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Haití es revolta (parcial … llegiu-lo complert a La Directa)

Arran del 5è aniversari del terratrèmol a Haití, publiquem a La Directa un article sobre l’actualitat política a aquell país. Aquí teniu un extracte d’aquest article. Si el voleu llegir sencer haureu d’anar al quiosc a partir del 13G, fer-vos subscriptores o esperar unes setmanes a que el publiquem a la web http://directa.cat

Haití es revolta

Cinc anys després del gran terratrèmol, Haití encara viu submisa en una multicrisi permanent i una ocupació estrangera de facto 

El darrer mes l’oposició haitiana, moviments socials i els sectors més desafavorits de la societat s’han manifestat en les principals ciutats del país gairebé diàriament. Les protestes han estat brutalment reprimides, no només per la policia nacional, sinó també pels cascos blaus de la missió permanent de les Nacions Unides a Haití, la Minustah. Amnistia Internacional ha denunciat la seva preocupació davant l’escalada de violència i l’ús de foc real indiscriminat contra la gent, tant per part de la policia com de soldats de la Minustah. Hi ha almenys un mort, que es conegui, i desenes de ferits.

Fa més de tres anys que el govern de Michel Martelly, que es va imposar als comicis del 2010 gràcies a una tupinada liderada pels Estats Units, hauria d’haver convocat eleccions municipals i legislatives. Enlloc d’això, s’ha dedicat a ocupar espais del poder públic, imposar els seus homes en càrrecs clau i a la majoria d’alcaldies, i governar cada vegada més dictatorialment, desplegant un programa neoliberal dur, protegit per la Minustah, l’ambaixada dels Estats Units, Canadà i França. Així ho explica el portaveu del sindicat i moviment obrer haitià Batay Ouvriye, Didier Dominique.

L’oposició reclama la convocatòria d’eleccions el més aviat possible, però només si es compleixen unes mínimes condicions de llibertat democràtica, de forma que una candidatura amb representació de les forces populars i un programa alternatiu al projecte neoliberal s’hi pugui presentar. En aquests moments les condicions no es compleixen i Martelly està intentant canviar la llei electoral per tal d’assegurar-se la permanència en el poder.

(…) El mandat de Martelly i Lamothe ha estat, des del començament, contestat al carrer amb nombroses manifestacions, generalment convocades per una combinació de forces lavalistes (Fanmi Lavalas és el partit fundat per Aristide) i d’altres agrupades en plataformes com el Moviment Patriòtic de l’Oposició Democràtica (MODOP).

Els moviments socials han donat més o menys suport a aquestes formacions depenent de l’ocasió, mentre que la majoria focalitzen les seves energies en protestes vinculades a l’imperant crisi social i humanitària. Precisament, el 12 de gener, Haití va commemorar el tràgic cinquè aniversari del terratrèmol amb una manifestació pel dret a l’habitatge. Cinc anys després del sisme encara hi ha 80.000 persones vivint sota les carpes dels camps de desplaçades, i centenars de milers de persones viuen en condicions d’insalubritat i inseguretat a les nombroses faveles o bidonvilles que poblen la zona metropolitana de Port-au-Prince.

Més al quiosc i ben aviat a http://directa.cat

El doble filo del turismo en Haití: convertir el paraíso en negocio

Dosier completo sobre Île-à-Vache y el turismo en Haití

Descargar Reportaje Ile-a-vache completo en pdf

Artículo publicado en ElDiario.es el 11 de agosto de 2014

Playas inexporadas en Île-à-Vache

Playas inexporadas en Île-à-Vache

“¿Te gusta Haití?”, preguntan a menudo los haitianos. “Es un país muy bello”. La respuesta les sorprende, acostumbrados a la imagen negativa que el mundo tiene de su país. Pero más allá de los tópicos sobre miseria, desastres naturales y conflictos que azotan Haití desde hace siglos, es un país que desborda belleza natural, convirtiéndolo en un activo para uno de los sectores económicos más dinámicos a nivel global pero con un doble filo: el turismo. Derribos, desplazamientos forzosos, o planes de macrocomplejos sin previo aviso son algunas de las denuncias que enturbian esta actividad.

El Gobierno haitiano se ha propuesto aprovechar el potencial turístico del país. En el marco de la estrategia “Haití, abierto a los negocios“, el gobierno haitiano ha fijado la vista en el turismo como una de las estrategias principales para “ estimular el crecimiento de la economía nacional“, centrando los esfuerzos en la atracción de inversiones extranjeras y en transformar la imagen de Haití de un lugar al que ayudar, a un lugar al que viajar y con el que hacer negocios. Para el Ministerio de Turismo los retos son de imagen: “La mala percepción de la que es víctima el país a nivel internacional y la inconsciencia de la población haitiana de las riquezas turísticas y de la importancia del sector para la economía nacional”.

Pero la percepción de una parte del pueblo haitiano es bien diferente: el sector crítico define el plan como una estrategia desarrollada en beneficio de una élite que no revertirá en las comunidades. Sus sospechas ponen el foco en hechos concretos, como que el gobierno garantice a las empresas extranjeras “ vacaciones fiscales” si invierten en turismo o 15 años sin pagar impuestos ni costes aduaneros.

El Ministerio de Turismo argumenta que además del empleo y la formación profesional que acompañan los proyectos turísticos, se negocia con los inversores para que estos inviertan “entre un 8 y un 10% de sus beneficios en proyectos vitales para la población”. Pero dichas inversiones y las promesas de trabajo digno raramente acaban cumpliéndose en Haití.

Con el fin de que así sea, algunas comunidades afectadas por los planes del gobierno están empezando a organizarse y movilizarse, bajo la premisa que, si es sin el pueblo, el crecimiento y el desarrollo no es para el pueblo. El principal ejemplo de esta tensión entre la estrategia del gobierno y las necesidades de la población local es el proyecto que se está llevando casi toda la atención de medios e inversores: Île-a-vache.

Cómo convertir el paraíso en negocio

Île-à-vache es lo que en el imaginario occidental definiríamos como un paraíso y, en palabras del Ministerio de Turismo, un verdadero tesoro: “Île-à-vache representa una de las últimas auténticas islas del tesoro de todo el Caribe. Natural, no explorada, no explotada y del todo única; se trata de un verdadero paraíso en estado puro, una rareza en el mundo de hoy”.

El plan para Île-a-vache incluye la construcción de 1.200 plazas turísticas, una carretera, un aeropuerto, un campo de golf, un puerto, electrificación, pozos de agua y diversas infraestructuras sociales. Parte de las infraestructuras van a ser pagadas con fondos venezolanos de PetroCaribe. El proyecto se presenta bajo etiquetas como: turismo sostenible de baja intensidad, respeto a la integridad cultural y ambiental de la zona, espíritu comunitario o reparto equitativo de los beneficios. Pero la población de Île-à-Vache tiene razones para desconfiar de esas etiquetas.

Disculpen, aquí vive gente

“No nos oponemos al turismo, sabemos que con el turismo llegaran hospitales y escuelas, pero este proyecto es demasiado grande para la isla”, se lamenta Antoine Pierre, un joven que participa en una de las actividades informativas que ha preparado KOPI, el colectivo campesino de Île-a-vache. La población se siente abrumada y ninguneada.

“En mayo de 2013 el gobierno declara la Isla ‘zona reservada para el desarrollo turístico’. Nos enteramos porque vinieron en agosto a poner la primera piedra del aeropuerto. Sin el aval de la población de la isla. Este proyecto no es para nosotros”. El joven Laini Marcdonald, uno de los líderes de KOPI, se reunió junto con otros líderes comunitarios con la ministra de turismo. “En diez minutos liquidó el problema, sin explicaciones, sin aclarar la viabilidad social del proyecto”. Pocos días antes habían visto como, sin previo aviso, las excavadoras empezaban la construcción de la carretera, arrasando cultivos a su paso.

El propio plan del Gobierno para Île-à-vache establece que “nos aseguramos siempre de consultar a los vecinos inmediatos e iniciar un diálogo constructivo”. Desde el Ministerio afirman que “el proyecto ha sido diseñado para los residentes de la comunidad y será ejecutado con su participación”. Sin embargo, la falta de vías de participación e información en las primeras etapas del proceso ha llevado a las especulaciones y al rechazo.

En diciembre de 2013 empezaron las movilizaciones en la isla contra los planes del gobierno. De 10 policías se pasó a medio centenar de fuerzas especiales para reprimir las primeras manifestaciones, que se han quedado en la isla. La población habla de militarización y hay diversas denuncias de lesiones contra la policía.

Uno de los momentos más tensos ocurrió en febrero de 2014, cuando fue detenido Jean Matulnès Lamy, líder de la comunidad y muy activo en la radio comunitaria local, así como en las movilizaciones contra el proyecto. No hay cargos contra él y meses después sigue en la cárcel. Su padre, a quien todos llaman “Papa Maltunès” pide justicia: “si es culpable que sea juzgado como tal, pero ahora lo tienen retenido sólo por su oposición al proyecto”.

“Si nos quitan la agricultura ¿cómo viviremos?”

Uno de los temas más espinosos es el de las expropiaciones y el desplazamiento de la población. En las reuniones organizadas por KOPI y a las que asisten centenares de ciudadanas, corre como la pólvora el rumor de que “sólo 5 familias de agricultores y 5 familias de pescadores de cada localidad serán seleccionadas para poder trabajar por los hoteles, el resto tendrán que marcharse”.

El Ministerio es tajante en esta cuestión: “No existen ningún plan de relocalización de los habitantes fuera de Île-à-Vache. Vamos a reubicar a aquellas familias cuyas viviendas se verán afectadas por la construcción de zonas hoteleras (estamos hablando de un centenar de casas) a zonas en Ile-a-Vache que el Gobierno les brinde con servicios básicos”. El problema es que nadie sabe qué familias ni cómo ni cuando. En Madame Bernard, la principal localidad de la isla, se han empezado a marcar algunas casas para su derribo, pero las familias que las habitan no han sido informadas aún.

Casas marcadas para ser derrumbadas en Madame Bernard, Île-à-vache

Casas marcadas para ser derrumbadas en Madame Bernard, Île-à-vache

“Si nos desposeen de la agricultura y la pesca ¿cómo viviremos? Es un genocidio cultural y un suicidio colectivo aceptar este proyecto” se indigna Laini. “Nos quieren convertir en obreros agrícolas al servicio de los hoteles ¡nosotros somos agricultores!” añade Antoine.

“Ésta isla ha sido abandonada por el gobierno durante décadas, y ahora nos prometen escuelas, hospitales, pozos de agua potable y centros comunitarios” añade Kenold, también de KOPI, que se une a la conversación. De camino a una de las reuniones informativas que han organizado en la isla, insisten en que no están en contra de los visitantes, pero la condición es que la población se beneficie de ello.

El gobierno, al ser preguntado por los beneficios para la población, habla de empleo, de programas de pesca, agricultura y formación, de agua potable y energía solar. Pero en Île-à-Vache desconfían de las promesas del Ministerio. Confían, eso sí, en que ganarán esta batalla: “Las obras de la carretera y el aeropuerto ya están paradas por las movilizaciones. ¡Claro que somos optimistas!”, sonríe Kenold.

Mujeres cantan en reunión informativa sobre el proyecto Île-à-vache: “Tenemos patatas, tenemos pescado, no necesitamos este proyecto"

Mujeres cantan en reunión informativa sobre el proyecto Île-à-vache: “Tenemos patatas, tenemos pescado, no necesitamos este proyecto”

 

La honestidad en tiempos del cólera

Este breve artículo es respuesta del artículo “Una nueva esperanza para Haiti” publicado por Ban Ki-Moon en El País (4/08/2014)

El Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, visitó Haití recientemente. Como buen embajador, aprovechó para anunciar a bombo y platillo una campaña de lucha contra el cólera (que se había anunciado ya en 2012 y lleva un año en funcionamiento) y compartió con los medios su visión sobre el buen trabajo que están haciendo en Haití los organismos de Naciones Unidas y los cascos azules de la MINUSTAH (la Misión de Naciones Unidas de Estabilización para Haití).

Olvidó en su lectura de lo que sucede en Haití que fueron precisamente los cascos azules de Naciones Unidas los que causaron la epidemia de Cólera en octubre de 2010 por una criminal negligencia, al no proveer a sus destacamentos con la infraestructura de saneamiento necesaria y permitir que soldados nepalís infectados de cólera viajasen al país. Criminal negligencia que se ha llevado 8.500 vidas por delante y más de 700.000 infectados. Olvidó decir que Naciones Unidas ha denegado toda responsabilidad argumentando que gozan de inmunidad en sus misiones. Olvidó también las numerosas denuncias por violaciones de derechos humanos y agresiones sexuales por parte de los cascos azules en el país [ver artículo sobre la MINUSTAH y derechos humanos en este mismo blog)

Obviamente no es de esperar que Ban Ki-Moon se centre en los aspectos no tan positivos del papel de Naciones Unidas en el país caribeño, pero si sorprende el nivel de cinismo al que llega el que obvia una parte tan relevante de la realidad.

Manifestación contra la MINUSTAH 2011. Fotografia por Ansel 19/10/2011 www.flickr.com/photos/mediahacker

Manifestación contra la MINUSTAH 2011. Fotografia por Ansel 19/10/2011 www.flickr.com/photos/mediahacker

Los otros terremotos que hundieron Haití

Publicado en Diagonal, 30/06/2014

HaitiDiagonal

“Desde el primer momento que la Minustah puso un pie en tierra haitiana, sus tropas han violado de forma sistemática los derechos humanos”. Lo dice Monica Riet, uruguaya, que el pasado 6 de mayo se encontraba en Puerto Príncipe como militante de la Coordinadora latinoamericana por la retirada de las tropas de la Minustah, la misión de Na­cio­nes Unidas por la Estabi­liza­ción de Haití. “Es un genocidio silencioso que va más allá de la ocupación militar”, añadía indignada por la participación de tropas uruguayas en la operación militar de la ONU.

La epidemia de cólera iniciada en uno de sus cuarteles a finales de 2010, que se ha cobrado ya más de 8.500 víctimas mortales y más de 700.000 casos de contagio, junto con las numerosas denuncias de agresiones sexuales, la militarización de los barrios populares o su participación en numerosos actos de represión sobre la sociedad civil, se cuentan entre los muchos motivos del rechazo mayoritario a la presencia de estas tropas extranjeras en el país.

Desde las elecciones de 2000, en las que Jean-Bertrand Aristide volvió a la presidencia tras unos comicios contestados por igual por la sociedad civil haitiana y por la comunidad internacional, Haití había vivido numerosas movilizaciones contra el Go­bierno, que derivaron en una fuerte escalada de violencia entre 2003 y 2004. Entre otros, grupos paramilitares financiados desde EE UU avivaron el conflicto hasta la intervención internacional. En febrero de 2004, el presidente Aristide volvía a dejar el país, de forma involuntaria, en un avión estadounidense. Tropas de EE UU, Canadá, Francia y Chile llegaban al país al día siguiente, precediendo el despliegue de la Minustah pocos meses más tarde. Una década después, la Minustah sigue en Haití, con tropas y policías de 50 países, principalmente latinoamericanos y asiáticos, bajo el liderazgo de Brasil.

La presencia de tropas extranjeras en Haití es tan sólo una de las múltiples injerencias políticas y económicas que ha sufrido el país en los dos últimos siglos. La devastación que provocó el terremoto de enero de 2010 no se puede entender sin esas injerencias. Beverly Bell, militante pro derechos humanos de Nueva Orleans, lo describe sin rodeos: “La astronómica destrucción en Haití puede ser rastreada hasta la violencia estructural, las políticas y sistemas que reflejan el colonialismo, imperialismo, racismo y patriarcado, y que se sienten de forma áspera y marcada en las vidas de los más pobres”. Polí­ticas que han continuado después del seísmo, ejemplificando nítidamente lo que Naomi Klein llamó “capitalismo del desastre”.

Tras el desastre, el negocio

El terremoto provocó más de 217.000 víctimas mortales y 1,5 millones de personas se quedaron sin hogar. Los costes y pérdidas causadas por el seísmo se estiman en 7.800 millones de dólares, equivalente a más del 120% del PIB haitiano de 2009. Pero más allá del nivel de de-sembolso prometido –alrededor del 60% en los dos primeros años– y de la eficacia de esa ayuda, otra maquinaria se puso en marcha: la del negocio que ofrecía la reconstrucción. Lo que el embajador de EE UU en Haití llamó “la carrera por el oro”.

No se equivocaba. Entre 2010 y 2012, tan sólo el 1,3% del valor contractual de los proyectos de la USAID fueron concedidos a contrapartes haitianas, según el Centro de Investigaciones Económicas y Polí­ticas. De las inversiones de USAID en Haití en 2013, más del 85% fueron a empresas y ONG norteamericanas. La Unión Europea sigue un patrón similar: en 2010 y 2011, el 76,7% del valor de los contratos de EuropeAid en Haití fueron para empresas europeas.

En el negocio de la reconstrucción destacan además los proyectos vinculados a lo que el Gobierno de Michel Martelly ha bautizado como “Haití: open for business”.

Abierto a los negocios

Amparada por los Clinton, la estrategia “abierto a los negocios” se ha dotado de una serie de apoyos institucionales entre los que destacan el Centro de Promoción de Inver­siones y el Consejo Presidencial Asesor sobre Crecimiento Econó­mico e In­versión en Haití, del que forma parte el expresidente José Ma­ría Aznar.

Ejemplos de cómo se está gestionando la reconstrucción son la minería, el turismo y la industria textil. Las reservas mineras de Haití, fundamentalmente de oro, han levantado interés entre empresas canadienses y de EE UU. Éstas han desembarcado ya en el país con la ayuda del Banco Mundial, que apoya financieramente y ayuda a redactar la nueva ley de minería. Sin información ni consultas a la población, han empezado ya las exploraciones en el norte del país, no sin resistencia de la población, que se empieza a organizar frente a esta nueva amenaza. En el sector turístico se han financiado con fondos para la reconstrucción, privados y públicos, numerosos hoteles y proyectos. Uno de ellos ha sido la construcción del primer hotel de cinco estrellas de la capital haitiana, Royal Oasis, con fondos de la Bush Clinton Haiti ­Fund recaudados para la reconstrucción del país y gestionado por la cadena española Occidental Hoteles. El Banco Mundial acaba de otorgar 45 millones de dólares para desarrollo turístico y está cofinanciando la construcción de otro hotel de lujo junto con la cadena hotelera Marriot. Vene­zuela, con fondos de Petroc­a­ribe, es uno de los financiadores del proyecto turístico de Île-à-Vache, fuertemente contestado por la población afectada.

En el ámbito de la industria, la estrategia es la construcción de, al menos, diez nuevas zonas francas industriales. Algunas de ellas como la de Caracol, en el norte del país, con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y otros fondos para la reconstrucción. Haití cuenta ya con más de 30 fábricas, principalmente textiles, que gozan de condiciones favorables para la exportación a EE UU, ya que no pagan aranceles. Se­gún Mirlen Joanis, del Centro de Promoción de Mujeres Obreras, “las condiciones de trabajo son degradantes y a menudo se dan casos de acoso sexual en los lugares de trabajo, a lo que hay que añadir la violación sistemática de las leyes que marcan las condiciones laborales”, incluyendo la prohibición de la práctica de organización sindical.

Allí se cosen productos para empresas como Levi’s o Fruit of the Loom, que en 2009 presionaban al Gobierno haitiano, con la ayuda de la Administración de EE UU, para mantener el salario mínimo en poco más de 80 gourdes al día (1,2 euros). Las movilizaciones masivas de las trabajadoras consiguieron arrancar entonces una subida de 200 gourdes al día (3,6 euros). Ante el mísero incremento en 2013 de 25 gourdes (menos de medio euro), las trabajadoras de las zonas industriales de Puerto Príncipe iniciaron nuevas movilizaciones. Reclaman un salario mínimo de al menos 500 gourdes al día (8,3 euros) y derecho a la seguridad social. La cesta mínima de comida tiene un coste de 429 gourdes, y el coste de vida (incluyendo vivienda, transporte y otros gastos) está por encima de los 1.000 gourdes al día.

Presumir de salarios bajos

De hecho, el Gobierno haitiano presume públicamente de tener salarios más bajos que México, República Dominicana, India o incluso China y Paquistán, y tan sólo unos céntimos de dólar por encima de Bangladesh o Camboya, por más horas anuales de trabajo. Presumen también de ofrecer condiciones excepcionales a las empresas inversoras: 0% de impuestos sobre los beneficios, 0% sobre las ventas y 0% de impuestos añadidos. Unas condiciones que se repiten para las empresas turísticas que inviertan en el país. Según el propio FMI, dichas exenciones se deberían revisar para incrementar los ingresos fiscales del Estado, pero siempre “sin poner en peligro el interés de las empresas inversoras”.

Para Nixon Boumba, activista del Movimiento Democrático Popular, “la reconstrucción en Haití se ha convertido en una vasta operación de capitalismo del desastre, que no busca socorrer a las víctimas, sino servirse de las víctimas y de la catástrofe para hacer beneficios”.

Otros terremotos historicos

Colonización española (1492 – 1695). Los españoles exterminaron a la población indígena, los taínos, e iniciaron la trata de esclavos y explotación de recursos naturales.

Colonización francesa (1695 – 1803). Los franceses intensifican la trata de esclavos (llegan unos 400.000) e imponen la cultura de la plantación, iniciando el proceso de deforestación.

La deuda de la independencia (1825). Francia impone una indemnización de 150 millones de francos-oro (reducido más tarde a 60 millones) a Haití por los daños tras la independencia.

Ocupación de EE UU (1914 – 1935). Estados Unidos ocupa Haití para tomar control de su banco central y relanza la cultura de la plantación (y la deforestación).

François y Claude Duvalier (1957 – 1986). François Duvalier y, tras él, su hijo Jean Claude gobiernan con mano de hierro Haití con la complicidad de EE UU y el apoyo del FMI y el Banco Mundial.

Golpe contra Aristide (1991 – 1994). En septiembre de 1991, un golpe de Estado, apoyado desde Estados Unidos, derroca a Jean-Bertrand Aristide ocho meses después de ser elegido. La Junta Militar hace de­saparecer al menos a 5.000 personas. Aristide retorna al país en 1994 bajo las condiciones impuestas por EE UU.

El reinado del FMI (1980 – 2014). Desde 1980, el Fondo Monetario Internacional ha impuesto en Haití programas de ajuste estructural con medidas como liberalización comercial, desregulación laboral, eliminación de impuestos para empresas extranjeras, privatización de servicios y empresas públicas.

Última ocupación (2004 – 2014). La Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minustah) mantiene una ocupación que suma múltiples denuncias por violaciones de derechos humanos.

Haití, más allá del terremoto

Artículo publicado en Alternativas Económicas, en Febrero 2014.

Captura de pantalla 2014-03-20 a les 23.57.27Cuando analizamos hoy la situación económica y social en Haití, centramos la mirada en las consecuencias del terremoto que el 12 de enero de 2010 dejó más de 217.000 víctimas mortales en Haití. El goudougoudou, como lo llaman para no nombrarlo en Haití, provocó costes y pérdidas estimadas en 7.800 millones de dólares, equivalente a más del 120% del PIB de 2009. A lo hay que añadir unos impactos sociales, e incluso políticos, devastadores. Tres millones de personas directamente afectadas, más de 300.000 hogares totalmente destruidos o gravemente afectados. A los seis meses del terremoto, un millón y medio de personas seguían sin hogar, 360.000 familias que vivían en 1.500 campos de desplazadas. En la capital, Puerto Príncipe, el 25 % de los funcionarios fallecieron en el terremoto, y el 60% de los edificios administrativos, el 80% de las escuelas y el 60% de los hospitales fueron gravemente dañados.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que el terremoto llegó para evidenciar y profundizar las deficiencias que ya existían en el país. Entre ellas, un Estado reducido a la mínima expresión, después de décadas de políticas neoliberales y ajustes del Fondo Monetario Internacional. Haití era descrito en 2009 por el Banco Mundial como un país “frágil” o “fallido”.  Ya antes del terremoto el 55% de los haitianos vivían con menos de 1.25 dólares al día y el 80% con menos de 2 dólares al día. Haití era además uno de los países más desiguales.

La catástrofe como oportunidad

Muchos esperaban en 2010 que la reconstrucción se convirtiera en una oportunidad para afrontar, no sólo los impactos directos del seísmo, sino los problemas estructurales de Haití. La enorme muestra de solidaridad internacional, con cifras récord de recaudación para ayuda humanitaria y promesas para reconstrucción, dejaba margen al optimismo. ONG, instituciones religiosas y fundaciones privadas recaudaron más de 3.000 millones de dólares. Gobiernos y agencias de cooperación multilaterales prometieron más de 13.000 millones para 2010-2020, de los cuales 6.373 millones para los dos primeros años (2010-2012).

Cuatro años más tarde, ese optimismo se desvanece ante una realidad poco esperanzadora. A diciembre de 2012, tan sólo el 66% de las promesas realizadas para 2010-2012 habían sido desembolsados. El Gobierno haitiano se felicitaba sin embargo por ello, pues en situaciones similares el nivel de desembolso de las promesas realizadas no suele superar el 50%.  A pesar del relativamente bajo nivel de desembolso, los recursos disponibles siguen siendo elevados y, por tanto, constituyen una oportunidad. Pero ¿para quien?

El embajador de Estados Unidos para Haití lo dejó claro cuando, tan sólo un mes después del terremoto, en un cable hecho publico por Wikileaks, exhortaba a las empresas norteamericanas a aprovechar la oportunidad de negocio que la reconstrucción en Haití podía suponer, bajo el titular de “la carrera por el oro ha empezado!”.

No se equivocaba. Según el Centro de Investigaciones Económicas y Políticas (CERP), hasta septiembre de 2012 tan sólo el 1.3% del valor contractual  de los proyectos de USAID (la agencia de cooperación bilateral de Estados Unidos) fueron concedidos a empresas haitianas. La Unión Europea sigue un patrón similar: el 76,7% del valor de los contratos concedidos por EuropeAid en 2010 y 2011 fue atribuido a empresas europeas.

¿Reconstrucción económica o capitalismo del desastre?

El terremoto y la epidemia de cólera que estalló en el país en 2010, llevaron a una contracción del 5.4% del PIB. La reconstrucción económica suponía uno de los principales retos de las autoridades haitianas. Y para ello han optado por una estrategia de atraer inversión extranjera y promover las exportaciones.

Bajo la bandera del “Open for business”, el lema más utilizado por el gobierno de Michel Martelly, se busca la entrada de inversores, tanto locales como extranjeros. Las estrategias combinan la inversión en producción de bananas y mangos para la exportación (en un país con un 70% de la población en situación de inseguridad alimentaria); el impulso de la explotación de oro a cielo abierto en el norte del país (el Banco Mundial prepara para el gobierno una nueva ley minera para facilitar el trabajo de empresas norteamericanas y canadienses); el impulso de zonas turísticas de enclave (con la atractiva promesa de 20 años de exenciones fiscales para las empresas turísticas extranjeras); y la construcción de hasta 10 nuevas zonas francas industriales.

Desde la década de los 80 se han creado 30 fábricas en diversos parques industriales en el país. La industria supone hoy un 20% del PIB, emplea a poco más del 10% de la fuerza laboral, y acumula el 85% de las exportaciones. Haití goza de un trato especial con Estados Unidos, donde exporta productos textiles sin tener que pagar aranceles.

Ropa fabricada para empresas como Levis o Fruit of the Loom que, como Wikileaks desveló, en 2009 habían presionado al gobierno haitiano con la ayuda de la administración Obama para mantener el salario mínimo en poco más de 80 gourdes al día (1,2€). Las movilizaciones masivas de los trabajadores consiguieron arrancar entonces una subida del salario mínimo a 200 gourdes al día (3.6€). Para Mirlen Joanis, del Centro de Promoción de Mujeres Obreras, además del salario de miseria, “las condiciones de trabajo en las fábricas son degradantes e inaceptables”, con casos frecuentes de acoso sexual y violación sistemática de las leyes laborales.

El proyecto insignia de esta estrategia es Caracol. La construcción de esta zona industrial se llevó 224 millones de dólares de fondos para la reconstrucción, a pesar de estar situado a cientos de kilómetros del epicentro del terremoto. De los 65.000 puestos de trabajo prometidos se han creado poco más de 2.000, el 34% con sueldos por debajo del salario mínimo.

La estrategia del gobierno de ampliar las zonas francas industriales no aportará además demasiados réditos al Estado, pues a las empresas se les garantiza exenciones de impuestos y aranceles. También a las empresas turísticas o mineras se les ofrece el mismo trato. Inversión sin impuestos. El propio FMI recomienda revisar dichas exenciones, pero “sin poner en peligro el interés de las empresas inversoras”.

Los retos económicos para Haití

“La fragilidad y la fragmentación del Estado Haitiano, los elevados niveles de pobreza y exclusión social en el país, la extrema dependencia de la ayuda internacional, no sólo a nivel macroeconómico, sino para proveer servicios básicos, y la profunda vulnerabilidad ambiental”, son los principales retos en Haití según el Banco Interamericano de Desarrollo. Para la sociedad civil haitiana, sin embargo, el reto es revertir las causas de esos problemas.

Para Camille Chalmers, economista haitiano, “la comunidad internacional, y el nuevo gobierno, han instrumentalizado el proceso de reconstrucción para acelerar transformaciones económicas a favor de sus intereses”. Recuperar, pues, la soberanía política y económica, para definir un modelo económico destinado a cubrir las necesidades de la mayoría de la población.

El difícil reto de ser campesina en Haití

Publicado en El Ecologista N. 80 (Ecologistas en Acción)Más allá de desastres naturales, campesinos y campesinas se enfrontan diariamente a la falta de tierra, la explotación de los propietarios, la deforestación y los injustos acuerdos comerciales.

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Cooperativa de distribución de arroz en la Artibonite

Haití ha pasado, en poco más de dos siglos, de ser “la perla de las Antillas” al “país más pobre del hemisferio occidental”. Dos etiquetas que muestran la evolución de un país que a lo largo de los siglos ha sufrido múltiples injerencias extranjeras, que junto a la actuación interesada de sus élites, ha dejado más del 80% los haitianos y haitianas viviendo bajo el umbral de la pobreza.

Más allá del impacto del terremoto que en 2010 se llevó a más de 220.000 vidas, y dejó el país devastado, Haití ha sido empobrecido a través de la imposición de políticas económicas y comerciales en favor de una minoría, a menudo extranjera, y en detrimento de la mayoría de la población. Un ejemplo de ello es la situación de la agricultura en el país.

Sobrevivir de la agricultura

Haití es aún un país eminentemente agrícola. Y digo aún por que así es a pesar de los intentos de favorecer otros sectores económicos como la industria textil de exportación, la minería o el turismo de lujo.

La agricultura supone alrededor del 25% del PIB, i ocupa al 40% de los trabajadores haitianos, principalmente en explotaciones de pequeña escala de subsistencia. Según datos de 2005, el 25% de la población rural no posee tierra. “La forma predominante de organización de la agricultura en Haití no es tan sólo la de la pequeña explotación, sino sobretodo un modelo en el que los grandes propietarios de tierras, a menudo ausentes, hacen cultivar sus tierras por aparceros [en un sistema llamado demotié]”, según explica Fred Doura en su libro “Haití, historia de una extraversión dependiente organizada”. Éstos campesinos sin tierra son obligados a entregar a cambio al propietario una parte substancial de la producción bruta, alrededor de la mitad de la misma. Bajo este sistema, ni campesino ni propietario tienen incentivos para mejorar la productividad de la tierra.

A pesar de ello, en los años 70 Haití era un país autosuficiente, que exportaba parte de su producción agrícola. “Ahora el 70% de la población, casi 7 millones de personas, se encuentra en situación de inseguridad alimentaria, y 1.8 millones de personas en situación de inseguridad crónica. La producción agrícola haitiana no es suficiente para alimentar a la población y abastece algo más que el 44% de las necesidades de calorías alimentarias”. Franck Saint jean, responsable de Soberanía Alimentaria de PAPDA (Plataforma Haitiana por el Desarrollo Alternativo) sabe perfectamente que esta situación no se da a causa de catástrofes naturales o de una naturaleza poco generosa, si no fruto de una serie de políticas impuestas y de la actuación de las élites haitianas. “No se puede hablar de desarrollo o de lucha contra la pobreza sin hablar de reforma agraria” apostilla Frank Saint-Jean.

La herencia colonial

Según PAPDA, que trabaja codo a codo con diversas organizaciones campesinas, las causas fundamentales del problema agrícola no se encuentran sólo en las políticas más recientes. La imposición (y aceptación por parte de la naciente clase dominante haitiana) de la deuda de la independencia por parte de Francia para el reconocimiento del nuevo Estado Haitiano, después de una revuelta esclava que expulsó a los colonos, ató de pies y manos a dicha burguesía. Para poder afrontar la deuda mantuvieron un sistema de explotación de los campesinos, pues la plusvalía de la producción agrícola constituía la principal fuente para pagar dicha deuda. “Éste sistema incluyó facilidades desiguales en el acceso a la propiedad de la tierra”, derivando en el actual sistema de grandes propietarios rentistas versus campesinos sin tierra. La deuda se pagó además con la exportación de madera a Europa, sobre todo a Francia. “Un sistema que ha llevado a la sobreexplotación de los recursos naturales, a la erosión del suelo, a una baja producción de las tierras y, sobretodo, a un desprecio del agricultor”, se afirma desde PAPDA [i].

Un sistema que se inició en el siglo XVI cuando los colones españoles iniciaron el sistema de plantaciones con la caña de azúcar y que avanzó con la colonización francesa, que lo amplió al café, añil y tabaco. Un sistema se profundizó durante los casi 20 años de ocupación norteamericana (de 1915 a 1934), que conllevó la ampliación de la explotación de café, algodón y azúcar, además de iniciar la explotación de frutas tropicales como el plátano o el mango.

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Cultivo artesanal del arroz en la Artibonite

“Tè a fatige”, la tierra está cansada.

La población campesina no lo tiene fácil. Muchos complementan lo que les queda de la producción de subsistencia, con la explotación de los bosques para la producción de carbón vegetal. En este sector se repite el sistema de aparcero, pues el campesino sin tierras deben dar al propietario de los bosques explotados la mitad de lo obtenido por la venta del carbón. El carbón vegetal supone, junto a la madera, el 75% del consumo de energía del país[ii], y se calcula que unas 200.000 personas dependen del negocio del carbón.

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Transporte de Carbón vegetal desde el Sur del país hacia la capital, Port-au-Prince

La explotación agrícola y de madera para exportación, la producción de carbón vegetal, o los numerosos huracanes que cada año llegan al país, han dejado un paisaje devastado. Hoy queda menos del 4% de los bosques haitianos. “Tè a fatigue”, la tierra está cansada. Ese era el reto que el 70% de los agricultores haitianos respondieron en una encuesta en 2008 sobre los principales problemas agrícolas a los que se enfrentaban[iii].

Al repetir esa pregunta a diferentes organizaciones de campesinos y productores de arroz haitianos durante mi estancia en el país a finales de 2013, obtuve tres respuestas destacadas: mejorar la productividad, proteger la producción local modificando los acuerdos comerciales, y el acceso a la tierra.

Los productores de arroz de la región arrocera por excelencia, la Artibonite, agrupados en la red de cooperativas RAKPABA, apuntan a la necesidad de apoyos para mejorar la producción. Hablan de ayudas para solucionar los problemas de drenaje y canalización de agua, que con cada temporada de huracanes tienen que rehacer. De la necesidad de profundizar en el uso de fertilizantes orgánicos de producción local. La formación en agronomía en las provincias (ahora está centralizada en Puerto Príncipe) así como un sistema de seguros para la producción, hoy inexistente, están también en la lista de demandas.

Para Gerald Mathurin, un histórico líder del movimiento campesino del Sur del país –KROS-, el principal reto es generar puestos de trabajo dignos en el ámbito agrícola. “El Estado está totalmente ausente en las zonas rurales” afirma, “lo que deteriora aún más las condiciones generales de vida en provincias”. Para crear condiciones para el empleo digno en la agricultura cree necesario priorizar el uso de productos locales en escuelas y administraciones públicas, pero también una modificación profunda de las relaciones comerciales.

Durante la década de los 80 y 90, bajo el influjo del FMI y del Banco Mundial, se condicionó la ayuda a Haití a la aplicación de una serie de medidas como la adopción de acuerdos de libre comercio con Estados Unidos. Ello supuso la eliminación de restricciones cuantitativas a la importación de alimentos y la disminución de las tarifas aduaneras de estas importaciones. Una de las consecuencias fue la invasión de arroz estadounidense, subvencionado, que llega aún hoy en día a los mercados haitianos a un precio inferior que el producido en el país. La desestructuración del tejido agrícola, junto con la promoción de otras estrategias económicas, como la promoción de zonas francas industriales, generó una migración interna masiva de las zonas rurales a las urbanas, alimentando ese 75% de la población haitiana sin empleo o subempleada que vive en las Bidonvilles (favelas) de la capital.

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Arroz Norteamericano versus Arroz Haitiano en el mercado popular de Pestel

Finalmente, Ketlyn Alexandre, del Movimiento Campesino Papay –MPP-, reclama que una cuestión básica es el acceso a la tierra, especialmente para las mujeres. La lucha contra el acaparamiento de tierras es también una prioridad. En Haití dicho acaparamiento sucede sobretodo para la construcción de proyectos industriales o turísticos. La entrada de nuevos inversores, tanto locales como extranjeros, apoyados por el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo para promover la producción para la exportación de bananas o mangos, ha llevado también a casos crecientes de acaparamientos de tierras.

Ante esta situación el gobierno haitiano redujo en 2013 un 30% el presupuesto del ministerio de agricultura, a la vez que enarbolaba la bandera del “Open for business”, el lema más utilizado por el gobierno de Michel Martelly. Amparada por los Clinton, la estrategia “Abierto a los negocios” está también apoyada por el Consejo Presidencial Asesor sobre Crecimiento Económico e Inversión en Haití (PACEGI), del que forma parte el ex presidente español, José María Aznar[iv]. El objetivo del PACEGI es “transformar Haití de un lugar para ‘hacer caridad’ a un lugar para ‘hacer negocios’”. Y la agricultura familiar y sostenible, la que garantizaría la soberanía alimentaria de los haitianos y haitianas, no tiene cabida en dicha estrategia.


[i] Souveraineté alimentaire, PAPDA – http://www.papda.org/rubrique.php3?id_rubrique=1

[ii]The challenges of reforestation” Ayiti Kale Je, Noviembre 2013 http://www.ayitikaleje.org/haiti-grassroots-watch-engli/2013/11/19/the-challenges-of-reforestation.html

[iii] “Haití, el precio de la deforestación”, National Geographic, Noviembre 2008. http://www.nationalgeographic.com.es/2008/11/01/haiti_precio_deforestacion.html

[iv] “Aznar, el asesor de Haití” Eldiario.es, Abril 2013 http://www.eldiario.es/desalambre/blog/Aznar-asesor-Haiti_6_121147892.html

Haití: altres terratrèmols (Solidaris a Catalunya Ràdio)

Haití va reaparèixer a les nostres vides a causa del gran terratrèmol que va arrasar el país, el 12 de gener de 2010, ara fa 4 anys. Però aquella secsejada de la terra, ha estat la imatge viva d’altres terratrèmols que no deixen que el país acabi de desenvolupar-se. La Cooperació internacional ha estat poc eficaç, la gent té desconfiança cap a les ong i els haitians comencen ara a construir una societat civil que creu que només ells se’n poden sortir. La Iolanda Fresnillo, activista catalana, ha visitat el país en els darrers mesos i ara prepara un documental, un llibre i una exposició, que ens explica en el programa d’avui.

Haití, cuatro años después del terremoto: el espejismo de la reconstrucción

eldiariodesalambrePublicado el ElDiario.es | Desalambre el 12 de enero de 2014

Mientras más de 170.000 personas continúan viviendo bajo las carpas, los ejes de la reconstrucción se han centrado en el turismo de lujo, la minería y la creación de zonas industriales

El 76% de los contratos concedidos por la UE para reconstruir Haití en 2010 y 2011 se entregaron a empresas europeas

La crítica al ‘ninguneo’ de las prioridades del gobierno y la sociedad civil haitiana salta cuando se pregunta en Haití sobre la cooperación internacional

Hace cuatro años la tierra tembló durante 35 segundos en Haití. Con el epicentro situado a 25 km de Puerto Príncipe, el seísmo de 7,3 grados en la escala de Richter se llevó más de 220.000 vidas por delante. El mundo se conmocionó. Pasado el tiempo, mientras más del 80% de la población sigue viviendo bajo el umbral de la pobreza y más de 170.000 personas continúan durmiendo bajo las carpas, los ejes de la reconstrucción se han centrado en el turismo de lujo, la minería y la creación de zonas industriales.

Leer todo el reportaje en ElDiario.es | Desalambre

#HaitiOtrosTerremotos en El Mundo en 24h (Canal 24h – RTVE)

Participación en el informativo El Mundo en 24h, en el Canal 24h de RTVE el 10 de enero de 2014

Haití, 4 años después

Artículo publicado por Farmaceuticos Mundi, organización que ha colaborado con #HaitíOtrosTerremotos a través de Goteo.

farmamundiEl 12 de enero de 2010 un terremoto asoló buena parte de Haití, en una de las peores catástrofes que ha sufrido el país, y en el que se convirtió en una de las más amplias operaciones humanitarias que se recuerdan. Cuatro años después, Haití se encuentra atrapada entre la república de las ONG y el capitalismo del desastre.

30 segundos. La mayoría de los haitianos no lo nombran directamente. La cosa, la catástrofe, le douze (por el 12 de enero de 2010) o goudougoudou (por el sonido que hace la tierra al romperse bajo sus pies) son algunas de las formas que utilizan para hacer referencia a una de las mayores catástrofes que ha sufrido el país.

Seguir leyendo en FarmaceuticosMundi.org

Los olvidados de Haití siguen invisibles bajo las carpas [Eldiario.es]

Publicado en Eldiario.es el 6 de enero de 2014

Más de 170.000 personas siguen viviendo en campos de desplazadas, bajo las carpas, a casi 4 años del terremoto.

La mayoría de las personas que aún viven en los campos afrontan amenazas de expulsión forzada, sin alternativa de alojamiento. 

Actividad-FRAKKA-Canape-Puerto-Principe_EDIIMA20131231_0214_13

Actividad de sensibilización realizada por FRAKKA en el Campo de desplazados de Canapé Vert, en Puerto Príncipe.

El pasado 7 de diciembre un grupo de policías municipales y hombres armados con machetes y palos se presentaron en el campo de Mozayik, en Canaan, en las afueras de Puerto Príncipe. En la operación, unas 60 familias fueron desahuciadas a la fuerza de las tiendas y débiles estructuras en las que vivían desde hace cerca de 4 años, en el último de los numerosos casos de expulsiones forzadas de los campos de desplazados que se suceden en Haití desde poco después del terremoto de 2010. Son familias que ya habían sido desahuciadas de un campo, también llamado Mozayik, en Puerto Príncipe. Se trasladaron a Canaan en busca de la tierra prometida, y de nuevo se encuentran con la negación de su derecho a la vivienda.

Leer más en http://www.eldiario.es/desalambre/olvidados-Haiti-siguen-invisibles-carpas_0_213128900.html 

#HaitíOtrosTerremotos en Punto de Fuga / Cadena Ser

Entrevista a Iolanda Fresnillo en el programa Punto de Fuga de la Cadena Ser el pasado 6 de enero de 2014 (a partir del minuto 60)