La ocupación norteamericana de Haití

Extracto del libro “Haití, los otros terremotos”

17015772978_d85c327211_zDesde mediados del siglo XIX se sucedieron una serie de gobiernos más o menos autoritarios, con más o menos violencia entre un gobierno y otro. Entre 1908 y 1915 el país vivió un período especialmente inestable, con 9 presidentes en 7 años. En ese mismo período aumenta el interés y las inversiones de Estados Unidos en Haití. Uno de los sectores de inversión es la construcción de vías ferroviarias, dentro de una estrategia más a largo plazo de hacerse con plantaciones de azúcar, bananas y otros productos agrícolas para exportación, controlando también el transporte. Dichas operaciones supusieron la expropiación de tierras a campesinos, que se opondrían a ello a través del movimiento campesino de los Cacos, liderados por Carlomagno Péralte. Por otro lado, en 1910, el Banco Nacional de Haití se convierte en la Banca Nacional de la República de Haití (BNRH) cuyo 20% acabará en manos del estadounidense National City Bank. El control financiero de Haití se completó con un crédito de un consorcio de bancos internacionales, que refinanciaron la deuda pública del país en 1910.

El 17 de diciembre de 1914 los marines norteamericanos desembarcan en Haití con la misión de recolectar medio millón de dólares de las reservas del BNRH para garantizar el pago de dicha deuda. Pocos meses más tarde, el 28 de julio de 1915, y con la excusa de contrarrestar el clima de inestabilidad en el país, y controlar el movimiento campesino de los Cacos, los norteamericanos vuelven a desembarcar en Haití, esta vez para quedarse. Los estadounidenses impusieron un nuevo gobierno en Haití, y cambiaron la constitución y la legislación para favorecer la inversión y los intereses de empresarios norteamericanos. De hecho la constitución de la ocupación americana es la primera en Haití desde Dessalines que permite la propiedad privada en manos de extranjeros. “Durante los 19 años de ocupación, los Marines de Estados Unidos instauraron una serie de gobiernos marioneta de piel clara, construyeron un ejército modero para aplacar disidencia y revueltas, e impusieron una constitución que un joven Franklin Roosvelt afirmó haber escrito personalmente, la cual hizo del Francés (la lengua de la élite) el único idioma oficial en Haití y abrió la propiedad de la tierra a empresas extranjeras” (Schuller, 2012).

El National City Bank aumentó el porcentaje de propiedad sobre el BNRH hasta el 40%, se vinculó la moneda haitiana, el Gourde, al dólar estadounidense, y se controló totalmente la política de endeudamiento. Los estadounidenses se hicieron con el control de las aduanas y del ministerio de finanzas, de forma que cualquier préstamo o pago debía contar con la aprobación del Departamento de Estado de EEUU. Un préstamo de 40 millones de dólares otorgado desde Estados Unidos en 1918 acabaría por certificar la dependencia financiera con éste país.

Los norteamericanos fomentaron una economía de vuelta a las grandes plantaciones orientadas a la exportación. Impusieron por ley (1928) la posibilidad de expropiar las pequeñas propiedades en provecho de los grandes empresarios norteamericanos, así como la venta de tierras agrícolas del Estado a compañías americanas. En ese proceso 14 empresas estadounidenses acumulan más de 108.640 hectáreas, la quinta parte de las tierras de cultivo del país (Suzy Castor, citada en Doura, 2010). Las plantaciones de bananas, sisal o caña de azúcar, junto al café, ocuparan las tierras que debían asegurar la soberanía alimentaria de los haitianos, para reforzar un modelo neo-colonial que sitúa a Haití en el sistema capitalista mundial como mero proveedor de materias primeras. Los estadounidenses recuperaran también, aunque más tímidamente, la explotación minera que los colonos españoles habían abandonado casi tres siglos atrás.

Las autoridades estadounidenses impusieron además un régimen de opresión y represión en todo el país, ejecutando al líder de los Cacos, Charlemagne Péralte. Miles de campesinos fueron asesinados o desaparecidos bajo la ocupación norteamericana. Según las estimaciones oficiales de Estados Unidos fueron algo más de 3.000. Otros cuentan que superaron los 10.000 muertos bajo ocupación americana (Renda, 2001).

A raíz de una matanza en 1929 de diez campesinos Haitianos en Les Cayes, en el sur del país, por parte de marines norteamericanos, empezaron a levantarse voces en Estados Unidos contra la ocupación en Haití. En 1930 el opositor a la ocupación militar estadounidense, Sténio Vincent, fue escogido presidente de Haití por la Asamblea Nacional, y en agosto de 1934 Roosevelt ordenó el retiro de las tropas de Haití. Tras 19 años de ocupación, Estados Unidos asentó su posición como principal socio económico y comercial del país, que dejó políticamente en manos de Sténio Vincent. Éste, a pesar de haberse opuesto a la ocupación, mantuvo buenas relaciones con el gobierno Estadounidense, así como con el gobierno dictatorial de Rafael Trujillo en la vecina República Dominicana.

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La Matanza de Perejil

En 1937 Trujillo ordenó la “limpieza” de la zona fronteriza, donde se encontraban miles de Haitianos que habían huido de la ocupación estadounidense y trabajaban, la mayoría de ellos en condiciones de semi-esclavitud, en las plantaciones azucareras. Trujillo consideraba “la ‘invasión’ haitiana como una amenaza política, económica y cultural a la sociedad dominicana” (Gentil, 2013). La policía y soldados de Trujillo masacraron 30.000 haitianos entre el 28 de septiembre y el 8 de octubre a lo largo de diferentes poblaciones fronterizas. La frontera fue cerrada por orden de Trujillo el 5 de octubre, y los haitianos que no habían conseguido huir cruzando a Haití, fueron exterminados. Haitianos y Dominicanos comparten herencia genética y color de la piel, por lo que ante la dificultad de distinguir los invasores Haitianos de los autóctonos dominicanos Trujillo ordenó a su ejército que exigiera a cada persona que se encontraran a su paso que pronunciara la palabra “perejil”.  La Masacre del Perejil fue uno de los ”hechos más brutales y desconocidos de la historia del Caribe”. “Los único haitianos que no fueron exterminados trabajaban en las grandes haciendas de empresas o millonarios norteamericanos. La propiedad del imperio no se toca ni dentro ni fuera de sus fronteras, incluidos sus esclavos. P-E-R-E-J-I-L. Su pronunciación equivocada costaba la vida. Y se la costó a 30.000 inocentes, con cuya desaparición, Trujillo dio por terminado el ‘problema haitiano’” (Gentil, 2013). Las protestas que se multiplicaron en Haití y las denuncias internacionales, incluyendo del aliado Estadounidense, obligaron a Trujillo a asumir el pago de una indemnización a Haití por la Matanza. El precio de 30.000 vidas fue de 750.000 dólares. La indemnización a las víctimas fue reducida por Trujillo a 525.000 dólares, pero el dinero nunca llegó a su destino, los familiares de los haitianos asesinados.

Franck Seguy: Tras el terremoto, me impactó la crudeza con la que la mal llamada “ayuda internacional” fué utilizada para humillarnos”

Esta entrevista formará parte del libro “Haití bajo el capitalismo del desastre” que espero publicar próximamente.

2014_06_franck1_internoEntrevista a Franck Seguy, sociólogo haitiano.

No nos pudimos encontrar en Haití, pero Franck se ofreció a responder a mis preguntas via internet. Franck Seguy ha defendido recientemente su tesis de doctorado en la Universidad de Campinas (Brasil), “La catástrofe de enero de 2010, la ‘Internacional Comunitaria’ y la recolonización de Haití”. Franck Seguy es profesor de Sociología en la Universidad del Estado de Haití, y ha sido muy crítico con la cooperación internacional en Haití. Ésta entrevista es buena muestra de ello.

En una entrevista en 2010 afirmabas que la ayuda era “algo extremadamente humillante e inhumano”[17] ¿qué te lleva a hacer tal afirmación?

En 2010 el seísmo dejó centenares de miles de haitianos y haitianas privados de sus necesidades primarias. En aquél momento me impactó la crudeza con la que la mal llamada « ayuda internacional » fué utilizada para humillarnos. Por ejemplo, una semana trs el seísmo, en medio de la disputa sobre el comandamiento entre soldados de la armada de Estados Unidos que tomaban el control de espacios estrategicos del país, y la MINUSTAH desplegada en el país en 2004, el general brasileño comandante de la MINUSTAH procedió a una distribución de agua en Champ de Mars. Cuando se le preguntó por el objetivo y la forma del gesto, su respuesta fue « lo hacemos para hacer notar también nuestra presencia ». Poco después los Brasileños fueron suplantados por los Norte-Americanos.

Manteniéndonos en el contexto del terremoto de 2010, uno puede igualmente recordar como el aeropuerto de Port-au-Prince permaneció congestionado de miles de toneladas de comida y medicamentos, considerados como ayuda, a la vez que a varios metros de allí, nuestros compatriotas debían luchar para no morir de sed. Y justamente, la prensa internacional, como es habitual, no desaprovechó la ocasión de mostrar imagenes del “pillaje” haciendo pasar a los Haitianos como salvajes.

Si vamos más en profundidad, podemos afirmar que al contrario de lo que se dice, no son los otros países los que ayudan Haití, sinó Haití que ayuda a todo el mundo. Ninguna institución haitiana decide la orientación del dinero internacional que aquí llega bajo el nombre de ayuda. El país o institución que dona la mal llamada “ayuda internacional” decide a quién se destinará ese dinero. Los contratos de todo lo que se hace aquí bajo la rúbrica de “reconstrucción” son asignados a empresas extranjeras. Las empresas haitianas, las pocas veces que son tomadas en consideración, lo hacen en forma de subcontrataciones. Y Haití hoy es un laboratorio dónde jovenes europeos tienen sus primeras experiencias profesionales.

En un texto de noviembre de 2011, Promundia Medica caracterizó la invasión humanitaria de la forma siguiente: ”La reuniones para ayudar a los Haitianos son en Ingles. Los contratos se dan a compañías extranjeras. La ayuda se destina a organizaciones que vienen de fuera, independientemente de su experiencia. Un profesional haitiano calificado (será él el que aconseje y ejecute el trabajo de otros) cobrará unos 2.000 dólares, mientras el chico de ojos azules irá de “cluster” en “cluster” dónde de se supone que se coordina la ayuda (sin lograrlo jamás) por un salario tres veces más elevado. Si, si, el salario de un “internacional” es de 6.000 dólares, de partida. Los miembros del staff internacional de ciertas agencias, en Haití, en el momento del seísmo, han recibido 12.000 dólares de compensación (incluso cuando alquilan apartamento totalmente amueblados y, en el peor de los casos, nada pierden) mientras que sus colegas haitianos, los que han perdodo casas y familiares, no tienen más derecho que a 2.500 dólares”.

Está pues claro que no solo la llamada “ayuda” es una humillación frente a nosotros, pero en realidad somos nosotros los que ayudamos a los que nos pretenden ayudar.

Desde mediados de los 90 ha aumentado la presencia de ONG, organismos bilaterales y multilaterales en el país, hasta el punto que muchos hablan de “invasión de ONG” o “República de ONG”. ¿Cómo piensas que la presencia masiva de organizaciones, gubernamentales y no gubernamentales, extranjeras, ha afectado a la sociedad haitiana?

Los cambios producidos por el despliegue de las ONG en Haití son los más significativos. El mayor éxito de las ONG, en última instancia, probablemente habrá sido el de atenuar considerablemente o incluso hacer desaparecer la naturaleza de clase de los problemas que aquejan a la sociedad para presentarlas como simples problemas técnicos se pueden resolver a golpe de financiación de proyectos. Y el secreto de este éxito se debe a la labor ideológica, consistente en la promoción de la sociedad civil, la ciudadanía, el desarrollo, la democracia y los derechos humanos en contra de las clases sociales y la lucha de clases. Así, mientras que la sociedad está compuesta por campesinos, obreros, etc. y burguesía, es decir, de individuos en defensa de sus intereses particulares y de clase, las ONG han logrado hacer pasar a los haitianos como ciudadanos, es decir, seres abstractos que defienden el interés público universal. Así que hoy, tenemos una sociedad estructurada en Haití en clases sociales donde la explotación, la dominación y la opresión son la regla, pero las organizaciones conformamos plataformas de derechos humanos o de desarrollo.

Por ejemplo, los campesinos haitianos históricamente han sido la clase más combativa de la sociedad. Desde el asesinato de Jean-Jacques Dessalines, figura principal de la Independencia y fundador de la Patria en 1806, hasta mediados del siglo XX, todas las luchas sociales realizadas han incluído en su seno la cuestión de la tierra. Pero desde la implementación de los primeros proyectos de desarrollo comunitario a finales de 1940, demanda de la tierra ha perdido su centralidad. Las organizaciones campesinas hoy en día, las que se dicen progresistas, no tienen otro objetivo que el de satisfacer las necesidades de sus miembros y educarlos para hacer valer sus derechos frente a los partidos políticos y los gobiernos. Yo mismo leí una entrevista a la dirección de una organización campensina apoyada por  ONG de izquierda en la que sus dirigentes declaran ser parte de una batalla para invertir en la producción campesina, en su formación, herramientas, semillas … en educarlos para valorizar los árboles para salvar el medioambiente.  Vemos cómo esta organización llamada campesina vació el problema ambiental de su contenido político al acercarse a ella como una cuestión puramente técnica.

El mayor logro de la cooperación internacional en Haití tras el terremoto de 2010 sigue siendo el Parque Industrial Caracol (PIC), en el noreste, inaugurado en octubre de 2012. Para construir este parque, el gobierno desalojó a 366 familias campesinas que trabajaban 246 acres entre las tierras más fértiles de la región. El PIC está instalado en un área que cubre los dós únicos ríos de la zona, debido a que la producción de pintura – una de sus principales actividades – requiere mucha agua. Y las aguas residuales producidas en el interior del PIC amenaza a toda la fauna Caracol, una zona costera. Mientras que el gobierno y sus socios internacionales siguen destruyendo el medio ambiente del país, la organización campesina, al proponerse educar a los agricultores a “valorizar” los árboles, culpabiliza a los campesinos pobres la deforestación y la destrucción del medio ambiente del país. Y es precisamente por el trabajo ideológico despolitizante de las ONG que las clases dominantes tienen éxito.

En Haití se puede encontrar diferentes modelos y formas de coperación. De la Brigada Dessalines y otras organizaciones que apoyan o acompañan a los movimientos sociales, a USAID o EuropeAid que a menudo violan la soberanía del país. ¿Piensas que existe lugar para algun tipo de cooperación internacional en Haití¿ ¿Cómo sería esta “buena cooperación”? O por el contrario ¿piesas que sería mejor que la comunidad internacional se retirase completamente del país para dejar que los haitianos y haitians decidan y construyan su futuro sin interferencias?

Bueno! Existen diferentes tipos de organizaciones que cooperan en Haití.  Pero no debemos dejarnos llevar por las apariencias. Después de la defensa de mi tesis doctoral, en São Paulo, fui invitado por la dirección de la Escuela Nacional Florestan Fernandes (el centro de de formación del MSP – Movimiento de Campesinos sin tierra de Brasil), para dar una conferencia para los militantes, algunos de los cuales podrían posteriormente integrar la Brigada Dessalines. Pero conversando aparte con uno de los activistas, que me reveló que estaba retrasando su viaje a Haití porque estaba esperando para el próximo contingente de tropas de la MINUSTAH con destino a Haití. Precisamente estos militantes son transportados a Haití de forma gratuita por el ejército brasileño. Y lo que tal vez no sabe es que la iniciativa de la Brigade Dessalines fue una respuesta a la solicitud del ex presidente Luis Ignacio da Silva (Lula). Así que, incluso en Brasil, esta brigada, esta forma de cooperación, es vista por los activistas más experimentados como el brazo humanitario de una misión militar sub-imperial.

Dicho esto,  personalmente no sé si hay motivos para la cooperación internacional en Haití, y aún menos si habría una “buena cooperación”. Yo sé – y puedo probarlo por una abundancia de argumentos y la evidencia empírica – es que la cooperación internacional como lo es actualmente, deconstruye el tejido social. Imagina un profesor de la Universidad Estatal de Haití tiene un doctorado recibe un sueldo de 60.000 gourdes brutos (poco más de 1.300 dólares) del que el Estado descuenta el 27% en impuestos y otros. Al mismo tiempo que a los estudiantes de segundo, tercero o cuarto año (todavía no licenciados) que consiguen un trabajo en la cooperación internacional se les paga hasta 4.000 o incluso 5.000 dólares. ¿Qué sociedad puede esperarse con la aplicación de una política de este tipo?

Imagine una cooperación que ofrece un visado permanente a cualquier universitario o profesional haitiano con la presentación de un diploma, pero que se lo niega al mismo profesional si demanda un visado de turista. No es difícil entender por qué más del 80% de los haitianos con título superior se encuentran fuera de Haití, sobre todo en América del Norte, como trabajadores cualificados. Pero esta cooperación internacional no contempla que la formación de estos trabajadores cualificados fué financiada con los impuestos de los contribuyentes.

En una ocasión, el Secretario de Estado de Agricultura hizo una revelación que resume lo que es la cooperación internacional en Haití. En un momento, él tenía sobre su escritorio 8 proyectos de cooperación para la producción de café. Pero, al mismo tiempo él buscaba un solo proyecto para financiar la producción de cacao, que no podía tener. Sin embargo, si hubiera reorientado los fondos de  tan sólo uno de los proyectos de café para la producción de cacao, hubiese sido acusado de malversación de fondos.

Todo esto me lleva a decir con absoluta certeza que esta cooperación planificada y decidida sobre las amplias terrazas de restaurantes y hoteles de las principales ciudades europeas y norteamericanas e implementada a golpe de talonario en un terreno que le es ajeno, definitivamente no es la que tienen necesidad los haitianos y haitianas, en el caso que pudiesen decidir soberanamente como construir su futuro.

Después de mis visitas a Haití he entendido que cuando habla de reconstrucción y desarrollo, el gobierno y la comunidad internacional se refieren principalmente a la promoción de tres sectores estratégicos: la indústria para exportación, la explotación minera y el turismo. ¿Cómo piensas que estos sectores pueden afectar el “desarrollo” del país y el bienestar de la población?

Garry Conille fue primer ministro en 2011, durante la presentación de su política general, dijo: “La necesidad de puestos de trabajo es tan importante hoy en día, que Haití no puede darse el lujo de rechazar las demandas de establecimiento de empresas que atienden los mercados de masas y exigen bajos salarios”.

Ésta es, en resumen, la posición del gobierno sobre el asunto! En cuanto a sus socios internacionales, éstos optaron por hacer de Haití un país de zonas francas por encontrarse en las inmediaciones de los principales mercados (EE.UU.); por las leyes HOPE I y II y la ley Ley HELP que permiten a los inversores que hacen su producción textil en Haití poder comercializar en los EE.UU. sin pagar los aranceles aduaneros; y por considerar la mano de obra haitiana más barata que la mano de obra en China (según un estudio realizado por el economista Paul Collier, de la Universidad de Oxford) y ya calificada – al tener el país experiencia con zonas francas industriales en el siglo pasado. Como resultado de todo ello, al trabajador haitiano se le paga 200 gourdes por día de trabajo (menos de $5). Así que el trabajador haitiano que produce pantalones vaqueros Levis o zapatillas timberland nunca va a poder consumir estos productos. Para vestirse, solo podrá recurrir a pepe, la ropa usada importada de América del Norte y que se vende aquí.

Usted habla de turismo, pero fijémonos en Ile-a-Vache, donde el gobierno quiere establecer un centro turístico. Para ello, el gobierno no duda en expropiar a los campesinos de sus tierras sin ningún tipo de compensación o indemnización. La minería es y será aún más brutal, en la medida que hay muchos más millones en juego en este sector.

Sí, podemos hablar de desarrollo en estos sectores, si para como desarrollo se entiende la explotación de la fuerza de los trabajadores por una miseria, la valorización y reproducción del capital transnacional … Pero si se trata de un mínimo de bienestar  para los trabajadores haitianos, aquí no hay nada que permita hablar de desarrollo.

¿Cuál es la hipótesis principal de su  tesis doctoral “La catástrofe de enero de 2010, la ‘Internacional Comunitaria’ y la recolonización de Haití”?

Mi tesis doctoral ha consistido en mostrar que el desastre de 2010 fue una gran ayuda para la cooperación internacional, que estaba sin aliento en Haití. El terremoto del 12 de enero en este sentido ofrece una oportunidad de oro para que esta cooperación reconfigurase su hegemonía en los asuntos haitianos. Lo que se ha realizado desde el año 2010 y se presenta como la “reconstrucción” no es nada más que la construcción de un proyecto diseñado y desarrollado mucho antes de 2010, y cuyas líneas generales están bastante bien definidas en el estudio Paul Collier: “Haití: De catástrofe Natural a la seguridad económica. Un informe para el Secretario General de las Naciones Unidas”, publicado en enero de 2009. Del análisis de este proyecto, surgen todos los ingredientes que están presentes para hacer de Haití una nueva colonia – no es una colonia a la antigua, una colonia de una metrópoli, sino una colonia para el capital transnacional.

[17] Entrevista: Franck Seguy “La ‘ayuda humanitaria’ humilla Haití” Febrero de 2010 A Nova Democracia (Brasil) http://www.anovademocracia.com.br/espanhol/118-n-62-febrero-de-2010/2700-entrevista-franck-seguy-la-qayuda-humanitariaq-humilla-haiti

Haití es revolta (parcial … llegiu-lo complert a La Directa)

Arran del 5è aniversari del terratrèmol a Haití, publiquem a La Directa un article sobre l’actualitat política a aquell país. Aquí teniu un extracte d’aquest article. Si el voleu llegir sencer haureu d’anar al quiosc a partir del 13G, fer-vos subscriptores o esperar unes setmanes a que el publiquem a la web http://directa.cat

Haití es revolta

Cinc anys després del gran terratrèmol, Haití encara viu submisa en una multicrisi permanent i una ocupació estrangera de facto 

El darrer mes l’oposició haitiana, moviments socials i els sectors més desafavorits de la societat s’han manifestat en les principals ciutats del país gairebé diàriament. Les protestes han estat brutalment reprimides, no només per la policia nacional, sinó també pels cascos blaus de la missió permanent de les Nacions Unides a Haití, la Minustah. Amnistia Internacional ha denunciat la seva preocupació davant l’escalada de violència i l’ús de foc real indiscriminat contra la gent, tant per part de la policia com de soldats de la Minustah. Hi ha almenys un mort, que es conegui, i desenes de ferits.

Fa més de tres anys que el govern de Michel Martelly, que es va imposar als comicis del 2010 gràcies a una tupinada liderada pels Estats Units, hauria d’haver convocat eleccions municipals i legislatives. Enlloc d’això, s’ha dedicat a ocupar espais del poder públic, imposar els seus homes en càrrecs clau i a la majoria d’alcaldies, i governar cada vegada més dictatorialment, desplegant un programa neoliberal dur, protegit per la Minustah, l’ambaixada dels Estats Units, Canadà i França. Així ho explica el portaveu del sindicat i moviment obrer haitià Batay Ouvriye, Didier Dominique.

L’oposició reclama la convocatòria d’eleccions el més aviat possible, però només si es compleixen unes mínimes condicions de llibertat democràtica, de forma que una candidatura amb representació de les forces populars i un programa alternatiu al projecte neoliberal s’hi pugui presentar. En aquests moments les condicions no es compleixen i Martelly està intentant canviar la llei electoral per tal d’assegurar-se la permanència en el poder.

(…) El mandat de Martelly i Lamothe ha estat, des del començament, contestat al carrer amb nombroses manifestacions, generalment convocades per una combinació de forces lavalistes (Fanmi Lavalas és el partit fundat per Aristide) i d’altres agrupades en plataformes com el Moviment Patriòtic de l’Oposició Democràtica (MODOP).

Els moviments socials han donat més o menys suport a aquestes formacions depenent de l’ocasió, mentre que la majoria focalitzen les seves energies en protestes vinculades a l’imperant crisi social i humanitària. Precisament, el 12 de gener, Haití va commemorar el tràgic cinquè aniversari del terratrèmol amb una manifestació pel dret a l’habitatge. Cinc anys després del sisme encara hi ha 80.000 persones vivint sota les carpes dels camps de desplaçades, i centenars de milers de persones viuen en condicions d’insalubritat i inseguretat a les nombroses faveles o bidonvilles que poblen la zona metropolitana de Port-au-Prince.

Més al quiosc i ben aviat a http://directa.cat

De la ayuda para el desastre al desastre de la ayuda (avance)

El siguiente texto es un extracto del libro “Haití. Capitalismo del Desastre”, que estoy preparando y espero publicar en los próximos meses.

Iolanda Fresnillo. 12 de enero de 2015

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Promesas rotas de la ayuda internacional

La dimensión de la tragedia y el impacto que la cobertura mediática del terremoto tuvo en millones de personas en todo el mundo impulsó una de las mayores operaciones humanitarias que se recuerdan. Se recaudaron más de 3.060 millones de dólares por parte de ONG, instituciones religiosas y fundaciones privadas. En el primer mes después del terremoto las ONG españolas recaudaron unos 81 millones de dólares de aportaciones de la sociedad española, superando los 79 millones de dólares de ayuda de emergencia del gobierno español (que más tarde incrementaron a 464 millones de dólares prometidos de 2010 a 2012, incluyendo ayuda a la reconstrucción y contra la epidemia de cólera). Gobiernos y agencias de cooperación prometieron más de 13.340 millones de dólares para el período 2010 a 2020, unos 6.373 millones para los tres primeros años (2010-2012)[1].

¿Dónde ha quedado toda aquella solidaridad? ¿Cuánto de lo prometido fue realmente desembolsado? Y lo que es más importante ¿Cómo y para qué se ha destinado esa ayuda?

Según la oficina del Asesor Especial de Naciones Unidas para Haití, a diciembre de 2012 fueron desembolsadas tan sólo el 56% de las promesas realizadas para los tres primeros años en la Conferencia de donantes para Haití que tuvo lugar en Nueva York en marzo de 2010​​. El porcentaje de desembolso para los tres primeros años incluyendo otras donaciones adicionales no incluidas en la Conferencia de Nueva York se eleva al 66% según los datos del Gobierno Haitiano. En definitiva, un desembolso de entre el 56 y el 66%,  lo que para el Gobierno Haitiano es un éxito, ya que es “superior a las tasas de desembolso registradas en países en condiciones similares, que rondan el 50%” (CAED, 2013). El Gobierno Haitiano, exculpa a la comunidad internacional de los bajos niveles de desembolso, pues para ellos “la verdadera cuestión que limita la tasa de desembolso muy probablemente no sea la falta de voluntad de los donantes, sino más bien la baja capacidad de absorción de estos fondos” (CAED, 2013).

Del total de 13.340 millones de dólares comprometidos por los donantes bilaterales y multilaterales hasta 2020, a finales de 2012 se habían desembolsado unos 6.430 millones de dólares (el 48.2%), incluyendo:
-       2.230 millones en ayuda humanitaria post-terremoto
-       191,9 millones en ayuda para la epidemia de cólera
-       3.010 millones para reconstrucción comprometido en la Conferencia de Nueva York
-       1.010 millones para reconstrucción a través de otros compromisos diferentes a los de Nueva York

A ello hay que añadir los mil millones en alivio de la deuda que también contabilizó en muchos casos como ayuda hacia Haití por parte de los acreedores/donantes.

No existe seguimiento oficial de los desembolsos comprometidos con Haití desde que a finales de 2012 se cerró la oficina del Asesor Especial de Naciones Unidas para Haití. Las cifras de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (UNOCHA) para 2013 indican que la financiación ese año descendió hasta 131 millones de dólares[2].

La cuestión, sin embargo, no es sólo el nivel de desembolso, sino que se ha priorizado en esta ayuda de emergencia y reconstrucción, como se ha hecho.

La promesa, expresada por Bill Clinton tras la Conferencia de Donantes de Nueva York, en la que fue designado enviado Especial para Haití, era reconstruir un Haití mejor (bajo la consigna, ya utilizada tras el Tsunami que devastó el sudeste asiático, Build Back Better). El balance, a casi cinco años del terremoto, no puede ser positivo. Como afirma Jonathan Katz en su libro “El gran camión que pasó de largo: como el mundo llegó para salvar Haití y dejó atrás un desastre”, “el legado de la respuesta internacional ha sido un sentimiento de traición” (Katz, J., 2013).

El fracaso de la ayuda y el proceso de la reconstrucción en Haití no es algo fácil de ignorar. Lo encuentras no sólo en informes y análisis de expertos, ONG y periodistas, sino que se palpa en el día a día de Haití. Desde la falta de confianza hacia el extranjero (blan) hasta los graffitis que adornan las paredes de la capital, todo ello habla de ese sentimiento de traición y abandono. El propio representante de la Organización de Estados Americanos (OEA), el brasileño Ricardo Seitenfus, dijo en diciembre de 2010 en una entrevista al periódico suizo Le Temps que “Si hay prueba del fracaso de la ayuda internacional, ésta es Haití, el país se ha convertido en la meca de dicho fracaso”[3], refiriéndose no tan sólo al post-terremoto, sino a los años de ayuda internacional que lo precedieron. Acusó a las ONG de convertir Haití en “un laboratorio de experimentación humanitaria”. De hecho, entre 1998 y 2008, los países donantes destinaron a Haití más de 4.800 millones de dólares en ayuda. “Por cápita, Haití recibía más del doble de la media mundial, y mucho más que algunos países de África Sub-sahariana como Sierra Leona o Somalia” (Katz, J. 2013).

En demasiadas ocasiones se ha achacado a lo extraordinario del terremoto y sus consecuencias en Haití para exculpar a los actores implicados en las tareas de emergencia y reconstrucción. Pero tal y como afirma Beverly Bell, “algo de caos y corrupción son previsibles después de una crisis mastodóntica. Pero en Haití, la ayuda para el desastre se convirtió en un desastre de ayuda” (Bell, B., 2013).

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Comunidad internacional vs autoridades locales

El Estado haitiano fue gravemente afectado por el terremoto. No sólo se perdieron el 60% de los edificios administrativos (28 de los 29 edificios ministeriales fueron dañados o completamente destruidos tras el terremoto), sino que en la capital el 25 % de los funcionarios murieron en el terremoto. El Estado, o más bien el gobierno, fue el gran ausente durante las primeras semanas e incluso meses después del terremoto.

Una ausencia que no se debe tan sólo al impacto del terremoto, si no a un proceso de achicamiento de lo público y del papel del Estado Haitiano derivado de años de políticas neoliberales y la estrategia de muchos donantes de priorizar la ayuda a través de ONG y no de las administraciones públicas. Un proceso de debilitamiento que se agudiza día a día a partir de un círculo vicioso por el cual “la ayuda no se canaliza a través el gobierno porque este es débil [y corrupto, poco transparente e ineficiente] y el gobierno se debilita aún más por la falta de apoyos” (Schuller, M., 2013).

El peso de la ayuda internacional en la economía haitiana ha ido incrementándose exponencialmente en la última década.  La Ayuda Oficial al Desarrollo (la que sale de donantes públicos, bilaterales y multilaterales) ha pasado del 7,99% en 2004 al 16,97% en 2009, llegando al máximo de 46,12% en 2010 a causa del terremoto, y descendiendo de nuevo hasta el 22,63% en 2011 y 16,02% en 2012.  Como sabemos, esa ayuda se canaliza principalmente a través de ONG y contratistas privados, pero la pequeña parte que va a apoyo presupuestario constituye una aportación vital para el Estado haitiano. Sin embargo, esa aportación ha sufrido de una volatilidad constante, a causa de los numerosos bloqueos a la ayuda a Haití a lo largo de su historia reciente, así como la poca estabilidad en las prioridades de los donantes. “La volatilidad de la ayuda oficial extranjera al gobierno haitiano ha perjudicado el ya de por si débil sector público (…). Esta impredictibilidad complica aún más la habilidad del gobierno haitiano para crear planes a largo plazo de recuperación y progreso económico”.

Desde el fin del Duveliarismo, en 1986, se ha embargado la ayuda oficial hacia las instituciones haitianas en cuatro ocasiones[4] . ONG y contratistas privados seguían recibiendo recursos mientras el flujo hacia las autoridades se cortaba por razones políticas. Uno de los indicadores para medir esa volatilidad es el Apoyo Presupuestario. Según los datos de la OCDE ese apoyo presupuestario pasó de 61 millones de dólares en 2005 a 138 millones en 2009, hasta los casi 250 millones en 2010, y ha descendido a 38 millones en 2011 y 23 millones en 2012.

Año
2005
2006
2007
2008
2009
2010
2011
2012
Total AOD
425,59
581,6
701,59
912,06
1119,66
3064,84
1710,11
1275,19
Apoyo Presupuestario
61,00
54,14
74,37
94,61
138,42
249,44
37,96
22,58
%
14,33%
9,31%
10,60%
10,37%
12,36%
8,14%
2,22%
1,77%

Fuente. OCDE Stats. 2014 http://stats.oecd.org/index.aspx?DataSetCode=CRS1

El análisis realizado desde el Center for Global Development[5] sobre la evolución de la ayuda antes y después del terremoto achaca a esa volatilidad una de las causas de la debilidad del Estado haitiano y sus políticas de desarrollo:

“La extrema volatilidad en los niveles de asistencia extranjera ha socavado el desarrollo humano y económico en Haití. Cualquier mejora en progreso social – incremento de matriculación escolar, mayores ratios de vacunación o reforma judicial – durante los años en los que Haití recibió ayuda fueron compensados por reducciones en los años en los que el país fué sujeto a embargos de ayuda. La reducción de la pobreza ha sido siempre un objetivo secundario en la ayuda internacional; la asistencia se ha utilizado primariamente como un premio o un castigo para influenciar la política haitiana. Los flujos más consistentes de ayuda se han dado con propósitos humanitarios, pero esta financiación ha sido para proyectos de emergencia a corto plazo – proyectos que en algunos casos han socavado el desarrollo a largo plazo”.

En éste contexto, la ausencia de Estado en el momento del post-terremoto fue de alguna forma utilizada por donantes y agencias de cooperación para prescindir de las autoridades haitianas no sólo en la emergencia sinó también en el proceso de reconstrucción. Mientras que en la Conferencia de donantes de Nueva York se acordó fortalecer el liderazgo del gobierno haitiano, lo cierto es que sólo el 1% de la ayuda de emergencia, y el 16% de la ayuda a la reconstrucción ha sido canalizada a través de las administraciones haitianas. La mayor parte de los recursos se canalizaron a través de intermediarios, principalmente ONGs internacionales y contratistas privados.

A tres meses del terremoto tuvo lugar en la sede de Naciones Unidas en Nueva York la “Conferencia Internacional de Donantes para un nuevo futuro para Haití” (31 de marzo de 2010), en la que 150 países e instituciones internacionales se reunieron para diseñar conjuntamente la reconstrucción de Haití. En esta reunión el Gobierno haitiano, a través del presidente Préval, presentó el “Plan de Acción para la Recuperación y el Desarrollo Nacional”[6]. La sociedad civil haitiana denunció ya entonces que no había sido consultada ni informada del Plan, ni obviamente invitada a la Conferencia de Donantes. De la Conferencia salió el compromiso de los donantes (medio centenar de países) de aceptar este plan como hoja de ruta para los siguientes 3 años y se creó la Comisión Interina para la Reconstrucción de Haití (CIRH), presidida conjuntamente por el primer ministro haitiano Jean Max Bellerive y el ex presidente estadounidense Bill Clinton. La CIRH estaba compuesta por aquellos donantes que superaron los 100 millones de dólares de donación (Estados Unidos a la cabeza, más algunos países de la Unión Europea como España o Francia, Brasil, Venezuela, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial y el FMI), así como por una docena de representantes Haitianos.

Desde un inicio, la CIRH fue acusada de hacerse con las riendas del país y cómo responsable del lento ritmo e ineficiencia en el desembolso y ejecución de la ayuda para la reconstrucción. Además, para su puesta en marcha de decretó una ley por la que la CIRH tenia poder de decisión por delante del Parlamento Haitiano en cuanto al destino de las ayudas a la reconstrucción. Dicho poder de decisión estaba fundamentalmente en manos de los donantes.

Ya en diciembre de 2010 los 12 miembros haitianos de la CIRH denunciaron su falta de poder de decisión y falta de información relevante. “A pesar de nuestro papel en la estructura de gobernanza de la institución, no hemos recibido hasta ahora seguimiento de las actividades del CIRH. En general el contacto se establece un dia antes de las reuniones de Junta. Los miembros haitianos de la Junta no tienen tiempo de leer, analizar ni comprender, ni mucho menos responder inteligentemente a los proyectos presentados en el último minuto, a pesar de las quejas expresadas y promesas realizadas al respecto”[7].

La CIRH nació con fecha de caducidad, un mandato de 18 meses. En octubre de 2011, el presidente haitiano Martelly tenía intención de solicitar una prórroga de un año de mandato, pero el Parlamento y Senado haitiano, en un consenso sin precedentes, no apoyaron esa petición, dando punto final a la corta y controvertida vida de la CIRH. “Seamos claros, la CIRH no fue concebida como una estructura destinada a ayudar Haití o los haitianos, sino a los donantes, a los que le permite canalizar los contratos de los proyectos a las multinacionales y las ONG” declaraba un consultor de la CIRH[8]. Las denuncias hacia el papel de la CIRH se concentran en su falta de eficiencia, su inexistente conexión con la población y sociedad civil haitiana, o sus necesidades reales, la débil participación de las autoridades haitianas, y el hecho de estar al servicio de los intereses económicos y comerciales de los donantes.

La carrera por el oro [de los contratos de la reconstrucción]

El embajador de Estados Unidos para Haití, tan sólo un mes después del terremoto, exhortaba a las empresas norteamericanas a aprovechar la oportunidad de negocio que la reconstrucción en Haití podía suponer, bajo el titular de “la carrera por el oro ha empezado!”. El mensaje, enviado el 1 de febrero en un cable hecho publico por Wikileaks, informaba que las empresas americanas empezaban a situarse: “Mientras Haití se desentierra del terremoto, diferentes empresas se mueven para vender sus conceptos, productos y servicios”[9].

No se equivocaba. Según informa el Centro de Investigaciones Económicas y Políticas (CERP), en 2012 tan sólo el 5.4% de los gastos de USAID (la agencia de cooperación bilateral de Estados Unidos) en Haití fue a empresas u organizaciones locales (11.3 millones de dólares, de un total de 445.7 millones de dólares). La cifra descendió hasta el 2% (4 millones de dólares) en 2013. A nivel global le gasto local de USAiD pasó del 14.3% en 2012 al 17.9% en 2013, mientras en Haití la tendencia era la contraria[10]. En 2010 y 2011 la cifra es aún más exigua, con un 0.05% y un 0.07% de los contratos a empresas Haitianas respectivamente.

La Unión Europea sigue un patrón similar, pues un análisis de los contratos de la Comisión Europea a través de EuropeAid en Haití, entre 2010 y 2011, muestra que el 76,7% del valor de los contratos concedidos fue atribuido a empresas europeas.

En total, entre 2010 y 2012 el 84% de los fondos públicos para la reconstrucción fueron gestionados fuera de la administración pública haitiana[11]. De hecho, si nos fijamos en la ayuda de emergencia desembolsada entre enero de 2010 y marzo de 2011, tan sólo el 1% fue canalizada a través del gobierno haitiano. La Cruz Roja por si sóla gestionó el 5% de esta ayuda. Un 6% de la ayuda fue proporcionada a diferentes recipientes “en especies” (in-kind). El 26% de canalizó a través de otras ONG y contratistas privados, el 28% a través de agencias de Naciones Unidas o a través de ONG para proyectos de Naciones Unidas. Y finalmente un 34% se gestionó directamente a través de las entidades civiles o militares de los donantes[12].

El estudio realizado por el Center for Global Development[13] sobre la ayuda de empergencia de Estados Unidos revela que la mayor parte de los recursos se concentraron en pocas manos. En concreto el Departamento de Defensa de Estados Unidos recibió la mayor parte del pastel de los fondos. World Vision o la Cruz Roja fueron las principales ONG. Mientras entre las empresas contratistas destaca Chemonics, una de las principales contratistas USAID en todo el mundo. Chemonics, que ha ha recibido numerosas denuncias por inclumplir con los proyectos que ejecuta, es la mayor de un grupo de 10 empresas que el Haiti Relief and Reconstruction Watch (HRRW) situa “dentro del Beltway” (empresas con sede en Washington DC, Maryland y Virginia) que concentran el 75% de los contratos de USAID[14].

La ayuda desde la Unión Europea o los países europeos no ha sido objeto de tantos análisis como el caso de Estados Unidos. Sin embargo, la propia Corte Europea de Auditores ha revisado recientemente los proyectos de reconstrucción financiados desde la Comisión Europea en Haití. El propio estudio concluye que “los programas no fueron implementados de forma suficientemente efectiva”. La crítica se centra en retrasos y desviación respecto a los objetivos, pero sobretodo a la insuficiente vinculación entre “emergencia, reconstrucción y desarrollo”. “ECHO [Organización Humanitaria de la Unión Europea] y EuropeAid [Agencia de Desarrollo Europea] no tuvieron una estrategia común clara para optimizar sinergias y una smooth transición entre sus acciones”. A pesar de la autocrítica, la Corte de Auditores apunta a “la débil administración nacional y el insuficiente compromiso del gobierno para reformar” como “retos significativos para una reconstrucción y la creación de condiciones para el desarrollo sostenible”[15].

Una de las estrategias de ayuda de emergencia más cuestionadas, en Haití y en otras situaciones similares, es el uso de ayuda militar. Inmediatamente después del terremoto, Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá o Brasil desplegaron aproximadamente más de 30.000 efectivos para apoyar en las tareas de emergencia. El ejército de Estados Unidos con 13.000, la Unión Europea con 6.000. Canadá con 2.000 o Brasil con otros 2.000, se sumaron a los 9.000 soldados que ya formaban parte de la MINUSTAH. Una masiva presencia militar que en aquél momento muchas denunciaron como descoordinada, con decisiones unilaterales de diferentes países y sin una misión definida o clara. Estados Unidos asumió un papel de liderazgo, tomando el control de aeropuerto y puerto, para muchos entorpeciendo las tareas de ayuda de las ONG y agencias humanitarias, decidiendo quién y cuando podía aterrizar en Port au Prince. Médicos sin Fronteras (MSF) denunció el desvío de aviones de la organización con material de emergencia por parte del ejército de Estados Unidos, en los días posteriores al terremoto, por priorizar la llegada de efectivos de dicho ejército así como la salida de nacionales estadounidenses. MSF criticó también la falta de coordinación entre el ejército estadounidense y las agencias de Naciones Unidas[16].

La consecuencia de todo ello es que los fondos tanto de emergencia como de reconstrucción fueron destinados a prioridades alejadas de las marcadas por el gobierno haitiano. El propio análisis del gobierno de Haití sobre la eficacia de la ayuda mostraba en marzo de 2013 que “los porcentajes de distribución de los fondos por sectores varia entre -100% (protección social) y +450% (transporte) respecto a las necesidades fijadas [por el gobierno]” (CAED, 2013). Y la sensación de que las organizaciones sociales haitianas han sido también ignoradas en el proceso de emergencia y reconstrucción es generalizada.

Camera 360


[1] Oficina del Enviado Especial para Haiti (2012) International Assistance to Haiti. Key Facts as of December 2012. http://www.lessonsfromhaiti.org/download/International_Assistance/1-overall-key-facts.pdf

[2] Finantial Tracking System – UNOCHA http://fts.unocha.org/pageloader.aspx?page=emerg-emergencyDetails&appealID=1008

[3] http://www.letemps.ch/Page/Uuid/2a1b8ad0-0bb8-11e0-91f4-4e4896afb502/Haïti_est_la_preuve_de_léchec_de_laide_internationale

[4] Reagan en 1987 a causa de la violencia electoral; Bush padre en 1991 tras el golpe de estado contra Aristide; Banco Mundial y BID en 1998 a la espera de la adopció de ciertas medidas neoliberales; y Clinton y organismos multilaterales en 2000 ante las denuncias de fraude electoral.

[5] Vijaya Ramachandran and Julie Walz. 2012. “Haiti: Where Has All the Money Gone?” CGD Policy Paper 004. Washington, D.C.: Center for Global Development. http://www.cgdev.org/content/publications/detail/1426185

[6] Gouvernement de la Republique d’Haiti (2010) Plan d’action pour le relèvement et le développement national d’Haïti. Marzo 2010 http://whc.unesco.org/document/106590

[7] Protest Letter of Haitian Members of Interim Haiti Reconstruction Commission, 14 de diciembre de 2010 http://www.canadahaitiaction.ca/content/protest-letter-haitian-members-interim-haiti-reconstruction-commission

[8] Haiti Support Group (2012) Déconstruction de la Reconstruction de la CIRH Un Incroyable Fiasco http://ijdh.org/wordpress/wp-content/uploads/2012/01/haiti_69_French_3rd.pdf

[9] Embajada Estados Unidos en Port au Prince (2010) Cable 10PORTAUPRINCE110, TFHA01, publicado por Wikileaks http://wikileaks.org/cable/2010/02/10PORTAUPRINCE110.html

[10] CERP (2014) US Congress Passes Aid Accountability Legislation as Local Procurement Falls in Haiti

[11] Observatoire des Politiques Publiques et de la Cooperation Internationale (2013) Un aperçu Général de l’aide au développement pour Haiti. Bulletin 3. Port au Prince, Enero 2013

[12] Paul Farmer (2011) Has Aid Changed? Oficina del Enviado Especial de Naciones Unidas en Haiti http://www.lessonsfromhaiti.org/download/Report_Center/has_aid_changed_en.pdf

[13] Vijaya Ramachandran and Julie Walz. 2012. “Haiti: Where Has All the Money Gone?” CGD Policy Paper 004. Washington, D.C.: Center for Global Development. http://www.cgdev.org/content/publications/detail/1426185

[14] Jake Johnston (2012) The Development-Industrial Complex in Haiti. 19 October 2012. Haiti Relief and Reconstruction Watch, Center for Economic and Political Research. http://www.cepr.net/index.php/blogs/relief-and-reconstruction-watch/the-development-industrial-complex-in-haiti

[15] Special Report n° 13/2014: EU support for rehabilitation following the earthquake in Haiti http://www.eca.europa.eu/en/Pages/DocItem.aspx?did=28102

[16] “Haiti aid agencies warn: chaotic and confusing relief effort is costing lives” The Guardian, 18 de enero de 2010 http://www.theguardian.com/world/2010/jan/18/haiti-aid-distribution-confusion-warning

“‘There’s No War Here’: Haiti’s Crisis, From Disaster Site To Military Zone?” ColorLines – News for Action. 18 de enero de 2010 http://colorlines.com/archives/2010/01/ theres_no_war_here_haiti_moving_from_disaster_site_to_military_zone.html

Sobrevivir al Terremoto (avance)

El siguiente texto es un extracto del libro “Haití. Capitalismo del Desastre”, que estoy preparando y espero publicar en los próximos meses.

Iolanda Fresnillo. 12 de enero de 2015

Goudougoudou

Las cicatrices del terremoto son aún visibles a cinco años del terremoto

El 12 de enero de 2010, a las 4.53 de la tarde, y durante 35 segundos, la tierra tembló. El terremoto de grado 7,3 en la escala de Richter, con su epicentro a 10 km de la superficie y muy cercano a la ciudad de Léogâne, a 12km al sud-oeste de la capital, Port-au-Prince, se sintió con fuerza en toda el área metropolitana de la capital y en diferentes puntos del país, como el mismo Léogâne, Grand Goave, Petite Goave y Jacmel.

El nivel de devastación e impacto humano fue inmenso. Tres millones y medio de personas, un tercio de la población de Haití, sintieron las fuertes sacudidas del seísmo. Más de un millón y medio de personas, representando el 15% de la población, fueron directamente afectados. Según las cifras del gobierno haitiano[1], 222.570 personas perdieron la vida, y 300.572 personas resultaron heridas de diferente gravedad.

La destrucción de infraestructuras de todo tipo fue masiva. Más de 300.000 casas afectadas, algo más de 100.000 totalmente destruidas. El Palacio presidencial, el Parlamento, la Corte de Justicia y la mayor parte de edificios ministeriales en la capital fueron destrozados por el terremoto. El 25% de los funcionarios de Port-au-Prince fallecieron en el terremoto. También la sede central de la policía o la de Naciones Unidas. Hoteles de lujo y embajadas, el terremoto llegó a todos los estratos de la sociedad. El puerto de la capital y parte del aeropuerto quedaron parcialmente inutilizados. Se derrumbaron la Catedral Nacional (Católica) y la Catedral de la Santísima Trinidad (Episcopal), así como muchos otros espacios de culto. En la capital, el 60% de los edificios administrativos, el 80% de las escuelas y el 60% de los hospitales fueron gravemente dañados. Según el ministerio de educación, 4.992 escuelas fueron afectadas por el terremoto, el 23% de todas las escuelas del país. De estas, 3.978 (el 80% de las escuelas afectadas) fueron cerradas a causa de los daños o la total destrucción.  También varias facultades o el campus de la Universidad Quiskeya. Lo que, según Beverly Bell, “los haitianos llaman ‘las tres Es’: état, eglises et écoles [Estado, Iglesias y Escuelas]”[2]

El terremoto originó costes y pérdidas estimadas en 7.800 millones de dólares, equivalente a más del 120% del PIB del año anterior (2009).  “En 35 años en los que el método DALA ha sido utilizado para estimar daños y pérdidas, esta es la primera vez que el coste de un desastre es tan alto en comparación al tamaño de la economía de un país” (Gobierno de Haití, 2010). La mayor parte de los daños y pérdidas se concentraron en el sector privado, con 5.7 billones de dólares (el 70% del total) mientras el sector público acumuló pérdidas y daños por valor de 2 billones de dólares.

El sector de la vivienda, sin duda, se llevó la mayor parte de los daños, con unos costes de 2.3 billones de dólares, representando aproximadamente el 40% de los efectos del terremoto.

A cinco años del terremoto, aún muchos en Haití evitan nombrarlo. Lo llaman goudougoudou, por el terrible rugido que surgió de las entrañas de la tierra. Otros se refieren al “douz”, el doce, la fecha del seísmo. La mayoría simplemente hablan del evènman [el evento] o de la katastwòf [la catástrofe]. Muchas heridas y cicatrices quedan abiertas. Todos en Haití tienen una historia que empieza o acaba ese 12 de enero. Todos perdieron a alguien. Todos perdieron algo, una casa, una oficina, una escuela… Todos recuerdan dónde estaban aquél día y cómo consiguieron salir adelante o sacar a alguien de debajo de los escombros o simplemente compartir un plato de comida o un sorbo de agua.

Más allá de las cifras, una catástrofe teñida de solidaridad … haitiana

Las cifras, todas de récord, nos permiten dimensionar la tragedia, pero nos cuesta de imaginar qué supone en realidad todo ello. Las imágenes que durante semanas nos llegaron a través de las televisiones y periódicos, nos mostraban un país en ruinas y un pueblo derrumbado, en estado de shock.

“La situación es dramática. 3 millones de damnificados. Un país entero llorando mas de 100.000 muertos [esas eran las primeras estimaciones], cientos de miles de heridos y … cadáveres en todas partes. Toda la población durmiendo en la calle, esperando la replica y nuevos golpes …” nos contaba por email a los pocos días de la catástrofe Camille Chalmers, compañero de la red Jubileo Sur con quien compartimos durante años la lucha por la cancelación de las deudas de Haití y la restitución de las deudas históricas con el pueblo Haitiano. Todas las crónicas nos hablan de una catástrofe difícil de asimilar.

Las crónicas que nos llegaron a través de los medios nos hablaban de la acumulación de cuerpos en las morgues primero y en las calles después; del terrible olor y los sonidos de llantos, cantos y gritos de desesperación; de las dificultades de las tareas de emergencia y de lo heroico de las acciones de rescate; de la desesperación del pueblo haitiano y de los límites de su enorme capacidad de resilencia; del caos y de la violencia. Nos abrumaban a imágenes desgarradoras que de tan crueles llegaban a deshumanizar al pueblo haitiano. Una imagen paternalista y llena de tópicos y estereotipos de víctimas desesperadas, pobres e incapaces de hacer frente a la situación, frente a la imagen de los actores occidentales, cooperantes, bomberos o soldados, organizados y racionales[3].

A esta imagen, que idealiza los actores internacionales “protagonistas” de las tareas de emergencia y humanitarias, se contrapone lo que muchos cuentan en Haití, sobre como la población se organizó rápidamente, para asegurar que todos los supervivientes tuviesen comida y agua, así como la compañía, cuidado y abrigo de su comunidad. Para Camille Chalmers resulta clave reconocer la tarea de haitianos y haitianas de a pie como “first responders”, los primeros a responder ante la catástrofe:

“Después del terremoto se creó un espacio interesante de solidaridad inter-haitiana que fue totalmente silenciado. Hay que subrayar la maravillosa reacción del pueblo de Port-au-Prince que en unos pocos días supo reorganizar la vida para más de 2 millones personas, lo que no era nada fácil. Allí se distribuyeron todos los recursos, se compartió todo lo que se tenía. Yo mismo pude comer los cuatro primeros días en la calle gracias a la distribución de comida comunitaria. No había nada, ni tiendas, ni restaurantes. Nada. Pero se repartía todo. Es muy importante subrayar eso.

Otro ejemplo de solidaridad fue que, durante los 10 primeros días después del terremoto, las 684.000 personas que huyeron de Port-au-Prince fueron acogidas, alimentadas y albergadas en zonas campesinas, muy pobres. Yo conozco el caso de Papaye, un pueblo de 6.000 habitantes que recibió más de 14.000 personas. Se respondió a necesidades de techo, alimentos, vestidos … y también psicológicas y afectivas. Mucha gente llegó a zonas donde no conocía a nadie, y fue acogida igualmente. Fue un momento terrible, pero un momento maravilloso de solidaridad, que habría que celebrar.

Era un momento para aprovechar, en una estrategia real de reconstrucción. Era un momento para provocar un nuevo encuentro entre segmentos de la población, y cambiar la visión que muchos del país. Desde PAPDA se hicieron propuestas concretas para aprovechar ese espacio, para organizar actividades y proyectos colectivos de reconstrucción, como acciones de reforestación o alfabetización. Para construir nuevos lazos. Pero esa no fue la orientación escogida. La orientación fue mendigar y agradecer la generosidad de la comunidad internacional. La ayuda se concentró además en la capital. La prioridad de la ayuda fue la visibilidad y las cámaras apuntaban a Port-au-Prince.

Para nutrir a esas 684.000 personas, los campesinos gastaron todas sus reservas de semillas, por lo que cayó la producción agrícola, y ninguna de las ayudas que llegaban eran para afrontar ese problema. Todo se concentraba en la ciudad, y alrededor de los actores internacionales, desplazando los mecanismos de solidaridad que se habían creado”.

Pesca colectiva en Île-à-vache

También Beverly Bell, militante pro-derechos humanos de New Orleans, que ha vivido largas temporadas en Haití y se trasladó allí al mes del terremoto, recoge en su libro “Fault Lines” numerosos ejemplos e historias personales de solidaridad y auto-organización de la población haitiana en el momento del post-terremoto. Beverly Bell ha brindado la posibilidad de reproducir aquí algunas de las historias de solidaridad haitiana que vivió en el país tras el terremoto[4].

“Las operaciones de búsqueda y rescate, contrariamente a las imágenes de los medios internacionales, no fueron dirigidas por soldados extranjeros con los pastores alemanes, sino por ciudadanos comunes (…) [a través de] los programas organizados de ayuda que los grupos comunitarios lanzaron, basados en la dignidad, el respeto y auto-organización. (…)

Los ciudadanos comunes formaban la mayor fuerza de los equipos de rescate y socorristas. Se esforzaron por escuchar los sonidos de los seres vivos enterrados bajo los edificios caídos, y cavaron con las manos desnudas, trozos de madera y tapas de ollas, a través de los cristales rotos, cemento y bigas para desenterrar la gente, vivos o muertos. Volvieron a entrar en las estructuras todavía temblando para encontrar a más gente. (…)

Las personas llevaban a los heridos a los hospitales en las puertas arrancadas de sus marcos, cajas de cartón aplanadas, o lo que podría servir como una camilla. Extraños ofrecieron sus automóviles, camiones o motocicletas para llevar a los supervivientes heridos a los hospitales y los cadáveres a fosas comunes. El personal médico, a pesar de sus propias pérdidas y el espacio y los suministros inadecuados, trabajaron durante la primera noche y las semanas siguiente para llevar a cabo amputaciones de emergencia y tratar a cientos de miles. (…)

Aunque la mayoría de la gente estaban ellos mismos en el filo de la navaja de la supervivencia, compilaron los alimentos que tenían o rebuscaron en tiendas abandonadas (lo de en el extranjero a menudo se refirieron como “saqueos”) para distribuir a los hambrientos. Localizaron carbón y cocinaron comidas para repartir. Compartieron las escasas reservas de agua, mantas, y dinero con los seres queridos y con aquellos a los que nunca antes habían visto. (…)

Las personas que tenían un lugar para dormir acomodaron a aquellos que no disponían de abrigo: los niños huérfanos y abandonados, heridos y enfermos, ancianos o familias enteras. Algunos se encargaron de organizar la educación o recreación para los niños, ya que ninguna escuela estaba funcionando. (…)

Inmediatamente el nuevos sin hogar y los que estaban preocupados por los frecuentes y violentas réplicas – básicamente todo el mundo- se congregaron en campos, plazas públicas, patios de escuelas, y calles, tan lejos como fuese posible de los edificios que aún podían derrumbarse. Los propietarios privados permitieron o animaron activamente a las personas desplazadas para establecer refugios en sus tierras (aunque esto cambiaría más adelante). La gente eligió a sus representantes de los campamentos y formó comités para auto-gestionarse. Se organizaron para buscar materiales para construir refugios y otros suministros, y para designar áreas para baños e higiene. Se compilan listas de los residentes de los campamento: nombres; número de familias, niños, mujeres embarazadas y personas enfermas; y necesidades especiales. Más tarde, algunos líderes de los campamentos intentarían navegar por las complicadas estructuras de la ayuda internacional en nombre de sus campamentos. (…)

Para proporcionar seguridad en el entorno de inseguridad de los campamentos y calles, algunas mujeres mantenían constantemente un ojo vigilante sobre las mujeres y niñas que se encontraban en alto riesgo de violencia, interviniendo en caso necesario. Algunos hombres, como Getro, dejaron sus propias familias para proporcionar mayor protección a los grupos encabezados por mujeres. (…)

En el campo, los campesinos cuidaban a los seiscientos mil afectadas por el terremoto que habían huido de los centros urbanos. Algunos de los emigrantes se habían dirigido a sus familias para evitar dormir en las calles, mientras que otros simplemente se habían subido al primer autobús que saliese de la ciudad. Muchos de esos buses fueron enviados a Port-au-Prince por las autoridades de las zonas no golpeadas por la catástrofe, para evacuar a las personas de forma gratuita. Los segundos en responder, la población rural, acogieron  multitudes, por lo general sin ningún tipo de apoyo financiero ni de ninguna organización”.

Una catástrofe (no)natural

Un terremoto es un fenómeno natural. Sus consecuencias no tienen porque serlo. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, cada año se producen en el mundo unos 50 movimientos sísmicos de magnitud similar al registrado en 2012 en Haití, y en muy pocas ocasiones se llega al grado de destrucción y devastación registrados en Haití[5]. Ese mismo año, tan sólo 6 semanas tras el seísmo en Haití, en Chile se vivió un terremoto de grado 8.8 en la escala de Richter. Murieron 723 personas. Tal y como afirma Beverly Bell, “La astronómica destrucción en Haití tiene su origen en la política y la economía. Puede ser rastreado hasta la violencia estructural – las políticas y sistemas que reflejan el colonialismo, imperialismo, racismo y patriarcado- y que se desarrolla de forma muy cruda y árida en las vidas de los más pobres” (Bell, B. 2013).

El propio Gobierno Haitiano, en el documento de evaluación de daños y necesidades elaborado después del terremoto, afirmaba que el impacto humano había sido “inmenso en un país marcado por la alta incidencia de pobreza: alrededor del 67% de la población viviendo con menos de 2$ al día antes del terremoto”[6]. Así, si bien el origen de la catástrofe puede ser natural, sus efectos no lo son, y están directamente relacionados con el nivel de empobrecimiento de la población. Y ese empobrecimiento no tiene nada de natural. Tiene su origen en decisiones humanas.

Para muchos, como Nixon Boumba, militante del Movimiento Popular Democrático (MODEP), “el terremoto llegó para evidenciar y agravar las deficiencias de un sistema profundamente injusto”. El seísmo visibilizó aún más una situación de grandes desigualdades y empobrecimiento, de violencia estructural y una violación sistemática de los derechos económicos, sociales y culturales. Como hemos visto, durante siglos, desde la colonización y a lo largo de los años desde la independencia, Haití ha sufrido numerosas injerencias y, con la connivencia de la élite haitiana, se ha impuesto un modelo neoliberal al servicio del centro económico del sistema capitalista.

Carlos Gómez Gil explica este fenómeno (desastres naturales con consecuencias muy diferenciadas según sea la situación de partida) a través del concepto “catástrofe de clase”[7]:

“Nos hemos acostumbrado a éxodos, hambrunas, terremotos, inundaciones, tsunamis y todo tipo catástrofes, si bien en los últimos años, su repetición y especialmente sus dramáticas consecuencias sobre millones de personas y países en permanente estado de calamidad, permiten que veamos con claridad cristalina cómo su impacto es mayor cuanto más pobre y miserable es el país que lo sufre. Es un matemático axioma que funciona con una precisión aritmética a la hora de llevarse por delante vidas y países, pero cuya aplicación no tiene nada de caprichoso, sino que es el fruto de procesos humanos deliberados y conocidos que en combinación con determinados fenómenos naturales adquieren dimensiones gigantescas. Este conjunto de fenómenos provienen de decisiones humanas que generan lo que podríamos denominar como catástrofes de clase (…).

Efectivamente, sabemos sobradamente que cada catástrofe que periódicamente nos sacude es un excelente indicador de la situación social y política de cada país, de su grado de desarrollo, pero especialmente, de las condiciones de vida de los más desposeídos, es decir, de la condición estamental y de clase del país y de sus habitantes. Ya sean ciclones o terremotos, huracanes o inundaciones, hambrunas o sequías, los pobres tienen un raro privilegio, probablemente uno de los pocos de sus desdichadas existencias: ser víctimas predilectas de estas catástrofes, protagonistas privilegiados de cada siniestro a los que añaden damnificados contabilizados en cientos de miles de personas”.

La dimensión de la catástrofe depende claramente de la mochila de empobrecimiento, desigualdades y deficiencias democráticas que acarree un pueblo a sus espaldas. Pero también depende de cuál es la respuesta ante ella. Según afirma Sanon Reyneld, militante por el derecho  la vivienda en Frakka, “la catástrofe no fue el seísmo, la catástrofe vino después”. Para muchos la forma como se gestionó la emergencia primero, y la reconstrucción después, han dado nuevos significados al desastre.

NOTAS

[1] Las cifras de daños y pérdidas de este capítulo, si no se indica lo contrario, provienen de dos fuentes:

Gobierno de Haití (2010) Haïti Earthquake PDNA (Post-Disaster Needs Assessment): Assessment of damage, losses, general and sectoral needs http://siteresources.worldbank.org/INTLAC/Resources/PDNA_Haiti-2010_Working_Document_EN.pdf
Oficina del Enviado Especial de Naciones Unidas para Haití http://www.lessonsfromhaiti.org/lessons-from-haiti/key-statistics/
[2] Beverly Bell (2013) Fault Lines. Views across Haiti’s Divide. Cornel University Press http://faultlinesbook.org
[3] Esta es la imagen mayoritaria que se extrae de las coberturas de TVE y TV3 (la televisión autonómica de Cataluña) del terremoto en Haití entre el 13 y 31 de enero, según el estudio Xavier Giró (dir.), Laia Farrera, Mar Carrera (2013) Anàlisi de la cobertura de TVE i TV3 de la catàstrofe humanitària d’Haití. Observatori de la Cobertura de Conflictes-UAB/FCONG http://www.confederacio.org/files/Resum%20resultats%20estudis%20.pdf
[4] Fragmentos de “What we have, we share” en Beverly Bell (2013) Fault Lines. Views across Haiti’s Divide. Cornel University Press http://faultlinesbook.org
[5] Carlos Gómez Gil (2010), Un análisis multifocal del terremoto de Haití. Algunos análisis y lecciones estructurales. http://www.rebelion.org/docs/116979.pdf
[6] Government of Haiti (2010) Haïti Earthquake PDNA (Post-Disaster Needs Assessment): Assessment of damage, losses, general and sectoral needs http://siteresources.worldbank.org/INTLAC/Resources/PDNA_Haiti-2010_Working_Document_EN.pdf
[7] Carlos Gómez Gil (2010), Un análisis multifocal del terremoto de Haití. Algunos análisis y lecciones estructurales. http://www.rebelion.org/docs/116979.pdf

Los otros terremotos que hundieron Haití

Publicado en Diagonal, 30/06/2014

HaitiDiagonal

“Desde el primer momento que la Minustah puso un pie en tierra haitiana, sus tropas han violado de forma sistemática los derechos humanos”. Lo dice Monica Riet, uruguaya, que el pasado 6 de mayo se encontraba en Puerto Príncipe como militante de la Coordinadora latinoamericana por la retirada de las tropas de la Minustah, la misión de Na­cio­nes Unidas por la Estabi­liza­ción de Haití. “Es un genocidio silencioso que va más allá de la ocupación militar”, añadía indignada por la participación de tropas uruguayas en la operación militar de la ONU.

La epidemia de cólera iniciada en uno de sus cuarteles a finales de 2010, que se ha cobrado ya más de 8.500 víctimas mortales y más de 700.000 casos de contagio, junto con las numerosas denuncias de agresiones sexuales, la militarización de los barrios populares o su participación en numerosos actos de represión sobre la sociedad civil, se cuentan entre los muchos motivos del rechazo mayoritario a la presencia de estas tropas extranjeras en el país.

Desde las elecciones de 2000, en las que Jean-Bertrand Aristide volvió a la presidencia tras unos comicios contestados por igual por la sociedad civil haitiana y por la comunidad internacional, Haití había vivido numerosas movilizaciones contra el Go­bierno, que derivaron en una fuerte escalada de violencia entre 2003 y 2004. Entre otros, grupos paramilitares financiados desde EE UU avivaron el conflicto hasta la intervención internacional. En febrero de 2004, el presidente Aristide volvía a dejar el país, de forma involuntaria, en un avión estadounidense. Tropas de EE UU, Canadá, Francia y Chile llegaban al país al día siguiente, precediendo el despliegue de la Minustah pocos meses más tarde. Una década después, la Minustah sigue en Haití, con tropas y policías de 50 países, principalmente latinoamericanos y asiáticos, bajo el liderazgo de Brasil.

La presencia de tropas extranjeras en Haití es tan sólo una de las múltiples injerencias políticas y económicas que ha sufrido el país en los dos últimos siglos. La devastación que provocó el terremoto de enero de 2010 no se puede entender sin esas injerencias. Beverly Bell, militante pro derechos humanos de Nueva Orleans, lo describe sin rodeos: “La astronómica destrucción en Haití puede ser rastreada hasta la violencia estructural, las políticas y sistemas que reflejan el colonialismo, imperialismo, racismo y patriarcado, y que se sienten de forma áspera y marcada en las vidas de los más pobres”. Polí­ticas que han continuado después del seísmo, ejemplificando nítidamente lo que Naomi Klein llamó “capitalismo del desastre”.

Tras el desastre, el negocio

El terremoto provocó más de 217.000 víctimas mortales y 1,5 millones de personas se quedaron sin hogar. Los costes y pérdidas causadas por el seísmo se estiman en 7.800 millones de dólares, equivalente a más del 120% del PIB haitiano de 2009. Pero más allá del nivel de de-sembolso prometido –alrededor del 60% en los dos primeros años– y de la eficacia de esa ayuda, otra maquinaria se puso en marcha: la del negocio que ofrecía la reconstrucción. Lo que el embajador de EE UU en Haití llamó “la carrera por el oro”.

No se equivocaba. Entre 2010 y 2012, tan sólo el 1,3% del valor contractual de los proyectos de la USAID fueron concedidos a contrapartes haitianas, según el Centro de Investigaciones Económicas y Polí­ticas. De las inversiones de USAID en Haití en 2013, más del 85% fueron a empresas y ONG norteamericanas. La Unión Europea sigue un patrón similar: en 2010 y 2011, el 76,7% del valor de los contratos de EuropeAid en Haití fueron para empresas europeas.

En el negocio de la reconstrucción destacan además los proyectos vinculados a lo que el Gobierno de Michel Martelly ha bautizado como “Haití: open for business”.

Abierto a los negocios

Amparada por los Clinton, la estrategia “abierto a los negocios” se ha dotado de una serie de apoyos institucionales entre los que destacan el Centro de Promoción de Inver­siones y el Consejo Presidencial Asesor sobre Crecimiento Econó­mico e In­versión en Haití, del que forma parte el expresidente José Ma­ría Aznar.

Ejemplos de cómo se está gestionando la reconstrucción son la minería, el turismo y la industria textil. Las reservas mineras de Haití, fundamentalmente de oro, han levantado interés entre empresas canadienses y de EE UU. Éstas han desembarcado ya en el país con la ayuda del Banco Mundial, que apoya financieramente y ayuda a redactar la nueva ley de minería. Sin información ni consultas a la población, han empezado ya las exploraciones en el norte del país, no sin resistencia de la población, que se empieza a organizar frente a esta nueva amenaza. En el sector turístico se han financiado con fondos para la reconstrucción, privados y públicos, numerosos hoteles y proyectos. Uno de ellos ha sido la construcción del primer hotel de cinco estrellas de la capital haitiana, Royal Oasis, con fondos de la Bush Clinton Haiti ­Fund recaudados para la reconstrucción del país y gestionado por la cadena española Occidental Hoteles. El Banco Mundial acaba de otorgar 45 millones de dólares para desarrollo turístico y está cofinanciando la construcción de otro hotel de lujo junto con la cadena hotelera Marriot. Vene­zuela, con fondos de Petroc­a­ribe, es uno de los financiadores del proyecto turístico de Île-à-Vache, fuertemente contestado por la población afectada.

En el ámbito de la industria, la estrategia es la construcción de, al menos, diez nuevas zonas francas industriales. Algunas de ellas como la de Caracol, en el norte del país, con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y otros fondos para la reconstrucción. Haití cuenta ya con más de 30 fábricas, principalmente textiles, que gozan de condiciones favorables para la exportación a EE UU, ya que no pagan aranceles. Se­gún Mirlen Joanis, del Centro de Promoción de Mujeres Obreras, “las condiciones de trabajo son degradantes y a menudo se dan casos de acoso sexual en los lugares de trabajo, a lo que hay que añadir la violación sistemática de las leyes que marcan las condiciones laborales”, incluyendo la prohibición de la práctica de organización sindical.

Allí se cosen productos para empresas como Levi’s o Fruit of the Loom, que en 2009 presionaban al Gobierno haitiano, con la ayuda de la Administración de EE UU, para mantener el salario mínimo en poco más de 80 gourdes al día (1,2 euros). Las movilizaciones masivas de las trabajadoras consiguieron arrancar entonces una subida de 200 gourdes al día (3,6 euros). Ante el mísero incremento en 2013 de 25 gourdes (menos de medio euro), las trabajadoras de las zonas industriales de Puerto Príncipe iniciaron nuevas movilizaciones. Reclaman un salario mínimo de al menos 500 gourdes al día (8,3 euros) y derecho a la seguridad social. La cesta mínima de comida tiene un coste de 429 gourdes, y el coste de vida (incluyendo vivienda, transporte y otros gastos) está por encima de los 1.000 gourdes al día.

Presumir de salarios bajos

De hecho, el Gobierno haitiano presume públicamente de tener salarios más bajos que México, República Dominicana, India o incluso China y Paquistán, y tan sólo unos céntimos de dólar por encima de Bangladesh o Camboya, por más horas anuales de trabajo. Presumen también de ofrecer condiciones excepcionales a las empresas inversoras: 0% de impuestos sobre los beneficios, 0% sobre las ventas y 0% de impuestos añadidos. Unas condiciones que se repiten para las empresas turísticas que inviertan en el país. Según el propio FMI, dichas exenciones se deberían revisar para incrementar los ingresos fiscales del Estado, pero siempre “sin poner en peligro el interés de las empresas inversoras”.

Para Nixon Boumba, activista del Movimiento Democrático Popular, “la reconstrucción en Haití se ha convertido en una vasta operación de capitalismo del desastre, que no busca socorrer a las víctimas, sino servirse de las víctimas y de la catástrofe para hacer beneficios”.

Otros terremotos historicos

Colonización española (1492 – 1695). Los españoles exterminaron a la población indígena, los taínos, e iniciaron la trata de esclavos y explotación de recursos naturales.

Colonización francesa (1695 – 1803). Los franceses intensifican la trata de esclavos (llegan unos 400.000) e imponen la cultura de la plantación, iniciando el proceso de deforestación.

La deuda de la independencia (1825). Francia impone una indemnización de 150 millones de francos-oro (reducido más tarde a 60 millones) a Haití por los daños tras la independencia.

Ocupación de EE UU (1914 – 1935). Estados Unidos ocupa Haití para tomar control de su banco central y relanza la cultura de la plantación (y la deforestación).

François y Claude Duvalier (1957 – 1986). François Duvalier y, tras él, su hijo Jean Claude gobiernan con mano de hierro Haití con la complicidad de EE UU y el apoyo del FMI y el Banco Mundial.

Golpe contra Aristide (1991 – 1994). En septiembre de 1991, un golpe de Estado, apoyado desde Estados Unidos, derroca a Jean-Bertrand Aristide ocho meses después de ser elegido. La Junta Militar hace de­saparecer al menos a 5.000 personas. Aristide retorna al país en 1994 bajo las condiciones impuestas por EE UU.

El reinado del FMI (1980 – 2014). Desde 1980, el Fondo Monetario Internacional ha impuesto en Haití programas de ajuste estructural con medidas como liberalización comercial, desregulación laboral, eliminación de impuestos para empresas extranjeras, privatización de servicios y empresas públicas.

Última ocupación (2004 – 2014). La Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minustah) mantiene una ocupación que suma múltiples denuncias por violaciones de derechos humanos.

Apèl mobilizasyon kont MINUSTAH / Llamado a movilizarnos contra la MINUSTAH

Desde Haití, diversas organizaciones sociales, nos hacen llegar este llamado a raíz de los 10 años (1 de junio de 2004 a 1 de junio de 2014) de la presencia de tropas de Naciones Unidas en el país. La MINUSTAH lleva una década en el país violando el derecho a la autodeterminación de los haitianos y haitianas, además de siendo fuente de violación permanente de derechos humanos en el país (ver artículo en este blog sobre el tema).

2014-05-05 16.06.55

Uno de los cuarteles de la MINUSTAH en Port-au-Prince

LLAMADO A MOVILIZARNOS

1 de junio – 15 de octubre 2014

La MINUSTAH no es una misión humanitaria. Es una ocupación militar instalada en Haití el 1er de junio de 2004, por decisión del Consejo de Seguridad, después de que EE.UU. consumara el primer golpe de estado de este nuevo milenio contra un gobierno en nuestra América, elegido constitucionalmente.

Bajo el pretexto de estabilizar al país, el objetivo verdadero de la MINUSTAH es evitar que el pueblo haitiano ejerza su soberanía y autodeterminación. Sirve además para ensayar nuevas formas de intervención imperialista y control social, como las que luego se han aplicado con los golpes de estado contra Honduras y Paraguay, por ejemplo, o en las favelas y contra las manifestaciones en Brasil.

¿El resultado en Haití? Después de 10 años de ocupación, el país se encuentra en una situación de grave crisis política e institucional, con una clara regresión democrática, la represión violenta y sistemática de las manifestaciones populares y ataques a dirigentes de la oposición. La MINUSTAH además sostiene una manipulación grosera de los procesos electorales e institucionales y la entrada libre de capitales transnacionales para controlar espacios estratégicos de la economía, incluyendo la mega minería, el turismo de lujo, la maquila y la agroindustria exportadora.

EE.UU., Francia y Canadá dirigen la inteligencia y planificación estratégica de la MINUSTAH. Lo único novedoso – y lo más inaceptable – es que dejaron a Brasil la comandancia de las tropas que provienen mayormente de nuestra misma América: Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, Perú, Guatemala, Bolivia, Ecuador, Paraguay, El Salvador y Honduras.

10 años de ocupación ¡Basta!

Hoy resulta más que evidente que la ocupación político-militar de Haití no es ni puede ser la vía para generar una estabilidad ni una institucionalidad basada en los derechos y el bien vivir del pueblo haitiano. El Senado de Haití ha pedido dos veces el retiro de las tropas. Encuestas recientes señalan que el 89% de la población rechaza la presencia de la MINUSTAH y la ola de movilizaciones masivas, que ha seguido creciendo desde octubre 2013 exigiendo la renuncia del presidente, reclama siempre y con fuerza el fin de la ocupación.

Las organizaciones populares haitianas denuncian la acción de la MINUSTAH al reprimir las protestas sociales. Denuncian que las tropas han violado a mujeres y jóvenes, usurpado escuelas y otros recursos que necesitan la población, contaminado el agua e introducido la epidemia de cólera que hasta fines de abril habría matado a 8556 personas y enfermado a otras 702.000. Los recursos disponibles para la lucha contra el cólera permitirán atender a solamente 8% de las 45.000 personas que se proyectan se enfermarán durante este año.

La MINUSTAH opera además con una impunidad aberrante, asegurada por las propias NN.UU. y la intervención de siempre, dirigida por el gobierno de EE.UU., para controlar los tan mentados procesos electorales. El representante de la OEA en Haití ha denunciado públicamente el manipuleo atroz de las últimas elecciones, a fin de asegurar para Washington un presidente dócil a sus intereses y que se ha encargado de rehabilitar a las fuerzas políticas y paramilitares cercanas a la clientela del duvalierismo.

No obstante, a fines de marzo se reunió el Consejo de Seguridad en Nueva York para iniciar consideración de cómo prolongar la ocupación. ¡La MINUSTAH debe finalizar ya, rindiendo cuentas ante la justicia y reparando al pueblo de Haití los crímenes cometidos.

Por lo anterior, llamamos a los pueblos de nuestra América y del mundo entero, a nuestros movimientos y organizaciones populares, a unirnos en una gran campaña.

Llamamos a movilizar por el retiro inmediato de todas las tropas que ocupan a Haití y el fin de la MINUSTAH. El pueblo haitiano no precisa tropas sino nuestra solidaridad.

Llamamos a movilizar para poner fin a la impunidad de esas tropas, reclamando a NN.UU. que reconozca su responsabilidad por los crímenes cometidos, que haya justicia y la reparación de las víctimas, sus familiares y comunidades.

Llamamos a movilizar en apoyo solidario al pueblo haitiano en su lucha persistente por ejercer su soberanía y autodeterminación: el primer pueblo del mundo en poner fin a la esclavitud y declarar los derechos universales de todo hombre y mujer; el primer pueblo de nuestra América en independizarse del yugo colonial y ofrecer su apoyo a otras luchas emancipatorias.

Llamamos a movilizar una verdadera campaña de sensibilización y acción solidaria entre el 1er de junio y el 15 de octubre – fecha en la cual el Consejo de Seguridad votará nuevamente la continuidad, o no, de la MINUSTAH. En cada uno de nuestros países y frente a los principales espacios de integración regional, Haití precisa que se oye nuestra voz.

MINUSTAH dispersando una manifestación (United Nations Photo)

MINUSTAH dispersando una manifestación (United Nations Photo)

Primeras convocantes a nivel regional/nacional:

Jubileo Sur/Américas

School of the Americas Watch (SOAW)

Plataforma de Acción por un Desarrollo Alternativa PAPDA – Haití

Plataforma de Organizaciones de Derechos Humanos POHDH – Haití

Diálogo 2000-Jubileo Sur Argentina

Central de Trabajadores Argentina-CTA Capital

Unidad Popular, Argentina

Servicio Paz y Justicia SERPAJ – Argentina

Articulación de Movimientos Sociales hacia el ALBA – Capítulo Argentino

Movimiento por la Unidad Latinoamericana y el Cambio Social (MULCS) – Argentina

Rede Jubileu Sul Brasil

CSP Conlutas, Brasil

PACS Brasil

Manifestacions 2010. Fotografia per Ansel 8/12/2010 www.flickr.com/photos/mediahacker

Manifestacions 2010. Fotografia per Ansel 8/12/2010 www.flickr.com/photos/mediahacker

Gracias al apoyo de…|Gràcies al suport de…

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Haití, más allá del terremoto

Artículo publicado en Alternativas Económicas, en Febrero 2014.

Captura de pantalla 2014-03-20 a les 23.57.27Cuando analizamos hoy la situación económica y social en Haití, centramos la mirada en las consecuencias del terremoto que el 12 de enero de 2010 dejó más de 217.000 víctimas mortales en Haití. El goudougoudou, como lo llaman para no nombrarlo en Haití, provocó costes y pérdidas estimadas en 7.800 millones de dólares, equivalente a más del 120% del PIB de 2009. A lo hay que añadir unos impactos sociales, e incluso políticos, devastadores. Tres millones de personas directamente afectadas, más de 300.000 hogares totalmente destruidos o gravemente afectados. A los seis meses del terremoto, un millón y medio de personas seguían sin hogar, 360.000 familias que vivían en 1.500 campos de desplazadas. En la capital, Puerto Príncipe, el 25 % de los funcionarios fallecieron en el terremoto, y el 60% de los edificios administrativos, el 80% de las escuelas y el 60% de los hospitales fueron gravemente dañados.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que el terremoto llegó para evidenciar y profundizar las deficiencias que ya existían en el país. Entre ellas, un Estado reducido a la mínima expresión, después de décadas de políticas neoliberales y ajustes del Fondo Monetario Internacional. Haití era descrito en 2009 por el Banco Mundial como un país “frágil” o “fallido”.  Ya antes del terremoto el 55% de los haitianos vivían con menos de 1.25 dólares al día y el 80% con menos de 2 dólares al día. Haití era además uno de los países más desiguales.

La catástrofe como oportunidad

Muchos esperaban en 2010 que la reconstrucción se convirtiera en una oportunidad para afrontar, no sólo los impactos directos del seísmo, sino los problemas estructurales de Haití. La enorme muestra de solidaridad internacional, con cifras récord de recaudación para ayuda humanitaria y promesas para reconstrucción, dejaba margen al optimismo. ONG, instituciones religiosas y fundaciones privadas recaudaron más de 3.000 millones de dólares. Gobiernos y agencias de cooperación multilaterales prometieron más de 13.000 millones para 2010-2020, de los cuales 6.373 millones para los dos primeros años (2010-2012).

Cuatro años más tarde, ese optimismo se desvanece ante una realidad poco esperanzadora. A diciembre de 2012, tan sólo el 66% de las promesas realizadas para 2010-2012 habían sido desembolsados. El Gobierno haitiano se felicitaba sin embargo por ello, pues en situaciones similares el nivel de desembolso de las promesas realizadas no suele superar el 50%.  A pesar del relativamente bajo nivel de desembolso, los recursos disponibles siguen siendo elevados y, por tanto, constituyen una oportunidad. Pero ¿para quien?

El embajador de Estados Unidos para Haití lo dejó claro cuando, tan sólo un mes después del terremoto, en un cable hecho publico por Wikileaks, exhortaba a las empresas norteamericanas a aprovechar la oportunidad de negocio que la reconstrucción en Haití podía suponer, bajo el titular de “la carrera por el oro ha empezado!”.

No se equivocaba. Según el Centro de Investigaciones Económicas y Políticas (CERP), hasta septiembre de 2012 tan sólo el 1.3% del valor contractual  de los proyectos de USAID (la agencia de cooperación bilateral de Estados Unidos) fueron concedidos a empresas haitianas. La Unión Europea sigue un patrón similar: el 76,7% del valor de los contratos concedidos por EuropeAid en 2010 y 2011 fue atribuido a empresas europeas.

¿Reconstrucción económica o capitalismo del desastre?

El terremoto y la epidemia de cólera que estalló en el país en 2010, llevaron a una contracción del 5.4% del PIB. La reconstrucción económica suponía uno de los principales retos de las autoridades haitianas. Y para ello han optado por una estrategia de atraer inversión extranjera y promover las exportaciones.

Bajo la bandera del “Open for business”, el lema más utilizado por el gobierno de Michel Martelly, se busca la entrada de inversores, tanto locales como extranjeros. Las estrategias combinan la inversión en producción de bananas y mangos para la exportación (en un país con un 70% de la población en situación de inseguridad alimentaria); el impulso de la explotación de oro a cielo abierto en el norte del país (el Banco Mundial prepara para el gobierno una nueva ley minera para facilitar el trabajo de empresas norteamericanas y canadienses); el impulso de zonas turísticas de enclave (con la atractiva promesa de 20 años de exenciones fiscales para las empresas turísticas extranjeras); y la construcción de hasta 10 nuevas zonas francas industriales.

Desde la década de los 80 se han creado 30 fábricas en diversos parques industriales en el país. La industria supone hoy un 20% del PIB, emplea a poco más del 10% de la fuerza laboral, y acumula el 85% de las exportaciones. Haití goza de un trato especial con Estados Unidos, donde exporta productos textiles sin tener que pagar aranceles.

Ropa fabricada para empresas como Levis o Fruit of the Loom que, como Wikileaks desveló, en 2009 habían presionado al gobierno haitiano con la ayuda de la administración Obama para mantener el salario mínimo en poco más de 80 gourdes al día (1,2€). Las movilizaciones masivas de los trabajadores consiguieron arrancar entonces una subida del salario mínimo a 200 gourdes al día (3.6€). Para Mirlen Joanis, del Centro de Promoción de Mujeres Obreras, además del salario de miseria, “las condiciones de trabajo en las fábricas son degradantes e inaceptables”, con casos frecuentes de acoso sexual y violación sistemática de las leyes laborales.

El proyecto insignia de esta estrategia es Caracol. La construcción de esta zona industrial se llevó 224 millones de dólares de fondos para la reconstrucción, a pesar de estar situado a cientos de kilómetros del epicentro del terremoto. De los 65.000 puestos de trabajo prometidos se han creado poco más de 2.000, el 34% con sueldos por debajo del salario mínimo.

La estrategia del gobierno de ampliar las zonas francas industriales no aportará además demasiados réditos al Estado, pues a las empresas se les garantiza exenciones de impuestos y aranceles. También a las empresas turísticas o mineras se les ofrece el mismo trato. Inversión sin impuestos. El propio FMI recomienda revisar dichas exenciones, pero “sin poner en peligro el interés de las empresas inversoras”.

Los retos económicos para Haití

“La fragilidad y la fragmentación del Estado Haitiano, los elevados niveles de pobreza y exclusión social en el país, la extrema dependencia de la ayuda internacional, no sólo a nivel macroeconómico, sino para proveer servicios básicos, y la profunda vulnerabilidad ambiental”, son los principales retos en Haití según el Banco Interamericano de Desarrollo. Para la sociedad civil haitiana, sin embargo, el reto es revertir las causas de esos problemas.

Para Camille Chalmers, economista haitiano, “la comunidad internacional, y el nuevo gobierno, han instrumentalizado el proceso de reconstrucción para acelerar transformaciones económicas a favor de sus intereses”. Recuperar, pues, la soberanía política y económica, para definir un modelo económico destinado a cubrir las necesidades de la mayoría de la población.