primero, y la reconstrucción después, han dado nuevos significados al desastre.

NOTAS

[1] Las cifras de daños y pérdidas de este capítulo, si no se indica lo contrario, provienen de dos fuentes:

Gobierno de Haití (2010) Haïti Earthquake PDNA (Post-Disaster Needs Assessment): Assessment of damage, losses, general and sectoral needs http://siteresources.worldbank.org/INTLAC/Resources/PDNA_Haiti-2010_Working_Document_EN.pdf
Oficina del Enviado Especial de Naciones Unidas para Haití http://www.lessonsfromhaiti.org/lessons-from-haiti/key-statistics/
[2] Beverly Bell (2013) Fault Lines. Views across Haiti’s Divide. Cornel University Press http://faultlinesbook.org
[3] Esta es la imagen mayoritaria que se extrae de las coberturas de TVE y TV3 (la televisión autonómica de Cataluña) del terremoto en Haití entre el 13 y 31 de enero, según el estudio Xavier Giró (dir.), Laia Farrera, Mar Carrera (2013) Anàlisi de la cobertura de TVE i TV3 de la catàstrofe humanitària d’Haití. Observatori de la Cobertura de Conflictes-UAB/FCONG http://www.confederacio.org/files/Resum%20resultats%20estudis%20.pdf
[4] Fragmentos de “What we have, we share” en Beverly Bell (2013) Fault Lines. Views across Haiti’s Divide. Cornel University Press http://faultlinesbook.org
[5] Carlos Gómez Gil (2010), Un análisis multifocal del terremoto de Haití. Algunos análisis y lecciones estructurales. http://www.rebelion.org/docs/116979.pdf
[6] Government of Haiti (2010) Haïti Earthquake PDNA (Post-Disaster Needs Assessment): Assessment of damage, losses, general and sectoral needs http://siteresources.worldbank.org/INTLAC/Resources/PDNA_Haiti-2010_Working_Document_EN.pdf
[7] Carlos Gómez Gil (2010), Un análisis multifocal del terremoto de Haití. Algunos análisis y lecciones estructurales. http://www.rebelion.org/docs/116979.pdf

El doble filo del turismo en Haití: convertir el paraíso en negocio

Dosier completo sobre Île-à-Vache y el turismo en Haití

Descargar Reportaje Ile-a-vache completo en pdf

Artículo publicado en ElDiario.es el 11 de agosto de 2014

Playas inexporadas en Île-à-Vache

Playas inexporadas en Île-à-Vache

“¿Te gusta Haití?”, preguntan a menudo los haitianos. “Es un país muy bello”. La respuesta les sorprende, acostumbrados a la imagen negativa que el mundo tiene de su país. Pero más allá de los tópicos sobre miseria, desastres naturales y conflictos que azotan Haití desde hace siglos, es un país que desborda belleza natural, convirtiéndolo en un activo para uno de los sectores económicos más dinámicos a nivel global pero con un doble filo: el turismo. Derribos, desplazamientos forzosos, o planes de macrocomplejos sin previo aviso son algunas de las denuncias que enturbian esta actividad.

El Gobierno haitiano se ha propuesto aprovechar el potencial turístico del país. En el marco de la estrategia “Haití, abierto a los negocios“, el gobierno haitiano ha fijado la vista en el turismo como una de las estrategias principales para “ estimular el crecimiento de la economía nacional“, centrando los esfuerzos en la atracción de inversiones extranjeras y en transformar la imagen de Haití de un lugar al que ayudar, a un lugar al que viajar y con el que hacer negocios. Para el Ministerio de Turismo los retos son de imagen: “La mala percepción de la que es víctima el país a nivel internacional y la inconsciencia de la población haitiana de las riquezas turísticas y de la importancia del sector para la economía nacional”.

Pero la percepción de una parte del pueblo haitiano es bien diferente: el sector crítico define el plan como una estrategia desarrollada en beneficio de una élite que no revertirá en las comunidades. Sus sospechas ponen el foco en hechos concretos, como que el gobierno garantice a las empresas extranjeras “ vacaciones fiscales” si invierten en turismo o 15 años sin pagar impuestos ni costes aduaneros.

El Ministerio de Turismo argumenta que además del empleo y la formación profesional que acompañan los proyectos turísticos, se negocia con los inversores para que estos inviertan “entre un 8 y un 10% de sus beneficios en proyectos vitales para la población”. Pero dichas inversiones y las promesas de trabajo digno raramente acaban cumpliéndose en Haití.

Con el fin de que así sea, algunas comunidades afectadas por los planes del gobierno están empezando a organizarse y movilizarse, bajo la premisa que, si es sin el pueblo, el crecimiento y el desarrollo no es para el pueblo. El principal ejemplo de esta tensión entre la estrategia del gobierno y las necesidades de la población local es el proyecto que se está llevando casi toda la atención de medios e inversores: Île-a-vache.

Cómo convertir el paraíso en negocio

Île-à-vache es lo que en el imaginario occidental definiríamos como un paraíso y, en palabras del Ministerio de Turismo, un verdadero tesoro: “Île-à-vache representa una de las últimas auténticas islas del tesoro de todo el Caribe. Natural, no explorada, no explotada y del todo única; se trata de un verdadero paraíso en estado puro, una rareza en el mundo de hoy”.

El plan para Île-a-vache incluye la construcción de 1.200 plazas turísticas, una carretera, un aeropuerto, un campo de golf, un puerto, electrificación, pozos de agua y diversas infraestructuras sociales. Parte de las infraestructuras van a ser pagadas con fondos venezolanos de PetroCaribe. El proyecto se presenta bajo etiquetas como: turismo sostenible de baja intensidad, respeto a la integridad cultural y ambiental de la zona, espíritu comunitario o reparto equitativo de los beneficios. Pero la población de Île-à-Vache tiene razones para desconfiar de esas etiquetas.

Disculpen, aquí vive gente

“No nos oponemos al turismo, sabemos que con el turismo llegaran hospitales y escuelas, pero este proyecto es demasiado grande para la isla”, se lamenta Antoine Pierre, un joven que participa en una de las actividades informativas que ha preparado KOPI, el colectivo campesino de Île-a-vache. La población se siente abrumada y ninguneada.

“En mayo de 2013 el gobierno declara la Isla ‘zona reservada para el desarrollo turístico’. Nos enteramos porque vinieron en agosto a poner la primera piedra del aeropuerto. Sin el aval de la población de la isla. Este proyecto no es para nosotros”. El joven Laini Marcdonald, uno de los líderes de KOPI, se reunió junto con otros líderes comunitarios con la ministra de turismo. “En diez minutos liquidó el problema, sin explicaciones, sin aclarar la viabilidad social del proyecto”. Pocos días antes habían visto como, sin previo aviso, las excavadoras empezaban la construcción de la carretera, arrasando cultivos a su paso.

El propio plan del Gobierno para Île-à-vache establece que “nos aseguramos siempre de consultar a los vecinos inmediatos e iniciar un diálogo constructivo”. Desde el Ministerio afirman que “el proyecto ha sido diseñado para los residentes de la comunidad y será ejecutado con su participación”. Sin embargo, la falta de vías de participación e información en las primeras etapas del proceso ha llevado a las especulaciones y al rechazo.

En diciembre de 2013 empezaron las movilizaciones en la isla contra los planes del gobierno. De 10 policías se pasó a medio centenar de fuerzas especiales para reprimir las primeras manifestaciones, que se han quedado en la isla. La población habla de militarización y hay diversas denuncias de lesiones contra la policía.

Uno de los momentos más tensos ocurrió en febrero de 2014, cuando fue detenido Jean Matulnès Lamy, líder de la comunidad y muy activo en la radio comunitaria local, así como en las movilizaciones contra el proyecto. No hay cargos contra él y meses después sigue en la cárcel. Su padre, a quien todos llaman “Papa Maltunès” pide justicia: “si es culpable que sea juzgado como tal, pero ahora lo tienen retenido sólo por su oposición al proyecto”.

“Si nos quitan la agricultura ¿cómo viviremos?”

Uno de los temas más espinosos es el de las expropiaciones y el desplazamiento de la población. En las reuniones organizadas por KOPI y a las que asisten centenares de ciudadanas, corre como la pólvora el rumor de que “sólo 5 familias de agricultores y 5 familias de pescadores de cada localidad serán seleccionadas para poder trabajar por los hoteles, el resto tendrán que marcharse”.

El Ministerio es tajante en esta cuestión: “No existen ningún plan de relocalización de los habitantes fuera de Île-à-Vache. Vamos a reubicar a aquellas familias cuyas viviendas se verán afectadas por la construcción de zonas hoteleras (estamos hablando de un centenar de casas) a zonas en Ile-a-Vache que el Gobierno les brinde con servicios básicos”. El problema es que nadie sabe qué familias ni cómo ni cuando. En Madame Bernard, la principal localidad de la isla, se han empezado a marcar algunas casas para su derribo, pero las familias que las habitan no han sido informadas aún.

Casas marcadas para ser derrumbadas en Madame Bernard, Île-à-vache

Casas marcadas para ser derrumbadas en Madame Bernard, Île-à-vache

“Si nos desposeen de la agricultura y la pesca ¿cómo viviremos? Es un genocidio cultural y un suicidio colectivo aceptar este proyecto” se indigna Laini. “Nos quieren convertir en obreros agrícolas al servicio de los hoteles ¡nosotros somos agricultores!” añade Antoine.

“Ésta isla ha sido abandonada por el gobierno durante décadas, y ahora nos prometen escuelas, hospitales, pozos de agua potable y centros comunitarios” añade Kenold, también de KOPI, que se une a la conversación. De camino a una de las reuniones informativas que han organizado en la isla, insisten en que no están en contra de los visitantes, pero la condición es que la población se beneficie de ello.

El gobierno, al ser preguntado por los beneficios para la población, habla de empleo, de programas de pesca, agricultura y formación, de agua potable y energía solar. Pero en Île-à-Vache desconfían de las promesas del Ministerio. Confían, eso sí, en que ganarán esta batalla: “Las obras de la carretera y el aeropuerto ya están paradas por las movilizaciones. ¡Claro que somos optimistas!”, sonríe Kenold.

Mujeres cantan en reunión informativa sobre el proyecto Île-à-vache: “Tenemos patatas, tenemos pescado, no necesitamos este proyecto"

Mujeres cantan en reunión informativa sobre el proyecto Île-à-vache: “Tenemos patatas, tenemos pescado, no necesitamos este proyecto”

 

La honestidad en tiempos del cólera

Este breve artículo es respuesta del artículo “Una nueva esperanza para Haiti” publicado por Ban Ki-Moon en El País (4/08/2014)

El Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, visitó Haití recientemente. Como buen embajador, aprovechó para anunciar a bombo y platillo una campaña de lucha contra el cólera (que se había anunciado ya en 2012 y lleva un año en funcionamiento) y compartió con los medios su visión sobre el buen trabajo que están haciendo en Haití los organismos de Naciones Unidas y los cascos azules de la MINUSTAH (la Misión de Naciones Unidas de Estabilización para Haití).

Olvidó en su lectura de lo que sucede en Haití que fueron precisamente los cascos azules de Naciones Unidas los que causaron la epidemia de Cólera en octubre de 2010 por una criminal negligencia, al no proveer a sus destacamentos con la infraestructura de saneamiento necesaria y permitir que soldados nepalís infectados de cólera viajasen al país. Criminal negligencia que se ha llevado 8.500 vidas por delante y más de 700.000 infectados. Olvidó decir que Naciones Unidas ha denegado toda responsabilidad argumentando que gozan de inmunidad en sus misiones. Olvidó también las numerosas denuncias por violaciones de derechos humanos y agresiones sexuales por parte de los cascos azules en el país [ver artículo sobre la MINUSTAH y derechos humanos en este mismo blog)

Obviamente no es de esperar que Ban Ki-Moon se centre en los aspectos no tan positivos del papel de Naciones Unidas en el país caribeño, pero si sorprende el nivel de cinismo al que llega el que obvia una parte tan relevante de la realidad.

Manifestación contra la MINUSTAH 2011. Fotografia por Ansel 19/10/2011 www.flickr.com/photos/mediahacker

Manifestación contra la MINUSTAH 2011. Fotografia por Ansel 19/10/2011 www.flickr.com/photos/mediahacker

Los otros terremotos que hundieron Haití

Publicado en Diagonal, 30/06/2014

HaitiDiagonal

“Desde el primer momento que la Minustah puso un pie en tierra haitiana, sus tropas han violado de forma sistemática los derechos humanos”. Lo dice Monica Riet, uruguaya, que el pasado 6 de mayo se encontraba en Puerto Príncipe como militante de la Coordinadora latinoamericana por la retirada de las tropas de la Minustah, la misión de Na­cio­nes Unidas por la Estabi­liza­ción de Haití. “Es un genocidio silencioso que va más allá de la ocupación militar”, añadía indignada por la participación de tropas uruguayas en la operación militar de la ONU.

La epidemia de cólera iniciada en uno de sus cuarteles a finales de 2010, que se ha cobrado ya más de 8.500 víctimas mortales y más de 700.000 casos de contagio, junto con las numerosas denuncias de agresiones sexuales, la militarización de los barrios populares o su participación en numerosos actos de represión sobre la sociedad civil, se cuentan entre los muchos motivos del rechazo mayoritario a la presencia de estas tropas extranjeras en el país.

Desde las elecciones de 2000, en las que Jean-Bertrand Aristide volvió a la presidencia tras unos comicios contestados por igual por la sociedad civil haitiana y por la comunidad internacional, Haití había vivido numerosas movilizaciones contra el Go­bierno, que derivaron en una fuerte escalada de violencia entre 2003 y 2004. Entre otros, grupos paramilitares financiados desde EE UU avivaron el conflicto hasta la intervención internacional. En febrero de 2004, el presidente Aristide volvía a dejar el país, de forma involuntaria, en un avión estadounidense. Tropas de EE UU, Canadá, Francia y Chile llegaban al país al día siguiente, precediendo el despliegue de la Minustah pocos meses más tarde. Una década después, la Minustah sigue en Haití, con tropas y policías de 50 países, principalmente latinoamericanos y asiáticos, bajo el liderazgo de Brasil.

La presencia de tropas extranjeras en Haití es tan sólo una de las múltiples injerencias políticas y económicas que ha sufrido el país en los dos últimos siglos. La devastación que provocó el terremoto de enero de 2010 no se puede entender sin esas injerencias. Beverly Bell, militante pro derechos humanos de Nueva Orleans, lo describe sin rodeos: “La astronómica destrucción en Haití puede ser rastreada hasta la violencia estructural, las políticas y sistemas que reflejan el colonialismo, imperialismo, racismo y patriarcado, y que se sienten de forma áspera y marcada en las vidas de los más pobres”. Polí­ticas que han continuado después del seísmo, ejemplificando nítidamente lo que Naomi Klein llamó “capitalismo del desastre”.

Tras el desastre, el negocio

El terremoto provocó más de 217.000 víctimas mortales y 1,5 millones de personas se quedaron sin hogar. Los costes y pérdidas causadas por el seísmo se estiman en 7.800 millones de dólares, equivalente a más del 120% del PIB haitiano de 2009. Pero más allá del nivel de de-sembolso prometido –alrededor del 60% en los dos primeros años– y de la eficacia de esa ayuda, otra maquinaria se puso en marcha: la del negocio que ofrecía la reconstrucción. Lo que el embajador de EE UU en Haití llamó “la carrera por el oro”.

No se equivocaba. Entre 2010 y 2012, tan sólo el 1,3% del valor contractual de los proyectos de la USAID fueron concedidos a contrapartes haitianas, según el Centro de Investigaciones Económicas y Polí­ticas. De las inversiones de USAID en Haití en 2013, más del 85% fueron a empresas y ONG norteamericanas. La Unión Europea sigue un patrón similar: en 2010 y 2011, el 76,7% del valor de los contratos de EuropeAid en Haití fueron para empresas europeas.

En el negocio de la reconstrucción destacan además los proyectos vinculados a lo que el Gobierno de Michel Martelly ha bautizado como “Haití: open for business”.

Abierto a los negocios

Amparada por los Clinton, la estrategia “abierto a los negocios” se ha dotado de una serie de apoyos institucionales entre los que destacan el Centro de Promoción de Inver­siones y el Consejo Presidencial Asesor sobre Crecimiento Econó­mico e In­versión en Haití, del que forma parte el expresidente José Ma­ría Aznar.

Ejemplos de cómo se está gestionando la reconstrucción son la minería, el turismo y la industria textil. Las reservas mineras de Haití, fundamentalmente de oro, han levantado interés entre empresas canadienses y de EE UU. Éstas han desembarcado ya en el país con la ayuda del Banco Mundial, que apoya financieramente y ayuda a redactar la nueva ley de minería. Sin información ni consultas a la población, han empezado ya las exploraciones en el norte del país, no sin resistencia de la población, que se empieza a organizar frente a esta nueva amenaza. En el sector turístico se han financiado con fondos para la reconstrucción, privados y públicos, numerosos hoteles y proyectos. Uno de ellos ha sido la construcción del primer hotel de cinco estrellas de la capital haitiana, Royal Oasis, con fondos de la Bush Clinton Haiti ­Fund recaudados para la reconstrucción del país y gestionado por la cadena española Occidental Hoteles. El Banco Mundial acaba de otorgar 45 millones de dólares para desarrollo turístico y está cofinanciando la construcción de otro hotel de lujo junto con la cadena hotelera Marriot. Vene­zuela, con fondos de Petroc­a­ribe, es uno de los financiadores del proyecto turístico de Île-à-Vache, fuertemente contestado por la población afectada.

En el ámbito de la industria, la estrategia es la construcción de, al menos, diez nuevas zonas francas industriales. Algunas de ellas como la de Caracol, en el norte del país, con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y otros fondos para la reconstrucción. Haití cuenta ya con más de 30 fábricas, principalmente textiles, que gozan de condiciones favorables para la exportación a EE UU, ya que no pagan aranceles. Se­gún Mirlen Joanis, del Centro de Promoción de Mujeres Obreras, “las condiciones de trabajo son degradantes y a menudo se dan casos de acoso sexual en los lugares de trabajo, a lo que hay que añadir la violación sistemática de las leyes que marcan las condiciones laborales”, incluyendo la prohibición de la práctica de organización sindical.

Allí se cosen productos para empresas como Levi’s o Fruit of the Loom, que en 2009 presionaban al Gobierno haitiano, con la ayuda de la Administración de EE UU, para mantener el salario mínimo en poco más de 80 gourdes al día (1,2 euros). Las movilizaciones masivas de las trabajadoras consiguieron arrancar entonces una subida de 200 gourdes al día (3,6 euros). Ante el mísero incremento en 2013 de 25 gourdes (menos de medio euro), las trabajadoras de las zonas industriales de Puerto Príncipe iniciaron nuevas movilizaciones. Reclaman un salario mínimo de al menos 500 gourdes al día (8,3 euros) y derecho a la seguridad social. La cesta mínima de comida tiene un coste de 429 gourdes, y el coste de vida (incluyendo vivienda, transporte y otros gastos) está por encima de los 1.000 gourdes al día.

Presumir de salarios bajos

De hecho, el Gobierno haitiano presume públicamente de tener salarios más bajos que México, República Dominicana, India o incluso China y Paquistán, y tan sólo unos céntimos de dólar por encima de Bangladesh o Camboya, por más horas anuales de trabajo. Presumen también de ofrecer condiciones excepcionales a las empresas inversoras: 0% de impuestos sobre los beneficios, 0% sobre las ventas y 0% de impuestos añadidos. Unas condiciones que se repiten para las empresas turísticas que inviertan en el país. Según el propio FMI, dichas exenciones se deberían revisar para incrementar los ingresos fiscales del Estado, pero siempre “sin poner en peligro el interés de las empresas inversoras”.

Para Nixon Boumba, activista del Movimiento Democrático Popular, “la reconstrucción en Haití se ha convertido en una vasta operación de capitalismo del desastre, que no busca socorrer a las víctimas, sino servirse de las víctimas y de la catástrofe para hacer beneficios”.

Otros terremotos historicos

Colonización española (1492 – 1695). Los españoles exterminaron a la población indígena, los taínos, e iniciaron la trata de esclavos y explotación de recursos naturales.

Colonización francesa (1695 – 1803). Los franceses intensifican la trata de esclavos (llegan unos 400.000) e imponen la cultura de la plantación, iniciando el proceso de deforestación.

La deuda de la independencia (1825). Francia impone una indemnización de 150 millones de francos-oro (reducido más tarde a 60 millones) a Haití por los daños tras la independencia.

Ocupación de EE UU (1914 – 1935). Estados Unidos ocupa Haití para tomar control de su banco central y relanza la cultura de la plantación (y la deforestación).

François y Claude Duvalier (1957 – 1986). François Duvalier y, tras él, su hijo Jean Claude gobiernan con mano de hierro Haití con la complicidad de EE UU y el apoyo del FMI y el Banco Mundial.

Golpe contra Aristide (1991 – 1994). En septiembre de 1991, un golpe de Estado, apoyado desde Estados Unidos, derroca a Jean-Bertrand Aristide ocho meses después de ser elegido. La Junta Militar hace de­saparecer al menos a 5.000 personas. Aristide retorna al país en 1994 bajo las condiciones impuestas por EE UU.

El reinado del FMI (1980 – 2014). Desde 1980, el Fondo Monetario Internacional ha impuesto en Haití programas de ajuste estructural con medidas como liberalización comercial, desregulación laboral, eliminación de impuestos para empresas extranjeras, privatización de servicios y empresas públicas.

Última ocupación (2004 – 2014). La Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minustah) mantiene una ocupación que suma múltiples denuncias por violaciones de derechos humanos.

Apèl mobilizasyon kont MINUSTAH / Llamado a movilizarnos contra la MINUSTAH

Desde Haití, diversas organizaciones sociales, nos hacen llegar este llamado a raíz de los 10 años (1 de junio de 2004 a 1 de junio de 2014) de la presencia de tropas de Naciones Unidas en el país. La MINUSTAH lleva una década en el país violando el derecho a la autodeterminación de los haitianos y haitianas, además de siendo fuente de violación permanente de derechos humanos en el país (ver artículo en este blog sobre el tema).

2014-05-05 16.06.55

Uno de los cuarteles de la MINUSTAH en Port-au-Prince

LLAMADO A MOVILIZARNOS

1 de junio – 15 de octubre 2014

La MINUSTAH no es una misión humanitaria. Es una ocupación militar instalada en Haití el 1er de junio de 2004, por decisión del Consejo de Seguridad, después de que EE.UU. consumara el primer golpe de estado de este nuevo milenio contra un gobierno en nuestra América, elegido constitucionalmente.

Bajo el pretexto de estabilizar al país, el objetivo verdadero de la MINUSTAH es evitar que el pueblo haitiano ejerza su soberanía y autodeterminación. Sirve además para ensayar nuevas formas de intervención imperialista y control social, como las que luego se han aplicado con los golpes de estado contra Honduras y Paraguay, por ejemplo, o en las favelas y contra las manifestaciones en Brasil.

¿El resultado en Haití? Después de 10 años de ocupación, el país se encuentra en una situación de grave crisis política e institucional, con una clara regresión democrática, la represión violenta y sistemática de las manifestaciones populares y ataques a dirigentes de la oposición. La MINUSTAH además sostiene una manipulación grosera de los procesos electorales e institucionales y la entrada libre de capitales transnacionales para controlar espacios estratégicos de la economía, incluyendo la mega minería, el turismo de lujo, la maquila y la agroindustria exportadora.

EE.UU., Francia y Canadá dirigen la inteligencia y planificación estratégica de la MINUSTAH. Lo único novedoso – y lo más inaceptable – es que dejaron a Brasil la comandancia de las tropas que provienen mayormente de nuestra misma América: Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, Perú, Guatemala, Bolivia, Ecuador, Paraguay, El Salvador y Honduras.

10 años de ocupación ¡Basta!

Hoy resulta más que evidente que la ocupación político-militar de Haití no es ni puede ser la vía para generar una estabilidad ni una institucionalidad basada en los derechos y el bien vivir del pueblo haitiano. El Senado de Haití ha pedido dos veces el retiro de las tropas. Encuestas recientes señalan que el 89% de la población rechaza la presencia de la MINUSTAH y la ola de movilizaciones masivas, que ha seguido creciendo desde octubre 2013 exigiendo la renuncia del presidente, reclama siempre y con fuerza el fin de la ocupación.

Las organizaciones populares haitianas denuncian la acción de la MINUSTAH al reprimir las protestas sociales. Denuncian que las tropas han violado a mujeres y jóvenes, usurpado escuelas y otros recursos que necesitan la población, contaminado el agua e introducido la epidemia de cólera que hasta fines de abril habría matado a 8556 personas y enfermado a otras 702.000. Los recursos disponibles para la lucha contra el cólera permitirán atender a solamente 8% de las 45.000 personas que se proyectan se enfermarán durante este año.

La MINUSTAH opera además con una impunidad aberrante, asegurada por las propias NN.UU. y la intervención de siempre, dirigida por el gobierno de EE.UU., para controlar los tan mentados procesos electorales. El representante de la OEA en Haití ha denunciado públicamente el manipuleo atroz de las últimas elecciones, a fin de asegurar para Washington un presidente dócil a sus intereses y que se ha encargado de rehabilitar a las fuerzas políticas y paramilitares cercanas a la clientela del duvalierismo.

No obstante, a fines de marzo se reunió el Consejo de Seguridad en Nueva York para iniciar consideración de cómo prolongar la ocupación. ¡La MINUSTAH debe finalizar ya, rindiendo cuentas ante la justicia y reparando al pueblo de Haití los crímenes cometidos.

Por lo anterior, llamamos a los pueblos de nuestra América y del mundo entero, a nuestros movimientos y organizaciones populares, a unirnos en una gran campaña.

Llamamos a movilizar por el retiro inmediato de todas las tropas que ocupan a Haití y el fin de la MINUSTAH. El pueblo haitiano no precisa tropas sino nuestra solidaridad.

Llamamos a movilizar para poner fin a la impunidad de esas tropas, reclamando a NN.UU. que reconozca su responsabilidad por los crímenes cometidos, que haya justicia y la reparación de las víctimas, sus familiares y comunidades.

Llamamos a movilizar en apoyo solidario al pueblo haitiano en su lucha persistente por ejercer su soberanía y autodeterminación: el primer pueblo del mundo en poner fin a la esclavitud y declarar los derechos universales de todo hombre y mujer; el primer pueblo de nuestra América en independizarse del yugo colonial y ofrecer su apoyo a otras luchas emancipatorias.

Llamamos a movilizar una verdadera campaña de sensibilización y acción solidaria entre el 1er de junio y el 15 de octubre – fecha en la cual el Consejo de Seguridad votará nuevamente la continuidad, o no, de la MINUSTAH. En cada uno de nuestros países y frente a los principales espacios de integración regional, Haití precisa que se oye nuestra voz.

MINUSTAH dispersando una manifestación (United Nations Photo)

MINUSTAH dispersando una manifestación (United Nations Photo)

Primeras convocantes a nivel regional/nacional:

Jubileo Sur/Américas

School of the Americas Watch (SOAW)

Plataforma de Acción por un Desarrollo Alternativa PAPDA – Haití

Plataforma de Organizaciones de Derechos Humanos POHDH – Haití

Diálogo 2000-Jubileo Sur Argentina

Central de Trabajadores Argentina-CTA Capital

Unidad Popular, Argentina

Servicio Paz y Justicia SERPAJ – Argentina

Articulación de Movimientos Sociales hacia el ALBA – Capítulo Argentino

Movimiento por la Unidad Latinoamericana y el Cambio Social (MULCS) – Argentina

Rede Jubileu Sul Brasil

CSP Conlutas, Brasil

PACS Brasil

Manifestacions 2010. Fotografia per Ansel 8/12/2010 www.flickr.com/photos/mediahacker

Manifestacions 2010. Fotografia per Ansel 8/12/2010 www.flickr.com/photos/mediahacker

Île à Vache: El paraíso amenazado

Île à Vache

Île à Vache

Salimos de Port-au-prince, con dos horas de retraso (como manda la tradición haitiana), el viernes por la mañana. Somos varios militantes de diferentes movimientos sociales y entidades haitianas, y una pequeña delegación internacional, formada por tres miembros de la Brigada Dessalines*, una activista norteamericana radicada en Haití desde 2008 y una servidora, en misión periodística. En total 12 personas que no sólo queremos conocer de primera mano qué pasa con Île à Vache, sino también mostrar nuestra solidaridad con las comunidades de la isla que están sufriendo la presión del Estado para llevar a cabo el proyecto “Destination touristique Île à Vache“.

Île à Vache es una pequeña isla de poco más de 45 km2 situada en la región sur de Haití, a unas 5 horas en coche de la capital y poco más de media hora en barca desde Les Cayes. Viven entre 10.000 y 20.000 personas según diferentes fuentes y recuentos (entre 10 y 15 mil según el gobierno, y más de 20 mil según la propia población de la isla), dedicadas principalmente a la agricultura, la ganadería y la pesca.

A medida que la pequeña barca de madera, llena hasta la bandera de la delegación militante en Île à Vache, se va acercando la isla, se hace evidente el porqué del interés por la explotación del potencial turístico de la misma. Aguas turquesas y cristalinas, playas interminables de arena blanca y palmeras (más de 20 playas vírgenes según la publicidad del gobierno), manglares y un interior con una exuberante vegetación.

El gobierno la describe en el proyecto de desarrollo turístico de la isla así: “Île à Vache representa una de las últimas verdaderas islas del tesoro de todo el Caribe. Natural, no pisada, no explotada y del todo única; se trata de un verdadero paraíso en estado puro, una rareza en el mundo de hoy en día”. En este sentido, no les falta razón.
La barca nos deja en Madame Bernard, donde ya encontramos los primeros signos del proyecto. Las casas situadas junto al muelle han sido marcadas para su próximo derribo. Las familias que allí viven dicen que no saben nada, que nadie las ha informado más allá de decirles que tarde o temprano tendrán que dejar sus hogares.

Con una caminata de media hora nos adentramos en el interior de la isla, por caminos de barro y tierra roja. Llegamos a La Hatte, donde nos acoge la familia de Kenold y Kettlene, que nos ceden su casa por tres días que pasamos en la isla. No esperaban tanta gente y sin embargo la primera noche improvisan una deliciosa cena de pescado, mandioca y plátano hervido (que será la constante de nuestra dieta durante los tres días y medio que pasaremos a la isla). También está el tema del agua, no malgastar su ser conscientes de que la isla tiene un problema de agua. De agua potable (conseguimos unas cuantas botellas y bolsas de agua de Les Cayes) y de agua en general, que es la que acumulan en el pozo de su casa por la lluvia que cae, en esta época del año bastante generosa, cada atardecer.

En la reunión antes de ir a dormir nos avisan: nada de ir de exploración por nuestra cuenta por la isla, todas vamos en grupo. La escalada de represión en los últimos meses los ha hecho subir el nivel de alerta. De hecho se ha cuadruplicado el número de agentes de policía en la isla, de menos de una decena a más de 40 según el informe publicado por una red de organizaciones haitianas de derechos humanos .

Al día siguiente, después de un desayuno de pan y mermelada de pomme-cajú, vamos hacia la escuela de La Hatte, donde poco a poco se van congregando un poco más de un centenar de personas. Personas mayores y niños, hombres y mujeres, todas interesadas en las informaciones que la gente de KOPI (el movimiento campesino de Ile à Vache) y los militantes venidos de todas partes de Haití y del mundo tienen a compartir con ellos. También con un par de horas de retraso, una vez ha llegado el generador y los tambores para animar la reunión, comenzamos pasando un pequeño filme sobre la estrategia del gobierno “Haití, abierto a los negocios“, que han preparado desde Ayiti Kale Je. A las personas de la isla no les resulta difícil ver las similitudes entre los que se les viene encima si no detienen el proyecto del gobierno y lo que les pasó a las 300 familias campesinas expropiadas al Norte del país para la instalación del parque industrial de Caracol. El desarrollo económico (que no social) pasa por encima de todo, el derecho a la tierra, a la vivienda o a una compensación digna.

Los compañeros de KOPI explican cómo el gobierno declaró la isla y sus alrededores marítimos “zona reservada y zona de desarrollo turístico” en mayo de 2013, indicando que a partir de ese momento la ocupación de los espacios de la isla los decidiría la administración pública. En agosto de 2013 aterrizó en la isla una delegación gubernamental, coincidiendo con la presentación pública del proyecto, para poner la primera piedra del aeropuerto y tres instalaciones comunitarias (un centro, un restaurante y una radio). Los habitantes de la isla se enteraron por la prensa. Al cabo de menos de un mes máquinas de la empresa dominicana Estrella arrasaban cultivos para empezar a construir la carretera, también sin previo aviso ni explicación alguna a la población.

Tal y como recoge el informe realizado por la red de defensa de derechos humanos ”diferentes rumores y especulación sobre la deslocalización de la población o la expropiación de las propiedades hizo nacer un clima de miedo”. Según el mismo informe, en noviembre de 2013 algunos miembros de ACI (Action Citoyene Île à Vache) se encuentran con la ministra de turismo, Stéphanie Balm Villedrouin, que en menos de 10 minutos les presenta el proyecto de forma expeditiva y sin aceptar preguntas . “Esta actitud contribuyó a aumentar la cólera de la población hacia el proyecto”.

Desde entonces la población se ha manifestado en varias ocasiones, entre diciembre de 2013 y marzo de 2014. Movilizaciones que han sido fuertemente reprimidas por las reciente llegadas fuerzas de seguridad en la isla. La población habla de militarización de la isla. En febrero de 2014 fue detenido el policía local Jean Matulnès Lamy, líder de la comunidad y muy activo en la radio comunitaria local, así como en las movilizaciones contra el proyecto. No hay cargos claros contra él y meses después sigue en la cárcel sin haber podido ver a un juez. Su padre, a quien todos llaman “Papa Maltunès”, me contaba al finalizar una de las reuniones que simplemente quiere que su hijo tenga un tratamiento justo, que si es culpable sea juzgado como tal, pero que ahora lo tienen retenido por su oposición al proyecto.
Hablando con dos activistas de KOPI en la isla, Lain Marcdonald y Antoine Pierre Lean, me confirman que el problema para ellos no es el turismo. “Sabemos que con el turismo pueden llegar las escuelas y hospitales” (la isla, abandonada durante décadas por la administración, tiene tan sólo un centro sanitario y dos escuelas financiadas con recursos privados de ONG). Pero quieren ser tenidos en cuenta en el diseño y desarrollo del proyecto. Los rumores sobre expulsiones y desplazamientos de población (aunque no hubo informaciones oficiales al respecto) no cesan. Lain tuvo una reunión con la Ministra de Turismo donde ésta afirmó que la isla se partirá en tres, una parte por el turismo y hoteles, una segunda parte para infraestructuras (incluyendo el aeropuerto y campo de golf) y la tercera por los habitantes y su agricultura. “Nos quieren convertir en obreros agrícolas al servicio de los hoteles, y nosotros somos agricultores!” dice Antoine. También corre un rumor que sólo 5 familias de agricultores y 5 familias de pescadores de cada localidad serán seleccionadas para poder trabajar por los hoteles, el resto tendrán que marcharse. Como digo, nada de esto ha sido confirmado públicamente por el gobierno, pero la realidad es que las informaciones del gobierno son contradictorias ya cuenta gotas, a medida que población y medios las van reclamando.
Si bien al inicio se dijo que no habría expropiaciones, ahora ya se habla de que sí, que un centenar de casas deberán ser desplazadas. Las primeras marcadas para ser derribadas no tienen ninguna información sobre dónde pueden ir una vez que esto suceda. Lamothe, el primer ministro, afirmaba hace poco en una entrevista el 2012 que el proyecto de Île à Vache tenía menos dificultad que otros en Haití porque allí no existen títulos de propiedad.
“Los campesinos y pescadores de la isla no permitirán ser expulsados de su casa y sus tierras” afirma Lain, “si nos desposeen de la agricultura y la pesca, como viviremos? Es un genocidio cultural y un suicidio colectivo aceptar este proyecto “. Reclaman que se retire la declaración de la isla de utilidad pública, la retirada de la policía y la liberación de Maltunes para empezar a hablar con las autoridades. El tono agresivo cuando se refiere al gobierno se transforma en un tono ilusionante cuando hablamos de proyectos de turismo comunitario.

Las reuniones son reivindicativas y alegres. Una canción es en especial cantada una vez tras otra “nou gen patat, nou gen pweson, nnou pa bezwen pwojè sa!”: Tenemos patatas, tenemos pescado, no necesitamos este proyecto!

Ya desde Puerto Príncipe, me adentro en buscar más información sobre el proyecto. El caso de Ile à Vache tiene de todo. Circulan más que rumores sobre la implicación personal delpresidente Martelly en uno de los negocios de la isla . La cuestión de los impactos ambientales, al parecer muy infravalorados por el gobierno. Y sobre todo la hipocresía de un proyecto en el que se afirma ”antes de finalizar los puntos de desarrollo, nos aseguramos siempre de consultar a los vecinos inmediatos e iniciar un diálogo constructivo”, pero se mantiene a la población totalmente al margen de cualquier proceso definitorio o consultivo. O quizás el diálogo lo dejan para “antes de finalizar”.

Pronto publicaré un reportaje un poco más extensivo, aquí una crónica rápida urgente desde un paraíso bajo amenaza.

En menos de una semana vuelvo a casa, a ver si me da por una nueva crónica antes de volver.

* La Brigada Dessalines es un grupo de solidaridad internacional formado por campesinos y campesinas militantes de grupos vinculados al MST, Vía Campesina y otras entidades de “Alba Movimientos Sociales”. Se encuentran en Haití desde 2009 y aunque han llegado a ser hasta 30 personas acompañando los movimientos campesinos haitianos, ahora son 4, un brasileño y una brasileña del MST, un cubano del Centro Martin Luther King y una argentina del Frente Popular Dario Santillan. Podéis encontrar información de la Brigada Internacionalista Dessalines en su Facebook

Nunca me marché

Frontera Rd-Haiti a Jimani

Frontera Rd-Haiti a Jimani

Las fronteras son un espacio muy curioso. Líneas artificiales construidas a base de guerras, tratados y negociaciones. Parece que todo tenga que ser igual a un lado y otro de esta línea divisoria, pero a menudo las fronteras acaban determinando dónde empieza una realidad y donde termina otra. Las fronteras pueden ser una línea trazada en la tierra, o un aeropuerto y miles de kilómetros de vuelo.

Una vez que la cruzas la frontera te transporta a un mundo desconocido o te da la bienvenida a donde perteneces, por nacimiento o por vivencia.

Hace seis meses crucé una frontera de aire y me dio la bienvenida un país muy diferente al mío, muy diferente a lo que conocía. Las ideas preconcebidas y prejuicios poco a poco fueron cayendo, a medida que me iba haciendo con ese pueblo, su cultura, sus calles y carreteras, sus formas y colores, su calor humano y fuerza para salir adelante a pesar de todos los pesares.

Ayer crucé una frontera de tierra, desde la otra mitad de Quisqueya*, y sólo cruzar esta línea imaginaria que marcan los que hacen la historia, lo supe enseguida: había vuelto allí donde de alguna forma ya pertenezco… o quizás nunca he llegado a marcharme de todo.

Desde el país vecino

Sales de Santo Domingo, en la vecina República Dominicana en un bus de lujo (que quiere decir que tiene el aire acondicionado a temperaturas glaciales), rodeada de soldados brasileños y argentinos de la MINUSTAH, que deben haber pasado la frontera para descansar de la dura tarea de violar derechos humanos en algún resort de la costa dominicana. Dejas atrás la ciudad colonial (evidencia de un pasado de ocupación, esclavitud y genocidio del que los dominicanos, o sus instituciones, están curiosamente orgullosas), y los barrios de Santo Domingo, los acomodados y los populares, hasta adentrarte por fin en un paisaje verdoso aunque no excesivamente frondoso. La geografía y la vegetación se va haciendo cada vez más árida. Montañas y llanuras que recuerdan vagamente al paisaje de la sabana africana.

Después de unas horas llegamos a Barahona, y empiezas a ver a ambos lados de la carretera plantaciones de azúcar. Y cuando te acercas y cuando sales de la ciudad, barrios que eufemísticamente llaman populares, o que muchas describimos como favelas o lo que en nuestro país eran barrios de chabolas. Son los famosos (o no tan famosos) Bateyes dominicanos. Barrios de autoconstrucción donde vivían y donde viven los trabajadores de los ingenios azucareros. Hoy, siguen siendo cientos de miles de haitianos, en muchas ocasiones sin papeles, que trabajan de sol a sol para malvivir en un Batey, como se malvive en los Bidonvilles de Puerto Príncipe. (Espero que pronto pueda escribir sobre la situación de la migración haitiana y descendientes de haitianos en República Dominicana, de momento os dejo con estos dos buenos artículos sobre el tema : http://www.eldiario.es/desalambre/inmigracion/ siento – dominicano_0_205430073.html y http://periodismohumano.com/migracion/dominicanos-discriminados-por-su-ascendencia-haitiana.html).

2014-05-05 11.57.45Pasado Barahona, durante kilómetros el paisaje es cada vez más desértico, y me pregunto cuánto de prejuicio existente en la idea de una República Dominicana verde y frondosa y un Haití deforestado e irresponsable con el medio ambiente.

En la parte occidental de la isla, Haití, quedan menos del 4 % de los bosques originales y buena parte del territorio ha sido deforestado para la tala de árboles para exportar madera, para las plantaciones de azúcar, algodón, café, bananas o mangos que fueron imponiendo las sucesivas colonizaciones, o la tala para hacer carbón vegetal, la principal fuente de energía del país. (ver más El difícil reto de ser campesina en Haití). En la parte oriental de la isla, la agricultura extensiva (plantaciones de azúcar y otros), la ganadería, la tala ilegal, el turismo o la minería se encuentran entre los principales factores de deforestación, que ha acabado con más de 17 mil km2 de bosque, un 36 % de todo el territorio dominicano.

Situaciones no tan dispares a ambos lados de la frontera. Es cierto que Dominicana conserva más zonas boscosas que Haití, pero también lo es que tiene más territorio y menos accidentado. Quizás no son los salvajes descendientes de africanos que han acabado con los bosques en Haití, sino el salvaje capital que lo hace casi por igual a ambos lados de la frontera.

Una frontera, dos países, un mercado

La llegada a la frontera, una vez bordeado el Lago Enriquillo, está precedida por un caótico y aparentemente improvisado mercado a ambos lados de la cada vez más estrecha carretera. Estrecha por la proliferación de barracas de venta de todo un poco y de vehículos aparcados de cualquier manera. Entre camiones y camionetas que se llenan de gente y productos de todo tipo, el autobús de lujo consigue llegar a las oficinas donde debemos sellar nuestra salida de República Dominicana.

2014-05-05 13.07.07

Dos imágenes me vienen a la cabeza. Un supermercado en Puerto Príncipe donde un amigo me reta a encontrar productos que no vengan de República Dominicana o Estados Unidos (algunos quesos franceses encontré, pero poco, muy poco producto nacional). Y la conversación con Franck Saint Jean, responsable de Soberanía alimentaria de PAPDA (www.papda.org), en la que me contaba como el país pasó de ser autosuficiente a cubrir el 44 % de sus necesidades alimentarias por importaciones. Y República Dominicana es uno de los orígenes de esta importación.

Cientos de mujeres cargan todo tipo de productos de limpieza, cosmética o alimentación, entre muchos otros, para luego venderlos en los mercados y calles de Puerto Príncipe y otras ciudades y pueblos de Haití. Mi buen amigo el economista Camille Challmers sabe bien que esta situación no es fruto de la casualidad o la fatalidad, sino consecuencia de unas políticas comerciales y económicas determinadas. “Seguimos un modelo que debilita a los sectores productivos para beneficio de los importadores” declaraba hace poco más de un año a Ayiti Kale Ye (un medio local alternativo) en un artículo donde se analiza el papel de estos mercados inter-fronterizos (“Haití – República Dominicana: ¿Exportación o explotaciones?”).

La promoción del sector industrial textil de maquila para la exportación, la liberalización comercial impuesta por el Banco Mundial y el FMI durante las décadas de los 80 y 90, o la falta de política de apoyo a la producción local para los mercados locales, la falta de infraestructuras en las zonas rurales, más una élite económica, nacida del proceso de independencia y dedicada a la intermediación comercial, configuran algunas de las causas de esta situación.

2014-05-05 14.27.26

Pasamos la frontera y el goteo de camiones y camionetas no cesa. El asfalto se ha convertido en tierra, y el Lago Enriquillo ha sido sustituido por el Etagn Saumâtre. A medida que nos acercamos a Puerto Príncipe, dejando atrás la carretera sin asfaltar y sobre un asfalto cubierto de cráteres, todo se vuelve más familiar. Las vendedoras en la calle, el tráfico caótico, los estudiantes en uniforme,… Ya en Puerto Príncipe, reconozco calles y locales, un tráfico imposible, unas calles donde la vida desborda… y ya por fin una cara conocida que, con una gran sonrisa me viene a recoger el bus.

“Bienvenue a ton deuxième pays” me dice. “Mesi anpil” (muchas gracias en Kreol) contesto yo sin refutar lo de segundo país. Realmente me siento como en casa. Y tengo la sensación de que no ha pasado ni un día. Que estos 6 meses, en realidad, no me he ido.

2014-05-05 15.07.17

* Quisqueya, que quiere decir “la cuna de la vida”, es el nombre que los indígenas Tainos dieron a la isla, que también llamaban Ayiti (lugar montañoso) y que los españoles llamaron “La Española”. Ver más en Quisqueya, la cuna de la vida

 

Haití, más allá del terremoto

Artículo publicado en Alternativas Económicas, en Febrero 2014.

Captura de pantalla 2014-03-20 a les 23.57.27Cuando analizamos hoy la situación económica y social en Haití, centramos la mirada en las consecuencias del terremoto que el 12 de enero de 2010 dejó más de 217.000 víctimas mortales en Haití. El goudougoudou, como lo llaman para no nombrarlo en Haití, provocó costes y pérdidas estimadas en 7.800 millones de dólares, equivalente a más del 120% del PIB de 2009. A lo hay que añadir unos impactos sociales, e incluso políticos, devastadores. Tres millones de personas directamente afectadas, más de 300.000 hogares totalmente destruidos o gravemente afectados. A los seis meses del terremoto, un millón y medio de personas seguían sin hogar, 360.000 familias que vivían en 1.500 campos de desplazadas. En la capital, Puerto Príncipe, el 25 % de los funcionarios fallecieron en el terremoto, y el 60% de los edificios administrativos, el 80% de las escuelas y el 60% de los hospitales fueron gravemente dañados.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que el terremoto llegó para evidenciar y profundizar las deficiencias que ya existían en el país. Entre ellas, un Estado reducido a la mínima expresión, después de décadas de políticas neoliberales y ajustes del Fondo Monetario Internacional. Haití era descrito en 2009 por el Banco Mundial como un país “frágil” o “fallido”.  Ya antes del terremoto el 55% de los haitianos vivían con menos de 1.25 dólares al día y el 80% con menos de 2 dólares al día. Haití era además uno de los países más desiguales.

La catástrofe como oportunidad

Muchos esperaban en 2010 que la reconstrucción se convirtiera en una oportunidad para afrontar, no sólo los impactos directos del seísmo, sino los problemas estructurales de Haití. La enorme muestra de solidaridad internacional, con cifras récord de recaudación para ayuda humanitaria y promesas para reconstrucción, dejaba margen al optimismo. ONG, instituciones religiosas y fundaciones privadas recaudaron más de 3.000 millones de dólares. Gobiernos y agencias de cooperación multilaterales prometieron más de 13.000 millones para 2010-2020, de los cuales 6.373 millones para los dos primeros años (2010-2012).

Cuatro años más tarde, ese optimismo se desvanece ante una realidad poco esperanzadora. A diciembre de 2012, tan sólo el 66% de las promesas realizadas para 2010-2012 habían sido desembolsados. El Gobierno haitiano se felicitaba sin embargo por ello, pues en situaciones similares el nivel de desembolso de las promesas realizadas no suele superar el 50%.  A pesar del relativamente bajo nivel de desembolso, los recursos disponibles siguen siendo elevados y, por tanto, constituyen una oportunidad. Pero ¿para quien?

El embajador de Estados Unidos para Haití lo dejó claro cuando, tan sólo un mes después del terremoto, en un cable hecho publico por Wikileaks, exhortaba a las empresas norteamericanas a aprovechar la oportunidad de negocio que la reconstrucción en Haití podía suponer, bajo el titular de “la carrera por el oro ha empezado!”.

No se equivocaba. Según el Centro de Investigaciones Económicas y Políticas (CERP), hasta septiembre de 2012 tan sólo el 1.3% del valor contractual  de los proyectos de USAID (la agencia de cooperación bilateral de Estados Unidos) fueron concedidos a empresas haitianas. La Unión Europea sigue un patrón similar: el 76,7% del valor de los contratos concedidos por EuropeAid en 2010 y 2011 fue atribuido a empresas europeas.

¿Reconstrucción económica o capitalismo del desastre?

El terremoto y la epidemia de cólera que estalló en el país en 2010, llevaron a una contracción del 5.4% del PIB. La reconstrucción económica suponía uno de los principales retos de las autoridades haitianas. Y para ello han optado por una estrategia de atraer inversión extranjera y promover las exportaciones.

Bajo la bandera del “Open for business”, el lema más utilizado por el gobierno de Michel Martelly, se busca la entrada de inversores, tanto locales como extranjeros. Las estrategias combinan la inversión en producción de bananas y mangos para la exportación (en un país con un 70% de la población en situación de inseguridad alimentaria); el impulso de la explotación de oro a cielo abierto en el norte del país (el Banco Mundial prepara para el gobierno una nueva ley minera para facilitar el trabajo de empresas norteamericanas y canadienses); el impulso de zonas turísticas de enclave (con la atractiva promesa de 20 años de exenciones fiscales para las empresas turísticas extranjeras); y la construcción de hasta 10 nuevas zonas francas industriales.

Desde la década de los 80 se han creado 30 fábricas en diversos parques industriales en el país. La industria supone hoy un 20% del PIB, emplea a poco más del 10% de la fuerza laboral, y acumula el 85% de las exportaciones. Haití goza de un trato especial con Estados Unidos, donde exporta productos textiles sin tener que pagar aranceles.

Ropa fabricada para empresas como Levis o Fruit of the Loom que, como Wikileaks desveló, en 2009 habían presionado al gobierno haitiano con la ayuda de la administración Obama para mantener el salario mínimo en poco más de 80 gourdes al día (1,2€). Las movilizaciones masivas de los trabajadores consiguieron arrancar entonces una subida del salario mínimo a 200 gourdes al día (3.6€). Para Mirlen Joanis, del Centro de Promoción de Mujeres Obreras, además del salario de miseria, “las condiciones de trabajo en las fábricas son degradantes e inaceptables”, con casos frecuentes de acoso sexual y violación sistemática de las leyes laborales.

El proyecto insignia de esta estrategia es Caracol. La construcción de esta zona industrial se llevó 224 millones de dólares de fondos para la reconstrucción, a pesar de estar situado a cientos de kilómetros del epicentro del terremoto. De los 65.000 puestos de trabajo prometidos se han creado poco más de 2.000, el 34% con sueldos por debajo del salario mínimo.

La estrategia del gobierno de ampliar las zonas francas industriales no aportará además demasiados réditos al Estado, pues a las empresas se les garantiza exenciones de impuestos y aranceles. También a las empresas turísticas o mineras se les ofrece el mismo trato. Inversión sin impuestos. El propio FMI recomienda revisar dichas exenciones, pero “sin poner en peligro el interés de las empresas inversoras”.

Los retos económicos para Haití

“La fragilidad y la fragmentación del Estado Haitiano, los elevados niveles de pobreza y exclusión social en el país, la extrema dependencia de la ayuda internacional, no sólo a nivel macroeconómico, sino para proveer servicios básicos, y la profunda vulnerabilidad ambiental”, son los principales retos en Haití según el Banco Interamericano de Desarrollo. Para la sociedad civil haitiana, sin embargo, el reto es revertir las causas de esos problemas.

Para Camille Chalmers, economista haitiano, “la comunidad internacional, y el nuevo gobierno, han instrumentalizado el proceso de reconstrucción para acelerar transformaciones económicas a favor de sus intereses”. Recuperar, pues, la soberanía política y económica, para definir un modelo económico destinado a cubrir las necesidades de la mayoría de la población.

Haití ¿reconstrucción para quien?

La rutina es ya habitual. Después de la catástrofe natural, y según la dimensión de la tragedia, de la cobertura mediática, llega el desembarco de ONG, agencias humanitarias, incluso ejércitos. Todos ellos prometiendo una rápida y efectiva reconstrucción. En Haití el desastre humano fue mayúsculo (no por la magnitud del terremoto, sino por la del espolio que ese país había sufrido durante siglos, y que lo había convertido en más vulnerable ante huracanes y terremotos). Más de 217.000 víctimas mortales, 3 millones de afectadas, 1,5 millones de personas desplazadas, viviendo en más de 1500 campos. Según los cálculos del gobierno, los costes y pérdidas causadas por el terremoto se estiman en 7.800 millones de dólares, equivalente a más del 120% del PIB de 2009.

IMG_3777

Las ayudas y promesas de ayudas también fueron mayúsculas. ONG, instituciones religiosas y fundaciones privadas llegaron a recaudar más de 3 mil millones de dólares en los primeros meses. Gobiernos y agencias de cooperación multilaterales prometieron más de 13 mil millones para la década 2010-2020, de los cuales 6.373 millones para los dos primeros años (2010-2012). De todo ello, a finales de 2012 tan sólo un 60% se había desembolsado. Desde 2012 no hay enviado especial de Naciones Unidas en Haití, por lo que ya no tenemos ni datos oficiales del desembolso de la ayuda, ni monitoreo de la misma.

Sin embargo, y más allá de la eficacia de esa ayuda, otra maquinaria se puso en marcha. La de las oportunidades de negocio que ofrecía la reconstrucción. Read More…

El difícil reto de ser campesina en Haití

Publicado en El Ecologista N. 80 (Ecologistas en Acción)Más allá de desastres naturales, campesinos y campesinas se enfrontan diariamente a la falta de tierra, la explotación de los propietarios, la deforestación y los injustos acuerdos comerciales.

IMG_3649sel

Cooperativa de distribución de arroz en la Artibonite

Haití ha pasado, en poco más de dos siglos, de ser “la perla de las Antillas” al “país más pobre del hemisferio occidental”. Dos etiquetas que muestran la evolución de un país que a lo largo de los siglos ha sufrido múltiples injerencias extranjeras, que junto a la actuación interesada de sus élites, ha dejado más del 80% los haitianos y haitianas viviendo bajo el umbral de la pobreza.

Más allá del impacto del terremoto que en 2010 se llevó a más de 220.000 vidas, y dejó el país devastado, Haití ha sido empobrecido a través de la imposición de políticas económicas y comerciales en favor de una minoría, a menudo extranjera, y en detrimento de la mayoría de la población. Un ejemplo de ello es la situación de la agricultura en el país.

Sobrevivir de la agricultura

Haití es aún un país eminentemente agrícola. Y digo aún por que así es a pesar de los intentos de favorecer otros sectores económicos como la industria textil de exportación, la minería o el turismo de lujo.

La agricultura supone alrededor del 25% del PIB, i ocupa al 40% de los trabajadores haitianos, principalmente en explotaciones de pequeña escala de subsistencia. Según datos de 2005, el 25% de la población rural no posee tierra. “La forma predominante de organización de la agricultura en Haití no es tan sólo la de la pequeña explotación, sino sobretodo un modelo en el que los grandes propietarios de tierras, a menudo ausentes, hacen cultivar sus tierras por aparceros [en un sistema llamado demotié]”, según explica Fred Doura en su libro “Haití, historia de una extraversión dependiente organizada”. Éstos campesinos sin tierra son obligados a entregar a cambio al propietario una parte substancial de la producción bruta, alrededor de la mitad de la misma. Bajo este sistema, ni campesino ni propietario tienen incentivos para mejorar la productividad de la tierra.

A pesar de ello, en los años 70 Haití era un país autosuficiente, que exportaba parte de su producción agrícola. “Ahora el 70% de la población, casi 7 millones de personas, se encuentra en situación de inseguridad alimentaria, y 1.8 millones de personas en situación de inseguridad crónica. La producción agrícola haitiana no es suficiente para alimentar a la población y abastece algo más que el 44% de las necesidades de calorías alimentarias”. Franck Saint jean, responsable de Soberanía Alimentaria de PAPDA (Plataforma Haitiana por el Desarrollo Alternativo) sabe perfectamente que esta situación no se da a causa de catástrofes naturales o de una naturaleza poco generosa, si no fruto de una serie de políticas impuestas y de la actuación de las élites haitianas. “No se puede hablar de desarrollo o de lucha contra la pobreza sin hablar de reforma agraria” apostilla Frank Saint-Jean.

La herencia colonial

Según PAPDA, que trabaja codo a codo con diversas organizaciones campesinas, las causas fundamentales del problema agrícola no se encuentran sólo en las políticas más recientes. La imposición (y aceptación por parte de la naciente clase dominante haitiana) de la deuda de la independencia por parte de Francia para el reconocimiento del nuevo Estado Haitiano, después de una revuelta esclava que expulsó a los colonos, ató de pies y manos a dicha burguesía. Para poder afrontar la deuda mantuvieron un sistema de explotación de los campesinos, pues la plusvalía de la producción agrícola constituía la principal fuente para pagar dicha deuda. “Éste sistema incluyó facilidades desiguales en el acceso a la propiedad de la tierra”, derivando en el actual sistema de grandes propietarios rentistas versus campesinos sin tierra. La deuda se pagó además con la exportación de madera a Europa, sobre todo a Francia. “Un sistema que ha llevado a la sobreexplotación de los recursos naturales, a la erosión del suelo, a una baja producción de las tierras y, sobretodo, a un desprecio del agricultor”, se afirma desde PAPDA [i].

Un sistema que se inició en el siglo XVI cuando los colones españoles iniciaron el sistema de plantaciones con la caña de azúcar y que avanzó con la colonización francesa, que lo amplió al café, añil y tabaco. Un sistema se profundizó durante los casi 20 años de ocupación norteamericana (de 1915 a 1934), que conllevó la ampliación de la explotación de café, algodón y azúcar, además de iniciar la explotación de frutas tropicales como el plátano o el mango.

IMG_3661sel

Cultivo artesanal del arroz en la Artibonite

“Tè a fatige”, la tierra está cansada.

La población campesina no lo tiene fácil. Muchos complementan lo que les queda de la producción de subsistencia, con la explotación de los bosques para la producción de carbón vegetal. En este sector se repite el sistema de aparcero, pues el campesino sin tierras deben dar al propietario de los bosques explotados la mitad de lo obtenido por la venta del carbón. El carbón vegetal supone, junto a la madera, el 75% del consumo de energía del país[ii], y se calcula que unas 200.000 personas dependen del negocio del carbón.

IMG_2865

Transporte de Carbón vegetal desde el Sur del país hacia la capital, Port-au-Prince

La explotación agrícola y de madera para exportación, la producción de carbón vegetal, o los numerosos huracanes que cada año llegan al país, han dejado un paisaje devastado. Hoy queda menos del 4% de los bosques haitianos. “Tè a fatigue”, la tierra está cansada. Ese era el reto que el 70% de los agricultores haitianos respondieron en una encuesta en 2008 sobre los principales problemas agrícolas a los que se enfrentaban[iii].

Al repetir esa pregunta a diferentes organizaciones de campesinos y productores de arroz haitianos durante mi estancia en el país a finales de 2013, obtuve tres respuestas destacadas: mejorar la productividad, proteger la producción local modificando los acuerdos comerciales, y el acceso a la tierra.

Los productores de arroz de la región arrocera por excelencia, la Artibonite, agrupados en la red de cooperativas RAKPABA, apuntan a la necesidad de apoyos para mejorar la producción. Hablan de ayudas para solucionar los problemas de drenaje y canalización de agua, que con cada temporada de huracanes tienen que rehacer. De la necesidad de profundizar en el uso de fertilizantes orgánicos de producción local. La formación en agronomía en las provincias (ahora está centralizada en Puerto Príncipe) así como un sistema de seguros para la producción, hoy inexistente, están también en la lista de demandas.

Para Gerald Mathurin, un histórico líder del movimiento campesino del Sur del país –KROS-, el principal reto es generar puestos de trabajo dignos en el ámbito agrícola. “El Estado está totalmente ausente en las zonas rurales” afirma, “lo que deteriora aún más las condiciones generales de vida en provincias”. Para crear condiciones para el empleo digno en la agricultura cree necesario priorizar el uso de productos locales en escuelas y administraciones públicas, pero también una modificación profunda de las relaciones comerciales.

Durante la década de los 80 y 90, bajo el influjo del FMI y del Banco Mundial, se condicionó la ayuda a Haití a la aplicación de una serie de medidas como la adopción de acuerdos de libre comercio con Estados Unidos. Ello supuso la eliminación de restricciones cuantitativas a la importación de alimentos y la disminución de las tarifas aduaneras de estas importaciones. Una de las consecuencias fue la invasión de arroz estadounidense, subvencionado, que llega aún hoy en día a los mercados haitianos a un precio inferior que el producido en el país. La desestructuración del tejido agrícola, junto con la promoción de otras estrategias económicas, como la promoción de zonas francas industriales, generó una migración interna masiva de las zonas rurales a las urbanas, alimentando ese 75% de la población haitiana sin empleo o subempleada que vive en las Bidonvilles (favelas) de la capital.

IMG_2998

Arroz Norteamericano versus Arroz Haitiano en el mercado popular de Pestel

Finalmente, Ketlyn Alexandre, del Movimiento Campesino Papay –MPP-, reclama que una cuestión básica es el acceso a la tierra, especialmente para las mujeres. La lucha contra el acaparamiento de tierras es también una prioridad. En Haití dicho acaparamiento sucede sobretodo para la construcción de proyectos industriales o turísticos. La entrada de nuevos inversores, tanto locales como extranjeros, apoyados por el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo para promover la producción para la exportación de bananas o mangos, ha llevado también a casos crecientes de acaparamientos de tierras.

Ante esta situación el gobierno haitiano redujo en 2013 un 30% el presupuesto del ministerio de agricultura, a la vez que enarbolaba la bandera del “Open for business”, el lema más utilizado por el gobierno de Michel Martelly. Amparada por los Clinton, la estrategia “Abierto a los negocios” está también apoyada por el Consejo Presidencial Asesor sobre Crecimiento Económico e Inversión en Haití (PACEGI), del que forma parte el ex presidente español, José María Aznar[iv]. El objetivo del PACEGI es “transformar Haití de un lugar para ‘hacer caridad’ a un lugar para ‘hacer negocios’”. Y la agricultura familiar y sostenible, la que garantizaría la soberanía alimentaria de los haitianos y haitianas, no tiene cabida en dicha estrategia.


[i] Souveraineté alimentaire, PAPDA – http://www.papda.org/rubrique.php3?id_rubrique=1

[ii]The challenges of reforestation” Ayiti Kale Je, Noviembre 2013 http://www.ayitikaleje.org/haiti-grassroots-watch-engli/2013/11/19/the-challenges-of-reforestation.html

[iii] “Haití, el precio de la deforestación”, National Geographic, Noviembre 2008. http://www.nationalgeographic.com.es/2008/11/01/haiti_precio_deforestacion.html

[iv] “Aznar, el asesor de Haití” Eldiario.es, Abril 2013 http://www.eldiario.es/desalambre/blog/Aznar-asesor-Haiti_6_121147892.html

Haiti, four years after the earthquake: the mirage of reconstruction

Published in Spanish at Eldiario.es, 11 January 2014. Translated by Yolanda Segalés / Traduit per Yolanda Segalés

Whilst more than 170.000 people continue to live under canopies, reconstruction hub of activity focuses on luxury tourism, mining and on creating industrial areas.

76% of UE granted contracts for Haiti’s reconstruction in 2010 and 2011 were given out to European companies.

Criticism on Haiti’s government and civil society priorities being ignored arises when you ask in Haiti about International Cooperation.

Four years ago earth shook for 35 seconds in Haiti. Its epicenter at 25 km from Port-Au-Prince, the 7,3 earthquake on Richter scale took 220.000 lives. World was in commotion. After some time, whilst 80% of its population still live below poverty line and more than 170.000 people continue to sleep under canopies, reconstruction hub of activity focuses on luxury tourism, mining and on creating industrial areas. Read More…

Haití, cuatro años después del terremoto: el espejismo de la reconstrucción

eldiariodesalambrePublicado el ElDiario.es | Desalambre el 12 de enero de 2014

Mientras más de 170.000 personas continúan viviendo bajo las carpas, los ejes de la reconstrucción se han centrado en el turismo de lujo, la minería y la creación de zonas industriales

El 76% de los contratos concedidos por la UE para reconstruir Haití en 2010 y 2011 se entregaron a empresas europeas

La crítica al ‘ninguneo’ de las prioridades del gobierno y la sociedad civil haitiana salta cuando se pregunta en Haití sobre la cooperación internacional

Hace cuatro años la tierra tembló durante 35 segundos en Haití. Con el epicentro situado a 25 km de Puerto Príncipe, el seísmo de 7,3 grados en la escala de Richter se llevó más de 220.000 vidas por delante. El mundo se conmocionó. Pasado el tiempo, mientras más del 80% de la población sigue viviendo bajo el umbral de la pobreza y más de 170.000 personas continúan durmiendo bajo las carpas, los ejes de la reconstrucción se han centrado en el turismo de lujo, la minería y la creación de zonas industriales.

Leer todo el reportaje en ElDiario.es | Desalambre